Feliz de ser origamista

Verónica Andrea González Nazábal (Fotos: Tomás Pagano)

El origami nació del plegado del papel para obtener figuras y formas decorativas de singular belleza, sin embargo este milenario arte japonés está causando una gran revolución mundial y se ha transformado en una montaña de futuros tesoros que hace que la técnica que por siempre estuvo vinculada a la geometría y la creatividad ahora sea la gran clave para un sinnúmero de innovaciones industriales, científicas y tecnológicas. Verónica Andrea González Nazábal, la primera origamista olavarriense, nos abre las puertas hacia el mundo origami y también nos revela el costado más humano y mágico de esta hermosa disciplina que deslumbró su mente y cautivó su corazón.

Los analistas internacionales coinciden en señalar que el origami es también la base de un negocio que mueve billones de dólares y está en franco ascenso. Basta hacer un breve recorrido por internet para encontrar noticias que anuncian, entre otras cosas, que mediante el estudio de los principios del origami y el diseño de modelos matemáticos por computadora, la Agencia de Exploración Espacial de Japón logró plegar un panel de 25 metros de diámetro en sólo 2,7 metros, generando así una vela solar que se despliega al llegar al espacio. Se informa, además, que basándose en figuras del origami, la Universidad de Oxford diseñó un stent que permite mantener abierta una arteria bloqueada cuando llega a su destino. También sorprende el anuncio de micro robots origamis que serán utilizados tanto para la industria médica como la aeroespacial (clickeando aquí se pueden ver las noticias).

Esto mismo sucede en áreas vinculadas al diseño, la arquitectura, el arte, el ocio y la industria automovilística, por citar tan sólo algunos ejemplos. Pero más allá de esto que te contamos (que para no hacértelo muy extenso al final de la nota adjuntamos varios videos ilustrativos), sentimos que estaría bueno contactar con alguien que conociera sobre los origamis. Y si era olavarriense muchísimo mejor : )

Por eso, hoy te vamos a hablar sobre el mundo origami visto desde la perspectiva de la primera origamista olavarriense, a quien fuimos a visitar para que nos ilustre sobre este maravilloso arte geométrico que a todos deslumbra, tanto por su hermosura como por su alto grado de complejidad. Sólo te adelantamos que se trata de un arte que, más allá de las posibilidades que abre a todo tipo de nuevos emprendimientos, ofrece un montón de beneficios, entre los que se destaca su pacificador poder desestresante.

Nos dirigimos hasta la calle Moreno 3359 (entre Alvaro Barros y la Avenida Colón), en donde Verónica Andrea González Nazábal tiene su taller de origamis, llamado “Yumiko“, que significa “niña hábil como un arquero”. Ni bien entramos quedamos deslumbrados por muchas de sus coloridas e ingeniosas creaciones, que en sus cientos y cientos de pliegues revelan buena parte de lo que sus alumnos pueden hacer en sus clases de origami.

Como no todos saben qué es, en primer lugar le pedimos a Andrea que nos defina a qué se llama origami y en qué consiste. “El origami es el arte japonés del plegado de papel. El llamado `origami puro´ u `origami tradicional´, es sin cortes y sin pegamento. También está el origami modular, que son varias piezas que se ensamblan, que sí pueden ir pegadas. Por otra parte, el origami que tiene algunos cortes se llama `kirigami´, que en sus formas más básicas es como cuando uno hace los cristales de nieve cortados que se ponen en las ventanas. Y al origami más complejo se lo llama teselado, que es como un mosaiquismo en donde se utiliza un solo papel, sin cortes, trabajado infinitamente”.

“En lo que a su ámbito de utilización se refiere -agregó-, además de todo lo vinculado al arte, la creación de souvenirs para fiestas, cumpleaños, casamientos, adornos para eventos, centros de mesa y tarjetería, como muchos ya saben, hoy el origami también se extiende a múltiples áreas de nuestra vida. Se utiliza para empaques y embalajes, diseños de moda, esculturas, bijouteries, construcción de botes, casas, mesas, sillas, se aplica a nuevas tecnologías robóticas, a la nanotecnología, se utiliza en la medicina y se emplea para crear nuevas estructuras arquitectónicas. También el origami es muy tenido en cuenta por los publicistas dado su poder marketinero, de ahí que muchas marcas reconocidas están utilizando técnicas del origami en los envases de sus productos, dando como resultado lo que se conoce como `packaging de formas geométricas´, que atrae la mirada de todos los consumidores por su originalidad y creatividad. En fin, es tan amplia y diversa la aplicación de las técnicas de origami que te fui mencionando algunas cosas así, un poco al azar, para que veas que se trata de un arte que hoy influye en casi todas las carreras que alguien pueda llegar a estudiar”.

Con respecto al origen, nos contó que “el origami nace en el siglo I en China, pero los chinos no lo desarrollaron, por eso se considera un arte japonés. Recién el en siglo VI se comenzaron a desarrollar los diagramas o sea las instrucciones de plegado, y eso ayudó mucho a su difusión por todo el mundo”.

Andrea es un libro abierto en relación a todo lo que tiene que ver con la cultura origami, pero como en Está Bueno nos gusta contar historias de vida y conocer el “detrás de escena” de las personas que entrevistamos, le pedimos que hiciera un alto en lo relacionado con los aspectos históricos, y nos contara cómo fue que llegó a convertirse en origamista, ya que intuíamos que probablemente no habría sido una decisión sencilla de tomar, dado que si bien se trata de un arte que es muy valorado en buena parte del mundo, en Olavarría prácticamente no se lo conoce, al punto tal de que ni siquiera se enseña en la carrera de Artes Visuales, ni en las escuelas municipales de Educación Artística.

“En el año 2008, cuando estaba embarazada de mi hijo Benicio, sentí curiosidad por cómo se hacía la grulla y a su vez a mi hermana (Marisol) le habían regalado una estrella de origami, cuya forma también me daba mucha curiosidad. Así que busqué un video explicativo, y desde ese día no paré más. Me convertí en autodidacta porque en ese momento no había nadie en Olavarría que enseñase origamis”, comentó.

“Si bien al principio comencé viendo videos, enseguida me puse a estudiar por medio de libros, porque solamente con los videos no avanzás. Hay muchos adolescentes que aprenden a realizar figuras mirando videos, pero luego se quedan sólo con eso. Los libros y los talleres, entre otras cosas, te dan la posibilidad de acceder a los diagramas. Creo que ya me debo haber estudiado más de 200 libros sobre origamis. Los pocos que se podían los bajé de internet, pero a la gran mayoría los tuve que comprar, vía Amazon, porque no se conseguían fácilmente”.

Actualmente Andrea se dedica a tiempo completo a esta actividad, por eso también nos interesó conocer cómo fue el paso previo a convertirse en origamista. “Antes de dedicarme por completo al origami, trabajaba con mis padres en la empresa familiar (Casa del Crédito). Si bien estaba muy a gusto, no sentía que eso fuese lo mío. Recuerdo que, al principio, cuando comencé con los origamis casi todos se burlaban por desconocimiento. Lo veían como una pérdida de tiempo y me decían que me la pasaba jugando. Eso, en vez de bajonearme, me dio más fuerzas para seguir. Además para mí el origami resultaba apasionante”, indicó.

Poco a poco, Andrea fue ganando en confianza y se animó a realizar nuevas figuras. “Lo primero que hice fue una grulla, luego una estrella y más tarde una caja y una flor. En la medida en que avanzaba con las figuras me iba sintiendo plena. Enseguida sentí que esa era mi misión. Era lo que tenía que hacer. Cuando yo era chica hice diferentes cosas vinculadas al arte, tales como cerámica, tarjetería española y vitrofusión. Luego fui a la universidad y me recibí de Licenciada en Marketing, pero sentía que nada de eso era lo mío. Sin embargo con el origami sí lo sentí, fue algo que no sólo me llenó la mente sino también el corazón”.

“Cuando me quise dar cuenta pasaba más de siete horas haciendo figuras. Dentro de las primeras cosas que hice, también realicé objetos para la habitación de mis nenes, quienes por ese entonces eran bebés. Recuerdo que les hice dos kusudamas, que tienen formas esféricas. Luego fui haciendo regalos para familiares y amigos. Así, poco a poco, no sólo me fue dando seguridad los buenos comentarios que recibía sino también el hecho de entrar en contacto con la Asociación Origami Argentina, que te ayuda a conocer a otros origamistas, y eso te permite dimensionar todo lo que sabés en relación al resto”, comentó.

“Otras de las cosas que me fue dando mucha confianza fue ir subiendo mis trabajos en Facebook, y que pusieran `Me gusta´ origamistas de otros países que tienen muy buenas páginas”, agregó Andrea.

Ese ir ganando en confianza la llevó a ir por más, y motivada también por la sugerencia de amigos y conocidos se animó a enseñar el arte que tanto la había cautivado. “Comencé a enseñar en el año 2012, tras cinco años de muchísimo estudio y preparación. Enseñar me llevó a que abriera mi propio taller, que va camino a convertirse en una escuela de origami”.

En la medida en que rememoraba sus pasos, Andrea sonreía. “Mis primeros alumnos fueron amigas de mi prima Maricel Visotto, que es profesora de Bellas Artes, también vinieron conocidos y una vecina de tan sólo 8 años. Luego, con el boca a boca, fueron llegando nuevos estudiantes. Además, ni bien comencé a dar clases, me invitaron de la Biblioteca Collinet para que enseñara en sus instalaciones, y como mi intención era hacer conocido el origami acepté y di clases ahí durante tres años. Hacerlo me sirvió para tomar conciencia de que lo que ofrecía no sólo estaba muy bueno sino que además era muy completo”.

 fra3“Ahora sólo enseño en mi taller, que se llama `Yumiko´ -puntualizó-. Lo que hago es dar una clase por semana, donde los alumnos pueden realizar entre tres y cinco figuras. Luego ellos se llevan los diagramas a sus casas y tienen toda la semana para practicar. Es como sucede en las clases de música, donde se necesita que el intervalo entre clases y clase sea semanal, de manera que el alumno le dedique tiempo a la práctica de lo que aprendió. Además, si uno da muchas clases en una semana el alumno luego no tiene tiempo para practicar, cuando es la práctica la que en definitiva hace que uno se vuelva realmente bueno en lo que hace”.

Mientras charlábamos con Andrea no podíamos sacarle la vista a las coloridas figuras que adornaban sus estantes, y en una sola frase que pronunció supimos que allí, dentro de esas mágicas formas confluía todo el universo. “El universo es luz, sonido y geometría, por lo tanto todo lo que nos rodea tiene estos tres componentes. La luz es la sabiduría, el sonido es el amor y la geometría es la voluntad”.

A ella le gusta nutriste de todo lo nuevo, y más si se vincula con los origamis. “Hacer un curso con Noemí Paymal sobre Pedagogía 3000, que está considerada como una de las nuevas maneras de enseñar, en donde los origamis están presente, me encantó. También me fascinó asistir al taller del arquitecto peruano Oscar Senmache cuando vino a Olavarría, tras la gira que lo llevó por toda Sudamérica. Encontrarme con él fue una gran inspiración, pues enseña lo que se conoce como geometría sagrada. Con Oscar aprendí, entre otras cosas, el significado más profundo de cada figura, en donde el cubo es tierra, la pirámide (el tetraedro) es el fuego, el octaedro es el aire y el dodecaedro es el agua. Este tipo de cosas está bueno saberlas porque en muchos casos sorprende ver que personas que saben hacer figuras de origami muy difíciles tienen dificultad para armar un cubo, por ejemplo, y eso a veces indica que se trata de gente a la que le falta mejorar su conexión con el elemento tierra”, explicó

“En el origami se une la ciencia, el arte, la espiritualidad… Se une todo. Los principiantes generalmente a los 40 minutos bostezan mucho, porque al realizar trabajos con las diferentes geometrías liberan cuestiones energéticas. En cambio los que están avanzados no bostezan más”, comentó Andrea.

Esos detalles, que para muchos pueden pasar desapercibidos, hacen que Andrea se mueva prestando mucha atención a sus estudiantes. “En la medida en que los voy viendo más abiertos, entre otras cosas les hablo de la luz, del sonido, del universo, de lo que simbolizan `La Flor de la Vida´, y les voy dando algunos toques vinculados a lo espiritual, pero de forma muy breve. Sólo les hablo de manera más profunda si veo que el tema les interesa, porque me gusta ayudarlos a que comprendan que en la vida todo está interrelacionado”.

Tomar conciencia sobre todo lo que forma parte del mundo de los origamis, hizo que nos interesara saber cuánto tiempo lleva convertirse en origamista. “Un nivel intermedio se alcanza a los cuatro meses, pero si se quiere tener una buena base por lo menos lleva unos dos años de práctica y estudio constante. Siempre se busca que el aprendizaje sea progresivo, por eso los alumnos parten de figuras bien sencillas y mes a mes, casi sin darse cuenta, van avanzando en la complejidad de lo que aprenden. De todos modos, el aprendizaje del origami no tiene fin, porque siempre hay algo nuevo por aprender”, indicó.

Siempre que se habla de piezas hechas con un solo papel, el grado de dificultad de una figura de origami está dado por la cantidad de pliegues que contiene. Por eso le preguntamos cuál era el secreto para no perderse entre tantos y tantos pliegues: “Práctica, práctica y práctica”, nos respondió sonriendo.

“Cuando una figura no te sale lo mejor es dejarla -agregó- . Tiempo después sucede que uno la relaciona con otra figura que sí te salió y eso te permite hacer el click para retomar la figura que no se había podido terminar. A veces también sucede que uno empieza y no puede finalizar una esfera, pero luego, con el tiempo y la práctica, uno comprende los pasos que faltaban y la obra se finaliza.

“La práctica hace al maestro” dice un viejo y conocido refrán, y en el caso de Andrea se cumple. “Cuando comencé enseñaba con el diagrama de cada figura al lado, y ahora, con los años de práctica, te puedo dar infinitas figuras sin mirar. Incluso una vez hice la prueba de hacer una grulla blanca con los ojos cerrados. La hice muchísimo más lento, pero cuando la terminé y abrí los ojos vi que me salió más perfecta que nunca, porque al no mirar buscás, por medio del tacto, que coincida el punto exacto en donde tenés que plegar, y eso lleva a que luego la figura salga mucho mejor”.

Debido a que es nutrido el material audiovisual que hay en internet sobre cómo hacer origamis, quisimos saber cuál era el principal motivo que lleva a que muchos decidan tomar clases en su taller, en vez de ser autodidactas: “A diferencia del video, que generalmente no es fácil de seguir, contar con el diagrama en papel de la figura que se quiere realizar ayuda mucho, porque te permite mirar con mayor detenimiento y seguir el paso a paso de las instrucciones. Eso, sumado a que lo que no te sale hacer puede consultarse y practicarse las veces que sea necesario, lleva a que muchos prefieran asistir al taller en vez de mirar los tutoriales. Además, en las clases se puede conocer a otras personas que también disfrutan de lo mismo, y eso ayuda y estimula a seguir avanzando. Por otra parte, ser autodidacta requiere mucho autodisciplinamiento, en cambio el hecho de saber que se tiene un día y un horario para asistir al taller te genera una rutina que te garantiza la continuidad, y te alienta a ir en la búsqueda de nuevos desafíos creativos”, comentó Andrea.

“Por el taller ya pasaron varias alumnas de la Facultad de Ingeniería, también ha pasado gente de Letras y de Diseño Gráfico, y también tuve alumnos con problemas de concentración, cuyos padres luego manifestaron que mejoraron muchísimo en la escuela”, sostuvo.

“Los distintos plegados que cada alumno puede hacer van de la mano de las diferentes geometrías que cada uno sepa y de la creatividad que se tenga. Muchas veces al plegado de papel se lo lleva a la tela. Francia y España son dos países en donde es común ver publicidades con vestidos plegados. La moldería la hacen en papel pero luego para eso mismo llevarlo a la tela trabajan cuatro diseñadores juntos. También se emplea para realizar muebles con madera plegada y también con cartón. Hacer tesalados o animales es una de las cosas más difíciles. Quien hoy se destaca haciendo animales gigantes es Sipho Mabona”, subrayó.

Con respecto a las edades de quienes practican origamis, Verónica explicó que “si bien en Japón se enseña el origami desde el jardín, como nuestra cultura es diferentes y los chicos son más inquietos se recomienda enseñarlo a partir de los 8 años de edad, ya que los nenes más de 40 minutos quietos no aguantan”.

Al escuchar sus palabras también nos interesó saber cuáles son los beneficios que se derivan de este milenario arte de plegar el papel. “Entre otras cosas, se puede destacar que la práctica del origami beneficia la concentración, la memoria, aumenta la creatividad, la autoestima, desarrolla la inteligencia, mejora la coordinación y aumenta la precisión manual, por eso con la misma práctica uno va haciendo cada vez más prolijo y perfecto el pliegue” (ver recuadro aparte titulado “Hacer origamis brinda paz y armonía”).

De los beneficios citados, nos llamó la atención el relacionado con la autoestima, y le pedimos que nos diese más detalles: “El origami mejora la autoestima porque cuando se completa una figura uno se siente bien porque pudo terminar algo, y eso luego te estimula a que en otras áreas de tu vida también busques finalizar aquello que comenzaste, y eso es algo muy importante”, aclaró.

En relación con la utilización de los origamis dentro del campo de la educación, Verónica comentó que “en Buenos Aires se dan cursos y talleres en la facultades, y en Japón, así como en otros países, se enseñan en las escuelas y también en los jardines, porque es una manera divertida de enseñarle a los más chicos sin tener que estudiar de memoria la geometría clásica. Poder ver, armar y tocar las diferentes figuras geométricas hace que el proceso de enseñanza sea mucho más entretenido y fácil de asimilar, de ahí que está bueno contar con la enseñanza del origami en los colegios” (ver recuadro aparte titulado “¿Se enseñaba origami en las escuelas argentinas?”).

“Todo lo creado se basa en formas geométricas, ya sea una mesa, una silla, un animal, una planta, las flores, las estrellas, etc. Hay libros enteros dedicados a cada figura que se puede realizar, y como no terminás de aprender nunca, se vuelve algo apasionante. En esto del origami uno se puede quedar en las figuras clásicas y más básicas, como las que puede aprender un niño, o seguir, seguir y seguir. La cantidad de figuras que se pueden llegar a crear son infinitas, además hoy los mejores diseñadores del mundo van agregándole detalles y mejorando las figuras que ya hicieron los antiguos maestros”, destacó.

Fiel muestra de sus dichos es Akira Yoshizawa, quien se hizo famoso por popularizar el origami, publicando 18 libros con nuevos modelos (falleció en el 2005, a los 94 años). Se estima que durante su vida creó 50 mil modelos de origami, aunque no todos están registrados. También popularizó el uso de agua en el papel para darle una forma más redonda a la figura creada.

Tras una breve pausa ante la llegada de su esposo, Fernando “Chicho” Failla (ver recuadro aparte titulado “Valorar la creatividad, el tiempo y el esfuerzo”), Andrea continuó hablándonos sobre el arte que tanto la cautiva: “Si bien nosotros estamos acostumbrado a hablar de origami, para la Real Academia Española se denomina papiroflexia, que viene de flexionar el papel. Sin embargo este término, que no es muy sencillo de pronunciar, no está muy extendido fuera de España; país al cual después del siglo VI los árabes llevaron el origami, y desde allí se empezó a extender hacia todo el mundo. Otro de los países en donde el origami ha tenido un gran auge es en Brasil, porque es donde existe la mayor cantidad de población japonesa de América, por eso en San Pablo está lleno de tiendas de origami y hay un montón de papeles que acá no se consiguen”.

Como nuestro conocimiento sobre libros relacionada con los origamis es más bien nulo, le pedimos a Andrea que nos recomiende algunos autores para quienes ya sienten interés por los origamis: “Te puedo recomendar autores como Tomoko Fuse, Mishuki Kawamura y Yoshihide Momotani. Tampoco quiero olvidarme de Satoshi Kamya, quien para mí es hoy el mejor origamista del mundo, y hace dragones, el ave fénix y todos los animales de ficción más difíciles de realizar”.

Con respecto a las cosas que desde su punto de vista evidencian el creciente interés por el origami, Andrea declaró: “Una de las cosas que marcan el interés por el origami fue la reciente creación en España, en diciembre de 2013, de la Escuela Museo Origami Zaragoza (EMOZ). Se trata de un proyecto pionero a nivel mundial, que consiste en el primer museo-escuela dedicado al arte del origami, donde se enseña papiroflexia y se muestra el arte del doblado de papel. Por ahora EMOZ es el único museo de origami en Europa. En Japón y Corea hay 2 museos dedicados al origami tradicional y para niños, pero no tienen un tratamiento del origami como arte, tal como muestra el museo de Zaragoza”.

“En Argentina por ahora no hay nada en ese sentido, en el Malba de Buenos Aires se han realizado exposiciones sobre origamis y se han dado clases, pero no es algo que se haga durante todo el año. Lo que sí está bueno destacar con respecto a nuestro país es que la Asociación Origami Argentina, como una manera ayudar a fomentar la actividad, cada dos años hace convenciones de las que participan origamistas de renombre internacional”, comentó. Y también agregó: “También quiero citar que en Salto, Uruguay, está próximo a finalizarse el museo del origami que se llamará `Origami House´, donde además de realizarse muestras y diferentes exhibiciones, también se brindarán talleres”.

A paso firme y seguro, Andrea fue haciendo cada una de las cosas que se propuso, por eso luego de estudiar muchísimo, se animó a dar talleres, y recientemente creó su propia tienda on-line, en donde vende sus creaciones.

Con respecto a las cosas que le gustaría realizar, Andrea dijo: “Quisiera exponer en el Centro Cultural y también en galerías de arte. También quiero hacer cuadros con origamis, ya que no son tan populares, pero eso lleva tiempo, porque para hacer cuadros primero hay que hacer miles de orgamis y también buscarles un soporte adecuado, ya que se les pueden incluir luces y marcos que les den diferentes grados de profundidad para que el papel se luzca más”.

“En el corto plazo tengo como objetivo dar también clases libres de origami, de manera que la persona que así lo sienta pueda venir una hora y aprender sólo la figura que quiera. De esa forma la persona únicamente paga la clase a la que viene, en lugar de pagar por todo el mes”.

Dentro de los bueno recuerdos vinculados a los origamis, Andrea destaca uno en especial. “Dentro de las cosas que hice me gustó mucho haber colaborado con la Red de Museos Municipales de los Pueblos, en la puesta en marcha en Olavarría del proyecto `Mil grullas por la paz´, en donde junto con Ana Lozano, que era mi alumna, y Maribel García enseñábamos a que chicos y grandes de todas las edades hagan las grullas”.

Por último, como para ir cerrando la entrevista, le pedimos que nos diera dos de las grandes claves para poder ser un buen origamista: “Se puede ser una persona muy brillante en matemáticas y tener muy en claro las diferentes figuras geométricas, pero si no tenés constancia para seguir aprendiendo nuevas figuras y para mejorar, el conocimiento por sí sólo no dará frutos. Por eso, si uno quiere dedicarse al origami debe tener en cuenta dos cosas fundamentales, desarrollar la paciente y también la constancia”.

“El que no es paciente generalmente no dura más de un mes haciendo origamis. En mi caso ya pasaron casi cinco años desde que comencé a enseñar y aún sigo aprendiendo de manera paciente y constante. Siento pasión por el origami y también me encanta lo difícil que a veces resulta avanzar. El que te dice que el origami es fácil es porque no salió de las figuras básicas más populares. A mí el origami me encanta porque representa un universo tan inmenso que uno nunca lo termina de abarcar”, manifestó.

Mientras nos poníamos de pie para dar paso a las fotos que ilustrarían esta nota, supimos que también a sus hijos, de 7 y 5 años le encantan los origamis. “A Benicio le gusta crear ranitas que él mismo diseña, y a mi nena, Francesca, le divierte hace vasitos de origami. A ellos les gusta inventar figuras”, dijo por último Andrea, con una inmensa sonrisa que testimonia que el camino recorrido la desborda de satisfacción.

Atrás quedaron esas primeras burlas con las que se le marcaba que estaba perdiendo el tiempo al jugar con papelitos. Verónica Andrea González Nazábal confió en su ser interno y hoy se siente plenamente feliz de ser origamista y ayudar a que las nuevas generaciones comprendan que lo que se conoce como el arte milenario de plegar papeles está causando en todo el mundo una gran revolución, de la cual ella forma parte activa al enseñar los secretos de las bellas y coloridas formas geométricas que deslumbraron su mente y conquistaron su corazón.

(Fotos: Tomás Pagano)

Clikeando sobre la imagen se accede al sitio en facebook de Verónica Andrea González Nazábal.

La entrevista que en su momento le hicimos al arquitecto peruano Oscar Senmache, a quien Andrea reconoce como su maestro.

 

Aquí se puede ver la Inauguración en España del EMOZ, la Escuela Museo Origami Zaragoa que nos había mencionado Andrea.

 

En países como Paraguay se destacan los beneficios del origami : )

 

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Clickeando sobre la imagen se accede a este sitio que agrupa videos de origamis.

Esta fotogalería revela parte de la “revolución origami” : )

(Fuentes: Pinterest + buscador de imágenes de Google)

 

 

Te mostramos, entre otras cosas, cómo la ciencia, la tecnología, la arquitectura y el diseño van de la mano con el origami : )

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Intervenciones urbanas con origamis : )

 

 

 

 

Origamis a gran escala : )

 

 

 

Si con todo lo que viste ya tenés ganas de ponerte manos a la obra y practicar, acá te dejamos algunos tutoriales : )

 

 

 

 

 

 

 

 

Verónica Andrea González Nazábal (Fotos: Tomás Pagano)

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