Carla Moura, volvió para brillar



Carla Moura es cantante, profesora de canto corporal y también hace coucheo de bandas. Desde hace casi un año está radicada nuevamente en Olavarría, donde comparte todo lo que aprendió en su prolífico camino musical, que la llevó a compartir escenarios en Capital Federal con Pappo, la banda de tango under Bettinotti Fernández, y también le permitió codearse con coristas de la talla de Bernard Fowler (trabajó con los Rollings Stones) y pianistas como Atilio Stampone (tocó con Astor Piazzolla). Hoy queremos que conozcas un poco más sobre su mundo, porque -además de cantar- con su particular estilo de enseñar, Carla abre las puertas para que por medio del canto corporal muchos olavarrienses sanen, se empoderen, logren armonizarse y liberen todo su potencial.

A sus 34 años Carla se define como exigente y disciplinada. Estudió en la Escuela Comercial. Como cantante de tango y folclore participa de festivales, shows y fiestas privadas, también asesora bandas y brinda un creativo taller de canto corporal, sobre cuyos beneficios quisimos profundizar para que más olavarrienses sepan que tienen al alcance una poderosa y eficaz herramienta que no se circunscribe sólo a los cantantes.

Pero vayamos por parte, y repasemos su historia desde el principio. “A los 18 años me fui a Buenos Aires a hacer el profesorado de canto lírico, pero antes de irme de Olavarría canté con el Trío Contemporáneo, también formé parte de un grupo que hacía voces tangueras y musicalmente en esa época estuve  vinculada a gente como Pedro Aineseder y Gladys Torrisi”, así comenzó Carla a contarnos sus primeros pasos como cantante; tras recordar que, aunque su tío Roberto Buscarini es cantante, su gusto por el tango vino por el lado de su abuelo.

Estando en Buenos Aires, Carla buscó complementar su pasión por la música con el estudio de piano. Su  amor por el canto y el arte al que el poeta francés Víctor Hugo definió como aquel “que expresa todo aquello que no puede decirse con palabra y no puede quedar en silencio” la llevaron rápidamente a ser músico sesionista, situación que le permitió conocer y cantar para una gran cantidad de bandas musicales, con algunas de las cuales formó parte de las grabaciones de sus discos.

Moverse en la escena grande de la música porteña le permitió también vivir una experiencia única, cantar durante tres meses con el mítico Norberto Aníbal Napolitano, más conocido por todos como Pappo, quien fue un excelente guitarrista, cantante y compositor de rock, hard rock y blues, y uno de los primeros en incursionar en el heavy metal en nuestro país. “A Pappo no lo conocí durante su época de rock and roll y fiebre sino en la época en donde él estaba más tranquilito. Por ese entonces yo tenía 22 años. La experiencia que viví fue hermosa, porque él era un tipo muy copado y con una gran personalidad. Cuando llegaba todos se callaban porque querían escucharlo; incluso yo, en lo shows, muchas veces dejaba de cantar para escucharlo, y eso me valió algún que otro reto porque a mí me pagaban por hacer coros, pero la verdad es que a mí me encantaba escucharlo”, dijo Carla al recordar su experiencia con quien fue considerado el guitarrista de blues más importante del rock argentino.

En el proceso de querer mejorar y progresar, Carla participó de muchos castings para comedias musicales y también tuvo la posibilidad de trabajar con Bernard Fowler, quien durante los últimos 25 años fue corista de los Rolling Stones, “él también, al igual que Pappo, era gente que tenía brillo propio”, sostuvo Carla.

Sus ganas de crecer también la llevaron a formarse como musicoterapeuta, mientras que paralelamente recorría los distintos escenarios capitalinos. En relación con su periplo musical, Carla también destacó que “estando en Buenos Aires trabajé con una banda muy conocida de tango under, de protesta, que se llama Bettinotti Fernández. Ellos sacaron doce discos, y yo tuve la posibilidad de grabar con ellos y ser la primera voz femenina de la banda, cantando en lugares como La Trastienda y Roxy. Esas son experiencias que una no se las olvida nunca más”.

Dentro de sus buenos recuerdos relacionados con la música, Carla también puso de relieve el nombre de Atilio Stampone, quien entre otras cosas fue el pianista de Astor Piazzolla. Con Stampone, Carla también tuvo la posibilidad de trabajar durante un breve tiempo muy enriquecedor.

“Hace cinco años, durante mi última etapa en Buenos Aires también formé una banda de folclore de fusión, que se llamó Carla Moura, con la que sacamos un disco titulado Cíclope y nos fue muy bien, pero la dejé cuando nació mi hijo Valentín porque no era sencillo coordinar nuestros tiempos. De la banda, en la parte de batería, formaba parte Nacho Agostini, que fue el ganador de Operación Triunfo”, comentó.

Por más que musicalmente todo iba sobre ruedas en Capital Federal, por razones de “fuerza mayor” Carla tuvo que retornar a vivir a Olavarría a principios del 2015. Cuando le preguntamos sobre la primera impresión que tuvo al volver a su ciudad natal dijo: “Si bien ahora noto cierta apertura cultural con respecto a la época en que me fui a vivir a Buenos Aires, lo primero que sentí al regresar a Olavarría fue que había mucha división, mucha gente trabajando por su cuenta, haciendo su onda, con su grupo, pero sin interrelacionarse, y eso no tendría que ser así. Por eso creo que estaría bueno que acá todos los artistas estuviesen más unidos, para que la cultura olavarriense emerja con más fuerza”.

“A mí me gusta ayudar, de corazón, a que otros músicos crezcan -subrayó-, por eso mis primeros pasos en Olavarría estuvieron ligados, sobre todo, a intentar desmonopolizar y ayudar a abrir el juego como para que más artistas formen parte del circuito cultural y no sean siempre los mismos nombres los contratados, ya que acá hay mucha gente que hace cosas muy copadas y que tiene ganas de participar”.

Como una forma de apoyar a quienes de manera cooperativa e independiente están pulsando porque la cultura de Olavarría florezca, ni bien llegó Carla tocó gratis en varios puntos del circuito local, y luego, junto al destacado guitarrista Obdulio Castañares, formó un dúo y se dedicó a realizar giras y participar en peñas, centros culturales, fiestas privadas y diversos festivales en donde el tango y el folclore reclamaban su presencia.

En relación a lo que actualmente está haciendo juntamente con su actividad como cantante, Carla destacó:“Yo doy canto corporal, pero lo que hago nada tiene que ver con las técnicas tradicionales de sentarse en el piano y hacer vocalización, por eso para mí venir a Olavarría implicó todo un desafío”.

“En Buenos Aires es como que te empapás de un montón de cosas, que además son gratuitas, y podés ir a teatro, danza y psiocodrama, por ejemplo, y ese tipo de cosas te permiten subirte a un escenario más preparada, con más elasticidad, y acá desembarcar con esas propuestas integradas a veces se hace un poco difícil porque la gente no está acostumbrada. Algunos me aconsejaban que en Olavarría enseñe canto corporal de otra forma, pero voy a seguir fiel a mi estilo porque sé que mi propuesta es efectiva, ya que te permite trabajar con el cuerpo a través de la interpretación”, remarcó.

Sus palabras despertaron nuestra curiosidad, así que le pedimos que nos contara más detalles sobre lo que hace, y dijo: “Mi propuesta forma parte de la integración de todo lo que estudié, por eso te lleva a entrar en un nuevo mundo en donde vos creás a través de tu cuerpo, a partir de hacerte consciente y tener registro de tu propia resonancia, y para ello es que utilizo mucho técnicas teatrales de interpretación, y métodos de fonoenergética y bioenergética, entre otros, para afinar todo lo que tiene que ver con la sensibilidad, la percepción y las emociones”.

“No hay límite de edad para el canto corporal -indicó-, yo le puse como nombre `taller de canto corporal´ porque trabajo mucho con lo que es la vibración sonora del cuerpo, que se compone de energías que si uno no las trabaja se encapsulan y apagan, de ahí que sea tan importante trabajar en la liberación del cuerpo por medio de la respiración, de manera que la persona pueda relajarse y soltarse utilizando el método Rabine o técnicas diafragmáticas, por citar algunos ejemplos de lo que doy para ayudar a que la energía nuevamente fluya. En mi caso también son muchas las personas que vienen al taller como una forma de rehabilitación frente a distintos problemas vocales”.

“Cuando la gente entiende la propuesta está buenísimo porque luego todo eso se traslada al escenario y uno nota que cuando se abre el cuerpo y se trabaja con los resonadores el resultado que se logra es increíble. Yo trabajo mucho con el cuerpo porque el cuerpo es como la caja de resonancia de la guitarra, de ahí que el cuerpo tenga que estar en sintonía con lo que desde la voz se quiere transmitir para realmente poder llegar al público”, precisó.

De acuerdo con lo que Carla nos fue contando, su trabajo dentro de lo que tiene que ver con el canto corporal no se limita a quienes tienen el sueño de cantar en un escenario. “También sirve para que personas discapacitadas, docentes, conferencistas, actores y todo tipo de profesionales, en donde la proyección de la voz, la respiración, la relajación y la pronunciación juegan un rol primordial, puedan encontrar un campo de acción que los fortalezca”.

El canto corporal también constituye una muy buena terapia para liberar emociones a través de la música, por eso Carla enfatizó que “también puede brindarse en las escuelas e incluso en los jardines, porque no sólo se trabaja con la voz, también se trabaja con el cuerpo y la mente, ayudando a trascender la rigidez corporal y desarrollando la imaginación y la creatividad entre otras cosas”.

“En el caso de los docentes, por ejemplo, el hecho de participar de un taller de canto corporal les permite no quedarse mudos al final de la clase, los ayuda a vencer la timidez para expresarse y les facilita la manera de interactuar con los chicos. Son muchos los beneficios que un docente puede obtener, pero eso siempre depende de lo que cada uno esté necesitando, de ahí que en mi caso haga mucho hincapié con el trabajo personalizado”, puntualizó Carla.

Las clases individuales son las que permiten que las personas pueda profundizar en aquello que más necesitan, al mismo tiempo que aprenden a conocer sus cuerpos. En ese sentido, Carla dijo: “Previo a las clases hago un historial de cada alumno y registro qué hacen, para qué vienen, si toman medicación o están bajo algún tratamiento, y de ser necesario me comunico con el profesional que los atiende para determinar la mejor forma de abordar las actividades en clases, ya que hay gente que por su condición psicológica no se puede poner eufórica y hay ejercicios, como cantar enojado, que implican ponerse eufórico, por eso primero uno tiene que conocer a sus alumnos”.

Las clases son bien dinámicas y divertidas, y llevan también a explorar el mundo de las emociones, de ahí que muchas veces Carla deja con la boca abierta a sus alumnos cuando les pide que una canción que ya saben la canten enojados, tristes y luego contentos o en otro idioma. “La idea es que se sorprendan, abran la cabeza y se animen a explorar nuevos estados de ánimo, de manera que salgan de la comodidad y se vuelvan más sensibles y creativos”.

Según manifestó Carla, “en líneas generales, muchos de los alumnos traen una misma impronta que se caracteriza por ser retraídos, cómodos, poco expresivos, con escasa movilidad y con cierto temor a la entrega, de ahí que sea tan importante que en el taller de canto corporal puedan encontrar una gran variedad de herramientas que les permitan desestructurarse y liberar todo el potencial que tienen”.

Por otra parte, en relación con la manera de compartir su saber, Carla destacó: “A mí me gusta dar todo a la hora de enseñar y transmitir lo que sé, por eso no me guardo nada y sé que mis alumnos eso lo valoran y también lo destacan, ya que no siempre el que enseña está dispuesto a brindar todo lo que sabe, porque muchas veces no se quiere que los demás crezcan. Por eso para mí lo importante a la hora de enseñar es el compromiso, la disciplina, la armonía y el amor por lo que sea hace”.

Carla también dejó abierta la puerta para que las bandas la inviten a ver cómo trabajan, ya que una de las cosas que bien sabe hacer es el coucheo de bandas. “El coucheo lo que permite es ir corrigiendo todas aquellas cosas que te hacen crecer como banda, a partir de hacer consciente los puntos a mejorar, que en muchos casos pasa por la manera en que la banda se presenta en escena, lo que transmiten, la mística que se genera, la necesidad de desinhibirse estando en público, las posturas corporales, el cuidado de la voz, las desarmonías musicales, etc. La idea no es estigmatizarlos sino buscar la mejor manera de ayudarlos a que puedan ver los puntos sobre los que tienen que trabajar para continuar profesionalizándose y seguir evolucionando”, comentó.

Por último, dentro de lo que le gustaría ver en nuestra ciudad, Carla señaló que “estaría bueno que al igual que como sucede en Laprida, en Olavarría los músicos pudiesen acceder a un estudio municipal gratuito de grabación para que puedan armar sus propios discos, previo pasar por una preparación integral que les permita consolidarse como banda, de manera que no salgan verdes a tocar; y para que eso prospere también se necesitaría contar con un grupo de apoyo que los guíe, conformado, entre otros, por sonidistas, músicos y cantantes”.

Más allá de lo que tienen que ver con sus shows musicales, si tendríamos que resumir lo que Carla hace en su taller, podríamos decir que por medio del canto corporal ayuda a ganar en calidad de vida, porque tal como ella lo destacó, “cantar es muy sanador y liberador, ya que incluso sirve hasta para aprender a respirar, elaborar duelos y abordar, de manera complementaria, situaciones difíciles como pueden ser la violencia de género y la adicción a las drogas”.

Ahora que ya lo saben, quienes quieren recorrer un nuevo camino que los impulse a florecer, bien pueden recurrir a Carla, quien con toda su gracia, calidez, humildad y talento estará más que dispuesta a colaborar, pues disfruta ayudando a que a todos les vaya bien y crezcan, pues sabe que ayudando y compartiendo su camino de vida ella también crece. Tenelo bien presente, se llama Carla Moura, y por medio de la música y el canto volvió para brillar.

(Fotos: Tomás Pagano + facilitadas por Carla Moura)

Tango under, de protesta: En relación con su periplo musical, durante la entrevista Carla destacó que estando en Buenos Aires trabajó con “una banda muy conocida de tango under, de protesta, que se llama Bettinotti Fernández“. Acá te dejamos algunas imágenes que registran su paso por la banda : )

(Fotos: facebook Bettinotti Fernández)

Los siguientes videos reflejan parte del trabajo de Carla

 

 

 

Artículos relacionados

Tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados con *

*