El sueño de Cielo

Millones de personas anhelan vivir en un mundo más pacífico, armónico y consciente, por eso diariamente accionan para que la trama de la vida se embellezca y el amor vuelva a brillar. Cielo Eugui es uno de esos sensibles seres que hace su valioso aporte para ayudar a elevar la vibración colectiva, de manera que la violencia, la inconsciencia y la desunión formen parte de un pasado al que ya no queramos regresar, porque juntos aprendimos a manifestar entornos bien cálidos, humanos, saludables y resplandecientes. Hoy te vamos a presentar el sueño de Cielo, porque es tiempo de que a las buenas intenciones se las impulse a volar.

No se necesita de un puesto importante o de una elevada cuota de poder para ayudar a iluminar el entramado de la vida. Lo que sí cuenta es nuestra forma de vibrar, que se expresa en nuestra manera de pensar, decir, sentir y obrar, porque todos somos agentes de cambio. Somos alquimistas. Y tenemos el poder de hacer realidad lo que visionamos. Sólo necesitamos manifestar nuestra intención, y alinearnos con la fortaleza y la sabiduría del corazón, de manera que el universo conspire a nuestro favor y nos brinde el marco propicio para que nuestras mejores semillas florezcan.

Esta vez fuimos en la búsqueda de Cielo Euguí, porque Eva Ormazaval nos había dicho que era una hermosa persona a la que podríamos entrevistar, dada su manera angelical de ser.

Cuando la llamamos se sorprendió. Pero accedió a que la vayamos a visitar cuando le dijimos que simplemente charlaríamos sobre lo que hacía. Aunque internamente presentíamos que tal vez habría algo que en algún momento de la entrevista mágicamente se habría de manifestar, dado que todos tenemos algo que aportar en nuestro paso por la Tierra.

A modo de adelanto te decimos que la intuición no nos falló, porque Cielo -como buena “Semilla Planetaria Amarilla”- es portadora de un hermoso sueño, que de hacerse realidad permitirá que en Olavarría se cree “un espacio educativo holístico multiedad, que contemple los diferentes niveles de desarrollo del ser humano, el cual se construiría utilizando geometrías que estén alineadas con las formas armónicas de la naturaleza”.  En palabras más simples, sería como una escuela de vida o un espacio de educación viva, en donde los dones y talentos puedan florecer. Pero vayamos paso a paso, primero queremos contarte qué fue lo que la llevó a vibrar de un modo más consciente.

Cielo tiene 26 años y es de Aries, un signo del zodíaco que denota espontaneidad y pasión en todo lo que se hace. Nos recibió en compañía de su novio Nicolás y de su perra Puchi, a quien hace tiempo encontró desnutrida en la calle y la cobijó.

Sin muchos rodeos le pedimos que nos cuente lo que hacía. “Estaba estudiando Ingeniería Química y por más que me faltaba poco para recibirme, hace 2 años sentí dejar la carrera porque me di cuenta de que era tiempo de darle un giro a mi vida -destacó-. Para la toma de esa decisión influyó el hecho de conocer gente nueva como Noemí Paymal y Tierra Martínez, con quienes organizamos talleres de Pedagoggía 3000 y permacultura. También la decisión pasó mucho por lo intuitivo, porque sentí que era mi tiempo de soltar. Así que intencioné aprender de los niños, y a los 2 días de haber dejado la facultad me llamó por teléfono Ivana Treviño, que es mi profe de biodanza y la directora de donde estoy haciendo mi formación, para preguntarme si quería trabajar en el Centro Cultural Infantil (C.C.I.) del CECO, con chicos de 3 a 7 años. Así que automáticamente le dije que sí, y esa misma semana empecé a trabajar.  Ahora soy la coordinadora del C.C.I., donde se dan diferentes talleres, tales como yoga, teatro, biodanza, arte y un montón de actividades recreativas, y también voy aplicando un poco de lo que es la educación biocéntrica en las reuniones con las talleristas, lo cual incluye realizar diferentes dinámicas grupales, rondas, hacer círculos de cultura, tomarnos de las manos y respirar conscientemente. En el trabajo mi desafío es experimentar en la práctica lo que he aprendido vivencial y teóricamente, por un lado con los adultos pares y por otro lado con los niños; con ellos tenemos infinidad de posibilidades de trabajar la paciencia, el amor y la calma, por más que a veces aparezcan gritos y berrinches. También trabajamos para cambiar los retos por las palabras de apoyo que estén necesitando, y los ayudamos a respirar de manera consciente. Son cosas que parecen simples, pero que en nuestro cotidiano se nos pasan por alto y no lo hacemos”.

“Para mí todo eso es importante porque el simple hecho de ser consciente del oxígeno divino que ingresa en mi cuerpo, en donde al exhalar me estoy purificando, también me permite imaginar y proyectar cómo circula toroidalmente la energía por dentro y fuera de mi ser. A su vez, al respirar conscientemente puedo sentir cómo mi campo electromagnético se fortalece generando un huevo luminoso dorado a mí alrededor, que me expande y me alinea con la Madre Tierra y todo el sistema mayor de la galaxia. También es crucial ser conscientes de lo que pensamos, porque los pensamientos proyectan realidades, que en otros espacios-tiempos se expresan, por eso busco compartir esos conceptos que ayudan a ir ganando en calidad de vida”.

Su forma de hablar era bien franca, y cada vez que terminaba una frase asomaba una sonrisa. Supimos que su manera inquieta, curiosa y pujante de ser la llevaba a estar siempre en acción. “El año pasado me largué a hacer encuentros de ciencia y arte multiedad, un viernes al mes en el C.C.I., destinados a todo público, confiando, tal  como lo aprendí de Oscar Senmache, en que el conocimiento es universal y que podemos ir de lo simple a lo complejo y estar en un mismo espacio aprendiendo y enseñando”.

“Mientras estudiaba en la Facultad de Ingeniería también estuve organizando un proyecto llamado EcoNciencia, junto con Camila Pinzone y Daiana Martinefky. EcoNciencia fue un proyecto de extensión, con la intención de que el conocimiento saliera a las calles y que se infiltrara en la academia nociones alternativas. EcoNciencia fueron ferias ambientales, con actividades simultáneas, que apuntaban a mostrar cuestiones alternativas con el fin de concientizar, enseñar y repensar aspectos centrales en el vínculo entre las personas y el medio ambiente. En ese camino hubo muchos actores, y también fuimos guiadas por profes que acompañaron nuestro caminar y se sumaron a ese sueño, la primera de ellas fue Bettina Bravo y luego pasó la posta a Julia Tasca, entre muchos otros maestros. Fueron momentos de mucho crecimiento personal para mí, y como somos un espejo, espero que para todos”, comentó

Pero hubo un hecho que marcó un quiebre en su vida, y la hizo darse cuenta de que el límite no era su cuerpo. Así lo recuerda: “Nunca había hecho yoga ni tenía idea de lo que era meditar, sin embargo hace unos 7 u 8 años encontré un librito que tenía mi hermano, que creo que era del Método Silva. La curiosidad hizo que todas las noches hiciese una serie de ejercicios que el método proponía, en donde me sentía muy en calma, con mucha paz y amor, y donde de tan liviana y relajada que estaba al cuerpo no lo sentía. Hasta que una noche, en el pasaje del estado de vigilia al sueño, salí de mi cuerpo y me fui a pasear por la ciudad, siendo en todo momento consciente de lo que estaba pasando”.

“Si bien ahora de estos temas se habla, en ese momento guardé silencio durante un año sobre lo que me había pasado y no se lo conté a nadie, por temor a la burla y el descrédito. Pero leyendo descubrí que lo que había vivido era una bilocación, y también me enteré de la existencia de los sueños lúcidos, las trilocaciones, los viajes astrales y todas las experiencias extra corporales que se pueden experimentar”, agregó.

“Esa experiencia de salirme de mi cuerpo y ver que me podía mover e ir a donde quisiera fue como un gran click interno que me enriqueció porque, además de permitirme saber que todos los seres humanos tenemos esa misma facultad, entre otras cosas me llevó a descubrir aspectos que desconocía de mi propio ser, como los son las distintas esferas de la conciencia y nuestros distintos cuerpos”, explicó.

“Otras de las cosas que me sucedió cuando empecé a tener más experiencias extra corporales es que empecé a sentirme planta, empecé a sentirme mineral, y como planta y como mineral empecé a sentir dolor. Y ese dolor también me fue llevando a la introspección. Lo del desdoblamiento fueron varias experiencias muy fuertes para mí, porque mi cuerpo seguí en la cama, pero yo sabía que ya no estaba dentro de mi cuerpo. Esas experiencias marcaron un quiebre con respecto a mis creencias sobre el cuerpo y nuestro límite físico -remarcó-. Te menciono estas vivencias porque quizá haya personas que también han pasado o están teniendo experiencias similares y no se animan a compartirlas. Y la verdad es que al mundo de los sueños hay que prestarle mucha atención, porque los sueños son mensajeros, portadores de aprendizajes que nos ayudan a decodificar nuestra realidad”.

Como hacía mucho calor, Cielo nos sirvió un vaso de agua y,  mientras esperaba que el té que nos había preparado se enfriara, continuó diciéndonos: “A esas experiencias también se le sumó el hecho de empezar a percibir el aura de las plantas y de las personas, y eso me ayudó a reconocer que, independientemente de la forma o el estado que adopte, lo que nos rodea en esencia es energía. Todo eso me llevó a replantearme cuáles eran nuestros límites y también hizo que me preguntara sobre el sentido de la vida. Lo que fui experimentando me hizo consciente de que somos seres eternos y vivimos un constante proceso de transformación que nos conduce hacia la fuente original de la que venimos. Eso también me ayudó a reconocer la importancia del desapego y el estar al servicio hacia un plan mayor, por eso cuando uno se abre hacia ese servicio e intenciona estar a disposición, llegan los trabajos, las personas y todo lo necesario como para seguir evolucionando y así vibrar más alto”.

“Entre otras cosas, ese tipo de situaciones me fueron haciendo consciente sobre la importancia de generar mi propio alimento. Por eso, cuando me viene a vivir sola a la casa que era de mi abuela, además de generar mi propia huerta, comencé a comer solamente vegetales y también a separar los residuos. Esas acciones también pueden parecer simples, pero alimentándonos sano cuidamos de nuestro cuerpo y con el hecho de separar la basura es grandísimo el aporte que uno puede hacerle al medio ambiente”, enfatizó.

La necesidad de estar más en armonía con la naturaleza y aprender a cuidar a la Madre Tierra también la puso en el camino de la permacultura. “Iniciarme en permacultura me ayudó a reconocer los recursos con los que contamos. Me enseñó, además, a cómo generar nuestros propios recursos, y pude darme cuenta de la importancia de usar lo orgánico para enriquecer el suelo en vez de tirarlo a la basura. También comprendí, entre otras cosas valiosas, cómo aprovechar mejor el agua, la luz del Sol, y a valorar las construcciones con barro”.

Además de comentarnos que ya no miraba televisión, porque “la caja negra constantemente emana vibraciones negativas” (ver recuadro parte), Cielo también nos contó que volverse consciente de que somos seres vibrantes la llevó también a prestarle mucha atención a lo que a diario consume. “La manzana, por ejemplo, tiene un montón de células y microorganismos vibrando dentro, pero cuando cortamos ese fruto, pasadas 6 horas toda esa riqueza, esa vibración que estaba ahí latente, se pierde. Por eso mucho de lo que comemos hoy en día son alimentos sin vitalidad. De ahí que sea muy importante informarnos sobre cómo nos nutrimos”, recalcó.

En la medida en que vamos poniendo conciencia en nuestras acciones cotidianas todo empieza a cambiar. Según Cielo, “hacerlo implica entrar en un proceso holístico que te lleva mirar tu vida ya no de manera fragmentada, sino como un todo unificado, de manera que puedas llevar conciencia a cada una de tus áreas”.

Si bien fue dando pasos aprendiendo a seguir su sentir, fue Noemí Paymal, a través de Pedagogía 3000, quien puso en palabras un montón de inquietudes que Cielo tenía. “Noemí me aportó mucha claridad sobre los métodos de enseñanza, y también en todo lo relacionado con cómo las formas y la geometría influyen en los estados de ánimo y la emoción de los niños. Además, cuando empecé a leer sobre sus trabajos y a descubrirla, sincrónicamente llegó la posibilidad de organizar un taller en Olavarría y tuve el privilegio de que Noemí se hospedara en mi casa”, indicó

“Cuando me interioricé sobre los cambios en la educación que se proponía a través de Pedagogía 3000 me fui dando cuenta de que en las escuelas a los chicos no se les pregunta cómo se sienten -destacó-. Pedagogía 3000 me aportó un montón de herramientas de dinámicas grupales, que entre otras cosas ayudan a sentir y te enseñan a escuchar. También me permitió conocer técnicas de aprendizaje como el NeuroFLASH 3000, y a reconocer la importancia de la inteligencia emocional y las inteligencias múltiples. Además me nutrió de mucha información relacionada con los nuevos niños, porque Pedagogía 3000 constituye una invitación pedagógica mundial que fomenta una educación integral, bien humana y multicultural, centrada en la paz y el respecto, que atienda las necesidades reales de los niños de hoy, y de nuestro planeta”.

Cada cosa que Cielo iba aprendiendo la nutría más y más, y dentro suyo se iba gestando un sueño que llevaba la impronta de todas las cosas que le iban resonando. Pero aún había más, por eso su camino de vida la hizo entrar en contacto con biodanza.

“Además de sentirme bien, muy a gusto y cómoda, en biodanza me hice consciente de que en la vida hay una trama que todo lo une, una red mayor que a todos nos hermana. También me ayudó a recuperar el instinto, porque si hay algo que la educación de hoy se está olvidando es del instinto de supervivencia, porque en líneas generales no sabemos por dónde sale el Sol ni nada de lo que es básico para la vida. Si no hubiésemos perdido ese instinto hoy tendríamos una mayor sintonía con nuestros sentidos y no tendríamos, por ejemplo, hectáreas y hectáreas de monocultivos que empobrecen el suelo”, manifestó.

Como le preguntamos qué otras cosas había aprendido en la práctica de biodanza, Cielo mencionó que “también me ayudó a poder reconectarme con mi cuerpo y me permitió descubrir que hacía un montón de tiempo que no me tomaba de la mano de alguien. Además me ayudó a conectar con el poder sanador del abrazo, que nos alinea con la Tierra y con los otros, sube nuestras defensas y estimula la empatía, haciendo que podamos sentir a quienes abrazamos”.

“Lo que más me hizo flashear de biodanza fue las emociones que se generan danzando y cómo se pueden soltar automáticamente -explicó-. También me maravilló experimentar cómo una misma canción, en el mismo espacio, pero con otro grupo de gente, te lleva a transitar emociones totalmente diferentes”.

“Practicar biodanza me gusta porque promueve el trato indiferenciado, ya que ahí no se hacen diferencias de ningún tipo y se pone la vida al centro, porque la educación biocéntrica sale de una rama de la biodanza. También te permite conectar con tu sexualidad de una manera bien sana, de modo que cada uno pueda estar conforme con lo que es y con su propio cuerpo, que es el instrumento que nos hace experimentar la vida. Y además otras de las líneas que se trabaja es la afectividad, que es algo que la sociedad en sí ha ido perdiendo”, destacó. Tras lo cual también puntualizó que ahora también practica yoga.

Se hizo un momento de silencio en la charla, y mientras bebíamos agua Cielo enfocó su mirada hacia el horizonte e hilvanó la esencia de todo lo que nos venía diciendo en una frase: “Ya sea desde permacultura, desde yoga, desde biodanza, desde la educación biocéntrica o desde Pedagogía 3000, a lo que se apunta es a volver al centro de uno mismo”.

Quizá por todo eso Cielo siente que ya es tiempo de insuflarle vida a un gran sueño colectivo que anida en su corazón, así como en el de muchos olavarrienses; el cual, además de estar en sintonía con todo lo que ella vino haciendo hasta ahora, también está alineado con los cambios vibracionales de la Madre Tierra.

¿Cuál es su tu sueño, Cielo?”, le preguntamos. Nos miró a los ojos, hizo una breve pausa, sonrió y dijo: “Me cuesta un poco ponerlo en palabras, pero creo que de algún modo puedo ir dándote pistas para que comprendas qué es lo que más anhelo. Quiero crear un espacio en donde, entre otras cosas, confluyan el arte, las actividades recreativas, los valores humanos, los oficios y las técnicas de autoconocimiento que ayuden a generar cambios de conciencia. La idea sería gestar un espacio que no sea estático, sino que todo lo que allí se vaya enseñando o brindando esté al servicio de quienes por allí pasen, de ahí que las dinámicas irían cambiando en sintonía con los dones y talentos de todos lo que se sumen y co-creen el lugar”.

Lo que nos iba compartiendo nos resonaba, y su mirada parecía iluminarse en la medida en que más afinaba su sueño. “Si tendría que recurrir a palabras sueltas para describir la esencia del lugar con el que sueño, te diría: libertad, tolerancia, amor, compasión, comprensión, diálogo, confianza… Sería un espacio en donde también habría un reaprendizaje sobre las emociones y la forma de expresarnos, siempre desde la no descalificación al otro. En ese sitio se fomentaría la diversidad y la creatividad, se estimularía la cooperación, el trabajo en equipo y el espíritu comunitario. Lo lúdico también estaría muy presente”, agregó.

“Sería un espacio autosuficiente, con mucho verde y muchos árboles, en donde todos puedan compartir, y en donde se borren las diferencias y también estén presentes los cuatro elementos (fuego, aire, tierra y agua). Sería un lugar en donde también habría momentos para la introspección, la observación de la naturaleza y la celebración. En ese sentido está bueno mencionar que hay un grupo que se llama Dragon Dreaming, que hace hincapié en que además de la planificación y la concreción es muy importante la celebración como parte del combo del trabajo que nos ayuda a sentirnos bien. Además, es en medio de la celebración en donde muchas veces nacen nuevos sueños por concretar en función del intercambio de ideas”.

Como Cielo nunca había hecho público su sueño sabíamos que no era fácil lo que le estábamos pidiendo, pero como lo que nos iba diciendo nos entusiasmaba, queríamos que nos diera más detalles. “Este espacio tendría que tener huertas, en donde se deberían generar medicinas naturales, los alimentos, los cosméticos, la perfumería para pisos y los productos para limpieza del hogar. Todo en función de una línea natural. Lo mismo que las tinturas y los aceites”.

“Si dejo volar más mi imaginación debería decirte que en principio me lo imagino como un lugar pequeño, como si fuesen pequeñas comunidades autosuficientes que generen intercambios. Por ahora, sobre mi ideal de este espacio comunitario, tengo más en claro cómo serían el trato y los vínculos que la forma física que tendría”, aclaró.

“¿Y cómo serían esos vínculos?”, le preguntamos: “Habría un espíritu colaborativo, afectuoso, creativo y solidario, en donde la gente siempre estaría dispuesta a servir -citó-. En tal sentido la ayuda se daría por medio de mingas, que en realidad son encuentros en donde todos se suman para colaborar en función de lo que se necesite. La minga (minka en quechua) es una antigua tradición de trabajo comunitario o colectivo con fines de utilidad social, que bien podría citarse como un claro ejemplo de amor en acción. Su significado se deriva del conocimiento que tenían los aborígenes de que realizando un trabajo por el bien común, se lo hace más rápido, mejor y disfrutándolo. Lo bueno de las mingas es que promueven valores como el compañerismo, el trabajo en equipo, la solidaridad y el aprender a compartir, porque por medio de las mingas lo que uno hace no es sólo brindar parte de su tiempo, sino compartir con los demás lo mejor de cada uno”.

“Me imagino que los seres que pasarían por este espacio sería más despreocupados, tanto por lo material como en lo vincular -señaló-. Siento que serían personas más abiertas, dispuestas a compartir y a vivir en armonía, y en donde los vínculos se vayan dando en función de los aprendizajes y de lo que sientan, y no tanto por los compromisos sociales”.

Como le insistíamos tanto en que continuara poniendo en palabras su sueño, Cielo dijo que si tuviese que ser aún más precisa podría decir que “en esencia sería un espacio educativo holístico y multidisciplinario, en donde cada uno podría hacer lo que realmente tenga ganas. Sería un lugar que contemplaría los diferentes niveles de desarrollo del ser humano y tendría cabida para que se expresen tanto la inocencia y la pureza de los niños como la sabiduría de los ancianos, porque sería un espacio multiedad. Las construcciones y geometrías que se usarían buscarían las formas armónicas de la naturaleza, imitando los códigos del universo y reconociendo los sólidos arquimedianos, así como el lenguaje de la vida. Y también apuntaría a tener todos los aspectos de una Escuela de los 7 Pétalos, tal como lo impulsa Noemí Paymal”.

Al escucharla hablar reconocíamos que sentía cada palabra. De todos modos, por más que Cielo tiene en claro lo que quiere, también se abre a la posibilidad de que su sueño pueda plasmarse de una forma diferente: “Por ahora es una incertidumbre cómo sería ese espacio, ya que en realidad se manifestará y tendrá la energía de aquellos que sientan materializarlo. De todos modos, me gusta compartir mi intención porque posiblemente al leer esta nota alguien sentirá sumarse o tal vez proponga que nos encontremos para charlar e intercambiar ideas, tal como muchas veces lo hacemos con Eva Ormazaval y Guille Vales, quienes también sueñan con un lugar así. Incluso también puede que aparezca la persona que diga `tengo un lugar en donde me gustaría que ese sueño se concrete´, porque siempre que de corazón lanzamos al universo lo que anhelamos, todo llega”, dijo con una sonrisa mayúscula.

“Si bien casi todos nos distraemos fácil y tenemos tendencia hacia la comodidad, todos estamos acá por algo y tenemos una misión de vida. En mi caso siento que mi misión es sembrar. En el sincronario Maya soy `Semilla Planetaria Amarilla´, y a mi modo siento que voy sembrando, ya que más allá de las ferias de EcoNciencia o lo que hago en mi cotidiano con la huerta, con biodanza, permacultura, yoga o en las actividades que realizo en el Centro Cultural Infantil del CECO, también ayudé para que gente valiosa como Noemí Paymal y Oscar Senamche pudiesen venir a Olavarría a transmitir sus enseñanzas, y esa también es otra manera de ayudar a sembrar conciencia. Así que siento que voy por buen camino”.  

Le agradecimos, le pedimos permiso para sacar más fotos y nos fuimos tras saborear el té que nos había prometido hacer probar ni bien se enfriara. Sabíamos que su testimonio era de gran valor, porque al abrirse y compartir su anhelo más profundo inspiraría a que más y más personas se animen a que sus mejores intenciones comiencen a volar.

Mientras escribíamos esta historia y recordábamos que Cielo es “Semilla Planetaria Amarilla”, según el sincronario Maya, decidimos buscar en internet para ver qué decía al respecto, y ésta frase que encontramos en la web “Siembra de Magos” nos pareció que merecía apuntarse: “La semilla tiene la cualidad de plantarse en tierra para atraer los recursos necesarios para su crecimiento, dando paso a un brote firme y luminoso. Esta energía está en un impulso constante de florecimiento interior, una fuerza creadora que va, en base a la búsqueda de la manifestación de su esencia en libertad y espontaneidad, siendo nexo entre lo terrenal y lo espiritual”.

Como buena semilla, Cielo sabe que porta el florecimiento de una nueva conciencia, por eso intuyó que esta entrevista era un buen momento para abrirse y hacer un llamado al universo de manera que aparezcan los recursos, la gente y el espacio donde poder echar firmes raíces que ayuden a humanizar e iluminar la trama de la vida.

Desde Está Bueno, nos sumamos, de todo corazón, para que el sentido y resplandeciente sueño de Cielo Eugui se transforme en una hermosa realidad que desde Olavarría pulse para encender nuevas visiones, en donde nuestros dones y talentos se puedan manifestar, de manera que juntos aprendamos a gestar entornos bien cálidos, humanos, saludables y conscientes : )

(Fotos: Tomás Pagano + Facebook de Cielo Eugui)

P.D.: Cielo también estuvo presente en la celebración del Día de la Conciencia Ambiental : )

 

P.D.1: Clickeando sobre la imagen se accede a la página en Facebook del Centro Cultural Infantil del Centro Empleados de Comercio, ubicado en Rivadavia 2466, al lado del Jardín Niño Feliz.

P.D.1: Acá te dejamos estos dos videos para que conozcas un poco más sobre Dragon Dreaming.

 

 

P.D.2: Como una manera ilustrativa de complementar sus dicho, Cielo sintió acercarnos este video en donde Oscar Senmache habla sobre la geometría sagrada y el merkaba que compone nuestro cuerpo de luz.

 

P.D.3: Por último, Cielo nos sugirió que incluyamos este video para que más personas puedan cambiar su percepción con respecto a las plantas.

 

P.D.4: En sintonía con las palabras de Cielo, pulsando sobre la siguiente imagen podés leer un mensaje que te invita a florecer : )

P.D.5: Apuntes de Cielo : )

Cielo Eugui. (Fotos: Tomás Pagano)

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