Ilusiones que reverdecen el alma

Hay momentos en donde las palabras no alcanzan para describir lo que se quiere contar, porque no se puede abarcar tanto esfuerzo, dedicación, amor y entrega en los moldes de las letras. Esto es lo que sucede cuando hay que hablar del grupo Ilusiones. Los fuimos a visitar para que más personas sepan de la invalorable tarea que diariamente desempeñan, permitiendo que quienes tienen una discapacidad mental severa puedan ganar en calidad de vida, a partir de sentirse apoyados, cuidados, respetados, integrados y con mucha contención.

Para quienes aún no han tenido la suerte de ir a visitar Ilusiones o de entrar en contacto con quienes allí trabajan, les contamos que se están perdiendo una hermosa posibilidad de abrir el corazón para experimentar lo movilizante que resulta sentir la calidez y profesionalidad con la que se desempeñan. Fuimos testigos de la dulzura con la que Mariela Manuel animaba a que los chicos aprendan a utilizar elementos de cocina para que, entre todos, pudiesen hacerle una torta a Miguel, quien desde su silla de ruedas sonreía feliz porque sus compañeros le festejarían su cumpleaños.

Foto: El Popular Medios

Presenciamos con cuánta paciencia y tranquilidad Noelia Spósito intentaba que quienes padecen graves trastornos mentales puedan estimular sus cuerpos, los cuales en la mayoría de los casos parecían inertes o presos de movimientos repetitivos sin aparente control. Conmovía testimoniar la manera amorosa en que hacía de sostén para que uno de los chiquitos que no podía expresarse pudiese dar algunos pasos con mucho esfuerzo para llegar hasta el patio en busca del calor del Sol.

En cada rincón de Ilusiones se respira humanidad. Hay mandalas, estrellas, corazones, coloridos dibujos, adornos y detalles con objetos reciclados que dan cuenta que allí trabajan “ángeles humanos”. Esta expresión no es gratuita, seguramente más de uno no querría trabajar allí por mejor paga que exista, porque es uno de los trabajos que se hacen con profundo amor y sentido de trascendencia o no se pueden sostener, porque convivir con ese tipo de realidad impacta, sobre todo en los casos de los trastornos mentales severos. Este es un costado de la vida que muchos no ven, pero que otros tantos sí valoran, y mucho, porque cuentan en sus familias con miembros que imperiosamente necesitan de Ilusiones.

Salir al patio de la Institución es una experiencia mágica. En medio de variadas especies que ofrecen marcados contrastes tonales, está la huerta. Allí Paola Poli les sonríe mientras los ayuda a regar, para que lo que junto con Luis Steimbach les enseñaron a sembrar, florezca. Ahí también puede verse a la voluntaria Nair Abdala ayudarlos para que el fruto del trabajo con la tierra luego se transforme en ingresos adicionales para la Institución, previo venderlo a los vecinos del barrio.

En Ilusiones tienen muchas necesidades. Necesitan más voluntarios que tengan ganas de ir a trabajar en la cocina, en la huerta, en el reciclado de las botellas. Necesitan material didáctico. Necesitan que los ayuden a pagar el combustible de la combi que lleva y trae a los chicos. Necesitan alimentos. Necesitan todo lo que pueda formar parte del equipamiento de una casa. Pero por sobre todas las cosas, necesitan de olavarrienses que estén dispuesto a sumar, brindándoles amor, para que quienes asisten a Ilusiones puedan sentirse no sólo acompañados sino también integrados a una sociedad que muchas veces, por desconocer cómo tratarlos, se aleja por temor. Acercarse al grupo Ilusiones es una experiencia de vida que reverdece el alma.

Podríamos contarte mucho más de lo que allí vimos, pero preferimos que sea Claudia Sánchez, el alma mater del lugar, quien te hable de Ilusiones.

 

(Fotos: Tomás Pagano)

Quienes quieran conocer todo lo que el grupo Ilusiones vino haciendo desde su fundación hasta la fecha, pueden clickear aquí.

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