La creadora de momentos mágicos

Maribel García. (Fotos: Tomás Pagano)

Está Bueno destacar a quienes tienen el inmenso coraje de crear, con sensibilidad, pasión y corazón, aquellas cosas que mantienen viva las historias y los valores ciudadanos para que nuestras raíces crezcan y el entramado social se fortalezca. Por eso hoy te vamos a contar parte del camino recorrido por Maribel García, la hinojense a quien no sólo le apasionan los proyectos comunitarios, ella es de las mujeres que tienen ángel y alma de artista, por eso siempre será protagonista y haga lo que haga se la verá alumbrar. Conocé la historia de Maribel, la creadora de momentos mágicos.

En tiempos económicos difíciles, en donde los valores humanos son olvidados y todo se descarta muy rápidamente, que alguien ponga su energía en redescubrir bellas historias que nos ayudan a religar, y que con su encanto nos lleve de paseo narrando cuentos que nutren a nuestro niño interior y riegan la vida con amor, son cosas que no tienen precio. Por eso sentimos que era un buen momento para ir al encuentro de Maribel, de manera que más olavarrienses sepan que en Hinojo hay una gran mujer que tiene el valor de ir por la vida con su corazón abierto.

Como buena anfitriona, Maribel García no recibió en su casa con mate, una mesita con ricas cosas dulces y el hogar a leña encendido. Su rostro lucía una magnética sonrisa, sin embargo en su mirada había un cierto dejo de tristeza y melancolía, que recién se esfumó minutos más tarde cuando en su relato revivió los momentos más hermosos y felices de su infancia (ver recuadro aparte).

Al ser los ojos un reflejo del alma, antes de avanzar en la entrevista quisimos saber a qué obedecía esa mirada tan particular. “Estoy en una etapa de mi vida en donde se hace imperioso mirar hacia dentro para volver a conectar con mi esencia… volver al hogar, a los aromas, volver a la palabra. Es mi momento para darle a cada cosa el valor y el tiempo que se merecen, y sentir cuáles serán los nuevos pasos que voy a dar”.

Al escuchar su respuesta, recién ahí nos cayó la ficha de que sus últimos ocho años como directora de la Red de Museos de los Pueblos habían sido muy intensos y movilizadores. Fue una etapa sin pausas, muchísima entrega y enérgico compromiso, que museológicamente hablando puso el nombre de Olavarría en el ámbito internacional. Ahora ella no está ejerciendo esa función. Sin embargo, como lo que se siembra con amor nunca se pierde e inspira, quisimos que nos cuente los detalles de todo lo que con tanto entusiasmo realizó, ya que esa misma esencia es la que muy pronto cobrará vida en nuevos proyectos que iluminen sus pasos.

Maribel es magister en museología, narradora, locutora, fotógrafa y documentalista. También es andariega, altamente sensible y al mismo tiempo bien aguerrida y apasionada. Por más que sabe Portugués, Alemán y Francés, nunca pudo acercarse al idioma Inglés. Lo detesta. Sí le encanta coleccionar cartas, postales bien antiguas, hacer licores y tejer. Y por sus venas corre la sangre de mujeres fuertes y muy luchadoras, que fueron capaces de sobreponerse a la adversidad.

Su mamá, Rita, la tuvo a los 17 años, con todo lo que eso implicaba para un pueblo chico, y su bisabuela, Luisa, fue una gran batalladora. “Mi bisabuela Luisa falleció cuando tenía noventa y pico de años. Sin embargo, como yo aún era chica, ella me dejó de regalo, para cuando tuviese 15 años, un pañuelo con el número 13 que aún conservo. Ella fue una mujer que había sufrido muchísimo en su vida. Conoció a mi bisabuelo Luis cuando él se vino a Hinojo desde Uruguay, porque en esa época había una gran división entre Blancos y Colorados, y como dos de los hermanos eran Blancos y dos Colorados, su padre mandó a dos de los hermanos para Argentina para evitar peleas. Luisa y Luis tuvieron tres hijos, y cuando mi abuelo Osvaldo tenía un año, mi bisabuelo se murió, mi bisabuela enloqueció y la internaron en Melchor Romero”.

“Contaba mi bisabuela que un día se pinchó con una rosa y eso le hizo un click que la llevó a tomar conciencia de que sus hijos estaban solos y se volvió a Hinojo, donde trabajó de lavandera. Así fue como mi bisabuela, a partir de una infancia de mucha pobreza y de mucho sacrificio, se transformó en una mujer súper fuerte, de quien tengo como recuerdo un relicario que ella llevaba siempre, en donde de un lado está la foto de Evita, y del otro tiene una foto de mi abuelo y de mi tío”. Así comenzó a contarnos su historia.

“Mi mamá me enseñó la mejor receta, ser una mujer libre”, declaró Maribel el día en que presentó su CD de cuentos e historias que llamó “Pastel de Limón”, por eso también le pedimos que nos hablara sobre ella. “Mi mamá siempre la recontra luchó y tomó decisiones de mucha libertad, porque a los 17 años tomar la decisión de tener una hija fue una decisión muy fuerte. Sobre todo porque debe haberla pasado fea al haber quedado embarazada tan joven en un pueblo. Ella me enseñó que yo podía elegir y hacer lo que quisiera. También siempre me decía que sería capaz de conseguir todo lo que me propusiera, y me enseñó a ser libre y a tomar mis propias decisiones, y eso para mí siempre fue muy importante. Hoy a mis hijos Iñaki (de 18 años) y Zoe (de 15) trato de transmitirles lo mismo, por eso siempre los he acompañado y he tratado de que ellos decidan lo que quieren hacer de sus vidas, porque lo importante es que sean buena gente y que lo que elijan los haga sentirse plenos y felices”, destacó.

“Yo soy toda pasión -enfatizó-, y eso mismo a veces me juega en contra, pero si yo no me enamoro de algo no lo puedo hacer. Por eso siento que cuando me encanto con algo me atrapa tanto que no puedo salir de ahí, al punto de quedarme toda una semana trabajando, desde la mañana hasta la noche, sin que exista el tiempo. De cada cosa que hago me enamoro, por eso en cada cosa que hago presto tanta atención a los detalles, que en realidad para mí no son sólo detalles sino más bien mimos que evidencian el amor que pongo en lo que hago”. Su relato, entre mate y mate, no iba reflejando su esencia.

Maribel fue fundadora de los museos de Hinojo, Espigas y Loma Negra. Cuando llegó a la órbita municipal ya estaban fundados el museo de Colonia Hinojo, el de Sierra Chica, el de Sierras Bayas y el de San Miguel. Sin embargo ella los vinculó y activó mediante en una red viva que los hizo florecer como museos comunitarios, y su trabajo fue motivo de inspiración para muchos museólogos de diferentes países.

“El trabajo que hicimos con la Red de Museos de los Pueblos tiene reconocimiento internacional e incluso tuvimos el premio iberoamericano de educación y museos, que es un premio que lo quiere tener todo el mundo”, mencionó.

“En su momento me propuse que los museos estén vivos, por eso quiero que eso que entre todos construimos no se pierda -subrayó-. Los museos no son comunitarios por el simple hecho de estar insertos en una comunidad. Los museos comunitarios son una tipología de museo. Así como hay museos de ciencias, museos de artes o museos etnográficos, hay museos comunitarios, en donde la comunidad se apropia de los museos, toma decisiones y ayuda para que se los sienta vivos. Por eso, por más que era la directora, yo no tomaba decisiones sobre lo que se hacía. Yo me juntaba con los diferentes grupos de vecinos y entre todos decidíamos qué actividades íbamos a hacer y cómo las íbamos a desarrollar, porque la idea era que la gente se apropiara de los museos, los hiciese suyos y los llenara de vida; porque lo central de los museos vivos, comunitarios y participativos es tener siempre presente que todos tenemos mucho para aportar y decir. Ya que por más chiquito que parezca nuestro aporte todo suma, porque generalmente no hay grandes historias. Eso grande que se logra se construye entrelazado las pequeñas historias que cada uno aporta”.

Un fiel reflejo de sus palabras fue lo que sucedió con “Musas Tejiendo”, la maravillosa propuesta en donde las tejedoras se reunieron en los museos con los chicos de las escuelas, los jardines de infantes, los padres y los vecinos de cada pueblo para transmitirles el arte de tejer. “Musas Tejiendo fue sumamente importante para mí, porque tuvo un gran valor comunitario”, dijo Maribel, mientras sus ojos se iluminaron al recordar la “Fiesta de las Musas”, en donde más de 2.000 cuadraditos tejidos (de 20 x 20) embellecieron el frente del Museo de Hinojo en una jornada memorable en donde todo tuvo el sello inconfundible de lo comunitario y sobre todo se tejieron fuertes vínculos humanos.

La repercusión de su trabajo como directora de la Red de Museo de los Pueblos fue tan importante que fuese la única argentina invitada al Encuentro Internacional de Ecomuseos y Museos Comunitarios que se desarrolló en Brasil, donde formó parte de la conferencia inaugural. “No hay otro lugar en nuestro país en donde se haya hecho algo así como lo que se hizo en Olavarría con la red de museos. De hecho, para este año, también tuve la invitación para ir a dar una charla en la apertura del congreso Piccoli Museo, de Italia, cuyas autoridades escribieron una nota en donde se preguntaban si alguna vez los museos de Italia podían llegar a ser como los museos de los pueblos de Olavarría. Ellos sabían sobre todo el trabajo que había hecho en estos últimos años, y querían empezar a trabajar del mismo modo en que nosotros lo hacíamos”, indicó.

Al sentirla hablar tan apasionadamente sobre una de las tantas cosas que le gusta hacer, orientamos la charla hacia la época de su infancia, porque nos interesaba conocer qué cosas la fueron motivando a ser una mujer tan creativa, comunicativa y con tantas ganas de que más personas aprendan a valorar y disfrutar de lo comunitario.

Una de las pasiones de Maribel que afloró a sus 12 años fue la radio, y eso se lo debe a su abuelo Osvaldo: “Todos los domingos íbamos a comer a lo de mi abuela Irma, que cocinaba para todos, y después de comer, mientras mi mamá y mi abuela limpiaban la cocina, con mi abuelo Osvaldo, que en esa época se había comprado un grabador, hacíamos radioteatros. Mi abuelo involucraba a todos los vecinos en esas historias y a su vez hacía publicidades similares a las que se hacían en los radioteatros y nosotros participábamos de todo eso y nos divertíamos muchísimo, porque una vez que terminábamos la grabación íbamos hasta la casa de mi otra abuela y la de mis tías para que escucharan  nuestras producciones”.

“En ese momento fue cuando empecé a darme cuenta de la magia de la radio, por eso luego también me compré un grabador y comencé a registrar de todo. Recuerdo que con mi hermano pellizcábamos a mi hermana (Marilyn) para que gritara y así tener registros de diferentes sonidos. Yo jugaba a registrar voces, de hecho aún tengo guardadas voces como las de mi abuelo, y eso es un poco como vencer a la muerte, ¿no? En esa época ya soñaba con ser locutora, pero luego las condiciones económicas no estaban dadas, así que luego estudié en la Facultad de Comunicación Social, y cuanto curso hubo siempre lo hice”, destacó.

“Por ese entonces -acotó-me gustaba pintar y también empecé a investigar y a hurgar en la historia porque me fascinaba descubrir y saber qué había pasado antes, y también me gustaba meterme en la historias de la gente”.

Maribel hizo de todo. Fue corresponsal de El Popular, durante muchos años hizo el informativo de Sibateco y programas de televisión para la zona rural. También pasó por Radio Olavarría, y las FM 103, 107, la 90, y tuvo un diario en Hinojo llamado `El Pueblo´. Además, por si todo eso fuese poco, en la época de crisis fundó, junto a Mónica Pauletti, “El Trueque”, y abrió nodos en Laprida, La Madrid, Tapalqué y Bolívar. Sin embargo, lo que posteriormente la orientó a focalizarse en los museos fue un programa de televisión que tuvo en el Canal Local, que se llamó “Del Interior, pueblos y parajes”.

“Con ese programa recorrí todos los pueblos y parajes de Olavarría, haciendo entrevistas con la gente, y luego llevé ese formato a Radio Olavarría, donde en un momento hice la historia sobre la Villa Von Bernard, que fue una de las villas desaparecidas. Recuerdo que un vecino me llamó para decirme que no tenían ni una foto para mostrarles a sus nietos sobre el lugar en donde habían vivido y me pidieron que los acompañe para hacer un libro. Desde ahí nos empezamos a juntar durante mucho tiempo todos los martes con los ex vecinos de Von Bernard, que era la Villa de Calera Avellaneda, para reconstruir la historia y buscar fotografías. Hubo fotos que incluso nos llegaron desde España y otras desde China, porque mucha de la gente que vivió en esa villa luego se fue a otros países”. El fruto de ese trabajo como documentalista dio lugar a su primer libro, centrado en la historia de la Villa Von Bernard, que se llamó “Entre violetas, aromos y recuerdos”.

Fue esa experiencia laboral la que la motivó a presentarle a Héctor Vitale un proyecto sobre museos comunitarios, durante el último tiempo de la gestión del intendente Helios Eseverri. Por ese entonces en Colonia Hinojo quedaba vivo uno solo de los primeros alemanes que vinieron del Volga (de apellido Krotter), y también eran muy pocos los picapedreros que aún estaban en Sierra Chica. Eseverri le dio el visto bueno y así comenzó su camino en la museología.

Si bien el trabajo con los antiguos habitante de la Villa Von Bernard la había movilizado, a la hora de buscar más explicaciones sobre qué la impulsó a centrarse en los museos, Maribel hizo una pausa y dijo: “Sentí la necesidad de salir a buscar esas historias de vida, tal vez un poco movilizada también por mis recuerdos de cuando era chica, porque una de las mejores amigas de mi abuela había sido Doña Mónica Muller, y en su cocina escuché la historia de cuando ella había venido en barco desde Rusia con su mamá, que estaba embarazada, y la tuvieron que tirar al mar porque murió durante la travesía. Al llegar a la Argentina Mónica, que tenía sólo dos años, fue dejada en el Hotel Los Inmigrantes y su papá se fue a buscar trabajo, y recién se pudieron volver a reunir dos años más tarde. Ese tipo de historias me pegaron muy fuerte de chica, y son las historias que luego salía buscar y recuperar para que me las contaran los propios protagonistas”.

“Hasta ese momento mi manera de moverme era por autogestión y también trabajaba haciendo fotos artísticas -explicó-, pero como vi que las historias de los habitantes de los pueblos se estaban perdiendo y había pocos museos, sentí que era el momento de presentar ese proyecto de museos comunitarios, de museos abiertos y museos vivos, para que fuesen museos a donde la gente se pudiese acercar y participar. Mi idea era que los museos dejaran de ser lugares cerrados y en silencio. Yo quería que la gente no sólo los visitase sino que, además, ahí los chicos la pasaran bien. Eso fue lo que proyecté, porque hasta ese entonces la gente iba muy poco a los museos y los que ya los habían conocido no volvían nunca más”.

El tiempo demostraría que su necesidad de contar las historias de los pueblos y las vivencias de sus moradores tendría gran valor. Prueba de ello también fue que el antropólogo mexicano Robinson Salazar vino a investigar a la Argentina sobre proyectos que salvaran a los pueblos en riesgo de extinción, y tomó el proyecto de los museos comunitarios para volcarlo en un libro del que Maribel formó parte.

Durante los ocho años en que se desempeñó como directora de la Red de Museos de los Pueblos, muchas fueron las charlas y conferencias que Maribel dio en distintas ciudades para dar a conocer lo que en Olavarría se hacía en los museos. Y de todos esos encuentros, hay un congreso que se realizó en Córdoba, que ocupa en su memoria un lugar muy especial, porque marcó su encuentro con Janet Kamien, una de las más grandes museólogas de Estados Unidos.

“A mí me tocó dar una conferencia después que ella, y conté el trabajo de rescate que venía haciendo en los museos. Mientras hablaba, escuchaba que por lo bajo Janet decía: `Yes, yes´. Ni bien terminé mi exposición ella se acercó con una traductora y me dijo: `Vos descubriste lo esencial de la museología, porque lo esencial es descubrir que cada uno de nosotros tenemos algo importante para contar´. Y a modo de ejemplo me dijo que cuando ella era chica le pedía a su papá que la llevara al museo de ciencias de su ciudad y él nunca le hacía caso. Sin embargo, todos los fines de semana la llevaba al museo de su pueblo, en donde estaba la historia de la esquila y el tejido, y le contaba cómo se usaban todas las herramientas. Janet me miró y me dijo: `Cuando fui grande descubrí que mi papá en el museo de ciencias se hubiese sentido un inútil, porque no me hubiese podido aportar nada, en cambio en el museo de mi pueblo mi papá se sentía importante. Y esto es lo valioso que tenemos que rescatar, porque lo que hace cada uno es importante´. Esas palabras de Janet siempre las recuerdo porque realmente para mí cada una de las personas son importantes para la reconstrucción colectiva, porque todos tienen sus sabiduría, todo tienen algo para contar y aportar que es muy valioso, y tenemos mucho para aprender de cada persona”, sostuvo Maribel, quien desde ese momento quedó muy amiga de Janet, al punto tal de que su marido Aníbal Cicardi, que es un gran escultor argentino y retrató a los Hermanos Emiliozzi cuando estuvieron de paso por Estados Unidos, le envió un libro autografiado de regalo luego de que Janet falleciera.

En homenaje a ese hermoso vínculo que se gestó, cuando a través de la Red de Museos de los Pueblos Maribel hizo en marzo del 2013 la muestra “Por una cartera pasa la vida”, se la dedicó a Janet, porque “ella venía viendo los trabajos previos que estábamos haciendo”, mencionó.

Moverse en el contexto de los museos vivos, también la llevó a innovar. “Un día se me ocurrió, así como si fuese una gran locura, llamar a Claudio Ledezma, a quien yo leía pero nunca lo había escuchado. Le dije: `mirá, la gente no va a los museos, qué te parece si subimos gente de Olavarría a un colectivo y los vamos llevando por los museos mientras les contamos historias. Y Claudio, que es un loco así como yo, me dijo: `Sí, voy´, y apareció con su mochilita. Recuerdo que logramos que asistan 30 personas, entre las que había adolescentes, abuelos y nenes, y yo me dije `pobre pibe, ¿qué va a hacer con gente tan diversa?´ Y ni bien nos bajamos en el museo de San Miguel a las dos de la tarde, Claudio dijo: `Había una vez un chico que tenía miedo´, y les contó el cuento `Miedo´, de Graciela Cabal. Así fue como nació el primer encuentro de cuenta cuentos en Olavarría, en donde por primera vez conté un cuento para chicos en público durante el cierre de la jornada”.

“Cuando Claudio regresó a su casa escribió en su blog una crónica en donde narró todo lo que vivió y sintió en el encuentro, y entre otras cosas mencionó: `Ese día fui feliz, muy feliz´. Luego me llamó diciendo que sus amigos narradores le empezaron a decir que querían compartir la felicidad que él había sentido, así que les dije que podían venir. Lo gracioso fue que primero eran 10, a la semana me llama y me dice que eran 20, luego 30 y finalmente la lista quedó integrada por 50 narradores. Y así surgió el Encuentro de Narración Oral `Cincuenta que cuentan´ que se realizó durante 8 años seguidos, lo cual hizo que las narratones de Olavarría se hicieran súper conocidas en todos lados”, explicó.

“En muchos festivales a los que posteriormente asistí me pedían que les hablara sobre las narratones (nombre que surgió de combinar narración y maratón), porque a todos les llamaba la atención el hecho de que la gente de los pueblos se acercara e inclusive nos siguieran con sus autos”, destacó Maribel. Las crónicas de El Popular destacaban que se trataba de “el único lugar en el mundo donde narradores y el público van en el mismo colectivo recorriendo museos, y los vecinos se trasforman en narradores”.

Hasta ese primer encuentro con Claudio, Maribel sólo contaba cuentos en la radio porque no le gustaba hacerlo en público, pero con el tiempo fue perdiendo la vergüenza y ganando en expresividad. Lo que aún ella no sabía era que su cautivante forma de contar historias luego le permitiría recorrer diferentes ciudades de nuestro país e incluso la llevaría a representar a la Argentina en Festivales Internacionales de Narración, visitando países como Paraguay, Bolivia y España. Su camino contando historias fue tan sentido y movilizador que uno de los espectadores que la escuchó en la ciudad de Encarnación (Paraguay) escribió en internet: “Cada palabra fue elegida con dulzura. Su voz conquista, su pausa entretiene y su ser inspira”.

Mientras su gata nos miraba de manera muy intensa, quisimos saber cuál era el denominador común en cada viaje: “Lo que veo en la medida en que viajo a contar cuentos y hacer narraciones es que la necesidad de comunicación en el ser humano está en cada uno de los rincones del planeta. Podemos decir que cada país se llama de una manera diferente, pero la verdad es que la esencia del ser humano es la misma más allá de cualquier frontera, bandera, forma de hablar o de vestirse. Lo que uno cuenta son historias centradas en el ser humano, por eso, independientemente del lugar al que uno vaya, lo que sucede en el momento de la magia del encuentro es exactamente lo mismo”.

“Lo que yo siento cuando cuento es que hay una comunicación que va más allá de las palabras -manifestó-. Siento que eso es magia, porque incluso se da una comunicación de miradas en donde las palabras no intervienen. Es una energía que va y que viene, en donde en el momento de escuchar vuelve a suceder esta cosa tan humana y ancestral de cuando los hombres terminaban su día y se sentaban alrededor del fuego a compartir y sus historias”.

Maribel tuvo una infancia “muy comunitaria”, que “realmente fue maravillosa” (ver recuadro aparte). Y entre los recuerdos más lindo que atesora, además del hecho de jugar todo el día en la vereda, figura el pasar los fines de semana en la casa de su abuela Clelia. Allí fue donde nació su pasión por los cuentos, que luego la llevó a recorrer un largo camino. “Recuerdo que desde que tenía 4 ó 5 años cuando llegaba el viernes me preparaba mi bolsito y me iba todo el fin de semana a su casa. Mi abuela era una mujer súper divertida. Ella tenía una gran cocina a leña y en la medida en que se iba haciendo la nochecita empezábamos a preparar los ladrillos para calentarnos los pies en la cama, porque las habitaciones eran altísimas y grandes, y hacía mucho frío; por eso también para dormir me vestía con medias de lanas que ella tejía y usaban un camisón largo suyo que era de plush. Cuando llegaba la hora de acostarnos para mí era maravilloso porque mi abuela Clelia me contaba cuentos, basados en hechos reales, y sus historias fueron sumamente importantes para mí. A tal punto de que podría decirte que ahí surge mi pasión por los cuentos, la cual afloró con mayor fuerza cuando a mis 15 años fui a una feria del libro y la vi a Ana María Bovo por primera vez. Ella es una de las grandes narradoras argentinas, y cuando la escuché haciendo un fragmento de Rayuela me fasciné y dije: `Esto me encantaría hacer´. Toda esa magia de la narración me maravilló”.

“¿Acaso todos podemos contar historias?” le preguntamos. “Todos podemos contar historias -remarcó-, sólo tenemos que ver qué contamos y desde dónde lo hacemos para que las historias lleguen. Contar es un camino en donde cuando uno toma la palabra tiene que asumir el compromiso de ir mejorando e incorporando nuevas herramientas. Y eso luego lleva a inspirar a que otros vayan por ese mismo sendero que tanto se disfruta y brinda muchísimas alegrías”.

“Para animarse a contar historias lo básico es tener ganas de contar -destacó-, y para eso no hace falta hacerlo en público o arriba de un escenario. Uno puede aprender a contar historias para sus hijos o sus nietos, por eso la narración va desde lo poquito. Mi abuela Clelia no fue a hacer un curso de cuentos, sin embargo ella disfrutaba contando historias y lo que ella me transmitió con sus cuentos fue súper importante para mí. Puede que para algunos estas cosas parezcan muy chiquititas, sin embargo son cosas muy importantes”.

“¿Y qué pasó con los narradores que durante 8 años seguidos vinieron a Olavarría a contar cuentos?”, le preguntamos cuando nos dimos cuenta que al no estar ella en la función pública tal vez esa movida ya no se realizaría más: “Los narradores están como locos, quieren venir como sea y a donde sea, porque ellos disfrutaban muchísimo viniendo. Además, no era algo que ocasionara un gasto, porque cada narrador se pagaba sus pasajes, comidas y estadía, por eso cuando tenga la fuerza suficientes lo voy a retomar, pero seguramente antes haremos un reencuentro en Buenos Aires y a partir de ahí veremos cómo podemos organizarnos para que ellos puedan volver a visitar nuestra ciudad y la gente los pueda seguir disfrutando”.

Maribel tiene hermosos y movilizadores recuerdos de todo lo vivido que le llenan el alma. Son tantas las ferias de libros, las charlas, los encuentros de cuentos y los festivales en los que participó, que se haría muy extensa esta nota si volcásemos todas las cosas hermosas que nos contó. Así que a modo de ejemplo rescatamos dos, la historia de “Gero, Camila y el avioncito” (que figura en un recuadro parte), y ésta que acá te compartimos: “El año pasado estuve en Tapalqué para la feria del libro y después me escribió la portera, quien me contó que había estado escuchando atrás de la puerta lo que yo le había contado a los chicos. Ella no tuvo la posibilidad de estar dentro de la función, pero igualmente me dijo, a través de una carta hermosa, que lo había disfrutado de una manera muy especial, y también me contó lo que ella sintió a partir de lo que les chicos decían después de haber escuchado las narraciones. Todo eso te llena el alma y uno aprende tremendamente en cada uno de los encuentros”.

Cuando mira hacia atrás y ve el camino recorrido sus ojos se humedecen, Maribel se siente profundamente agradecida de toda la gente que de corazón la ayudó para a darle vida a los museos. “Mucha gente participó y es mucha la gente que todavía está y que me sigue llamando para saber cómo me siento, por eso quiero aprovechar para agradecerles esa amistad que han tenido conmigo y también por todos los momentos tan hermosos que hemos compartimos. Ahora cada uno debe asumir el compromiso de ayudar a que siga latiendo eso que entre todos construimos, de manera que los museos sigan vivos y sean el lugar de reencuentro de toda la comunidad”.

Propuestas laborales no le faltan, ya que desde Córdoba y también desde lugares tan distantes como Bolivia reclaman su presencia para que ayuden a crear más museos vivos. De todos modos, para el corto plazo Maribel ya tiene planes y nuevos sueños que la hacen apasionar. “Me gustaría armar el museo itinerante de la mujer con muestras mías a las que les dediqué muchísimo tiempo -mencionó-, porque en “Ellas al desnudo” trabajé 5 años, y 3 años en “Por una cartera pasa la vida”. Por eso creo que es un buen momento para rearmarlas y empezar a girar”.

“Siento que en este tiempo de meterme para adentro lo que hice fue una pausa que me permitió volver a mi esencia tras casi 9 años de andar corriendo de acá para allá. Ahora vuelvo a sentir que puedo elegir hacia dónde ir. Cuento con herramientas para salir adelante por medio de la narración, por medio de la museología, haciendo licores o lo que venga. No le tengo miedo a nada”, dijo por último sonriendo, pero esta vez con una mirada bien limpia y brillante, que anuncia que es tiempo de emprender nuevas aventuras.

Por sus venas corre la sangre de mujeres fuertes y luchadoras. Por eso, pase lo que le pase, Maribel nunca se detendrá. Ella siempre saldrá adelante con una hermosa y pintoresca sonrisa, porque es de las personas que tienen ángel y alma de artista, y quienes son así siempre serán protagonistas porque portan una cálida llama interna que está destinada a alumbrar, inspirar y potenciar todas aquellas cosas que le sumen a la vida instantes inolvidables.

Todos podemos ser Maribel. Todos podemos salir a jugar contando historias. Todos podemos, y también debemos, trabajar unidos y por causas nobles, manteniendo activa la memoria que acrecientan nuestras raíces. Con sus actos, ella inspira a ir por la vida haciendo foco en lo humano y en lo comunitario, porque sabe que ese es un enriquecedor camino que conduce hacia un mundo más cálido, fraterno y amigable, en donde desaparecen las banderas y se esfuman las fronteras, porque allí todos quedamos reunidos en un mismo gran corazón. Esta fue la historia de Maribel García, la creadora de momentos mágicos.

(Fotos: Tomás Pagano +  facebook de Maribel García)

Clickeando sobre la imagen se accede al sitio en facebook de Maribel.

En este video se puede ver la Fiesta de las Musas : )

 

Festejo del primer aniversario del Museo Hogar Municipal de Loma Negra.

 

Cuando Maribel anunció la nueva edición de los “Cincuenta que cuentan”

 

Clickeando sobre la imagen se acede ala web de Maribel.

Maribel García. (Fotos: Tomás Pagano)

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1 comentario

  1. mabel humberto

    Lei atentamente tu historia de vida xq uno se conoce x vivir en el mismo pueblo y sabe a que se dedican todos pero hay mucho que no sabia te felicito y siempre me acuerdo lo divertida que era tu abu Clelia

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