Cincelador de alma

Clickeando sobre la imagen se accede al link de facebook de Armando Ferreira

Olavarría tiene mucha gente de la cual enorgullecernos, gente que se destaca en la vida por hacer con maestría lo que de corazón siente, gente a la cual se la recordará por la brillantez de su obra, pero por sobre todo por su calidad humana. Ese es el caso de Armando Ferreira, el maestro platero que cincela como los dioses y también se destaca por su vuelo artístico a la hora de pintar y dibujar. Hoy quisimos que conozcas un poco más sobre su vida, por eso lo fuimos a visitar hasta su casa.

“Yo estoy chocho con la vida que tengo. Me siento realizado. Estoy conforme con lo que hasta hora hice, sin embargo a veces me pregunto qué hubiese sido más lindo, si dedicarme a cincelar o a la pintura y el dibujo, pero de todos modos lo que elegí me cierra perfectamente. He seguido con una tradición y no he quedado desmerecido ante mis maestros”, así comenzó a contarnos su historia Armando Ferreira, el genial cincelador, cuya obra en plata está impregnada por el estilo olavarriense, pero contiene fuertes rasgos distintivos que a los ojos de los entendidos hacen que sus trabajos sean muy preciados por su creatividad.

Armando nos recibió junto con su esposa Nora Beatriz Sollé, con quien lleva 43 años de casado: “Para mí cuando él trabaja es tanto el entusiasmo que tiene que se olvida del mundo -dijo Nora-, pasa horas y horas con los detalles. Yo realmente lo admiro un motón por lo que hace, y siempre digo que tendría que poder dedicarle una vida a cada cosa, porque si se pone a tallar es bellísimo lo que hace, y si se pone a dibujar en forma artística lo hace de una manera muy delicada, por eso es que creo que él tendría que hacerse más tiempo para dibujar. En pintura y platería lo mismo, hace todo con un vuelo exquisito”.

Armando conoció a Nora cuando él tenía 27 años: “Yo iba en un autito ratón y cuando la vi caminado por la calle con una tela le dije a mi amigo `para que esta chica debe pintar´, y sin conocerla la invité a participar de una salida que íbamos a hacer para pintar en grupo, así fue que la conocí a Nora”.

Nora por ese entonces sólo tenía 18 años y había ido hasta el centro a comprar una tela porque estaba aprendiendo a pintar. “Anduvimos de novio 3 años y medio, obligados nos tuvimos que casar -comentó Nora- porque nos habíamos anotado para las casas del barrio Jardín”.

“Yo me acuerdo el susto que me pegué cuando estuvieron listas y nos llamaron de la municipalidad y nos dijeron `nosotros les podemos entregar el departamento pero se tienen que casar ya´. Así que nos casamos cuando yo tenía 21 años, que estaba estudiando el profesorado de Literatura en Azul. Me recibí y como queríamos disfrutar de la pareja y de poder salir, tuvimos a nuestro primer hijo, Pablo, a los casi 9 años de casados”. Luego tuvieron a Natalia, quien hoy tiene 33 años y es profesora de literatura como su mamá.

“Pablo fue un chico que se crió dentro del taller y tenía una facilidad bárbara para la platería, aunque también es pintor y dibujante”, dijo Armando, y agregó: “Si bien no fue algo que yo le propuse, estoy feliz de que haya decidido ser platero, y además estoy orgulloso porque es buenísimo, trabaja muy bien y por más que ahora no se está dedicando tanto a la platería como a él le gustaría, para mí está haciendo una vida extraordinaria por la forma de vida que eligió, en contacto con la naturaleza, y también por la familia que tiene”. La alegría de Armando al hablar de su hijo se vio acrecentada cuando mencionó que fue abuelo, porque “Pablo hace 9 meses tuvo una hija que se llama Naira”.

Armando es un hombre que con su presencia transmite mucha paz, y según nos dijo, durante mucho tiempo fue una persona tímida: “Yo siempre, desde muy chico, fui muy tímido y renegué del psicoanálisis, aunque con el tiempo considero que hubiese estado bueno haberme psicoanalizado, porque la timidez me relegó en muchas cosas, aunque por suerte ahora siento que la he superado”.

Al escucharlo hablar sobre su timidez, su esposa Nora le pidió que nos contara una de sus anécdotas a modo de ejemplo, y Armando accedió sonriente: “Me habían invitado a exponer en Mar del Plata, en plena temporada, y el conductor Antonio Carrizo me llamó para hacerme una entrevista, ya que ellos también estaban ahí. La nota me la iba a hacer en la playa, así que fui y cuando el periodista que acompañaba a Carrizo dijo `acá estamos esperando al platero de Olavarría´, yo estaba al lado de ellos, entre la gente, mirando el programa, pero ellos físicamente a mí no me conocían, y me dio tanto temor que me dí media vuelta y me fui de la playa”.

Fuimos a la parte trasera de su casa a visitar su taller, y no pudimos evitar pedirle que nos cuente cómo fue que llegó a convertirse en platero-cincelador, aunque antes le dijimos que nos ilustre sobre algunos términos que aún no teníamos muy en claro: “Orfebre es el que trabaja los metales preciosos, es decir que todos somos orfebres, así trabajemos en oro o en plata. Platero es el que trabaja específicamente en plata, alpaquero el que trabaja la alpaca, y orífice o joyero el que trabaja sólo en oro. Antes, dentro de los que trabajábamos con la plata, se decía que uno era platero-cincelador o platero-liso, dependiendo de si uno sabía cincelar o no”, sostuvo Armando.

Mientras lo escuchábamos con gran atención, vimos que junto al enorme arsenal de herramientas y maquinarias antiguas relucía un hermoso cuadro. Era un retrato de su mamá, Susana, que falleció el año pasado y a quien Armando pintó basándose en una foto.

Según nos contó Armando, sus primeros pasos en el mundo de la platería se remontan a su infancia, cuando tenía tan sólo 11 años de edad y fue a trabajar a la Platería “Amoroso y Llera”, donde barría, hacía mate y también era cadete.

Armando narró sus comienzos de la siguiente manera: “Se dieron una serie de circunstancias muy particulares para que llegara hasta lo de Amoroso y Llera, porque yo no soy nacido en Olavarría sino en San Antonio Oeste, lugar en el que nací debido a que mi viejo había sido trasladado porque era empleado del correo. Luego a él lo trasladaron a un pueblo de la provincia de Buenos Aires llamado Indio Rico, a donde fue ascendido a jefe de correo, ahí estuve hasta el momento en que mi papá abandonó todo y se fue con una piba. De golpe nos quedamos sin casa ni nada, y con mi mamá y mis tres hermanos empezamos a deambular. Primero fuimos a Buenos Aires, luego a Mar del Plata y posteriormente recalamos en Olavarría. Vinimos acá porque mi abuela materna era de Olavarría, sin embargo al principio fuimos a lo de mi abuelo Cándido (ver recuadro titulado “Bisabuelo Platero”), por parte de mi papá, pero como a mi mamá no le gustaba estar de prestados, mi vieja alquiló una pieza, cocina y baño en una casa cerca de la Escuela Normal, donde ahora es Fatigati. La casualidad hizo que quien nos subalquió ese espacio fue Héctor Llera, hermano de los dueños de la Joyería Amoroso y Llera, quien al ver que yo siempre estaba dibujando historietas me invitó a ir de aprendiz a donde él trabajaba con sus hermanos. Así fue como comencé a trabajar a los 11 años”.

“Recién pasé a ser grabador a los 16 años, porque necesitaban gente que hiciese la tarea rutinaria de grabar medallas para los clubes, por ejemplo. Era lo más rutinario y feo que había, pero era una forma de comenzar a aprender el oficio. En esa época había tanto trabajo que los joyeros y plateros hacía horas extras yendo a trabajar  los sábados a la tarde, y yo aprovechaba e iba para aprender un poco más. Ahí fui entrando en contacto con tipos muy generosos y buena gente como Antonio Forte, que era un tipo sensacional”, comentó Armando.

“Antonio siempre dijo que él a mí no me enseñó nada, sin embargo yo creo que él me enseñó mucho, porque cuando yo iba a charlar y él estaba cincelando, se paraba para cebar mate y me decía `dale, dale, golpeá´. Y no te imaginás lo que era eso para mí, por eso yo siento que aprendí mucho con él”, dijo.

“Aunque el gran maestro mío en cincelado fue Mario Llera, porque fue quien se dio cuenta que yo tenía condiciones y cuando los demás me decían que vaya a hacer mandados, él les decía que no me molestaran y me dejaran trabajar tranquilo. Mi relación con él fue de mucho respeto y aprendizaje, siempre me insistía mucho con el dibujo porque sabía que eso era lo que hacía la diferencia, aunque en mi caso eso no era un problema porque a mí me gustaba dibujar. Todos le decían `señor Mario´. En cambio con su hermano Roberto Llera la relación fue distinta. Una vez le dije `señor Roberto´, y él me dijo: `¿señor? Señor de las pelotas´, y desde ese día siempre le dije simplemente Roberto”, señaló Armando sonriendo.

“Mi padre se fue de mi casa cuando yo era muy chico, creo que yo tenía siete años, por eso a todos ellos, es decir a los hermanos Llera, a Forte y a José Herrero Sánchez, los veía y los respetaba como si en cierto modo fuesen mi padre. Ellos me fueron marcando la importancia de ser constante, tener conducta, cumplir y no faltar al trabajo”, indicó Armando.

“Creo que a los 17 años empecé a viajar a Bellas Artes, en la ciudad de Azul. Hasta ese entonces yo estudiaba en el Comercial Nocturno y también asistía a la Escuela Municipal de Dibujo con José Herrero Sánchez, él fue el que cuando se creó la escuela de Bellas Artes en Azul me dijo si me interesaría ir, y decidí hacerlo porque a mí me gustaba la pintura, ya que incluso durante muchos años dudé a qué dedicarme, si a la platería o a la pintura, y terminé decidiéndome por la platería porque tenía que poder vivir de algo y en esa época era muy difícil en Olavarría vivir de la pintura y había mucha demanda en lo que se refería a los trabajos de platería”.

A los 18 años, en la medida en que fueron valorando su trabajo le permitieron libertades que no le daban a los otros plateros. “Incluso me pusieron como empleado de comercio, cosa que no hacían con casi nadie, porque había que pagar más. Hasta esa edad yo no creaba, simplemente hacía los trabajos que me decían, basándome en la copia de modelos preestablecidos, tanto de cuchillos como de hebillas. Hasta esta época se trataba de un trabajo rutinario que era como para no entusiasmarse”, puntualizó.

Su manera de sentir el trabajo que realizaba cambió a los 21 años, cuando empezó a realizar sus propias creaciones. “Empecé a crear a los 21 años, cuando Mario Llera me dio la libertad de hacer lo que yo quisiera. A los 23 años me independicé de lo de Amoroso y Llera, pero de todos modos seguí trabajando ahí con ellos, el arreglo que hice fue que mientras ellos tuviesen trabajo para darme yo no podía tomar trabajo adicionales. Me pagaban bien y eran exigentes, a ellos no les importaba si a mí el trabajo me llevaba más tiempo hacerlo, lo que les importaba era que quedara bien hecho, en cambio en el resto de las joyerías locales a los plateros les exigían ritmo de trabajo. En esa época había mucho trabajo, porque entre otras cosas la gente encargaba hebillas para cinturones, dagas, facones, rastras y cuchillos, los cuales todo el mundo usaba en los asados y se generaba una especie de competencia para ver quién tenía el mejor”.

Pasado un tiempo, Armando se retiró y puso su propio taller. Luego llegó el tiempo del amor, ya que cuando tenía 27 años conoció a Nora. Ella estaba escuchando muy atentamente cada palabra de Armando, por eso le dijimos que nos cuente cómo se llevan: “Nosotros nos llevamos muy bien. Armando como padre es un tipo macanudo, me parece muy buena gente, aunque en las cuestiones del hogar es muy desprolijo porque una canilla puede estar goteando que él la deja así como está”.

Nos llamó la atención que siendo los trabajos de Armando reconocidos a nivel nacional e internacional nunca se haya ido a vivir fuera de Olavarría. Al preguntar por las causas que lo hicieron quedarse, si bien la buena clientela que había generado fue uno de los motivos citados, la causa más fuerte no era esa. Nora nos explicó que Armando “es muy familiero, su mamá (que tenía 97 años) vivió hasta el año pasado, esa fue una de la razones por las cuales también siempre se quedó acá en Olavarría”.

Quizá no todos lo sepan, pero cuando trabajaba en lo de Amoroso y Llera, Armando hizo la primera llave de la ciudad en oro (que le fue entregada al General Aramburu), él hizo el dibujo de la llave y también la cinceló. “Después hice muchas otras llaves, pero casi todas lamentablemente para los militares. La llave que más honrado estoy  de haber hecho es la que se le entregó a Raúl Alfonsín, junto con un cuchillo, cuando retornó la democracia”, expresó.

En lo que a su trabajo y su vida personal se refiere, Armando vivió un momento muy doloroso en agosto del 2007, cuando lo asaltaron en su casa, y junto con el dinero en efectivo le robaron una cantidad invaluable de obras y artesanías. “Nunca calculé lo que representaba en dinero lo que me robaron, lo que sí hice fue una lista de las cosas robadas que incuso la presenté a Interpol por si aparecía algo, pero nunca apareció nada. Ese fue uno de los días más triste de mi vida, porque lo que me robaron eran cosas más que materiales -manifestó-, porque entre otras cosas estaba la rastra que le había regalado a mi señora cuando andábamos de novio y también había una alianza de oro cincelada por Dámaso Arce, que realmente era una joya, era algo impresionante”.

“Ese día por desgracia estábamos los tres -dijo Nora-, él volvía a las 10 de la noche de la Escuela de Orfebrería y yo le abrí el portón, de golpe aparecieron de la nada tres delincuentes que me tiraron al suelo a mí y a él le pusieron un revólver en la cabeza. Mi hija Natalia escuchó ruidos pero ni bien quiso agarrar el teléfono los tipos ya estaban metidos adentro de la casa. Nos tuvieron tres horas acá, atados y con la cara tapada. ”.

“Fueron tres horas tremendas que no se las deseo a nadie -sostuvo Armando-. Por suerte nos trataron bien, pero era gente que sabía lo que venía a buscar. El día del robo en mi casa tenía varios trabajos que yo le había hecho a Nuchi Spinella, él me los había prestado para una muestra. Luego del robo Nuchi vino a mi casa y me dijo `no te vayas a creer que vengo a recuperar las cosas, eso ya está, hacé de cuenta que me robaron a mí, vengo a decirte que si necesitás plata podés contar conmigo´. Le agradecí y le dije que dinero no necesitaba porque por suerte Juan Carlos Pallarols ya me había ayudado (ver recuadro titulado “Pallarols, su gran amigo”), pero la verdad es que Nuchi Spinella se portó de manera extraordinaria conmigo”, sostuvo.

“Desde ese momento que me robaron, nunca más le pedí prestado trabajos a nadie para llevar a las muestras, sólo llevo lo poquito que tengo”, dijo Armando, quien también agregó: “Lo único que espero es que lo que me robaron no lo hayan fundido. Siempre me quedó la duda de quién mandó a hacer ese robo, porque a mi casa vinieron por cosas puntuales”.

Armando es una persona perseverante y aguerrida, “aunque a veces me desanimo” confesó. “Con lo del robo, por ejemplo, la pasé muy mal y estuve muy desanimado y amargado. A ese se lo sumó que tiempo después tuve un diagnóstico equivocado de un tumor terminal en la garganta, cuando en realidad se trató de una infección que me impedía tragar. Incluso me hicieron una traqueotomía, fue una cosa terrible. Todo eso me alejó un tiempo del taller y me puso en una posición diferente porque me hizo ver lo que implicaba el tema de la muerte, también veía la tristeza que eso le generaba a mi familia. Todo cambió a partir de que me dieron la medicación correcta y empecé a mejorar, porque eso me dio ganas de volver a trabajar. Hoy siento que con mis trabajos sigo teniendo un resultado similar, pero con más horas de trabajo”, comentó.

Tras escuchar su doloroso relato, le preguntamos qué se siente que lo llamen “maestro”, y Armando dijo: “Antes no se acostumbra que a uno le digan maestro, eso es una cosa medio moderna. A mí jamás se me hubiese ocurrido decirle maestro a Mario Llera, a Roberto Llera o a Antonio Forte, sin embargo yo estoy orgulloso de esos maestros que tuve”.

“Cuando me dicen así me parece demasiado, lo mismo cuando le pusieron el nombre mío a la Escuela Municipal de Orfebrería y Artesanías Tradicionales (que se llama “Maestro Armando Ferreira”). Sé que cuando me dicen maestro es a modo de reconocimiento por el camino recorrido”, indicó.

Ese reconocimiento al que se refirió Armando, también se vio potenciado cuando el pasado mes de abril, el afamado platero Juan Carlos Pallarols estuvo en nuestra ciudad, bajo el lema “Arte que trasciende”, para que todos los olavarrienses pudieran darle un golpecito al bastón de mando que usará el próximo presidente de la Nación. Antes de que la gente comience a cincelar, en su agradecimiento Pallarols definió a Ferreira no sólo como su gran amigo, sino como “el mejor platero y el mejor maestro de la Argentina”, y también destacó que “Armando ha renunciado a todos los honores que le han dado los grandes coleccionistas en Argentina para quedarse en su escuela y enseñarle a sus alumnos”.

“A mí la platería me apasiona tanto como el dibujo y la pintura”, dijo Armando, quien una de las cosas que se propuso fue hacer conocido a Dámaso Arce, un cincelador autodidacta e impulsor de la platería en la ciudad de Olavarría, que fundó el museo que lleva su nombre: “Arce era un tipo genial, fue una figura importantísima en la platería olavarriense, pero fuera de la ciudad no lo conocían en ningún lado. Cincelador como Arce no ha habido otro, sin embargo los coleccionistas no lo conocían, por eso yo me propuse ayudar a difundir su obra para que los coleccionistas lo conozcan”.

No queríamos dar por finalizada la entrevista sin tener un panorama sobre la platería local. En ese sentido, Armando dijo: “Olavarría tuvo une época de esplendor, pero luego la costumbre se fue perdiendo. El problema de Olavarría en relación a la platería, que no lo tiene San Antonio de Areco, por ejemplo, es que Olavarría no es una ciudad turística, y mientras que antes el mercado olavarriense daba para vivir de la platería, porque había un gusto por la platería e incluso se trabajaba los sábados haciendo horas extras para responder a la gran demanda de trabajos, ahora creo que ese gusto un poco se ha perdido y a eso se le suma el tema de los robos. El tema económico importa, pero no tanto ya que antes este tipo de trabajos también eran caros y la gente no ganaba mucho más que ahora pero había un gusto por la platería. Si bien a mí me encantaría que pudieran vivir de esto, hoy lamentablemente quienes arrancan aprendiendo el oficio no tienen más remedio que hacerlo casi como un hobbie, por eso después muchos dejan, ya que no es fácil vender y es una tarea que insume mucho tiempo y dinero, porque trabajar en plata es caro”.

El 5 de marzo Armando cumplirá 75 años, y él sigue disfrutando tanto de cincelar como de pintar y dibujar: “Algunos de mis dibujos quedan luego plasmados en las obras hechas en plata, pero no todos, porque más allá de hacer los dibujos para poder mostrarle al cliente cómo quedará el trabajo terminado, en general lo hago por disfrute personal, porque a mí me encanta dibujar”.

Hoy, tras un largo camino recorrido, Armando sigue muy activo. Se levanta a las 8 de la mañana y trabaja hasta el mediodía, luego retoma la actividad desde las 15 hasta las 19 horas; momento en que se dirige hasta la Escuela de Orfebrería, donde tres veces por semana dicta clases. “La manera que tengo de dar clases en la Escuela de Orfebrería es más del estilo como me enseñaron a mí, de un modo más libre, sin algo tan sistemático ni con tanta teoría. Mi forma de enseñar es más vivencial y teniendo en cuenta las técnicas, también trabajo directamente sobre los materiales”, dijo.

Sus trabajos tienen la misma calidad de siempre. La diferencia es que ahora hace pausas más largas para tomar mate con su esposa Nora, porque como bien lo señala Armando “a esta altura del partido también es importante darle tiempo al disfrute”.

Armando Ferreira es profesor, fundador y director de la Escuela Municipal de Orfebrería y Artesanías Tradicionales de Olavarría, y junto con Juan Carlos Pallarols es uno de los plateros más importantes de la Argentina. Tal como lo viene haciendo desde el primer encuentro que impulsó en Olavarría en 1992, en noviembre del 2016 liderará el Séptimo Encuentro Nacional de Plateros (que se realiza cada dos años), esa será una excelente oportunidad para que todos puedan acercarse a conocerlo y también disfrutar de lo mejor de la platería argentina.

Armando es orfebre, platero, dibujante y escultor, y además es un excelente cincelador de alma al que no sólo le gustaría que lo recuerden como un platero importante, “más me gustaría que me recuerden como un buen tipo, porque para mí lo más valioso es eso, también considero que en la vida es importante la lealtad, la amistad y no dar malos ejemplos”, subrayó por último.

Te lo dijimos al comienzo de la nota, Olavarría tiene mucha gente de la cual enorgullecernos, gente que se destaca en la vida por hacer con maestría lo que de corazón siente, gente a la cual se la recordará por la brillantez de su obra, pero por sobre todo por la calidad humana que irradian, y Armando Ferreira es uno de ellos : )

P.D.: Esta es la letra de la chacarera que su amigo José Lucero Pedraz le compuso al maestro Ferreira.

Pulsando sobre el triángulo se puede escuchar a José Lucero Pedraz cantando “Armando, el platero”

 

(Fotos: Tomás Pagano + facebook de Armando Ferreira)

Armando no sólo cincela, también dibuja de manera excelente: Si bien de muy joven optó por la platería, Armando nunca renunció a su faceta artística como dibujante y siempre que pudo buscó combinar sus dos pasiones, cincelar y dibujar. En relación con la pintura, Armando recuerda una anécdota de cuando realizó una exposición como platero en la ciudad de Necochea: “Me encontré con un pintor que se llamaba David, Era un hombre muy muy tímido, y cuando entramos en confianza me dijo `yo a usted no lo envidio, pero no lo tome a mal esto que le digo, se lo comento porque yo soy albañil y trabajo todo el día haciendo fuerza y siempre estoy desesperado por ir a mi casa a pintar, en cambio usted, con el trabajo que hace, que está todo el día creando con la platería, no puede estar desesperado por pintar´. Y tenía razón, en esa época uno estaba todo el día haciendo algo que era artístico y a la noche ya no me quedaban ganas para pintar”.

“Ahora veo que hay gente que empezó a valorar mis dibujos -sostuvo Armando-, y últimamente hay clientes que junto con el trabajo que me encargan me piden que también le incluya el dibujo que hago para bocetar el trabajo, y eso es algo que me llena de orgullo. Eso para mí es muy importante, porque antes al dibujo nadie le daba pelota y ahora hay coleccionistas que quieren tener la pieza con el dibujo”.

(Fotos: Tomás Pagano + facebook de Armando Ferreira)

El siguiente video fue realizado con motivo de la visita de Juan Carlos Pallarols a Olavarría, oportunidad en que también dialogamos con Armando Ferreira (la nota completa sobre la visita de Pallarols, titulada “Plateros que valen oro”, puede leerse clickeando aquí).

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