Danzando desde el alma

El equipo completo: Valeria Potes junto a los profes, y Martín Soler, su esposo y pilar fundamental en Artedanza.

Hay gente que baila desde el alma. Gente que le imprime a la danza su don de gente y pone mucho amor y pasión en lo que hace porque está alineada con lo más puro de su esencia. Valeria Potes es así, por eso es tan radiante. Junto a su esposo, Martín Soler, hace de la danza un arte que se centra, sobre todo, en los aspectos más humanos. Juntos invitan a recorrer un hermoso camino en donde no sólo se aprende a bailar, también inspiran a que se sienta la vida de un modo diferente. Ellos son “Artedanza” y disfrutan tanto lo que hacen que se los puede ver brillar.

Está bueno encontrarse con personas que realmente aman lo que eligieron hacer, porque sus rostros son la viva expresión de la alegría y sus entornos de trabajo gozan de un halo muy especial. En Artedanza eso se siente, por eso cada rincón está cuidado hasta en sus más mínimos detalles.

Simpática, sensible y de espíritu festivo, Valeria Potes contagia optimismo. Sus ojos relucen cuando sonriendo menciona que “se siente agradecida de trabajar de lo que más la moviliza”.

“Como toda mamá que quiere que su hija baile, mi mamá (Liliana) me llevó a bailar desde que yo tenía 4 años. Bailar me gustó y seguí haciéndolo, y cuando empecé la escuela primaria el Gato Landoni  dijo: “Ché, esta chica tiene que bailar en otro lado, encima hace las coreos. Está para más”. Mi mamá tomó sus palabras en serio y pasé de ir a bailar una vez a la semana a ir todos los días a lo de Gladys Messineo, y después me fui a perfeccionar a Buenos Aires”, de esa manera Valeria comenzó a contarnos sus inicios una vez que finalizó su clase de tap, en el armónico espacio que tiene en Rivadavia 2644 (entre General Paz y Coronel Suárez).

“A los 4 años arranqué bailando español, a los 8 años me dediqué a la danza moderna, que hoy llamamos jazz, y ya ahí me enganché con el clásico y el zapateo americano -continuó-, por eso hoy en nuestro estudio de danzas se bailan todos los estilos, desde el clásico hasta el hip hop, el jazz contemporáneo, la danza contemporánea y el reguetón. Lo único que no tenemos ahora es tango y folclore porque en Olavarría ya hay muchos que trabajan muy bien esas disciplinas”.

Retomando cómo fueron sus primeros pasos, también destacó: “A mí me movilizó ser profe de danza cuando fui a la Escuela Municipal de Danzas, donde estuve como asistente de los profesores de Buenos Aires y despacito me fui como enganchando y me fui metiendo un poco más en lo que era ser profesional de la danza. Hasta que un día pasé por un local céntrico y me pregunté `¿por qué yo no?´ Y alquilé el local”.

“Yo era maestra jardinera y en esa época con el sueldo que me pagaban afrontaba el alquiler del salón de danza, y así comenzó todo. Inicié con 60 alumnos y poco a poco el número comenzó a crecer, hasta los 350 alumnos que hoy tenemos en Artedanza”, dijo feliz mientras miraba a su esposo Martín, quien permanecía en silencio a su lado, al igual que los jóvenes profesores que la escuchaban con mucha atención sentados en el suelo.

“La danza es una disciplina, pero cuando uno baila da más que la pierna estirada o la cabeza para un lado, por eso yo trato de que se baile más desde lo profundo, reflejando lo que uno siente. Por eso me gustó llamar a este espacio `Artedanza, tu lugar de expresión´, porque cada uno que viene a bailar puede expresarse respetando su propia forma. Yo te puedo marcar una coreo pero vos la vas a hacer totalmente distinta a mí y a cualquier otro, por eso trato de que todo salga desde el alma y llegue al alma del que te esté mirando”. Las palabras de Valeria resonaban con muchísima claridad y convicción, pues ella es de las personas que hacen lo que sienten.

Martín hasta ese momento de la entrevista estuvo callado, asintiendo con sus gestos todo lo que decía su esposa, sin embargo tras la pausa de Valeria agregó: “Para nosotros el cuidado del cuerpo es fundamental”. Y en ese sentido hizo hincapié en que “por bailar durante muchos años sobre piso de mosaico muchas de las bailarinas sufren con el tiempo varias lesiones, por eso el piso que tenemos es flotante y contiene una membrana de manera que los bailarines puedan rebotar y así no lesionarse”.

Todo está muy bien ambientado en Artedanza, el salón principal, los vestuarios, las áreas de descanso, hasta los rincones más chicos están presentados con muy buen gusto y calidez, de manera que la experiencia de la danza no sólo se limite a la música y las clases. Por eso también armaron una sala de estudios para que los chicos, en vez de estar dando vueltas por la calle, puedan tener un espacio en donde juntarse.

En ese sentido Valeria destacó: “Nosotros queremos que el que viene acá, además de encontrarse con un lugar para bailar, también se encuentre con un espacio en donde hacer amigos, en donde pueda encontrar ayuda, contención, donde pueda compartir algo más que lo que es en sí bailar. Lo de la sala surgió porque acá vienen muchos jóvenes y la mayoría llega directo de la escuela, así que pensamos en crear un lugarcito en donde puedan comer la merienda, charlen, escuchen música y estén con sus amigos de danza hasta la hora de sus clases. Ese espacio es un lugar de contención para el adolescente”.

“El hecho de relacionarnos con los chicos de esta manera también nos permite darnos cuenta, entre otras cosas, de situaciones tales como cuando tienen problemas de alimentación, cuando van a tener un hermano o cuando se separan los padres. De ahí que a través de la danza se los contenga muchísimo, porque es donde expresan y liberan lo que sienten bajo la guía de Valeria, ya que ella con su capacidad y sensibilidad influye mucho en que los chicos puedan abrirse”, agregó Martín.

Valeria baila como los dioses. Martín no baila, sin embargo a su modo sí lo hace, y con gran profesionalismo, porque es quien se mueve al compás de cada una de las ideas que van surgiendo y hace hasta lo imposible para que todo salga a la perfección. “Yo tenía tres trabajos. Soy abogado y trabajaban como gerente en relación de dependencia en una empresa de marketing, y dejé todo para trabajar acá porque acá me siento bien. Acá la gente se libera. Nosotros transmitimos con el alma y ayudamos muchísimo, por eso tenemos más de 30 becas, entre parciales y totales, y todos los años hacemos galas a beneficio. Lo hacemos porque lo sentimos. También por eso desde hace 5 años somos representantes en Olavarría por la Ley Nacional de Danzas (ver recuadro aparte). Todo lo que hacemos es porque nos fluye, porque son cosas que sentimos. También trabajamos mucho sobre todo lo que tenga que ver con el respeto y el cuidado del cuerpo”.

En lo que respecta a lo que vienen haciendo en el área de capacitación, Martín sostuvo: “Desde hace varios años estamos focalizados en el perfeccionamiento, por eso traemos profesores de afuera para brindar capacitaciones, porque hoy irte a Buenos Aires a capacitar es carísimo. Nosotros hemos traídos hasta profesores de Estados Unidos. El año pasado trajimos de New York a `Slam´ (Salim Gauwloos) y a Dominique Robinson, y además vino la japonesa Ako Ando. También traemos profesores de Buenos Aires, porque la danza argentina es muy buena y no tiene nada que envidiarle a la del resto del mundo. Los traemos bajo las modalidades de seminarios, workshop y masterclass”.

Viendo la manera desenvuelta en que su marido nos explicaba todo lo que hacían, Valería no dudó en expresar: “Nosotros somos el claro ejemplo de que marido y mujer pueden trabajar juntos. Nosotros llevamos juntos 8 años, y siempre buscamos que todo aquel que abre la puerta de Artedanza, además de sentir que llegó a un espacio en donde se puede expresar, en primer lugar queremos que encuentre un lugar lleno de luz. Yo soy así, doy, doy, doy, y la idea es que todos demos el alma. Por eso si a mí me dan a elegir entre los mejores bailarines y las mejores personas, yo elijo a quien es mejor como persona, porque a ser bailarín se aprende, pero buena persona se nace”.

“A los largo de estos años también nos han tocado vivir momentos difíciles tanto a nivel personal como en lo grupal, porque como todas las personas tenemos nuestros momentos duros, y también muchas personas traen sus problemas familiares acá, pero yo creo que la danza ayuda a sobrepasar todas esas situaciones. El bailarín siempre trata de dar lo mejor, así se esté muriendo en el escenario”, sostuvo Valeria. Y subrayó: “Nosotros hacemos todo lo posible porque la gente venga a Artedanza a disfrutar, de todos modos siempre tenemos oídos para escuchar a quien lo necesite y si los podemos ayudar mucho mejor”.

Cuando les preguntamos sobre cuáles eran los momentos que más atesoraban, tanto Valeria como Martín no dudaron en señalar que si bien disfrutan mucho de los worshops, “las galas en el Teatro Municipal es lo que más nos moviliza”. Martín nos explicó que “independientemente de las galas que hacemos a beneficio, últimamente estamos haciendo dos galas anuales en donde mostramos lo que hacemos en el años. En cada gala el teatro se llena. Hacemos entre 30 y 40 coreografías por día y en cada jornada asisten más de 1.000 personas. Por más que hasta último momento sufrimos porque estamos pendientes de que todo salga bien, para nosotros hacerlo es un verdadero placer, ya que damos lo mejor de nosotros. Gente que ha venido de Buenos Aires ha destacado que lo nuestro es un show, no una muestra”.

Por su parte, también en relación con las cosas hermosas que la danza les brinda, Valeria mencionó las amistades: “Gracias a la danza, tenemos amigos en todo el mundo y eso es algo fantástico. El profe de estados unidos (Slam), que fue bailarín de Madonna, cuando abrió las puertas de Artedanza dijo, `Guau, esto es lo más´; él hoy es mi amigo, y que venga un amigo y destaque lo bien que estás trabajando te enorgullece”.

“La última vez que vino Gustavo Bertoul, que estuvo con Tinelli muchos años, trabajó con Susana Giménez, con Moria Casán, con Patricia Sosa y trabajó también con la gente de Disney entre otros, y desde este año tiene su propio estudio y da un profesorado en distintos puntos del país, nos dijo: `Voy a exigir que en todos los lugares en donde dé clases los lugares sean como éste que ustedes tienen´. Y eso para nosotros también es un orgullo que nos destaquen de esa manera”, dijo Martín.

“Yo dejé la docencia y él dejó la abogacía para hacer esto que nos da felicidad y nos brinda un gran disfrute. No cualquiera hoy tiene la posibilidad de trabajar de lo que le gusta y además disfrutarlo” mencionó Valeria.

Martín compartió sus dichos, pero de todos modos recordó que también tienen sus contratiempos. “Durante los meses de enero y febrero se pone duro porque durante esos meses con el tema de las vacaciones y el calor la gente no baila, por lo tanto nosotros no tenemos ingresos. Además nosotros invertimos mucho en los worshops y jamás ganamos plata con eso, pero lo hacemos porque son inversiones para nuestros alumnos y también para nuestra ciudad, porque de ese modo brindamos la posibilidad de que todos se capaciten”.

Como mientras les estábamos haciendo la nota los más chiquitos empezaron a llegar en compañía de sus padres, les pedimos que nos mencionaran cómo era el trabajo con ellos:  “Con los más chiquitos no sólo trabajamos desde el lado de la danza -indicó Martín-, por eso dos de nuestras principales profesoras son maestras jardineras, porque nos gusta también complementar las clases con pedagogía, porque es fundamental poder atenderlo de la manera en que ellos lo necesitan para su proceso de formación, por eso se trabaja más las expresión corporal en los nenes que en resto de los grupos. Las edades de los alumnos van desde los 3 hasta los 68 años. Hacia arriba no hay límites de edad, el límite se lo pone uno. En lo que respecta a los más chicos, la edad de inicio es a los 3 años porque recién ahí los chicos están más capacitados para ser receptores de determinadas pautas de conducta”.

Independientemente de que Valeria actualmente es profesora titular del programa municipal de Integración por el Arte, ellos también cuentan con clases integradas propias: “Tenemos dos alumnas down, una discapacitada motriz, una chica sordomuda y otra chica que es ciega, porque acá no se rechaza a nadie. Lo único que si se evita es la gente tóxica” dijo Martín; quien también mencionó: “Nuestros profesores son muy jóvenes y trabajaron con Vale durante mucho tiempo, y todos tienen corazón y alma de oro. Y por si eso fuese poco, tienen el ego equilibrado”.

Al escuchar los dichos de Martín, los cinco profesores que ayudan a Valeria sonrieron, pero sólo Marita Fanesi se animó en principio a decir unas palabras. “Yo soy maestra jardinera y trabajo doble turno en el jardín y después vengo acá como alumna y también para brindarle apoyo a Vale con los grupos más chiquitos y hacerlo es un placer enorme, de lo contrario no lo haría. Acá es donde me vuelvo a cargar de energía y de ganas. Además, tanto Vale como Martín son muy solidarios a la hora de darnos la posibilidad de formar parte de este plantel”.

El resto de los profesores, todos muy jóvenes, destacaron prácticamente a coro que “sienten felicidad por estar en Artedanza” y también “se sienten orgullosos de poder dar clases” y “están agradecidos de que confíen en ellos siendo tan jóvenes”. Y en cuanto a las virtudes de Valeria dijeron: “Es una persona increíble, porque nos formó como bailarines y también como personas. Ella es lo más. La sentimos como si fuese nuestra segunda madre. Tanto Valeria como Martín siempre están para todo, sea lo que sea ellos te apoyan y siempre están”.

Contentos al escuchar palabras tan lindas de parte de los profesores que los acompañan, Martín y Valeria nos comentaron que entre sus metas está “poder viajar a Nueva York para seguir capacitándonos y creciendo, de manera que podamos aportar cada vez más a la cultura de nuestra ciudad, porque nosotros estamos para sumar”.

“¿Por qué recomendarían la danza?” fue nuestra pregunta a modo de cierre, al ver que ya era la hora de que los más chiquitos tuvieran su clase de iniciación a la danza. Martín sostuvo: “Según los que saben, dicen que la danza es una de las disciplinas más completas para todo lo que tiene que ver con la formación psíquica y física”. Valeria, por su parte, apeló a su sensibilidad femenina, y cálidamente explicó: “Recomendamos danzar porque de ese modo se puede volar, se puede soñar, te ayuda a crecer, te ayuda a pensar, te estiliza, te lleva por el camino de una buena alimentación y te brinda amigos. La danza es un todo. Por eso pusimos esa frase en el cuadrito de entrada que dice `no pierdas un solo día sin acercarte a tu sueño´ ”.

Martín y Valeria disfrutan a pleno lo que hacen y le ponen muchísimo corazón. Y eso se nota, porque se preocupan porque todo reluzca y el clima que se viva en torno a ellos sea de calidez, alegría, contención y entusiasmo, de manera que la magia del baile se transforme en un canto a la vida. Juntos aprendieron a hacer de la danza un arte que en Olavarría es valorado y reconocido, tanto por su calidad y creatividad, como por el brillo y la excelencia que le imprimen.

Liliana, la mamá de Valeria, no se equivocó cuando sintió llevarla a bailar con tan sólo 4 años. Ella ahora físicamente ya no está, partió, pero seguramente desde algún lugar la observa y debe estar plenamente feliz de verla bailar con tan amor y pasión, siendo luz y guía para quienes danzan.

(Fotos: Tomás Pagano + brindadas por Artedanza)

 

 

 

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