Apasionado por los libros


Diego Rojas. (Fotos: Tomás Pagano)

Descubrir. Inventar. Hacer vibrar. Plasmar. Buscar ideas, pensamientos, sentimientos y emociones que generen pulsiones capaces de inspirarnos a volar. Todo eso, y mucho más, forma parte del rico y movilizante mundo creativo de los escritores, por eso fuimos a charlar con Diego Javier Rojas, para que nos comparta su entusiasta forma de vivir la literatura infantil, un género que lo tiene como principal protagonista en nuestro medio y le permite brillar sin tener que renunciar a su raíces. El es docente, bibliotecario y escritor, pero por sobre todo es un gran apasionado por los libros.

Muchos creen que para triunfar hay que estar en Buenos Aires, pero Diego es una clara muestra de que eso no siempre es así. Hubo quienes le aconsejaron que para destacarse en la literatura infantil se tenía que ir a Capital Federal, sin embargo él siguió el consejo de Cristina Gabás, quién le abrió las puertas en la Editorial Sudamericana para trabajar haciendo talleres. “Ella me dijo `vos no te vayas a vivir a Buenos Aires, porque en Buenos Aires vas a ser uno más y acá, en Olavarría, vas a ser único en esto que hacés´. Yo no sé si soy único, pero si de algo estoy seguro, es que a mí me encanta lo que hago” aseguró Diego a los pocos minutos de recibirnos en su departamento.

Para quienes aún no lo conocen, les contamos que a Diego, entre otras cosas, le gusta cocinar, escuchar música, salir a comprar ropa y disfrutar de la compañía de sus familiares y amigos. También le gusta leer en voz alta para corregir sus escritos, y se siente un agradecido de la vida. Dice que una de las cosas que tiene pendiente es escribir una novela para chicos, y siente que a nivel personal todo el proceso de irse transformando en un escritor le ha dado una mayor confianza y le permite tener en claro qué cosas son publicables, al punto de poder defender -frente a los editores- lo que siente que vale la pena publicar.

Diego es un tipo franco, muy entusiasta y bien sensible. “La primera vez que vi un libro mío en la vidriera de una librería me largué a llorar, fue en Buenos Aires en Yenny-El Ateneo. Iba caminando por la calle Florida, hacia el lado de la Avenida de Mayo, y me paré a mirar la vidriera. Automáticamente me puse a llorar de felicidad porque era algo que no me lo esperaba, ya que sólo me acerqué para curiosear y me encontré con que mi libro estaba ahí, en la sección de literatura infantil, rodeado de otros libros de escritores a los cuales yo admiro”, sostuvo emocionado por haberse retrotraído a tan hermoso momento.

Ese primer libro al que se refiere es “Una respuesta para Alicia”, cuento que publicó en el año 2010, al que luego le siguieron “Francesca Imagina”, “Vacaciones de a cuatro”, “No tan Blancanieves”, “Un pueblo sequito”“Los amigos de la Luna”. Muy pocos lo saben, pero su séptimo libro está pronto a publicarse, y así nos lo adelantó: “Poder mantener el ritmo de tener un libro publicado por año estaría bueno. Yo siempre digo, tomando las palabras de Laura Devetach, que un libro es como un piolín, porque un libro va tirando al otro. El año que viene, aproximadamente para abril o mayo, saldrá `Se me perdió un dinosaurio´, mi primer libro en tapa dura que será impreso en China y contará con la ilustración de Virginia Piñón”.

“A mí me encantan los libros que ilustra Virginia -destacó Diego-, y la admiro mucho, por eso fue muy loco lo que me sucedió con ella. En el año 2010, cuando salió mi primer libro, yo pasé año nuevo en la casa de María Wernicke, que es otra ilustradora, junto con otros escritores y allí la conocí. Al momento de brindar le dije a Virginia que en algún momento íbamos a trabajar juntos, y ahora es ella quien ilustró mi próximo libro, que realmente quedó muy lindo”.

Quisimos saber sobre su infancia, y qué fue lo que lo llevó a volcarse tan de lleno a la lectura. “Mi pasión por la lectura nace desde cuando era muy chico. En mi casa no son lectores. Mi papá y mi mamá no leen libros, ellos leen el diario y alguna que otra revista, pero fueron los que me llevaron a la biblioteca de Loma Negra, lugar en el que luego trabajé cuando estaba por recibirme de bibliotecario”.

“Cuando yo era chico no había la oferta literaria que hay ahora. Tengo el recuerdo de haber ido a la librería con las monedas y la plata que fui ahorrando a comprar el libro `Alicia en el país de las maravillas´. También recuerdo, entre otros, haber leído todos los libros de Julio Verne, pero el libro que realmente me voló la cabeza fue el de `Alicia en el país de las maravillas´. Me parecía muy raro eso de poder ir hacia otro mundo a través de un agujero. También me parecía maravilloso que un pibe de 15 años se hiciera cargo de un barco, tal como sucede en uno de los cuentos de Julio Verne. Todo eso me parecía mágico”, relató.

Diego también tiene presente que de chico, a cada casa que iba, le encantaba quedarse mirando las bibliotecas: “Yo iba a los cumpleaños de mis compañeros, pero donde veía que había una biblioteca me quedaba pegado ahí. Yo salí de séptimo grado y ya sabía que iba a ser bibliotecario, porque los libros siempre me atrajeron”, sostuvo.

“Lo que me atraía de ser bibliotecario era el libre acceso a muchos libros -agregó- y el poder estar en contacto con los libros para poder recomendarlos, porque a mí me encanta recomendar libros, pero sólo aquellos que ya leí y que para mí merecen ser recomendados”.

Además de escritor, Diego es docente y bibliotecario, actividad que desempeña, con gran disfrute, en el Colegio Fray Mamerto Esquiú. También es el Coordinador del área de Promoción de la Lectura, dependiente de la Subsecretaría de Cultura, Educación y Turismo de la Municipalidad, en donde su función principal es armar la Feria del Libro en Olavarría, evento que ya es considerado un verdadero éxito y está muy bien posicionado entre los lectores, los escritores y las editoriales.

Hay quienes creen que Diego publica sus libros porque trabaja en la municipalidad, pero se equivocan. Sus publicaciones son a base de puro talento y mérito propio, por eso actualmente trabaja con varias editoriales, como “Atlántida”, “Riderchail”, “Salím”, “Quipu”, “Lúdico”, y para su próximo libro sumará a la “La Brujita de Papel”.

Su manera de hablar refleja cuánto disfruta lo que hace: “Al momento de escribir me tiene que pasar lo mismo que me sucede como lector, la historia me tiene que pasar por todos lados. A mí la historia me tiene que atravesar. Se puede estar cayendo el mundo pero si yo estoy ahí leyendo o escribiendo es porque esa historia me atrapó y es mía”.

Como buen escritor sabe que las historias pueden aparecer en cualquier lado y hasta en las circunstancias menos pensadas (ver recuadro titulado “¿De dónde viene el ruido del mar?”). Lo mismo le sucede con las palabras. A la hora de escribir a Diego le encanta encontrar las palabras justas, por eso a veces deja los textos en reposo hasta que encuentra la expresión que mejor le resuena y más se ajusta a lo que quiere decir, aunque hay veces en que esto surge de manera muy atípica. “Cuando se lo cuento a los chicos se ríen y dicen que es mentira, pero es así. Una vez yo tenía que terminar un cuento para mandar a un taller de escritura que estaba haciendo y me faltaba una palabra que se ajustara a lo que quería expresar. No la encontraba y no la encontraba, y pasaron meses, hasta que escuché la palabra cuando estaba pagando en el supermercado. No recuerdo qué palabra era pero en ese instante supe que era la palabra que necesitaba, porque para mí la palabra es importante tanto en cómo suena en toda la frase, como por su significado”, mencionó.

A Diego no le gusta cuando los docentes le enumeran a los alumnos los beneficios de leer, porque considera que más que decirles hay que facilitarles el contacto con las buenas lecturas. “Leer al chico le aporta el tener contacto con el mundo. La lectura te da herramientas para tu desenvolvimiento diario, que influyen en tu manera de hablar y de relacionarte con el otro. Los chicos ya saben todo esos beneficios, por eso lo que tienen que hacer los docentes es facilitarles buenos libros que los sorprendan, que les vuelen la cabeza, libros que los atrapen tanto que no les den ganas de irse del salón y quieran seguir leyendo”, sostuvo.

“Yo no dejo de sorprenderme cuando suena el timbre y los chicos me piden, por favor, que les lea otro capítulo, y en el salón no vuela ni una mosca y se genera un gran silencio porque ellos están escuchando. Para mí esos son momentos mágicos. Con una novela de Mario Méndez, llamada `Ana y las olas´, cuya historia es muy emocionante y a mí me movilizó mucho, me pasó que cuando estaba por terminar de leerles a mis alumnos el último capítulo, una de las nenas estaba tirada en el banco hacia adelante, prestando muchísima atención y de golpe entró la portera y preguntó `¿Cuántos chicos vinieron hoy?´ La nena de quinto grado la miró y le dijo `¿Vos sabés que me cagaste el final de la novela?´, y yo no le pude decir nada porque la nena tenía razón. Luego seguí leyendo pero ya no fue lo mismo, porque instantes antes la nena estaba tan atrapada con la lectura que tenía las lágrimas a punto de salir”.

Por la manera tan vívida con que Diego cuenta sus anécdotas es fácil reconocer cuánto le encanta leer para los chicos. Así recuerda cuando les estuvo leyendo “La gallina degollada”, el cuento de terror del escritor uruguayo Horacio Quiroga: “Se trata de un cuento de terror muy fuerte, pero se los leí a pedido de ellos. Cuando estaba llegando al final, una nena le agarraba la mano a la otra y la apretaba cada vez más, todos escuchaban muy compenetrados con la historia. Uno de los varones decía `la mata, la mata, la mata´, y cuando terminé de leerles la historia no podían salir de ese clima de tanto que la historia los había atrapado”. Ese tipo de situaciones se dan porque Diego tiene internalizado que para poder leerles algo a los chicos, al primero que tiene que movilizar la historia es a él, “de lo contrario todo lo que les transmito cuando leo no podría hacerlo”, aclaró.

Por su experiencia, Diego está muy seguro de que “el amor por los libros y la lectura es algo que se puede ayudar a estimular y desarrollar, por eso si el bibliotecario o el maestro no es lector, no pueden transmitir nada desde la lectura porque no tendrá apasionamiento y por lo tanto no podrán formar chicos lectores”.

Coco y Mirta, los papás de Diego aún viven y tienen el privilegio de ver cómo año tras año este joven escritor de 41 años se va haciendo más y más conocido. “Ellos no me dicen nada, pero en cada presentación de mis libros están. Ellos miran y es como que no lo pueden creer todavía. No me dicen nada y yo tampoco les pregunto, pero por la manera en que me miran sé que no hace falta preguntarles nada, porque se los ve muy asombrados”, destacó.

Sobre lo que implica la relación con sus lectores, es muy claro al momento de explicar lo que ese vínculo representa para él: “Me encanta que los escritores me dediquen sus libros, por eso yo me tomo todo el tiempo necesario para charlar con cada lector. Me gusta saber si lo leyó o si no lo leyó, saber qué espera de ese libro, qué le sugiere la tapa, por qué lo compró, me gusta saber todo eso. A mí no me gusta que me apuren, porque disfruto hablando con cada lector, por eso mis firmas en las ferias y los encuentros son largas. Todo eso forma parte de lo que a mí me enriquece, y además es uno de los pocos momentos que los escritores tenemos para estar en contacto directo con nuestros lectores”.

“A mí cuando un chico me envía una carta o me escribe un mail me da muchísimo cariño y me emociona mucho. Que el chico deje de lado la televisión o la play para escribirme una carta me encanta, por eso luego yo me tomo mi tiempo para responderle de puño y letra, y luego le mando la respuesta al colegio. Las docentes después me cuentan que cuando los chicos reciben las respuestas se genera todo un revuelo. A veces también me pasa en la calle que los chicos me reconocen como escritor y eso me da una emoción tremenda, porque los chicos muchas veces tienen todo un imaginario social del escritor como alguien que tiene que ser viejo, serio y con anteojos”, dijo sonriendo.

Cuando te decimos que Diego siente pasión por los libros no te exageramos. Además de dedicarle todo instante libre a la lectura, cuando viaja, además de la ropa, lo primero que tiene en cuenta para llevar son los libros. “Siempre me llevo tres o cuatro libros porque siento que en el viaje me voy a quedar sin libros, y en realidad nunca termino de leerlos todos, y cuando estoy por regresar me vuelvo a comprar más libros para el momento del regreso”.

“Para mí un libro es todo, yo no puedo estar un día sin leer o sin estar en contacto con un libro. Así esté muy cansado, a la noche aunque sea tengo que leer una página. En esta época del año leo libros relacionados con lo infantil y juvenil porque recibo por mes entre 60 y 90 novedades de libros que me mandan las editoriales para que lea, y también los leo para hacer reseñas que luego otras editoriales publican”, expresó.

Más allá de lo que tiene que ver con lo infantil, a Diego también le gusta leer novelas policiales. “Me gusta porque es un tipo de lectura que me distrae totalmente y me saca completamente de todo -dijo-, y las que más me gustan son las que tienen mucho suspenso”. Le apasiona tanto leer que prácticamente no nos llamó la atención cuando nos comentó que en el zodíaco su signo era Leo, pues en todo lo que nos iba contando la lectura estaba muy presente.

Desde la publicación de su primer libro, ahora está más seguro y confiado. “Siento que la gente me ve distinto y también puede que yo mismo me vea en otra posición, porque ahora me veo más afianzando y consolidado en mi rol de escritor. El cambio lo noto, por ejemplo, cuando voy a la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires, porque yo antes iba como lector y me encantaba que los autores me firmen los libros, y ahora estoy del otro lado, y son los lectores los que viene para que yo les firme, y eso habla de un crecimiento”.

“Yo disfruto escribir para el público infantil -subrayó-, es algo que me divierte y siento que hay un enriquecimiento mutuo por los distintos trabajos que luego los chicos hacen con lo que escribo. Me sorprende ver todo lo que dispara o moviliza cada una de las historias. Hace poco, por ejemplo, los papás del Jardín 1 hicieron la representación teatral de `Los amigos de la Luna´. Eso a mí me voló la cabeza, porque son papás que se juntaban fuera de su horario de trabajo para ensayar el cuento y después fueron y me lo regalaron a mí con sus hijos, y para mí eso es un acto de amor que es agradecimiento puro”.

También lo alegró muchísimo que sus colegas, las bibliotecarias de escuelas primarias de Olavarría, hayan representado su libro de cuentos “No tan Blancanieves” en el teatro Municipal: “Para mí eso fue una emoción tremenda, porque son bibliotecaria igual que yo”, dijo.

Otras de las tantas cosas que forman parte de sus momentos alegres y emotivos es que en las escuelas hayan hecho obras de títeres con “Una respuesta para Alicia”, y también lo es este recuerdo: “Una nena de 6 años, que estaba en primer grado, me dijo que el libro `No tan Blancanieves´ era el primer libro que había podido leer sola, y que todas las noches leía una sola hoja para que el libro no se le terminara”.

Ahora que su nombre resuena en las editoriales, van apareciendo nuevas propuestas que lo sorprenden. “El crecimiento y las nuevas puertas que se van abriendo también lo veo en proyectos como los de El Aleph, que me propusieron armar un bolso en donde van todos mis libros más un CD con una entrevista, esto es algo que ya está circulando en Buenos Aires y Mar del Plata, y a Olavarría llegará el año que viene”, indicó.

Diego todos los años toma un taller de escritura. “Hacerlo me aporta vuelo, también me enriquece mucho el estar en contacto con la mirada de los otros escritores y me permite volver a refrescar muchas de las cosas que ya sabía, todo eso está bueno”. También le encanta recurrir constantemente al diccionario y tenerlo bien a mano para explorar nuevas palabras y sacarse las dudas.

Los nombres de sus personajes van surgiendo de distintas maneras. “En el libro en donde aparece Zoe, yo tenía la historia en la cabeza y no tenía el nombre del personaje, sólo sabía que iba a ser una nena, pero no sabía el nombre y no quería que fuese largo, y en una visita a una escuela, cuando una nena me respondió que su nombre era Zoe sentí que ese sería el nombre del personaje”, destacó.

“En el libro `Un pueblo sequito´, el personaje de José se llama así por mi abuelo, sin embargo no tenía ninguna de las características del personaje, en ese caso busqué representar en mi abuelo a todos los abuelos y por eso se le dediqué a él ese libro” dijo Diego. Y agregó un dato que lo emocionó al recordarlo: “Con mi abuelo José Martinelli teníamos una relación muy especial. Cuando falleció yo tenía una historia pendiente por leer, que era `La casita azul´, el libro de Sandra Comino que me habían regalado. Después de su entierro llegué a mi casa y vi que ese libro que estaba guardado en la biblioteca apareció tirado en el piso. Me puse a leerlo y me largué a llorar de una manera increíble, porque era la historia de una nieta y su abuela, y yo sentí que a ese libro lo había puesto ahí mi abuelo, porque él está muy presente en mi vida. Mi abuela Rosa también está muy presente, pero a ella tengo la suerte de tenerla viva”.

Quien escribe e imagina tiene la posibilidad de dar vida a nuevas realidades, eso es algo que Diego, como creador de realidades, sabe bien. “Lo mágico de escribir es que de esa manera puedo acceder a otros mundos, a los cuales luego los lectores también acceden por medio de los cuentos. Todo eso es muy loco. Me gusta eso de ser creador de mundos, por decirlo de algún modo”.

“Me emociona mucho cuando los chicos me dicen que el mío es el primer libro que leyeron y que pudieron leerlo ellos -destacó-, también me emociona cuando me dicen que fue el primer libro que compraron en la escuela. Todas esas cosas me emocionan mucho”.

Diego es de las personas a las que les gustan que las cosas se valoren. “Jamás pedí libros donados para mis alumnos. De la manera que sea, ellos siempre han juntado el dinero para comprar los libros. Sí las editoriales y las librerías me han hecho descuentos, pero mis alumnos valoran lo que es comprar un libro, y creo que esto de valorar las cosas tendría que ser con todo así, no sólo con los libros”.

En líneas generales, sus libros están orientados a un púbico que va entre los 4 y los 7 años. “Siempre me propongo escribir para un público más grande, porque me sucede que los chicos que me siguen desde el 2010 con `Una respuesta para Alicia´ han crecido y me piden libros como para ellos, pero lo intento y no me sale. Siempre termino hablándole a un nene chico, y no le encuentro explicación al motivo, me sale así. Ahora estoy trabajando en algo que va orientado a un público que iría entre los 8 y 10 años, pero todavía está en proceso de elaboración”.

Así luce Manu, el hijo de los Fernández, en la historia "Vacaciones de a cuatro"

“A mí me nace de manera natural escribir para los chicos. Ellos son como esponjas, eso es algo que respeto y valoro mucho, por eso busco otras miradas a la hora de evaluar lo que escribo, ya que los chicos son un terreno muy fértil, y uno tiene que ser muy cuidadoso con lo que escribe”, puntualizó.

Con sus cuentos, Diego no se propone transmitir valores ni ofrecer direccionamiento alguno, sin embargo luego se sorprende por cómo resuenan sus historias. “Yo cuento una historia que a mí me tiene que divertir, después el lector hace la interpretación que quiere. Con respecto al libro `Un pueblo sequito´, por ejemplo, como el personaje del abuelo es muy olvidadizo, muchos me preguntaban si yo quise hablar sobre el alzhéimer y a mí ni se me había cruzado por la cabeza esa posibilidad, son los lectores los que hacen esa interpretación, yo lo escribí de esa manera porque a mí me parecía que el abuelo era muy divertido olvidándose las cosas”.

“El trabajo del escritor es un trabajo solitario, por eso siempre me sorprendo cuando tengo la posibilidad de interactuar con los lectores, y realmente lo disfruto porque es lo más rico que hay, porque ellos te dan devoluciones que tal vez nunca pensaste” sostuvo Diego, y agregó: “Yo estoy muy en contra de la literatura con valores, porque para mí a los valores los tenés que encontrar en la vida diaria, no en un libro. Para mí los libros tienen que ser más que libros, en el sentido de que la lectura te tiene que llevar por otros caminos, como por ejemplo dejarte intrigas que te lleven a conocer otras cosas”.

Para aquello que quieran aventurarse a escribir cuentos para chicos, Diego aconseja “en primer lugar leer mucho sobre literatura infantil, porque es lo que te permite reconocer todo el diálogo que se genera entre el lector y el escritor, y lo otro importante es no subestimar al chico y no hablarle utilizando disminutivos”.

El séptimo libro ya viene en camino. Se llamará "Se me perdió un dinosaurio"

Lo percibimos tan contento al describirnos cómo es su mundo de escritor, que le dijimos que nos contara cómo se siente: “Aunque suene como una frase hecha, se podría decir que soy una agradecido a la vida, porque yo vivo la vida que quiero vivir, disfruto de esta vida y me siento feliz viviéndola. En este camino de escritor hay mucha gente a la que le tengo que agradecer, porque me han abierto puertas sin saber quién era y ni siquiera conocer mi cara, pero sí teniendo en cuenta mi manera de trabajar”.

Diego sabe que si intenta citar a quienes lo han ayudado corre el riesgo de que algún nombre se le quede en el tintero, por eso al momento de las menciones, sólo nombró y puso como ejemplo a la escritora Silvia Schujer. “Ella es una súper escritora a la que admiro y le dediqué mi primer libro, porque cuando yo la invité a que viniese por primera vez a Olavarría a la Feria del Libro, ella fue la que luego llevó mi nombre a las editoriales de Buenos Aires. Yo soy un agradecido a toda esa gente que me ayudó” dijo de manera enérgica.

No quisimos dar por finalizada esta entrevista sin saber cuáles son las cosas que le gustaría ver más a diario: “A mí me gustaría ver a más padres con chicos dentro de las librerías y leyéndoles libros, y no tan preocupados por comprarles la mejor zapatilla, porque esos son momentos tan mágicos que a los chicos les quedan grabados para siempre. Muchas veces los padres se quejan de que no saben qué hacer con los chicos, por eso yo les digo que los lleven a una biblioteca, van a quedar tan contentos que nos los vas a sacar jamás”, señaló sonriendo este joven escritor olavarriense que disfruta de todos sus trabajos, porque siente que disfrutar es clave en todos los sentidos, tanto para leer, como para escribir, trabajar o salir con amigos. “Para mí el disfrute tiene que estar en todo” dijo a modo de cierre.

Diego se reconoce obsesivo por los detalles y sabe que tiene la fuerza y la determinación necesarias como para lograr todo lo que se propone. Es muy amiguero y sensible. Sus amigos dicen que es muy divertido y tiene la capacidad de sacar humor hasta de las situaciones más horrendas para que todos se puedan reír. También lo destacan como una persona a la cual se le puede confiar todo tipo de secretos porque nunca los va a revelar.

Hoy conociste un poco más a Diego Javier Rojas y su entusiasta forma de vivir la literatura infantil. La gente podrá continuar diciendo que todo pasa en Buenos Aires, pero él sigue escribiendo sus cuentos mientras vive en Olavarría, sin renunciar a sus raíces, porque el talento tiene sus privilegios. El es docente, bibliotecario y escritor, pero por sobre todo es un gran ser humano apasionado por los libros : )

(Fotos: Tomás Pagano + facebook de Diego Rojas)

En este video se lo puede ver a Diego participando en la última Feria Internacional del Libro en Buenos Aires

 

Aprender a escuchar: En el arte de escribir, aprender a escuchar es clave. Así como sucedió con su primer libro, Diego siempre permanece atento a lo que acontece a su alrededor. “Todos mis libros, en general, fueron saliendo de ideas que me fueron dando los pibes. Siempre hay algo, un registro que a mí me queda, a veces es una parte de una charla o alguna frase, siempre algo queda, y con el tiempo es como que vas agudizando más la escucha, al punto que palabras o frases a las que antes uno no les daba bolilla, ahora en seguida me doy cuenta que es algo genial para que lo diga tal personaje”, destacó.

“Los chicos siempre te piden la continuación de los personajes y de las historias, a veces a mí me dan ganas de continuar escribiendo sobre el personajes, pero el personaje no siempre tiene ganas de volver a salir. A veces eso es por un tiempo, y luego siento que el personaje tiene ganas de volver, tal como `Vacaciones de a cuatro´, que ahora está fluyendo lo que sería una segunda parte”, dijo Diego, y agregó: “Quizá suene como algo medio loco, pero yo siento como que son los mismos personajes los que me van como tirando letra, y por suerte la gente de Lúdico me permite estar en contacto con el ilustrador para hacer el nuevo libro, por eso hace poco estuve en Bahía Blanca y juntos fuimos pergeñando cómo será la continuidad de `Vacaciones de a cuatro´, cuya primera parte surgió en la casa de los Fernández”.

 

Los ilustradores: Los cuentos que Diego Rojas publicó están bellamente ilustrados. En ese sentido, Diego destacó que “el trabajo del ilustrador es algo que complementa muchísimo las historias, incluso a veces ilustran cosas que yo no me hubiese imaginado que podrían haber sido así”.

“Si por medio de las imágenes el ilustrador quiere decir otra cosa con mi texto eso a mí me encanta, porque implica ir contando una historia paralela a la mía que enriquece la publicación”, sostuvo.

Te presentamos a los ilustradores de los libros de Diego : )

Virginia Piñón será la ilustradora del próximo libro de Diego, titulado “Se me perdió un dinosaurio”

Ximena García es quien ilustró el sexto libro de Diego, “Los amigos de la Luna”

Mariano Martín es quien creó, con plastilina, todas las ilustraciones del libro “Vacaciones de a cuatro”

El libro “Francesca Imagina” cuenta con las ilustraciones de Celeste Berlier

Pablo Olivero fue quien ilustró “¡No tan blancanieves!”

Paula Socolovsky fue quien con su arte ilustró el cuento “Una respuesta para Alicia”


Diego Rojas. (Fotos: Tomás Pagano)

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