En el corazón del Obelisco

Si algo le faltaba a nuestro fotógrafo urbano, Tomás Pagano, para enamorarse aún más de Buenos Aires, era subir al Obelisco para hacer fotos panorámicas desde la cima. Su sueño se cumplió gracias a la gestión de Vicky Hassan, quien le abrió la puerta para que fuese uno de los pocos argentinos que hoy puede decir, con sano orgullo: “Yo estuve ahí, en el corazón del Obelisco”.

Tomás siempre prefiere que sean sus fotos las que hablen, pero le insistimos tanta veces que logramos arrancarle algunas frase que grafican uno de los momentos más significativos de su derrotero fotográfico: “Si bien el esfuerzo bien vale la pena, porque la vista de Buenos Aires desde el Obelisco es algo increíble, no resulta nada sencillo trepar los 206 peldaños de la escalera, sin baranda, que te lleva hasta la cima, pero por suerte el monumento tiene 7 descansos que facilitan el ascenso. De todos modos, confieso que sentí un poco de vértigo al subir”, dijo Tomás sonriendo, quien se mostró muy contento de ser uno de los pocos favorecidos en poder recorrer, por dentro, el símbolo emblemático porteño que se construyó para conmemorar los 400 años de la fundación de Buenos Aires.

“Estuve en el interior del Obelisco unas cuatros horas. Subí al atardecer, a eso de las 17,30 horas y tuve la posibilidad de quedarme a ver cómo anochecía. El espectáculo realmente es mágico, porque si bien Buenos Aires nunca duerme y el ritmo es constante, en la medida en que las luces se encienden todo cobra otra dimensión”, comentó Tomás.

El Obelisco pesa 170 toneladas, mide 67,5 metros y fue levantado en apenas 31 días por 157 obreros, en su mayoría inmigrantes de origen europeo. “Al verlo por dentro, la primera sensación visual te impacta porque uno está acostumbrado a ver al Obelisco siempre de color blanco, y ahí tomás conciencia de que por dentro el único color que reina es el gris del cemento con que está construido”, destacó.

“De todos modos, por fuera luce impecable -agregó- porque hace poco más de seis meses, con motivo de su 80 aniversario (el Obelisco fue inaugurado el 23 de mayo de 1936) se lo pintó con productos antigrafiti”. Sobre este punto, como dato color cabe destacar que, debido a los diferentes hechos vandálicos, a lo largo de sus ocho décadas de vida fue pintado 40 veces, y en 1987 fue enrejado. La pintura que se utiliza es de color “piedra París”, y en total se necesitan 380 litros para que pueda lucir inmaculado.

“Una vez que llegás a la cima del Obelisco hay cuatro ventanas que te permiten tener un vista privilegiada de Buenos Aires. Cada ventana tiene un domo de vigilancia y también hay una cámara de seguridad dentro del Obelisco. Realmente disfruté muchísimo la experiencia, y si bien ya me encantaba Buenos Aires después de esto qué te puedo decir, fue una vivencia impagable”, comentó por último.

Antes de dar paso a las fotos que sacó Tomás, te agregamos un par de datos que nos llamaron la atención al buscar información en internet, porque si bien hoy todos los que van a Buenos Aires quieren sacarse una foto con el Obelisco, este afamado ícono argentino -que fue construido por el arquitecto tucumano Alberto Prebisch– en su momento fue muy resistido. Las crónicas de hace 80 años mencionaban que los porteños ironizaban su construcción afirmando que era un “pisapapeles de acero y cemento”, un “punzón” y que “afeaba el paisaje urbano”. La polémica llegó a tal punto que sólo tres años después de su construcción se aprobó una ley para demolerlo, pero lo salvó el veto del intendente. En fin, más allá de estos datos pintorescos que te mencionamos, lo que importa es que Tomás subió y ahora tiene una hermosa historia para contarle a sus futuros nietos, la cual seguramente comenzará diciendo: “Yo estuve ahí, en el corazón del Obelisco” : )

(Fotos: Tomás Pagano)

Acá te dejamos algunos videos que complementan las imágenes de Tomás : )

 

 

 

 

 

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