Inspirando a volar

Ruth Angeletti y Nicolás Burgart. (Fotos: Tomás Pagano)

Dejar fluir la imaginación y confiar en que los mejores anhelos pueden concretarse si hay voluntad, fe, constancia y una valiente cuota de osadía en la tarea emprendida no es una utopía para Ruth Angeletti y Nicolás Burgart. Ellos son músicos y visionaron una hermosa casa de barro, con una huerta familiar que los nutra y les permita vivir en armonía con la naturaleza. Ahora ese maravilloso sueño es toda una realidad, por eso Está Bueno que conozcas la historia de estos sensibles y aventureros artistas, que honran la vida disfrutándola e inspiran a volar con el corazón abierto.

El dato nos lo acercó Cielo Eugui. Sus palabras obraron como si fuesen un poderoso imán: “Tienen que conocer a Ruth y Nico, son encantadores y lo que hicieron está genial”. Así fue como nos dirigimos por la Avenida Del Valle, en dirección a Loma Negra, sabiendo que, en algún momento, divisaríamos una construcción que rompería con lo tradicional.

En un abrir y cerrar de ojos fue como estar dentro de un mágico cuento de hadas. Estábamos parados frente a una cálida y preciosa casa de barro, de dos pisos, que estaba rodeada por flores, cactus en macetas, frutales, plantas aromáticas y una gran variedad de verduras. “¿Cómo fue que surgió todo?” preguntamos, sin salir de nuestro asombro, y fue Ruth quien tomó la voz cantante.

“Hace poco más de un año fuimos de vacaciones, en bicicleta, hasta Claromecó y en el transcurso del viaje decidimos que al regresar a Olavarría comenzaríamos a construir nuestra casa de barro -nos explicó-. Viajar en bicicleta no es lo mismo que ir en auto o en colectivo. Pedaleando tenés mucho tiempo para pensar. Además, no es que nosotros estábamos entrenados. Sólo quisimos hacerlo, así que agarramos nuestras mochilas, la carpa, unas luces para que en la ruta nos vean y salimos a pedalear. Tardamos 4 días en llegar a Claromecó en bicicleta. Nosotros somos así, una vez que visualizamos algo lo concretamos, sin importar el esfuerzo ni el tiempo que eso implique. Sabíamos que en algún momento íbamos a llegar a Claromecó, y esa misma filosofía fue la que aplicamos para levantar nuestra casa. Internamente teníamos la certeza de que algún día la terminaríamos, pero para que eso sucediera por algún lado había que comenzar”.

“Inicialmente lo que hicimos fue cerrar con alambre el terreno (de 40 x 30 metros) que era de mis viejos y también fabricamos nuestra tranquera con pallets de madera -agregó-. Arrancamos bien de cero porque cuando comenzamos a transformar este lugar no teníamos ni agua, y queríamos, antes que nada, tener nuestra propia huerta. Todo lo que necesitábamos hacer lo fuimos aprendiendo. De hecho, al predio lo alambramos nosotros mismos para evitar que se nos metieran los caballos”.

De movida la tarea no les fue nada sencilla. Ruth también comentó que “al principio regábamos nuestros cultivos con baldecitos, porque en diagonal al terreno viven mis viejos así que desde ahí traíamos el agua podrida de la pileta para poder regar. Y una vez que la huerta comenzó a funcionar decidimos que era tiempo de ponernos a abrir los cimientos para la casa de barro, que previamente ideamos sobre un cuaderno. Hicimos un diseño de casa chica, de 3 x 3 metros, con un entrepiso, para poder habitarla rápido, y así fue como hace un año comenzamos a dar los primeros pasos para concretar ese sueño de contar con una casa ecoeficiente, como la que ahora tenemos, en donde, entre otras cosas, no necesitás aire acondicionado, porque en verano es fresquita y en invierno es calentita”.

“Arrancamos solos y luego un montón de amigos y familiares se coparon y nos vinieron a dar una mano en lo que podían -resaltó-. Además la idea era abrir lo que estábamos haciendo y compartirlo para que luego otros se animen a hacer lo mismo en otros lados”.

Como la edificación de casas de barro ya tiene su marco legal en Olavarría, porque en abril del 2015 el Concejo Deliberante sancionó una ordenanza que autoriza y fomenta “la construcción con tierra cruda y otros materiales naturales”, al poco tiempo de iniciada la construcción hicieron el pilar para poder contar con el servicio de luz, y eso también los ayudó a quedarse trabajando hasta mucho después de la caída del Sol.

Mientras estábamos hablando, Nicolás se arrodilló, tomó un poco de paja seca, quebró algunas ramas y encendió el fuego en una pequeña hornalla de barro para calentar el agua para el mate.

“La verdad es que ninguno de los dos poseía experiencia en construcción, así que no teníamos ni idea sobre cómo hacer la casa -continuó relatando Ruth-, pero sí contábamos con muchísimo entusiasmo. Además, teníamos mucha data que Nico bajó de internet, y también contábamos con el apoyo de amigos que sí tenían algo de experiencia. De todos modos, sabíamos que cuando empezás algo y movés la energía en la dirección de lo que querés lograr siempre aparece gente que ni te la imaginabas, que estaba en la misma sintonía que vos. Eso mismo ya nos había sucedido con la huerta, porque una vez que comenzamos nos fuimos vinculando con muchas personas que nos compartieron sus semillas y experiencias. Tal como sucedió el año pasado, que participamos en Insurgente de un evento que fomentaba el desarrollo de huertas familiares, donde recibimos hasta semillas del Norte de nuestro país”.

Ya con el mate preparado para que circule en ronda, Nicolás se acercó y dijo que “antes de iniciar la casa hicimos un curso en la Ecovilla Gaia sobre `Construcción Natural´, bajo la técnica de modelado directo en tierra. De todos modos, nosotros somos de ponernos manos a la obra e ir aprendiendo de nuestras propias vivencias. Nos gusta activar, así que también nos pusimos a investigar, hablamos con algunas personas, miramos videos en Youtube, nos bajamos e imprimimos algunos libros, tales como `La senda natural del cultivo´, `Bosque comestible´ y `El horticultor autosuficiente´, y enseguida nos pusimos a trabajar”.

Nos encantaba escucharlos hablar, porque se notaba que habían hecho todo a pulmón y con mucha pasión. Lo que hasta ese momento desconocíamos era que estábamos en presencia de dos saxofonistas, que llevaban de novios poco más de 7 años.

Indagando sobre sus vidas, supimos que Ruth tiene 27 años y toca el saxo desde que tenía tan sólo 7. Ella es profesora de saxo de la Escuela de Música, integra la Banda Municipal “Hugo Bazzano” y también brinda clases de saxo en un jardín de Durañona y en el colegio Esquiú. Y en la ciudad de Laprida enseña Lenguaje Musical. Nicolás, por su parte, es un año mayor. También es profesor de saxo, y además de formar parte, como Ruth, de la Escuela de Música, de la Banda Municipal, y dar clases en la Prebanda Municipal, también comparte escenario junto a su novia en las bandas “Forasteros”, “La Escandalosa” y “Simios Groove”.

Ya los íbamos conociendo un poco más, así que continuamos preguntándoles sobre cómo fue que dieron los pasos iniciales. “Muchos nos decían que el terreno estaba muy desparejo -dijo Nicolás-, con demasiados yuyos y malezas, y que lo tendríamos que nivelar con unas 15 camionadas de tierra y escombro. Todo eso implicaba plata, así que nosotros preferimos focalizarnos en ver cómo hacer para aprovechar mejor el lugar, tratando de invertir la menor cantidad de dinero posible”. Por eso, a antes de comenzar la obra, se fijaron muy bien en qué sector del terreno construir la casa. Buscaron que “estuviese bien orientada hacia el Norte”. También consideraron que la pared que daría hacia el Sur no tuviese ninguna ventana “para evitar los vientos fríos”, y así fueron calculando cada uno de los detalles del espacio que, lo más rápido que fuese posible, pensaban habitar.

“Como queríamos aprovechar al máximo nuestro tiempo, lo que hicimos ni bien comenzamos la construcción fue venir al terreno a vivir en una carpa, porque eso nos posibilitaba activar desde bien temprano y también trabajar hasta último momento”, sostuvo.

“Si bien esta casa está hecha de barro, los cimientos los hicimos de manera tradicional, utilizando concreto, para que la construcción tuviese una base más sólida. Y la estructura de las paredes la hicimos cruzando maderas y las rellenamos con barro, paja y arcilla. Además la casa cuenta con un techo vivo, hecho con tierra, piedras y plantas. Eso fue algo que vimos en un libro y después llegó un amigo que sabía cómo hacerlo, así que nos pusimos manos a la obra porque un techo así ofrece una mejor aislación acústica y térmica, y como no refleja la luz crea un ambiente más sano dentro de la casa. Además, cuando llueve el ruido que hace agua está genial, porque sentís como si te regaran”. Por la seguridad y la manera con que Nicolás se expresaba, nada hacía suponer que tan sólo contara con poco más de un año de experiencia en construcciones alternativas.  

“Mucha gente nos preguntaba para cuándo teníamos pensado habitarla y nosotros no sabíamos qué responderles -comentó Ruth-. La íbamos haciendo a nuestro propio ritmo, sin fechas que nos quemaran la cabeza, porque al ser músicos teníamos un montón de compromisos y actividades que hacían que sólo en nuestros ratos libres pudiésemos construir, sin descuidar la huerta”.

“¿Qué cosas deberían tener en cuenta quienes sienten hacer algo similar a lo que ustedes emprendieron, pero que sin embargo aún no se animan a concretar sus anhelos?”, les preguntamos. “Lo más importante a tener en cuenta es que cuando uno quiere hacer algo las cosas aparecen, así que sólo hay que confiar y accionar. Para que se comprenda mejor lo que te digo, te cuento que, por ejemplo, la puerta de entrada la encontramos tirada en la calle. Esas dos ventanas las descubrimos dentro de un contenedor. Parte de las columnas de madera que usamos para hacer la estructura de la casa las conseguimos porque nos avisaron que desde hacía 3 años había un poste tirado porque Coopelectric lo había reemplazado por uno nuevo. Otras aberturas las conseguimos porque familiares habían hecho reformas y ya no les servían, y así se fue dando todo, porque cuando uno se anima a emprender algo, y le pone mucho amor y pasión por lo que hace, las cosas llegan”, dijo Ruth, mientras que su rostro lucía una radiante sonrisa.

“En este proceso fuimos aprendiendo a reciclar y estuvimos dispuestos a recibir lo que la gente no quiere o ya no le hace falta -agregó Nicolás-, por eso siempre nos la ingeniamos para darle a las cosas viejas una nueva utilidad. Así fue como nos fuimos haciendo de los elementos que necesitábamos para construir nuestra casa, muchos de los cuales son el resultado de lo que la gente descarta, tales como las botellas o el parabrisas que transformamos en ventana”.

“Hay costos que no pudimos evitar -comentó-, tal como la compra de la madera para el entrepiso, por ejemplo, sin embargo todo el resto surgió de reciclar lo que otros ya no usan, porque esa es una forma de ayudar a que no se genere tanto desperdicio”.

A veces, a la hora de animarse a emprender obras de este estilo, en el entorno más cercano es donde aparecen los focos de resistencia. Sin embargo, en este caso no fue así. “Nuestro viejos nos apoyaron desde el principio porque saben cómo somos nosotros -expresó Ruth-, además los patios de nuestros abuelos eran espacios de huertas. Mi abuelo era re tano y re huertero, y en el caso de Nico su abuela tenía huerta, así que en las raíces de nuestros viejos ya está eso del cultivo natural, por eso están chochos cuando les llevamos algunos choclos, zanahorias, remolachas o cualquier cosa que hayamos cosechado, porque esa comida es mucho más rica y tiene otro sabor”.

“¿Qué cosas cultivan en la huerta?”, quisimos saber. “Dependiendo la época, cultivamos de todo. Entre otros cultivos, acá podés encontrar plantas de cedrón, varios tipos de choclos de diferentes colores, zapallo, remolacha, lino, limones, manzanas, zanahoria, tomate y peras. También tenemos un almendro, un nogal y constantemente seguimos plantando nuevas especies”, indicó Nicolás.

Ruth casi no pudo esperar a que Nicolás termine su respuesta y dijo que “lo fabuloso es que varias de las plantas sólo tienen un año en tierra y ya están dando frutos. Eso es algo que sorprende. Al mandarino que tenemos acá cerca de la casa le decimos `el petiso agrandado´, porque es bajito pero fue el primero que dio frutos. Nos dio 6 mandarinas. También el peral y el manzano tienen frutos, pero lo asombroso es que son plantas que apenas tiene un año en tierra”.

Dentro de las cosas importantes a resaltar, Ruth también mencionó que “además del tiempo y el cuidado que volcamos en la huerta, algo clave que hicimos fue poner mucha atención en todo lo que pasaba en el lugar. Así, por ejemplo, fuimos descubriendo hacia dónde escurría el agua cuando llovía y en ese lugar armamos un pequeño estanque. De esa manera fuimos aplicando diferentes técnicas de permacultura, que en definitiva consisten en cómo hacer para llevar una cultura natural permanente. Si uno está atento y te sentís parte del lugar vas aprendiendo un montón de cosas. Por eso nosotros acá preferimos no tener televisión ni internet, de manera que no nos desconectemos y constantemente sigamos aprendiendo de la naturaleza”.

A la hora de destacar las cosas buenas, Ruth dijo que “muchos de los que descubren nuestro espacio dicen:`No lo puedo creer, yo quiero tener una casa así´. Y los nenes cuando vienen no se quieren ir. A mi sobrino le encanta, siempre dice `yo quiero ir a jugar a la casa de chocolate de la tía´. También nos han pedido venir de un jardín de infantes, para que los chicos conozcan este estilo de vida diferente, y todos los comentarios que vamos recibiendo son muy halagadores. Acá, incluso, hemos organizado ensayos y los músicos no pueden creer cómo suenan los instrumentos, porque en este lugar todo tiende a ser muy armónico”.

El predio de estos jóvenes artistas también cuenta, en las cercanías de la casa, con un zome, que es “una estructura geométrica para meditar y hacer yoga que conecta con el universo”. Según las palabras del reconocido arquitecto peruano Oscar Senmache, que en su paso por Olavarría estuvo presente en el espacio de Ruth y Nicolás, “el zome genera fenómenos de resonancia capaces de modificar la calidad vibratoria del interior y alrededor. Estos campos de forma facilitan la conexión con aquello que realmente somos y aceleran los procesos evolutivos. Refuerzan nuestra conexión tierra/cielo y animan nuestra verticalidad a través de la integración del arquetipo de la espiral. Son puertas hacia otros niveles de realidad”.

“La casa está prácticamente finalizada -dijo Nicolás-. Ahora vendrán los detalles más finos, que estarán vinculados con alisar las paredes y darles un toque de arte y color, para embellecer aún más el lugar. La parte que sigue es levantar el tanque de agua, construir el baño seco y continuar ampliando la huerta”.

Sobre los sueños que aún les restan cumplir, Ruth destacó que “nosotros tenemos como anhelo seguir con la música y continuar activando acá, y donde sea que nos necesiten, estos espacios que también son otra forma de vincularnos con el arte”.

“Nosotros nos somos dueños de la Tierra -enfatizó-, como seres humanos estamos acá para compartir y colaborar con la naturaleza, por eso sentimos que esto que hacemos es una forma de agradecer y cuidar de la Tierra. Todo esto lo hicimos con muchísimo amor”.

“Lo bueno de esta construcción es que si luego nosotros queremos hacer alguna modificación, la casa no genera escombros. Al contrario, el mismo material que sacás lo ponés en agua y lo volvés a reutilizar. Además, este método de construcción es mucho más amigable con el medio ambiente y ofrece grandes ventajas térmicas que redundan en ahorro de energía y, sobre todo, tiene un costo de construcción muchísimo menor que el tradicional”, señaló Nicolás.

Ruth y Nicolás no son los únicos que se animaron a construir en barro en Olavarría. “Esto que hicimos es como un grito de vida o como un manchón de barro en medio de la ciudad del cemento. Pero sabemos que en esta tarea no estamos solos. Tenemos un amigo que amplió su casa, con una habitación más, utilizando esta técnica de construcción. También acá a la vuelta Matías y Lore están haciendo su casa de barro, ellos aún no la terminaron porque se están haciendo un caserón que va a estar zarpado. Ellos también estuvieron acá, dándonos una mano, así que nosotros también los ayudaremos, porque a estas casas hay que hacerlas en comunidad, siendo solidarios unos con otros. No hay otra alternativa. Acá no podés llamar a alguien para que te la haga, porque estas construcciones son prácticamente obras de arte que vas haciendo con tus propias manos. Este tipo de construcciones no se pueden hacer de manera aislada, requieren de juntarse y nutrirse de toda la gente que está vibrando igual que vos, por eso acá siempre que nos reuníamos para edificar lo disfrutábamos un montón porque aprendíamos cosas nuevas y entre todos nos apoyábamos”, comentó Ruth.

Sus palabras luego nos quedaron muy bien graficadas cuando entramos a su página de Facebook y vimos la gran cantidad de fotos que fue publicando, para ir documentando los avances de la obra, en donde también se los podía ver sonriendo, tomando mate y compartiendo riquísimos almuerzos.

Como sabemos que en todo emprendimiento siempre hay una parte que se hace cuesta arriba, les pedimos que nos compartieran su sentir con respecto a lo que implica ejecutar los primeros movimientos que direccionan hacia lo que se quiere alcanzar. “Puede que al principio a muchos les cueste arrancar, tal como nos pasó a nosotros, que constantemente le estábamos pidiendo ayuda a un amigo, porque nunca habíamos hecho encadenados y tampoco sabíamos usar una mezcladora. Pero más allá de esos detalles, hay que animarse y emprender, porque sea lo que sea que uno quiera hacer, una vez que te ponés en movimiento llega la gente indicada para ayudarte, porque siempre que vuelques tu mejor energía en algo, todo fluye y se sincroniza. En nuestro caso la parte más pesada que atravesamos fue ni bien comenzamos, que no teníamos agua y ni siquiera una sombrilla que nos hiciera sombra. Igual teníamos toda la voluntad para levantarnos muy temprano y ponernos a trabajar”, resaltó Ruth.

“Siento que vamos hacia un estado más natural por eso este tipo de espacios en cierto modo marcan la transición hacia un estado más en armonía con la Tierra -dijo Nicolás-. Si miramos este proceso en retrospectiva nos parece algo muy loco, porque primero lo imaginamos, luego lo pasamos a 2D y lo dibujamos sobre un papel, y ahora que podemos verlo materializado en 3D es algo hermoso”.

“Por eso a quienes sienten que quieren emprender algo similar les decimos que se animen, que le metan y pongan todo la voluntad para hacerlo, porque esto es lo mejor que te puede pasar. Es una experiencia gratificante, hermosa y comunitaria en la que realmente vale la pena involucrarse. Estos pastos altos que ves acá no son malezas, son `buenezas´, porque de malo no tienen nada. Todo lo que ves en nuestro espacio forma parte de un ecosistema en equilibrio. Lo bueno fue que ninguno tuvo que convencer al otro para hacer esto. Los dos sentimos hacer lo mismo, nos aventuramos y todo fluyó. Por eso hoy somos re felices por más que no tenemos internet, televisión ni heladera, y al agua la sacamos con una bomba manual. Así que ya saben, todos lo que quieran venir a compartir sus experiencias o preguntarnos lo que quieran, tienen nuestras puertas abiertas”, concluyó Ruth, mientras Nicolás asentía con una enorme sonrisa.

Aprovechamos la buena onda y les pedimos que nos tocaran algo con el saxo para tener fotos distintas y de paso disfrutar de la buena música.

Horas más tarde Ruth nos llamó por teléfono y muy amablemente nos pidió si podíamos evitar mencionar la dirección exacta de donde viven, para poder seguir disfrutando del clima de paz, armonía e intimidad que tanto les gusta. Les dijimos que lo dieran por hecho. Además… ¿desde cuándo se obtiene tan fácil la dirección del paraíso? : )

Bromas aparte, Ruth dijo que quienes de verdad sientan ir a conocer el lugar se pueden poner en contacto con ella vía Facebook (tocar acá para acceder a su página), que con mucho gusto los guiará hasta el espacio que con tanto amor y dedicación crearon.

¿Te gustó la historia? Ruth y Nicolás son dos olavarrienses que con su pureza alientan a vivir de un modo diferente. Ellos buscan generar sus propios alimentos, honran la Tierra, reciclan y reutilizan lo que otros descartan para evitar sumar desperdicios y quedar presos de un sistema que constantemente incita a consumir de una manera desalmada.

Ellos aman la música, viven felices sin televisión ni internet y están abiertos para compartir todo lo que aprendieron. También quieren ayudar a quienes necesiten dar sus primeros pasos en esta mágica y reluciente aventura de crear desde el amor que sienten por la naturaleza y por los entornos armónicos que nos reconectan con la Madre Tierra.

Ruth Angeletti y Nicolás Burgart son un fiel testimonio de que los mejores anhelos pueden concretarse si hay voluntad, fe, constancia y una valiente cuota de osadía. Por eso sentimos presentártelos. Ellos visualizan y accionan. Son hermosos seres humanos que sienten e inspiran a volar con el corazón abierto, para que podamos experimentar la sutil belleza del cielo por más que aún tengamos los pies sobre la tierra : )

(Fotos: Tomás Pagano +  Facebook de Ruth Angeletti)

 

Clickeando sobre la imagen se accede al sitio en Facebook de la Orquesta Municipal de Olavarría.

 

Clickeando sobre la imagen se accede al sitio en Facebook de “Forasteros”, la banda en la que tocan Ruth y Nico.

 

P.D.: Acá te dejamos un plus. Por medio de estas imágenes que seleccionamos, podés revivir cómo Ruth y Nicolás fueron transformando el terreno, desde cero, en un hermoso lugar donde vivir y también alimentarse de una manera sana y natural. Las fotos forman parte de lo que Ruth fue compartiendo en su página de facebook en la medida en que fueron concretando el hermoso sueño de tener una casa de barro, con una huerta propia.


(Fotos: Tomás Pagano)

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1 comentario

  1. Roberto

    Dos genios!!!. Excelentes personas. Grandes músicos. Un orgullo compartir momentos musicales y aprender de ellos, que además de conocimientos, transmiten su buena onda y afecto.

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