Héroes del silencio

María Inés Banegas y Ariel Medina, verdaderos magos en el arte de estatuar

Muchas veces nos cruzamos con bellos seres humanos cuyos hermosos trabajos no logramos dimensionar, porque vivimos apurados mientras ellos permanecen inmóviles. En medio del bullicio, la indiferencia y la predisposición a batallar, en la vía pública ellos optan por vibrar en una frecuencia armónica que les permite transmutar las densas energías brindando instantes de luz y magia para que la imaginación vuele. Los llaman estatuas vivientes. Para nosotros son héroes del silencio cuyo arte callejero Está Bueno que aprendamos a redescubrir, valorar y honrar, porque iluminan la vida sin pedir nada a cambio.

Fuimos a charlar con María Inés Banegas y Ariel Medina, dos reconocidos artistas que son verdaderos ilusionistas en el arte de estatuar. María Inés es de Colonia Hinojo, Ariel de Mar del Plata. Juntos recorren desde hace poco más de tres años diferentes escenarios urbanos en donde siempre sorprenden y cautivan con lo mejor que saben hacer: pura magia.

“Como hecho artístico el estatuismo tiene que generar algo, por eso si vos con una simple botella de plástico que en la calle la patearías veinte veces lográs hacer un vestuario que lleva a que las personas se sorprendan, ese instante que se genera es mágico, porque gracias a tu intervención artística lograste que las personas tuviesen 30 segundos de sano entretenimiento. Ya está, es magia pura, no hay mucho más para decir”, dijo Ariel con mucho entusiasmo, mientras nos cebaba mate en compañía de María Inés, sus dos perros y el gato.

“Para mí el estatuismo le da un sentido increíble a mi vida -aseguró María Inés-, yo siento que amplió mis horizontes y atraviesa mi vida, de lado a lado, en un montón de aspectos, porque siempre me tiene pensando en algo para hacer, un lugar a donde ir, es como que el estatuismo llenó un gran vacío, completó mi vida, me permitió focalizarme en lo que me interesa y se transformó en mi gran pasión”.

“Nosotros vivimos en un proceso creativo constante y también capitalizamos los accidentes aprendiendo a fluir, como cuando quise pintar mi estatua blanca de color gris perla y compré anilina para teñir sin saber que tomaría una tonalidad celeste, color que terminó siendo único, a tal punto que en un encuentro otro estatuista me preguntó si me molestaba que él usase el mismo color”, dijo Ariel sonriendo, mientras el mate completaba su primera ronda.

“La pasión que sentimos por el estatuismo es tanta -agregó Ariel- que a nosotros nos pasa que si vamos como turistas de paseo a algún lugar, por más que no hayamos llevado los trajes, enseguida estamos mirando cuál es el punto en donde podríamos estar trabajando, porque eso es algo que ya se lleva muy adentro”.

Mientras conversábamos y nos maravillábamos por el amor que sienten por lo que hacen, sabíamos que no estábamos solos. Podíamos no verlos, pero sin lugar a dudas allí también estaba “Cibeles” junto a “El Angel”, “La Gárgola”, “Sarmiento“, “La Dama Dorada”, “La Dama Plateada”, “La Sirena”, “El Payaso”, “La Corsaria”, “El Peregrino”, “El Hada”, así como la esencia de todos y cada uno de los personajes que tanto Ariel como María Inés dieron vida e invocaban a cada instante al recrear sus anécdotas.

“Cada personaje tiene su impronta -sostuvo María Inés-, no es lo mismo ser Eva Perón que La Sirena, por ejemplo, la energía del personaje es completamente diferente, eso no sólo lo siente uno a nivel interno, también se siente en la recepción de lo que el personaje genera en el público”.

“A veces la gente cree que al quedarse quieto uno no está haciendo nada, y en realidad está haciendo todo, porque en ese personaje que estás encarnando hay una energía interna que es prácticamente un volcán”, precisó Ariel, quien además de trabajar como estatua viviente se destaca por la realización de vestuarios para terceros.

Crear un nuevo personaje implica todo un desafío, que, entre otras cosas, demanda tiempo, esfuerzo, dedicación y mucha investigación, no sólo para lograr una buena caracterización, sino también para descubrir los puntos del personaje que al artista más le puedan sumar en su puesta en escena: “Cuando creé el personaje de Sarmiento, entre otras cosas también busqué ver cuáles eran los perfiles que más me podrían servir para interactuar con el público -manifestó Ariel-, y eso también implica sentir la energía del personaje para lograr identidad y determinar sus movimientos, ya que en el caso de La Sirena, por ejemplo, se tiene que transmitir la sensación de flotar y ser muy suave”.

Ambos artistas coincidieron en señalar que si bien “uno se prepara, le da cierto direccionamiento al personaje y ajusta todos los detalles técnicos con respecto a la caracterización, en realidad al personaje te lo arma la gente con su manera de reaccionar”.

Es mucho lo que está en juego a la hora de la puesta en escena y no todo se limita a la energía que el estatuista le imprime a su obra. También influye el público y es determinante el contexto en el que se trabaja: “Cuando estás laburando en la calle es muy distinto a lo que se vive en un concurso -indicó Ariel-, me pasó de estar en Buenos Aires, en Florida y Lavalle, y sentir que la energía que hay ahí es malísima, porque es un entorno en donde cada uno está en su propio mundo, con sus problemas, y por más que el lugar te permite generar dinero, todo eso tiene un gran impacto en cómo te sentís. Distinto es cuando estás en los lugares en donde la gente está abierta a disfrutar de lo que estás haciendo, tal como nos pasó en Brasil”.

Al escuchar la mención del país vecino a María Inés se le llenó de brillo la mirada, pues rememoró lo hermosa que fue la experiencia que vivieron juntos mientras se desarrollaba el mundial de fútbol. “Cuando estuvimos en Brasil, el personaje del Angel funcionó re bien y me pasaron un montón de cosas increíbles porque era como que la gente sentía una energía muy especial al entrar en contacto con ese personaje y proyectaba en mí muchas cosas lindas, porque Brasil es un país muy religioso. También me emocionó mucho encontrarme con argentinos que nos reconocían por nuestro trabajo”.

Si bien su actividad principal gira en torno a la quietud, Ariel es de chistes rápidos: “el estatuismo es un laburo que mucho no camina” dijo sonriendo, al igual que cuando nos explicó que ellos llevaban juntos “tres años y moneditas” (en alusión a la colaboración de la gente). Fue artesano, músico, pasó por la gastronomía y también fue metre, sin embargo el día que entró en contacto con el estatuismo su vida cambio (ver recuadro), como también lo hizo cuando conoció a María Inés.

Ellos se conocieron estatuando. María Inés encarnaba el personaje de Cibeles y Ariel por ese entonces lucía un personaje al que llamaba “Al mal tiempo buena cara”, cuyo nombre no era casual. “Siempre me gustó recrear personajes que de algún modo estén contando algo sobre mí, y en esa época no había tenido mucho laburo, así que armé un personaje con una paraguas roto, una bota por donde se les escapaban los dedos y tenía lauchas que le caminaban por el cuerpo, pero era un tipo con muy buena onda, que siempre estaba feliz”, dijo Ariel; mientras María Inés acotó que se habían conocido en Buenos Aires pero “el vínculo se fortaleció a partir de un encuentro de estatuas en Córdoba”.

A diferencia de Ariel, que tiene como su actividad eje todo lo que implica el estatuismo, María Inés puntualizó que ella sigue “viviendo de la docencia” y esto del estatuismo lo hace a la par porque le encanta. “Para mí es una actividad complementaria de lo que hago -explicó-, aunque en realidad es algo que me atraviesa toda la vida porque te lo pasas pensando en los personajes, en planificar los viajes y en ver cómo hacer para ir mejorando”.

A María Inés le encantaría dedicarse sólo al estatuismo o tener menos horas dentro del ámbito docente y poder dedicarse más al arte que tanto le apasiona. Sin embargo, al menos por ahora no puede y le dedica más que nada los fines de semana y todos sus ratos libres, ya que tal como ella bien lo señala, tiene una semana “bastante movidita”. Durante la mañana trabaja como preceptora en la Escuela Piloto, donde también es instructora de un curso de Auxiliar de Familia (especializado en el cuidado de niños) y también da clases de Filosofía y Psicología en las tres unidades del Penal de Sierra Chica, en donde además da dos talleres de arte, en la Unidad 2 y en la Unidad 38. Y por si eso fuera poco, una vez por semana también da clases en un colegio secundario a la noche.

El estatuismo es un trabajo vinculado a la generación de ingresos por medio de la gorra, en donde los aportes voluntarios son muy importantes, pero hay un aspecto que tanto Ariel como María Inés consideran clave, y es el público. “Si bien a todos nos gusta que valoren nuestro trabajo, vos podés tener la lata vacía pero lo que más pesa es no tener público -sostuvo María Inés-, por eso es preferible tener la lata vacía pero que la gente esté ahí, mirándote, porque el público es la vara con la cual vos medís tu trabajo”.

Desde lo laboral, el estatuismo ofrece hoy diferentes alternativas que incluyen la participación en inauguraciones, fiestas, cumpleaños o eventos, pero básicamente se trata de un trabajo que tiene que ver con la vía pública. “El nuestro, en esencia, es un laburo callejero -indicó Ariel-, por eso siempre estamos expuestos a las inclemencias del tiempo. Sea un día de calor, frío o viento vos tenés que estar, excepto cuando llueve que el público se ausenta. Lo que a veces uno puede hacer es elegir personajes cuyas vestimentas estén más acordes a la época del año”.

Nos interesaba saber si les resultaba difícil permanecer inmóviles a la hora de estatuar. “A mí en lo personal la quietud me encanta, la respiración y la concentración te ayudan mucho a sostenerte en la inmovilidad, de todos modos, dentro del estatuismo también se permite tener ciertos movimientos como parte de la interacción con el público” sostuvo María Inés.

Sobre ese punto, Ariel explicó que “es el personaje el que define la movilidad”, y agregó: “Hoy por hoy el estatuismo involucra muchas cosas y da lugar para una gran variedad de personajes. Cuando yo empecé el estatuismo era otra cosa, había estatuas grecorromanas y todo giraba en torno a lo blanco, lo delicado, lo suave, lo armónico y la relación con el público transitaba los carriles de la dulzura. Llegó un momento en donde esa línea de trabajo me empalagó, y trabajando con chicos en técnicas de clown y animación ví que había otro código para comunicarse con los más jóvenes, que está dado por la provocación; eso me llevó a que por medio de La Gárgola incursione por ese lado, de ahí que hoy mi personaje se pelee con la gente a modo de juego y eso la gente lo disfruta. De todos modos cuando llega el momento de estar quieto, estás quieto”.

“Lo más difícil cuando arrancás a estatuar es aceptar la autocontemplación de lo que hacés, y ver que todo pasa por la quietud, que en sí misma habla y dice muchas cosas por vos, ya que por medio de las líneas y la estética te está comunicando”, sostuvo Ariel.

Con respecto a la construcción de sus creaciones, María Inés subrayó que “lleva un tiempo madurar cada personaje, porque si bien es cierto que hay todo un proceso previo en donde indagás y hacés todo lo relacionado con la producción, una vez que vos ya te plantás y salís con el personaje la transformación continúa, ya que no es lo mismo la Eva en el 2010 que en el 2012, en el medio hay un montón de vivencias y experiencias que hacen que uno aborde el personaje de un modo diferente”.

A modo de ejemplo sobre la importancia que tiene la gente en relación a la actividad que desarrollan, María Inés dijo que “como artista callejero uno tiene que aceptar que a veces el personaje que uno cree que va a andar muy bien, porque tiene un laburo de producción increíble, luego no tenga eco en la gente, y al contrario también, dado que un personaje que estéticamente no sea el mejor a la gente puede que le encante”.

“Para poder transmitir desde un personaje uno primero lo tiene que sentir y ver qué direccionamiento o sentido se le quiere dar” indicó María Inés. Entre su primer personaje de Cibeles y los de ahora, destacó que “hay un abismo increíble” por todo lo que fue aprendiendo: “Participar de diferentes concursos y conocer otras estatuas es lo que me llevó a cambiar la manera de hacer las producciones, utilizando otras técnicas y nuevos materiales. Además, como en los encuentros no se pueden repetir los personajes, concursar te lleva a ir creando constantemente para continuar participando, ya que en las bases de los concursos se especifica que tienen que pasar por lo menos dos años para que en un mismo concurso puedas repetir el personaje”.

El estatuismo es un género bastante nuevo. Una estatua viviente es una estatua que cobra vida, que se encuadra dentro del espectáculo callejero y utiliza muchas técnicas de mimo, el clown y la actuación. A la hora de rastrear los comienzos del estatuismo, Ariel señaló que “no está muy en claro los orígenes, hay mucho de folcklore en lo que se cuenta. Se menciona, por ejemplo, que Da Vinci creó la primera estatua viviente cuando pintó a un chico de dorado, que luego falleció, y también hay quienes lo sitúan en la época de la Grecia clásica, cuando los espías se disfrazaban de estatuas para escuchar conversaciones sin ser vistos”.

En lo que respecta a la actualidad, lentamente se están comenzando a dar los primeros pasos para intentar encuadrar todo lo que tiene que ver con el estatuismo. María Inés contó que “se está tratando de generar un código que unifique los criterios de lo que implica estatuar. Recién se están dando los primeros pasos mediante la creación de un foro para reunir bibliografía, hacer un registro e ir documentando lo que se hace, porque hay muy poco material escrito, por eso también Ariel está desarrollando un documental sobre el estatuismo”.

“Hoy hay tantas cosas dentro del estatuismo que hay que empezar a ordenar un poco, definiendo criterios comunes que señalen qué es el estatuismo. En ese sentido Carlos Fos, que es un antropólogo de Tandil quiere que nosotros, las estatuas, tratemos de registrar, grabar y documentar lo que hacemos, porque considera que somos los que estaríamos autorizados a hablar sobre este tema”, agregó María Inés.

“La idea de reglamentarlo, por decirlo de algún modo, es para que la actividad no se desvirtúe, dado que se están incorporando un montón de elementos, tales como música, luces y demás cosas que se van alejando un poco de la esencia. En la medida en que vas hablando con los estatuistas te vas dando cuenta que hay puntos de vista muy distintos, sin embargo nosotros consideramos que hay tres pilares básicos que definen qué es una estatua viviente, y esos son: la estética, que está relacionada con el vestuario, la técnica para expresarse sin usar la palabra y el contenido”, detalló Ariel.

En relación a lo que implica la vestimenta, le preguntamos a Ariel si el body painting se podía considerar estatuismo, y fue muy claro en su respuesta: “Si te pintás de blanco y personificás a una estatua de yeso, por ejemplo, estéticamente hasta puede ser mejor que cualquier vestuario que uno pueda llegar a producir, el tema no pasa tanto por el vestuario en sí, sino por la técnica, las líneas del cuerpo y lo que uno exprese, ya que lo importante es el contenido, lo que se tenga para decir con el cuerpo. Si está presente todo eso, ahí hay una estatua viviente”, precisó.

En ese sentido, María Inés agregó que “el estatuismo no se trata de que cualquiera agarre un traje y se lo ponga, tiene que haber un contenido, una pasión por el estatuismo, por eso nosotros queremos correr al arte callejero del lugar del que sólo lo ve como la posibilidad de trabajar a la gorra y ponerlo en un espacio que dé lugar a la búsqueda y la exploración de una actividad con sentido y seriedad, ya que situarlo en estos términos te garantiza que todo lo que venga a través de esa vía será bueno”.

Si bien no hay cifras oficiales, basándose en lo que ellos conocen, estiman que en Argentina hay aproximadamente unas 100 personas que se dedican a estatuar, más otro montón de personas que también hacen lo mismo pero no participan de los concursos. “Lo bueno es que hay toda una nueva generación de chicos que se están dedicando a esto -precisaron-, nosotros arrancamos con la estatua blanca y ahora ellos arrancan buscando nuevos materiales y haciendo mucho hincapié en la estética, por eso consideramos que el estatuismo va a seguir y no sabemos en qué va a terminar todo esto, porque es una disciplina artística que todavía es muy joven”.

“El estatuismo es algo que si vos querés lo podés hacer toda la vida”, remarcó Ariel. Y citó como ejemplo a Carlitos Monzón, el estatuista que está en Recoleta (Capital federal): “Una vez me contó algo que me quedó marcado, me dijo que en el lugar donde trabaja plantó un árbol porque tiene pensado hacer algún día el personaje de un rey a la sombra de ese árbol. Ese tipo de cosas son las que te indican que si así lo querés te podés dedicar al estatuismo toda la vida”.

No resulta raro saber que siendo amantes del arte de estatuar los movilice ver estatuas. “Para nosotros ver estatuas reales es hermoso, nos apasiona, nos quedamos viendo los pliegues, los detalles, el color, incluso nos ponemos a analizar cómo se oxidó cada estatua, ya que luego nosotros buscamos que nuestros personajes se asemejen lo más posible a esas obras”, manifestó María Inés. Y Ariel acotó un dato que siempre debe tenerse en cuenta: “Cuando uno crea un personaje lo que tiene que copiar es a una estatua, no a una estatua viviente, porque de lo contrario perdés tu esencia, dado que cada estatua viviente tiene su propio estilo”.

No quisimos terminar la entrevista sin preguntarles qué fue lo que el estatuismo les posibilitó aprender. Ariel nos explicó que en su caso “estatuar me permitió abrir puertas como para poder vivir también de otras cosas, ya que además de lo que tiene que ver con la producción de vestuarios, me llevó a incursionar en la actuación de obras de teatro en Mar del Plata e interpretar el papel de capitán del barco en el crucero Anamora, en donde desde hace 13 años trabajo todas las temporadas haciendo de anfitrión”.

“El estatuismo nos gusta y lo hacemos de manera apasionada, porque constantemente nos permite sorprendernos. Para mí esto es magia pura”, sintetizó Ariel.

Para María Inés “el estatuismo es un proceso de aprendizaje constante, porque al mismo tiempo que vos sorprendés con tus personajes, las diferentes situaciones que se van generando también te sorprenden a vos y te permiten disfrutar y continuar aprendiendo. Aún nos queda muchísimo por aprender, porque nos queda un largo camino por recorrer estatuando en lugares como Centroamérica y Europa, en donde nos aguardan nuevos aprendizajes. Nuestra idea es poder recorrer el mundo haciendo esto que tanto nos apasiona y moviliza”.

Sobre el final de la entrevista, Ariel y María Inés nos comentaron que tienen varios personajes que ya están en marcha, pero por ahora “el vestuario que más avanzado está es el de Basuoro, un personaje cuya vestimenta está realizada con materiales reciclados, tales como botellas de plástico y papeles, que ponen en evidencia que la basura de muchos termina siendo el oro de otros a partir del reciclado”.

Agradecimos los mates, la buena onda y nos fuimos deseosos de sentarnos a escribir esta nota, para que de algún modo puedas sentir el invalorable trabajo que hacen estos verdaderos artistas, que conmueven por la pasión, la dedicación, el entusiasmo y el inconmensurable amor que ponen en cada una de sus sensibles creaciones. Ellos son los héroes del silencio, luminosos seres humanos con el inmenso valor de sumar instantes de pura magia, irradiando la belleza de sus almas.

P.D.: clickeando aquí podés ver lo que fue el Primer Encuentro Nacional de Estatuas Vivientes, que se realizó el 7 de marzo en Olavarría.

(Fotos: Tomás Pagano + facebook de María Inés y Ariel)

 

 

 

 

 

 

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