Cora, una bella y sabia dama

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Cora nos mostró su foto de cuando tenía 18 años. (Fotos: Tomás Pagano)

Muy educada, hermosamente arreglada y con una altísimo grado de memoria y lucidez, Cora Rodríguez tuvo la amabilidad de recibirnos en el Hogar de Señoras para contarnos de qué manera ve y siente la vida una mujer que pasó la barrera de los 100 años y aún luce de manera extraordinaria. Le encanta leer, tejer y hacer manualidades, pero por sobre todo le gusta estar al tanto de todo lo que sucede en materia política. Ella encarna el vivo recuerdo de un tiempo en donde los valores humanos eran moneda corriente, por eso confiesa que le duele mucho ver que nos vamos deshumanizando. Te presentamos a Cora, una bella y sabia dama que a pesar del paso del tiempo se mantiene impecable.

Dado lo que periodísticamente representa, podríamos comenzar contando cómo fue que Cora llegó a ser propietaria de la única victrola de Carlos Gardel o describir la manera en que su mamá le hacía los dulces a la mujer del presidente Roque Sáenz Peña. Pero preferimos ir despacio, pues esta nota está escrita para ser leída con calma, porque la calidad humana de Cora merece disfrutarse como si fuese un buen vino.

Corresponde mencionar que Marina Huarte nos había avisado que había una hermosa mujer a la que estaba bueno hacerle una nota, y su dato se nos traspapeló. Sin embargo, cuando las cosas se tienen que dar la magia del universo acontece.

Fuimos hasta el Hogar de Señoras, que queda en la esquina de Merlos y Lamadrid, con la intención de poder hablar con aquellas personas que habían recorrido un largo camino de vida y quisiesen brindarnos su sabiduría de vida para poder compartirla en Esta Bueno. Allí nos recibió la directora Marisú Pérez Lorea, quien al escuchar la propuesta muy gentilmente nos dijo que las puertas estaban abiertas para que habláramos con quienes sintiéramos hacerlo, y también mencionó que había una señora a la que no podíamos dejar de ver porque era “un encanto de mujer”.

Fue así que gracias su amable gestión, dos días más tarde subimos hasta el primer piso del Hogar para tener el honor de conocer a Cora. Gracioso fue que ni bien pasamos a su habitación, escuchamos que alguien golpeaba la puerta y pedía permiso para entrar. ¿Quién era? La masajista Marina Huarte, quien pasó a darle un beso a Cora y se alegró por nuestra presencia. Sonreímos y por dentro dijimos “gracias universo por la sincronicidad”.

Ni bien nos sentamos a dialogar con Cora, sentimos que Marina y Marisú estaban en lo cierto: estábamos frente a una deslumbrante mujer que si no fuese porque muy alegremente nos dijo “tengo 100 años y seis meses” nunca le hubiésemos dados más allá de 80. Ella nació el  26 de septiembre de 1915.

coradetallesA poco de dialogar intuimos que, por más que nuestra intención inicial era hablar con varias personas el Hogar, Dora acapararía por completo nuestra atención. Y así fue.

Cuando llegamos estaba sentada junto a su cama, tejiendo y al mismo tiempo viendo televisión. Su habitación relucía, al igual que ella. Todo estaba muy bien acomodado. Enseguida supimos que el espejo, el rosario, las máscaras y varios de los adornos que estaban colgados en las paredes eran de su producción, pues mientras nos los iba señalando nos contó que hacía de todo: “Me gusta tejer, leer, hacer bijouterie, sé hacer cosas en cerámica y también me encanta la naturaleza, por eso sé mucho de plantas y me encanta la botánica. También me devoro los debates políticos, porque la política me gusta mucho y también me encanta estar actualizada”.

“¿Sabés una cosa? Me acuesto a las doce de la noche, pero me quedo leyendo todos los días hasta la una de la mañana. Por eso para no incomodar a mi compañera de cuarto tengo este velador para que la luz a ella no la moleste”, dijo Cora, para quien el respeto es un valor primordial.

Al verla tan lúcida y con una gran capacidad expresiva, no pudimos evitar preguntarle qué sentía al estar tan en contacto con lo que sucede a nivel nacional y mundial: “El ser humano está cambiando muchísimo y lo que sucede es terrible. Ya no se ven esos nobles sentimientos y el respeto que uno tenía para con sus mayores. No hay ese tipo de educación que teníamos nosotros cuando éramos chicos. A corapremiosnosotros no necesitaban pegarnos ni nada de eso, sólo bastaba una mirada. Se han perdido los valores humanos, yo no sé si eso se volverá a recuperar o no, lo único que te puedo decir es que cada día cuando veo los noticieros me pregunto por qué hemos llegado hasta este extremo de deshumanización. No es necesario. No puede ser que la gente no pueda ponerse de acuerdo, ya sea en la política, en el fútbol o en cualquier cosa. Hoy todo es violencia y no sé por qué”, destacó.

“Ahora la gente vive con rejas y con alarmas -continuó-, y así y todo no está segura ni tranquila tampoco, porque salen a la calle y les pegan un tiro. Antes vivíamos más tranquilos, por eso siento que la calidad de vida se perdió. En nuestra época dormíamos con las puertas abiertas, por eso salir y ver que ahora todo está con rejas es terrible. También lo que se perdió del todo fue el valor de la palabra. Antes la palabra dada era como un documento, y ahora no vale nada. Y esas son las cosas que marcan el vuelco increíble que ha dado la vida de las personas, y es una lástima porque al menos en Argentina tenemos de todo, por eso necesitamos tener gobernantes que ante todo sean honrados y que cumplan lo que prometen, porque siempre se la pasan prometiendo y no hacen nada”.

Para poder conocerla un poco más, le dijimos que nos cuente sobre su vida. “Llevé una vida muy familiar, muy buena y siempre fui muy feliz. Me casé muy joven, a los 17 años. Mi esposo tenía 22 años, y cuando él murió llevábamos 62 años de casados”. Escuchar la cantidad de años que permanecieron juntos nos pareció un dato interesante de apuntar, sobre todo porque son pocos los matrimonios que siguen “hasta que la muerte los separe”, tal como manifiestan en la misa nupcial quienes en presencia de un sacerdote declaran su deseo de unirse y asumir las responsabilidades del matrimonio en fidelidad mutua y perdurable. Lo cierto es que Cora llegó a celebrar con su marido las “Bodas de Diamantes” (ver recuadro aparte).

“Gracias a Dios a mí me tocó un marido que fue extraordinario -acotó-, él fue mi primer novio y me casé con él. Se llamaba Marcos Enrique Bona. Nosotros teníamos canteras de piedra caliza y una fábrica de cal viva lindando con la estancia Fortabat. Yo ayudaba llevando los libros y pagaba, ese era mi trabajo”.

Recordar a su esposo le iluminó el rostro. “Mi marido era especial. Nos respetábamos mucho. En nuestra vida cotidiana había pequeñas cosas que para mí eran grandes cosas, como el hecho de que él jamás se sentó en la mesa antes que yo. Siempre esperaba a que me sentara y luego recién lo hacía él. También me esperaba con la mesa puesta cuando yo salía a hacer los mandados. Parecen pavadas ¿no?, pero para mí eran grandes cosas que me hacía sentir como si fuese una reina. Tampoco nunca hubo entre nosotros una mala palabra ni ofensa alguna. Hoy los matrimonios viven discutiendo, y la vida no es así, tiene que haber armonía en el hogar”.

“Ya me falta poco por llegar a los 101” enfatizó Cora, pero también dejó en claro que no es de las personas que se enorgullece por acumular años. “Cuando llegué a los 100 me sentí muy feliz. Vinieron todos mis familiares, los chicos, los grandes, la verdad que pasé un lindo cumpleaños. Cuando miro hacia atrás lo que veo es que aprendí a vivir bien, porque lo importante en la vida es ser una persona respetuosa y también honrada, una persona que se pueda presentar en cualquier lugar sin problemas”, expresó.

Tras destacar que era nacida en Olavarría y mencionar que “con Julio Argentino Pagano, que fue director de El Popular, hicimos una obra de teatro en el Cine París, que se llamaba `Los Tordos´, del poeta y escritor olavarriense (Arsenio) Cavilla Sinclair”, Cora nos dejó con la boca abierta cuando se puso a recitar un largo verso de la obra, tal como si la estuviese diciendo sobre el escenario. Al terminarlo y ver nuestra expresión de asombro dijo: “cuando actué en esa obra de teatro tenía sólo 13 años”.

cora115No interesaba saber cómo era su rutina diaria. Al indagar notamos que su rostro, por más que permanecía sereno, en cierto modo cambió tras inclinar su cabeza levemente hacia abajo para respondernos: “Yo bajo sólo para almorzar y para cenar, después me lo paso acá, en mi cuarto, rodeada de mis cosas”.

Le preguntamos por qué prefería quedarse en el cuarto en vez de estar con las demás mujeres del Hogar. Cora nos miró y con evidente preocupación dijo: “Sinceramente bajar me da mucha pena, porque no hay derecho a ver lo que ves. A mí me hace re mal ver que los hijos no se ocupen de sus padres. Una madre puede criar hasta diez hijos o más y si es necesario privarse de cosas para que a ellos no les falte nada, y cuando ella envejece ninguno es capaz de ocuparse de la madre, ¿por qué ese abandono? No es mi caso porque lo mío fue por propia elección, pero acá a veces se ve que vienen con un paquetito de masitas y ya está, y eso no puede ser. A mí eso me indigna, me pone mal, por eso prefiero quedarme en mi cuarto, disfrutando de las cosas que me gustan, como tejer, leer o mirar televisión. Yo si pudiera les diría que por favor no las abandonen”.

Como Cora lo había mencionado, le dijimos que nos contara qué la impulsó a irse a vivir al Hogar de Ancianas. “La decisión de venir al Hogar fue mía, la tomé después de que falleció mi esposo, porque me quedé sola y yo no quería interrumpirle la vida al resto de mi familia ni tampoco quiero darles trabajo, por eso les pedí que me buscaran un lugar a donde pudiese ir, y acá estoy”.

“Yo tenía dos hijas. Una ya falleció y la otra está en otro hogar. Ella tiene 80 años, se llama Alicia y se jubiló como maestra de la Escuela Normal. Lamentablemente ella está con Parkinson en las piernas y eso a mí me hace sufrir mucho porque ella no está como estoy yo. Ella a veces está un poco perdida, pero afortunadamente tiene tres hijos que son unos leones y la cuidan mucho. Lo que ellos hacen para que nos podamos ver es ir primero a buscarla a ella y luego me pasan a buscar a mí, y nos juntamos en la casa de cualquiera de los tres. Mi hija que falleció tuvo tres hijas mujeres y entre todos conformamos una familia divina, porque todos son muy buenos. Incluso tengo dos bisnietas y también un tátaranieto”, destacó Cora.

Su rostro nuevamente cobró brillo y esplendor al volver a mencionar a su hija Alicia. Cora señaló una foto que tiene enfrente de su cama, en donde ellas están juntas, y dijo: “La verdad es que Alicia siempre fue una buena hija, una buena maestra y una buena hermana… Es un sol, por eso yo soy feliz cada vez que me encuentro con mi hija. Para mí eso es lo más lindo que hay”.

En su cuarto Cora también tenía una foto en donde ella estaba sentada junto a unas enormes hortensias. “Siempre me gustaron mucho las plantas. A mí me encanta estar en contacto con la naturaleza, por eso en mi casa siempre tuve muchas plantas. Si vos vieras lo que era mi jardín, yo incluso daba clases de bonsái en mi casa los días sábados. Cuando me vine al Hogar me traje algunos bonsáis, por eso cuando te vayas vas a ver que en la entrada hay un bonsái de ombú de 43 años” dijo muy contenta. Y se levantó de su silla para mostrarnos un álbum en donde estaba la foto de cuando recibió “el premio a las orquídeas”, que tanta satisfacción le hizo sentir cuando se dedicaba a la botánica. “Tengan en cuenta que entre las orquídeas hay 30.000 variedades”, agregó.

Ver la gracia con la que se movía y la manera fresca y fluida de su hablar hizo que le preguntáramos cómo había hecho para superar los 100 años y estar tan bien. “Qué se yo -dijo sonriendo-, hice una vida muy sana. Yo gracias a Dios puedo comer cualquier cosa, pero nunca fumé, nunca tomé, no hice desarreglos. Viví como se debía vivir. Entre otras cosas, yo te sé hacer dulces de todo tipo, te sé hacer queso frescos y queso de rayar, aprendí de todo, y eso creo que también ayuda a estar bien”.

indica1“Mirá, te voy a contar… Mi madre era de Buenos Aires, vivía en San Vicente y sabía hacer dulces. ¿Vos sabés a quién le hacía los dulces mi mamá? A la señora del presidente Roque Sáenz Peña (que se llamaba Rosa González). Ella se iba todos los veranos durante 15 días a una estancia para hacerle los dulces, y un día la esposa del presidente le regaló un cuadro de la Virgen de Luján, que luego yo se lo regalé a mi hija para que lo tenga junto a su cama”.

Recordar que le había regalado el cuadro a su hija también la llevó a destacar la importancia de dar sin esperar. “Yo hago bijouterie y cuando vienen a visitarme y ven lo que hago me sale decir `si te gusta llevalo´. Yo soy de dar, me sale ser así, es algo que uno lleva adentro. Yo soy creyente, y cuando rezo pido por todos, pero más allá del catolicismo lo importante es que vos seas bueno en la vida. También es importante dar sin esperar que otros te den algo a cambio”.

“Siempre fui una mujer demasiado buena y eso a veces me lo cuestiono porque hay veces que veo cosas que me dan rabia, pero de todos modos me las callo, porque es más fuerte que yo. Jamás discutí y jamás peleé con nadie. Jamás en los 100 años. No sé lo que es pelear o discutir porque por más que me estés cortando la mano siempre opté por callarme y siempre fui muy respetuosa. También te puedo decir que, si bien fui de callarme, no siento que me haya quedado nada pendiente”, mencionó Cora cuando le pedimos que nos digas algunas de sus características personales.

Sólo bastaba mirarla un segundo para darse cuenta de que Cora es una mujer muy coqueta. “A mí me gusta la mujer que está arreglada desde la mañana, ni bien se levanta -precisó- porque no tenemos por qué andar deshechas, sucias o desdeñadas con la excusa de que estamos dentro de nuestras casas y no vamos a salir a la calle. Yo nunca perdí la coquetería, por eso no me gusta ver la mujer desarreglada en la calle”.

mirada1Ella también siempre está muy informada. “Escucho radio a la mañana, pero sólo el noticiero porque no soy de mucha radio. A mí me gusta estar enterada de lo que pasa. En televisión me gusta ver a Los Leuco, tanto al padre como al hijo, y también a Nelson Castro. Las novelas no me gustan, como tampoco me gustan los programas de chusmeríos”.

Al hablar sobre los temas de actualidad, de manera bien segura no dijo: “A mí me gustaría vivir en una sociedad en donde todos tengan para poder vivir bien, una sociedad en donde el obrero pueda tener cubierta sus necesidades y contar con asistencia cuando se enferma. ¿A vos te parece que la gente que trabaja no tenga para darle de comer a sus hijos o que haya gente que tenga que vivir en esas casuchas hechas con bolsas? No hay derecho, las cuestiones básicas tienen que estar cubiertas, porque la vida es un soplo”.

“Se ha perdido mucho la educación de la persona. Yo veo que los chicos ahora van a la escuela y a la maestra la dicen `Seño´ o directamente `Che´, y eso no puede ser, hay que educarlos en el respeto. ¿Por qué ahora los chicos con sólo doce o trece años van al boliche? Cada cosa debería tener su tiempo, porque puede que parezcan grandes pero son criaturas que aún no saben nada de la vida. Cada cosa tiene que ser vivida a su edad, porque de lo contrario cuando llegan a los 20 años ya vivieron tanto que no saben qué hacer y están aburridos. ¡Imaginate cuando llegan a los 100!”, exclamó sonriendo.

vista“Cuando miro por la televisión todos los cambios que en el mundo se están dando, hay cosas con respecto a los avances de la tecnología que me gustan y otros que no, porque a la cabeza hay que hacerla trabajar y yo veo que a veces cuando le preguntás a los chicos cuánto es 7 por 8 no te saben responder, y enseguida sacan el celular para hacer la cuenta. Y a la cabeza hay que hacerla andar, porque el cerebro es el órgano principal del cuerpo humano. De hecho lo último que se muere es la cabeza”, subrayó.

Para conocer más sobre su personalidad le preguntamos por su signo zodiacal. “Soy de un signo equilibrado. ¿Cuál es?”. Sonrió cuando le respondimos que era de Libra. “Pues bien, así soy yo, una mujer equilibrada, y al menos en mi caso las características que se mencionan en relación al signo son tal cual”, indicó. (Cuando nos fuimos buscamos en Google y la descripción que se daba sobre los nacidos en Libra era como estar viendo a Cora pintada de cuerpo entero. Entre otras cosas se mencionaba: “Para los nacidos en Libra el objetivo principal en la vida es buscar el equilibrio, les gusta generar armonía y pacificar en los conflictos. Huyen de las peleas como del fuego. Tienen un carácter afable y disfrutan relacionándose con el entorno. Les gusta comunicarse de una forma franca, divertida, rápida y directa. Sueles transmitir sus pensamientos siguiendo un código ético y con la idea de exteriorizar un mensaje cargado de buenas intenciones).

En cada pausa, Cora metía un bocadillo. “¿Sabés qué? Ayer me vinieron a buscar para ir a tomar un café al Bingo, pero no fui porque no me avisaron con tiempo. A mí siempre me gustó salir y viajar. Con mi esposo nos gustaba ir a Mar del Plata, a Córdoba y sobre todo a Merlo, en San Luis, que es hermoso”.

También tocamos el tema sobre el sentido de la vida y la relación con sus padres. “Nunca me cuestioné sobre el sentido de la vida porque yo a la vida la viví muy bien. Tuve unos padres que fueron divinos, realmente fueron un ejemplo a seguir, porque en mi casa nunca se escucharon gritos ni peleas. Mi papá José se vino de Toledo (España) porque no quería hacer el servicio militar, él era un santo. Mirá, para que te des una idea sobre cómo era, te cuento que yo tuve cuatro hermanos que ya fallecieron, y había uno que era menor que yo. Mi papá cuando llegaba del trabajo me sentaba a mí en una de sus rodillas y a mi hermano menor en la otra y nos contaba cuentos de príncipes que nos encantaban, porque sus relatos era muy atrapantes y nos hacían desarrollar la imaginación. Cuando mi mamá nos llamaba para cenar él nos prometía que la historia seguiría al día siguiente, y no sabés con qué emoción y alegría esperábamos ese momento. Eran historias que a lo mejor duraban una semana”, dijo Cora con una mirada tan vivaz que parecía como si su padre recién le hubiese terminado de contar una de sus fantásticas historias.

Charlar con Cora nos resultaba muy entretenido, sobre todo porque ella le daba a su relato una bella entonación, y también porque a cada instante nos salía con alguna sorpresa: “¿Vos sabías que yo tenía la victrola de Carlos Gardel y también su máquina de escribir, no?”. Por la manera en que abrimos los ojos se dio cuenta de que no estábamos al tanto, así que nos siguió contando. “En el año 1904 entraron al puerto de Buenos Aires sólo diez victrolas, y una de esas diez la compró Carlos Gardel. A nosotros nos la regaló la familia Deferrari, que era una familia que tras su muerte recibió muchas cosas de Gardel en agradecimiento por todo lo que lo habían ayudado, ya que el día que Gardel debutó en un teatro ellos incluso le prestaron un frac para que pudiese cantar”.

“Cuando Gardel murió, su madre pasó a vivir con Armando Delfino, quién había quedado como su apoderado. Así que un día viajé a Buenos Aires junto con Roberto Lalanne para que la esposa de Delfino me la certificara, porque ella sabía que yo tenía la victrola de Gardel. Ella me pidió mucho dinero a cambio de la certificación, y quedé en contestarle, pero luego por consejo de Deferrari me puse en contacto con la esposa de José Razzano (quien en 1911 formó un dúo con Carlos Gardel que duró hasta 1925, cuando por problemas vocales debió abandonar el canto y a partir de esa fecha pasó a ser responsable de los negocios de Gardel hasta 1933) y quedamos en encontrarnos. Yo llevé las fotos y cuando ella las vio lo primero que me dijo fue:`¡Ay, la victrola de Carlitos!´ Y enseguida hicimos los trámites ante el escribano para certificarla. Lo que no hice certificar fue su máquina de escribir marca `Corona´, que era hermosa. A la máquina de escribir la tenía acá en el hogar, pero decidí regalársela a Delia Bouciguez, porque ella hace unos años me compró la victrola”.

Nos interesó saber qué la había llevado a querer desprenderse de objetos tan preciados como los de Gardel. “Con mi marido muchas veces habíamos hablado de venderla porque nosotros teníamos dos hijas y no queríamos que el día que nosotros faltáramos hubiese problemas por la victrola. Así que cuando falleció mi esposo le dije a Delia Bouciguez que prefería vendérsela antes de que el día de mañana mis hijas se pelearan por tenerla. Así que me pagó lo convenido y ahora la tiene ella junto con la certificación, los discos, cartas y algunas fotos. La verdad es que la victrola y la máquina de escribir estaban impecable”, remarcó.

En relación a la máquina de escribir perteneciente a Gardel, Cora también dijo: “Como presentí que algún día la máquina de escribir me podría desaparecer, uno de los tantos días en que Delia vino a visitarme le dije que le haría un regalo. Ella pensó que yo le iba a regalar alguna de las bijouteries que hago, así que no te imaginás la sorpresa que se llevó cuando le di la máquina de escribir de Gardel. Recuerdo que le dije: `Te la regalo de corazón, porque sos muy buena conmigo´. Así que ella tiene la victrola y la máquina de escribir de Gardel, y yo estoy contenta porque Delia es mi amiga desde hace más de 20 años. Ella es una gran mujer, es muy sincera y también muy fiel. Siempre viene, me visita y también me lleva a pasear, así que conmigo es macanuda y también es muy humana” (ver en recuadro aparte lo que Delia dijo sobre Cora).

miradaYa el Sol se había marchado y se estaba haciendo muy tarde. Por eso, luego de que nos mencionara que el 2 de marzo se cumplieron cuatro años de su llegada al Hogar de Señoras, se nos ocurrió preguntarle a modo de despedida hasta qué edad le gustaría llegar, y su respuesta nos sorprendió. “Yo la verdad que ya me doy por satisfecha. ¿Vos sabés lo que hago a la noche cuando me acuesto? Al rezar digo: `Dios y la Virgen que mañana no amanezca´. Eso es lo que digo, porque a mí me gustaría irme durmiendo”.

“Yo ya tengo mis papeles hechos. Uno lo tiene la escribana, otros mis nietas y uno yo, porque el día que me muera quiero ser cremada. También pedí que saquen los restos de mi marido para que nos cremen a los dos juntos y luego esparzan nuestras cenizas en algún lugar en donde haya naturaleza. Por eso ya dejé todo en orden. No quiero morir y dejar gastos, porque cuando te entierran la cosa ahí no se terminó, porque todos los meses hay que pagar la parcela del cementerio y yo no quiero ser molestia para nadie”, sostuvo.

Con respecto a lo que hay después de la muerte Cora no se preocupa. “No me imagino si después de la muerte me encontraré con mi marido. Esas cosas nunca las pensé. Soy de ir paso a paso, ya me enterará cómo será todo cuando llegue su momento. La muerte a mí no me asusta porque viví muy bien. Yo lo que no quiero es dar trabajo. Te lo juro, no me gustaría enfermar o quedar en una situación en la que me tengan que atender, por eso rezo para irme durmiendo. De todos modos mis nietos me cargan porque hace 20 años que en cada uno de mis cumpleaños les vengo diciendo que es el último y sin embargo sigo cumpliendo”, dijo Cora riendo.

Le dimos un beso. Le agradecimos por su tiempo y generosidad, y nos retiramos de su habitación situada en el primer piso del Hogar de Señoras. Cuando llegamos al patio externo del Hogar, sentimos una voz que nos despedía desde lo alto. Era Cora, quien desde la ventana de su cuarto nos saludaba con una enorme sonrisa y nos señalaba la dirección en donde estaba su bonsái, para que lo pudiésemos ver. Le sonreímos y partimos. Estábamos muy felices de haberla conocido.

Es nuestro sentir que por más que por las noches Cora rece para partir, hay ángeles que aún no elevan sus plegarias porque saben que ella es una hermosa flor, en el jardín de la existencia, cuya sabiduría de vida constituye un refrescante aroma que mantiene viva la esperanza de un mundo más fraterno y humano. Cora es una lúcida, bella y elegante dama, que por sus cualidades humanas es digna de aplaudir, por eso hoy les acercamos su cálida manera de sentir para que todos la disfruten.

P.D.: como seguramente más de un tanguero hubiese querido hurgar un poco más sobre los objetos de Carlos Gardel que están en Olavarría, acá les dejamos un plus : ) 

 

Delia, la máquina de escribir y la victrola de Gardel

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En la foto se observa a Carlos Gardel parado a la izquierda de la victrola que ahora es propiedad de Delia. (Fotos: Tomás Pagano)

Cuando llamamos por teléfono a Delia Bouciguez para contarle que habíamos entrevistado a Cora Rodríguez ella se alegró mucho, y no dudó en decirnos que sí cuando le preguntamos si podíamos pasar a fotografiar la victrola y la máquina de escribir de Carlos Gardel, que años atrás pertenecieron a Cora y su marido Marcos Enrique Bona.

delia1Tras contarnos lo que más arriba reflejamos en el recuadro titulado “Doña Cora es una mujer a la que admiro”, no pudimos resistirnos y aprovechamos la oportunidad para charlar un momento con Delia sobre los invaluables objetos que hoy tiene en su poder.

“Tanto la victrola como la máquina de escribir están impecables. Miren, ésta es la máquina de escribir portátil, por eso se pliega. La usaba Carlitos cuando viajaban con Enrique Delfino. ¡Mirá si habrá hecho contratos con esto!”, dijo Delia mientras sacaba la máquina de su estuche color negro para que la pudiésemos apreciar.

“No sé si les habrán contado, pero todo lo que perteneció a Gardel siempre fue pasando de mano en mano pero nunca hubo un peso de por medio, así que yo rompí esa tradición al comprar la victrola a Cora, pero en realidad también lo hice para sacarle una preocupación de encima”, nos explicó.

“La victrola está tal cual la tenía Gardel. En la certificación consta que Marcos Enrique Bona, el esposo de Cora, recibió la victrola como regalo, de manos de Amadeo Deferrari”, agregó Delia, y cuando le peguntamos sobre cómo había nacido su vínculo con Cora dijo: “Con ella nos hicimos amigas a través del tango. Su esposo, a quien le decían `Cholo´ también era un encanto de persona, tal como lo es Doña Cora. Ella un día me contó que siempre había sido tema de conversación con su marido que el día que faltaran, siendo una familia tan unida, tenían miedo que entre sus dos hijas pudiera haber algún tipo de problemas al momento de decir qué hacer con la victrola. Si bien a gardel1mí me gustaba, yo en realidad no quería tanto la victrola como el hecho de que ella se deshaga de un problema. Así fue que arreglamos un valor y se la compré, y fue la primera vez en la historia de todas las pertenencian de Gardel en donde hubo dinero de por medio. Por citarte un ejemplo, el actor Tito Lusiardo, que era muy amigo de Gardel y terminó muy pobre, como ya casi no tenía para vivir, y tenía varias cosas de Gardel, un día quiso vender un sobretodo. Cuando los amigos se enteraron de que lo iba a vender le juntaron dinero y se lo dieron con la condición de que no vendiese el sobretodo. O sea que hubo una gran fidelidad de los amigos a la memoria de Gardel, y eso es hermoso”.

“Hoy cualquier gardeliano o coleccionista sabe que la victrola y la máquina de escribir de Gardel están en Olavarría, y la verdad es que emociona saber que esto lo usaba Gardel. Miren cómo está todo, está impecable, y eso que estamos hablando de algo que es del año 1904”, expresó Delia mientras se acercaba a la victrola para que la escuchemos sonar.

“Entre las cosas que tenía dentro la victrola cuando se la compré a Doña Cora hay un disco de Gardel que casi nadie sabe de su existencia porque es rarísimo. No sé cómo es que en esa época lo habrá hecho, pero en ese disco Gardel canta a dúo con él mismo”. (En el disco puede leerse que dice: “Carlos Gardel canta con Carlos Gardel en dúo”, y se trata del tango “La Madrugada”).

“A diferencia de las clásicas victrolas en donde a mitad de la canción había que volver a darle cuerda, esta victrola tiene la particularidad de que permite escuchar el disco completo”, destacó.

Mientras nos mostraba los discos que Cora le entregó junto con la victrola, Delia decía “mirá, acá está `El día que me quieras´, `Mi noche triste´, `Duelo criollo´… están los mejores tangos”. Y en eso apareció de fondo la mágica voz de Gardel cantando “Acaricia mi ensueño, el suave murmullo de tu suspirar…”. Seguramente a más de un gardeliano en ese instante se le hubiese plantado un lagrimón.

Delia también nos mostró cómo al abrir y cerrar las puertas de la victrola el volumen iba cambiando y dijo: “Yo no soy egoísta. Ha venido mucha gente linda con intención de verla y yo se las muestro. Cuando escuchan cómo suena se quieren morir. Hace más de un año vino quien era el baterista de `Los 5 latinos´ y también lo fue de `Maná´ y se sorprendió cuando vio la victrola, quedó maravillado”.

gardel3“En donde hay muchos objetos de Gardel es en Medellín, Colombia, en donde hay un museo en su memoria (se llama Museo Casa Gardeliana). En Buenos Aires también hay un museo que se hizo en la casa en donde vivió Gardel (llamado Museo Casa Carlos Gardel). Si ustedes lo van a visitar van a ver que hay una victrola y una máquina de escribir que son similares, pero no las originales, porque las originales son estas. Por eso cuando preguntás en el museo te dicen que esos objetos no son los que pertenecieron a Gardel, pero están ahí para recrear cómo eran sus objetos personales” (clickeando aquí se puede realizar un recorrido virtual por el Museo Casa Carlos Gardel).

“La máquina de escribir también anda perfecto -indicó Delia-, pero no está certificada porque eso se les pasó de hacer. De todos modos para un coleccionista es prácticamente lo mismo porque está junto con la victrola, que sí tiene certificación ante escribano de que perteneció a Gardel”.

Le agradecimos por haber sido tan amable y generosa al mostrarnos los objetos de Gardel, y nos despedimos diciéndole que en otro momento volveríamos a visitarla para entrevistarla porque su historia de vida también merece contarse, ya que es una empresaria olavarriense que más allá de todo lo que hizo con La Casa del Deporte, siempre ayuda, es muy solidaria y se mueve haciéndole caso a la voz de su corazón.

Acá les dejamos la galería completa de imágenes tomadas en lo de Delia y durante la entrevista a Cora. Clickeando sobre las imágenes se agrandan : )

(Fotos: Tomás Pagano )

P.D.: Nos olvidamos de contarles que nos sorprendió ver que en la habitación de Cora había una foto en donde estaba Amelia Dumaire de Blando, la hermosa mujer a la que hace un tiempo le hicimos una nota en Está Bueno porque había cumplido nada más ni nada menos que 105 años. Al respecto Cora dijo: “No tengo la suerte de conocer a Amelia, sólo conozco a uno de sus hijos, que está casado con una chica que es amiga de mi nieta. ¿Vos sabés que vive sola, no?”.

Para quienes también quieran disfrutar la encantadora historia de Amelia, acá les dejamos este link, que también contiene un video en donde está con su familia: “Amelia tiene 105 años y continúa siendo muy coqueta”

 

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2 comentarios

  1. Jorge Omar Schamberger

    Después de leer esta nota siento que es un remedio para desintoxicar la mente, de tanta información de corrupción,inseguridad,etc.
    Gracias por este tipo de notas (valga la redundancia),esperando poder leer muchas más.

  2. Monica Liliana Gomez Santos

    Que placer leer esta nota realizada a Corita Bona, que mujer bella es; tuve honor de conocerla y es deslumbrante ,agradable,dulce y sobre todo,tan rica en espiritu y de buen corazon. Lo veo en el hogar de sras cuando voy y esta siempre igual. Dios la siga bendiciendo y cuidando.

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