Guile, mucho más que un humorista

Si antes de venir a la Tierra tenemos la posibilidad de elegir las características salientes de la vida que manifestaremos con cada uno de nuestros actos, Juan Carlos Leguizamón hizo una sabia elección, pues ayudar a sonreír, ser positivos y servir son tres cosas que lo distinguen. Quizá no todos lo conozcan por su nombre, pero sí por Guile. Él es autor de Guilerías, el famoso recuadro de humor gráfico que desde hace más de 37 años distingue a la sección alegre del diario El Popular; también es quien lidera el “Rinconcito de Romeo”, un lugar que reverdece el alma. Hoy te vamos a contar su historia para que redescubras a este hombre sensible que no sólo hace reír, también tiene la capacidad de ser empático y ayudar para que todos seamos parte del cambio que queremos ver reflejado en el mundo.

Fuimos hasta Belgrano 3195, en donde de lunes a viernes funciona el Centro de Día para personas mayores “Rinconcito de Romeo”, institución de bien público nacida el 6 de abril del 2003. Allí estaba esperándonos en su lugar habitual de trabajo para compartirnos su mundo repleto de historias y vivencias. Tiene 75 años, fue cartógrafo, taquígrafo, diseñador gráfico, periodista, actor, profesor de teatro, guionista, dibujante y también humorista. Guile es todo eso y mucho más, por eso queremos que lo conozcas en toda su dimensión.

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“Más allá de Guilerías, lo que siempre busco es ayudar a que la gente se contagie de lo positivo”, sostuvo Guile, quien por medio de su sano humor ayuda a que cada día los lectores de El Popular tengan una chispa de luz que los alegre. Lo mismo hace en el “Rinconcito de Romeo”, donde desarrolla una intensa labor solidaria, creativa y humana, por eso sentimos que estaría bueno que nos cuente lo que actualmente hace, partiendo de los aspectos más salientes de su infancia.

Si bien Juan Carlos Leguizamón es una persona muy positiva y optimista, los primeros años de su niñez fueron duros: “Yo nací en la ciudad de Laprida. De chico me crió mi abuela, estuve con ella desde que tenía un año y cuatro meses porque mi vieja se había ido a trabajar a Tandil, junto con mi hermano mayor y no me podía llevar porque yo era muy chiquito. Luego se fue a Mar del Plata, así que recién pude estar con ella cuando tuve 9 años”.

Desde los cuatro años sabía leer, a los cinco empezó la escuela primaria y le encantaba dibujar. “Lo primero que hice fue un dibujo de un hombre. En esa época en la escuela se hacían muchos dibujos, recuerdo que la maestra traía manzanas o zanahorias y el que dibujaba mejor se las llevaba, y yo nunca dejé de llevarme las cosa que dibujaban. No es que yo era bueno dibujando de chiquito, sino que me gustaba y me dedicaba mucho al dibujo”, sostuvo.

“De joven no pude estudiar porque no tenía medios económicos, así que a los 14 años empecé a trabajar en un diario en Laprida, y también trabajaba en el campo con mi viejo, pero un día vino que no se podía bajar del caballo del dolor que tenía, y al día siguiente, el 15 de septiembre del 1955, se murió. Un día más tarde se declaró la Revolución Libertadora, así que todo era un quilombo por todos lados y en mi casa no te podés imaginar”, destacó.

“Con 14 años entendí que no estando mi viejo me iba costar más que nunca estudiar, así que seguí trabajando en el diario y los fines de semana iba al campo a trabajar en las ferias, el sábado apartaba los animales y los domingos participaba en los remates. Mientras tanto me iba formando como autodidacta en diseño gráfico, cartografía, y también aprendí taquigrafía y trabajaban en el Concejo Deliberante de Laprida, pero no me pagaban porque era menor”, comentó.

Mientras el tiempo pasaba, la ausencia de su padre no era fácil de sobrellevar, por eso Juan Carlos tiene muy presente un momento que fue clave en su vida: “Una madrugada, cuando tenía 15 años, crucé de rodillas la plaza de Laprida en dirección a la Iglesia, para pedir por la vuelta de mi viejo, luego me di cuenta que eso no era sensato, pero yo quería hablar con Dios. Pasaron 3 ó 4 años y no pude hablar con Dios, pero sentí que con quien sí podría hablar sería con Jesús, que él también fue hombre, y podía sentir lo que yo sentía, y ahí empezó otra etapa de mi vida, en la que aprendí a hablar con Jesús, pero de otra forma”.

dia“A los 21 años, luego de haber hecho el servicio militar, junté en una valijita las pocas cosas que tenía y un viernes me subí al tren con destino a Buenos Aires a donde me pensaba ir a vivir, pero al llegar a Olavarría el tren paraba media hora así que me bajé y compré el diario El Popular y subí a leerlo dentro del tren. Ni bien lo abrí vi un aviso que decía `Necesitamos tipógrafo´, así que me bajé del tren, busqué una pensión donde poder quedarme, y ese mismo día me acerqué hasta el diario para probar suerte como tipógrafó”.

Esa era la época en que en el diario se trabajaba con plomo, había que armar letra por letra. La primer semana de trabajo Guile sintió que no andaba bien para ese puesto, por eso pidió permiso para que lo dejaran mostrar lo que sabía hacer, y le incorporó a la tipografía sus conocimientos sobre dibujo y diseño gráfico: “Me terminaron incorporando con el doble de lo que inicialmente me iban a pagar, y así fue que comencé a incorporar modificaciones, tales como el hecho de hacer los avisos redondos, que hasta la época sólo se hacían en el plomo de manera rectangular”.

Sus conocimientos en impresión le permitieron luego formar parte de los proceso de modernización de El Popular relacionados con el sistema offset, y llegó a desempeñar la jefatura de la sección gráfica: “Por esa época también me gustaba mucho escribir, hacer cuentos y ya venía haciendo cosas de humor, más que nada caricaturas, pero no para publicar. Hasta ese entonces el diario no tenía una historieta propia, creo que estaba Olaf El Vikingo y Lindor Covas”, explicó.

Poco a poco su momento de llegar a crear Guilerías se iba acercando: “Lo primero que hice fue ilustraciones para las notas de los comentarios políticos y creé la primera historieta propia del diario que se llamó `Popularcito´, que salía dos o tres veces por semana, ya que se usaba más para rellenar que como sección fija. Hasta que un día Julio Mario Pagano, el director del diario, me preguntó si no me animaba a hacer algo de humor que salga todos los día. Mi respuesta fue que si me lo iba a pagar lo haría todos los días y que probaríamos durante un mes. `¿Irás a aguantar?´, me dijo Julio, y hoy llevo casi 38 años haciéndolo”, comentó Juan Carlos sonriendo.

La primera publicación de Guilerías fue el 6 de agosto de 1978, con una humorada por el día del niño. “El primer mes me sirvió para darme cuenta de que realmente podía hacerlo de manera diaria y que a la gente le gustaba y tenía repercusión”, dijo. Y fue esa misma aceptación por el público lo que le hizo tomar conciencia de lo que implicaba su nuevo trabajo, y decidió ponerse a pensar sobre cuáles serían sus propias reglas a seguir: “Lo primero que me dije fue que no tenía que herir, también fije como pauta que no tenía que ser pornográfico ni dibujar cosas que de algún modo estén orientadas hacia el mal, y además me propuse hacerlo en serio, a modo de servicio”.

“Una vez que tuve en claro  las pautas a seguir, lo que hice fue tomarme un día para mí y me encerré a dibujar haciendo chiste sobre mí, y ahí me di cuenta de que no me gustaban que se rieran de mí. Eso me hizo tomar conciencia de que por medio de mi sección no tenía por qué herir a la gente gratuitamente, ya que porque otros se rían eso no significa que fuese algo sano. Esa toma de conciencia me llevó también a respetar siempre las deficiencias físicas, tampoco nunca publiqué cosas sobre malas personas para no darles prensa”, indicó Juan Carlos, quien cuando comenzó con Guilerías tenía 38 años.

Sobre el origen del nombre, Juan Carlos dijo: “Mi nombre `Guile´, como ilustrador, viene porque al ser mi apellido Leguizamón siempre me dijeron `Legui´ y yo simplemente lo invertí, pero el nombre de la sección no se lo puse yo, sino Atilio Gorosito, quien esa noche que estaba por salir la primera publicación me preguntó cómo se llamaría el espacio, y le respondí que él le ponga el nombre que quisiera, así que lo llamó Guilerías y el nombre me gustó y prendió en la gente”.

Ya con Guilerías con mucho éxito, en el año 91 arrancó en El Popular con un suplemento humorístico que se llamó “Popurisa”, el cual duró tres años y medio, hasta el momento en que Guile se fue a vivir a Mar del Plata para hacer el profesorado de teatro. De todos modos, continuó con Guilerías a la distancia, enviando sus dibujos por correo.

En relación con la infinidad de temas que abordó durante más de tres décadas, Leguizamón comentó: “Toqué todos los temas que quise, pero siempre con respeto, por eso nunca tuve problemas. Sí he vivido situaciones graciosas en relación con Guilerías, como aquella oportunidad en que el padre Jesús Mendía me preguntó por qué dibujaba siempre a todos los curas gordos y pelados. `¿Vos viste cómo soy yo?´ me dijo sonriendo, porque él era muy flaco y con pelo”.

“Yo puedo dibujar mejor que la manera en que lo hago en Guilerías, pero considero que el dibujo es sólo un complemento del chiste, por eso en mi caso prefiero que se lea y se entienda más el chiste, de ahí que al dibujo no le de tanta importancia. Lo que sí trato es de ir variando siempre a los personajes que hago, y pongo mucho cuidado en los gestos, porque el gesto te dice más que las palabras, y busco que los temas sean actuales, con un toque local”, destacó.

Quizá pocos hayan reparado en un detalle de Guilerías, debido a su diminuto tamaño, por eso está bueno destacar que junto al margen superior derecho Guile va poniendo con números pequeños qué edición es. La cuenta va por el 13.760, cifra que diariamente aumenta. Traducido en años, son 37 años y medio haciendo humor. Esta larga trayectoria, sumada a la calidad de su trabajo, fue lo que en el 2005 lo hizo merecedor del premio Caduceo en reconocimiento a su labor como humorista gráfico (ver recuadro titulado “Un premio más que merecido”).

“Nunca me costó hacer Guilerías, por eso tengo en claro que si algún día me llega a costar dejaría de hacerlo”, dijo Guile, y en relación con la cantidad de viñetas humorísticas agregó: “Cuando llevo Guilerías a cifras pienso que si al momento de decirle a Julio Pagano que lo haría todos los días alguien que me quisiera mucho y tuviese mucha fe en mí me hubiese dicho que lo iba a hacer durante todos estos años no le hubiese creído, porque decir que uno lo iba a hacer durante más de 13.000 días es algo que cuesta creerlo. Esto que hago no tiene precio. Guilerías es como un cheque en blanco que tengo todos los días. Siento por lo que hago una gratificación constante, y lo hago con mucho amor”.

Guile es uno de los pocos humoristas, por no decir el único, que en Argentina está haciendo humor gráfico desde hace tantos años en un diario. Una de las cosas que siempre lo caracterizó fue estar en permanente contacto con sus lectores: “Soy de andar mucho caminando y en la calle siempre la gente me dice cosas sobre lo que hice o lo que podría hacer -comentó-, y siempre fui de escuchar las sugerencias de la gente, pero nunca me casé con nadie. Muchos también me preguntan cuál fue el mejor chiste que hice, y siempre les respondo a ese chiste todavía no lo hice”.

Su larga trayectoria en un medio gráfico lo hace más conciencie de la necesidad de un cambio en los contenidos que se difunden: “La gente está acostumbrada a que son los malos los que siempre son noticia, y los medios más venden con las cosas trágicas -sostuvo-, por eso sería lindo que las cosas buenas se multiplicaran como información, de manera que todos podamos empezar, aunque más no sea un poquito, a ser parte del cambio, por eso mi intención con Guilerías siempre fue que la gente cada día tuviese un motivo para sonreír”.

Cuando Guile habló sobre la importancia de ser parte del cambio, sentimos que ya era tiempo de pasar a hablar sobre otra de las cosas que forma parte de su presente, y que es donde vuelca todo lo que fue aprendiendo en su camino de vida: “El Rinconcito de Romeo”, espacio que se habilitó el 10 de febrero de 2003 y quedó oficialmente inaugurado el 6 de abril del mismo año, fecha que fue instituida como “Día de la Vida”.

“A este lugar lo arranqué con Delia Bouciguez, ella fue la de la idea, yo en principio tenía pensado crear un instituto para adultos, personas jóvenes y niños, y también un club de prejubilados, así que le llevé un folleto a Delia, quien justo tenía pensado crear esto, porque su padre antes de morir le dejó encargado que no dejara de ayudar a Fray Romeo, y como el fraile había fallecido (el 19 de agosto de 1998), ella quiso impulsar el `Rinconcito de Romeo´ para seguir ayudando y me pidió que fuese el coordinador”, sostuvo.

Cuando le pedimos que nos diga más detalles sobre la función que cumple el centro, Guile destacó: “Es un espacio bien positivo y alegre, en donde se ayuda a que las personas mayores puedan recuperar la memoria, aprendan todo tipo de cosas, desarrollen la percepción, mejoren su autoestima, y puedan hacer las cosas por ellos mismos. También hay jornadas de reflexión, espacio para el arte, la música, los juegos de salón, el canto, el humor, el teatro, las manualidades, y se los ayuda a que comprendan que hay cosas, como la soledad, por ejemplo, que en realidad no existen, porque cuando aprenden a conectar con su interior se dan cuenta que siempre estuvieron acompañados”.

“Este espacio cumple una función terapéutica. Es un lugar al que las personas mayores lo toman como una escuela de vida, también lo siente como si fuese una casa y como el lugar en donde todos los días aprenden algo y pueden desarrollar actividades que no conocían. Acá todo lo que hacemos lo hacemos con humor, porque lo importante es que, más allá de lo que puedan aprender, se vengan a divertir y a pasarla bien”, destacó.

“A quienes vienen acá no se les dice ni viejo, ni abuelos ni ancianos, sino personas mayores. Acá no se habla de muertos ni de enfermedades, sólo de cosas positivas y alegres, por eso tampoco tenemos un televisor ni lo vamos a tener, ya que queremos que en vez de que estén pegados a una pantalla todos se vuelvan personas más creativas”, precisó Guile.

Como nos llamó la atención la palabra “autoválidas” asociada al Centro de Día, le pedimos que nos explicara el motivo: “Este espacio si bien figura como un Centro de Día para personas mayores autoválidas, bien puede llamarse escuela de vida, de hecho cuando se van preguntan `¿tenemos clases mañana?´ Lo de personas `autoválidas´ está dado porque el lugar no cuenta con la infraestructura necesaria como para que asistan quienes necesitan de ayuda para moverse. De todos modos acá vienen personas con bastón, pero al ingresar lo dejan en la puerta y andan sin apoyo, porque acá saben que nadie los va a empujar, porque es un ambiente tranquilo”.

Con respecto a cómo se siente trabajando en el “Rinconcito de Romeo”, Guile fue muy claro: “Todo esto que hago me hace sentir muy bien, porque yo creo que desde el parto de mismo de mi vieja ya era una persona empática, porque no puedo estar sin ayudar al otro, por eso siempre que puedo lo hago. Ahora estoy bregando para que haya más espacios como este, ya que esto mismo que hacemos acá lo pueden impulsar otras personas. Sólo se necesita que tenga vocación por ayudar y tener presente que el otro sos vos”, subrayó.

Actualmente asisten al “Rinconcito de Romeo” 17 personas. “Para algunos ésta es su segunda casa, y no te quepan dudas que para unos cuantos también es la primera. Acá vienen personas de 60 años en adelante. Hay incluso, dentro de quienes asisten, una mujer que en julio cumplió 100 años. Para poder ingresar, la gente tiene que venir, anotarse y primero pasan un período de adaptación para ver de qué manera los que ya están se sienten con el ingresante, de modo que la armonía y el buen clima de los que ya están no se rompa”.

Guile es el alma máter del lugar, allí trabaja diez horas por día, ya que llega una hora antes que todos, y se retira una hora después de que todos se van a sus casas. “Acá desayunan, almuerzan y meriendan, y pasan unas 8 horas por día. Vienen de lunes a viernes de 8,30 a 16,30. A quienes llegan a este espacio se les toman los datos básicos, pero no se les hace un reportaje de sus vidas, prefiero ir descubriéndolos con la interacción de todos los días. Tenés que ver lo bien que la pasamos, acá la gente viene con una sonrisa y se van con una carcajada”.

“Yo siento que tengo todos los días una vida entera por vivir, y eso me da ganas de seguir adelante”, sostuvo Guile. Ese mismo empuje y ganas por hacer lo llevaron a ir por más e impulsó la iniciativa de que Fray Romeo tuviese su merecida estatua. Al respecto señaló: “No queríamos que fuese una obra que quedara como algo de nuestro centro, sino que fuese una obra para Olavarría, por eso pusimos alcancías en varios lugares para que la gente colaborara con lo que quisiera y pudiera. La obra la realizó la escultora local Esther Rodríguez Acosta y se hizo tomando como base una foto que le había sacado el fotógrafo de El Popular Marcelo Kehler”.

Así fue que en oportunidad de cumplirse el octavo aniversario de la desaparición física del querido fraile franciscano que tanto hizo por los más necesitados, fue inaugurada su estatua el 19 de agosto de 2006 en el Parque Mitre, en la intersección de las calles Dorrego y Riobamba, bien cerca de Monte Viggiano y de Cáritas, un lugar muy amado por Romeo.

“Para mí Fray Romeo fue una persona incomparable, y no creo que exista otro como él, ya que se levantaba todos los día a las 3 ó 4 de la mañana para ir a ordeñar y luego repartía comida a más de 2.000 personas. Hizo esa tarea de servicio durante 30 años, y eso no es algo fácil de hacer”, dijo Guile.

También recordó que una vez le hizo una entrevista al fraile para su revista Popurisa, y se rió mucho de una de sus respuestas. “Le pregunté por qué ya que los alimentaba no ayudaba a que las familias humildes no tuviesen tantos hijos, y me dijo sonriendo: `Claro, vos porque tenés plata para ir al cine y al teatro, pero la diversión de ellos es el sexo, así que dejalos ahí o sino pagales vos el cine´; era un ser espectacular. La gente lo quería mucho y sobre todo los jóvenes”.

“No me gusta ser fantasioso, y lo de creyente quizá tampoco encaje en esto que te voy a contar, pero no encuentro las palabras adecuadas como para que no se crea que soy un fanático de Fray Romeo, pero han ocurrido cosas que nos llaman la atención, que siempre nos dan la sensación de que la presencia de Romeo nos acompaña, como cuando inauguramos su monumento. Ese día había una gran tormenta que cubría todo el cielo, sin embargo a las 9,30 de la mañana, cuando estaba por iniciarse el acto de inauguración, se abrió un hueco en el cielo, salió el Sol y la tormenta se despejó”, puntualizó Guile con cierta expresión de asombro.

“No sé si definirlo como protegido a este espacio, pero para mí su presencia es como algo real, no lo veo como que se trate de una fantasía mía, por eso cada vez que necesitamos algo la ayuda de alguna forma aparece. Son señales que no me han tocado a mí sólo presenciar sino que a otras personas también”, comentó.

Sobre el funcionamiento de la institución, Guile destacó que “la municipalidad nos da algo de mercadería, pero el funcionamiento del lugar cuenta con el apoyo de una comisión, de la cual es presidente Delia Bouciguez, y también recibimos el apoyo de personas y comerciantes que hacen donaciones e incluso nos acercan ropa, todo es bien recibido, así que quienes sientan colaborar con el `Rinconcito de Romeo´ puede acercarse y de paso compartir una tarde con nosotros para que conozcan lo que hacemos”.

En un mundo interdependiente, en donde todos necesitamos de todos para poder vivir, Guile hace su aporte al estilo la película “Cadena de favores”, en donde el que recibe ayuda no le devuelve el favor a quien le tendió la mano sino a otros que se van cruzando en su camino: “Como siempre hice todo solo, y con esfuerzo, podría decir que no le debo nada a nadie, porque todo lo que hice me lo gané por mérito propio. Pero como siempre me salieron las cosas bien, en todo momento siempre ha tenido que haber alguien a mi lado que me ayudó sin que me diese cuenta, por eso siento que en realidad le debo a todos algo, por más que no pueda decir a quiénes, de ahí que cuando me dicen que no me pueden pagar o que me deben algo les digo que no se preocupen, que cuando puedan paguen ayudando a otro. Si todos hacemos una cadena de favores, el mundo sería muy distinto”, dijo con evidente alegría.

No quisimos despedirnos sin preguntarle a Guile qué cosa es importante en la vida desde su perspectiva: “Para mí lo importante en la vida es la verdad, no la verdad dicha sino la verdad mostrada, avalada con hechos. El juramente no debería existir, ¿por qué habría que jurar por algo si estamos diciendo la verdad? Uno tiene que hacerse valer sin necesidad de invocar a otros. Para mí la verdad es uno de los mayores valores, porque la verdad es amor y cuando hay amor está la verdad”, dijo. Y cerró con esta hermosa frase: “Hay una sola palabra que quiero decir, pero no puedo dedicársela a alguien en particular y tampoco puedo dibujarla tan grande como la siento, esa palabra es GRACIAS. Desde el que está arriba hasta todos los demás, GRACIAS, porque yo soy algo que pasé a ser alguien por otros. Ese soy yo, una persona común. Si puedo ser una luz para otros, mejor, y si no ojalá que venga alguien que tenga esa luz y me la comparta, porque la luz tiene que ser siempre de servicio hacia los demás”.

Guile ha escrito muchos cuentos y poesías, y aún tiene pendiente terminar una novela que empezó a escribir hace 10 años. Muchos los conocen por Guilerías, por eso hoy también quisimos mostrarte lo que hace diariamente. Guile es mucho más que un humorista, es un ser humano empático, muy creativo y sensible, que se abre y comparte todo lo que tiene porque disfruta ayudando.

Está Bueno saber que en Olavarría hay gente así, gente a la que le gusta ayudar a sonreír, ser positivo y servir. Todos podemos ser como Guile y formar parte del cambio que queremos ver. La clave está en obrar siguiendo al corazón, para ayudar a humanizar. Gracias Guile, por habernos compartido tu mundo y ayudar a que nos vayamos con una enorme sonrisa : )

(Fotos: Tomás Pagano + facilitadas por Juan Carlos Leguizamón)

Este es el himno que Leguizamón escribió para el “Rinconcito de Romeo”.

Hermoso reportaje en donde se lo puede disfrutar al querido y recordado Fray Romeo. 

 

Esta es la “Oración a Fray Romeo” creada por Juan Carlos Leguizamón.

Quienes quieran conocer más datos sobre la vida de Fray Romeo, también puede visitar el sitio de Walter Minor, llamado “Historias de Olavarría“, en donde se puede leer la excelente nota titulada: “La Virgen, el Fray y un sitio lleno de fe y esperanza

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