Omar, “El Dulcero de Colonia Hinojo”

 

Omar Schwindt, “El Dulcero de Colonia Hinojo”. (Fotos: Tomás Pagano)

Al igual que sucede con el famoso “Rosque”, hay vendedores ambulantes que vemos diariamente por la ciudad que nos llaman la atención. Sin embargo poco sabemos de sus historias de vida. Tal es el caso de un hombre de gran porte, cabello cano y ojos claros, que camina llevando dos pintorescas cajitas bicolores con manijas. ¿Quién es? Omar Schwindt, “El Dulcero de Colonia Hinojo”. Un descendiente de alemanes que si bien a simple vista parece muy serio, sólo bastan unos pocos minutos de charla para darse cuenta de que se trata de un ser muy entusiasta, lleno de vida y sensible, que disfruta haciendo reír y tiene alma de artista.

Hoy te vamos a presentar al hombre que de lunes a viernes, desde las 9 de la mañana hasta el mediodía, anda por Olavarría ofreciendo riquísimos dulces caseros, que a muchos sorprenden no sólo por sus exquisitos sabores, sino por la gran variedad de sus gustos, entre los que se destacan el dulce de zapallo y el de berenjena (que tiene un sabor similar al dulce de higo).

Tras acompañarlo durante una de sus tantas recorridas callejeras para sacarle fotos con sus clientes, fuimos hasta Colonia Hinojo para conocer a su familia y ver cómo elaboraban los dulces. Esta vez, contamos con la invaluable compañía del “Chino” Merlos, quien cuando se enteró a dónde iríamos no quiso perderse la historia y se sumó.

“Pasen, acá es todo casero” dijo Omar, quien minutos antes nos había mostrado “El Chino” de metal que soldó frente a la puerta de su casa para sostener el canasto de la basura, y al que decoró con unos llamativos anteojos verdes para darte un toque de humor.

“Les presento a mi señora, la copiloto de los dulces”, dijo sonriendo El Dulcero, mientras su esposa, María Alicia Steimbach, nos invitaba a sentarnos, y ponía sobre la mesa una gran variedad de riquísimos dulces para degustar, que fuimos acompañando por una sabrosa ronda de té de cedrón, cuya planta Omar se encargaba de mantener bien saludable.

Mientras nos fuimos ubicando en las sillas, se escuchaba que la radio estaba encendida. “Yo escucho Radio Las Flores, que en el dial está al lado de Radio Olavarría, porque siempre pasan linda música -dijo Omar-, además todos los miércoles, desde hace más de un año, salgo al aire por esa radio contando cuentos y después llaman de Pardo, de Benito Juárez y de todos lados para mandarme saludos. El programa va a las tres de la tarde y lo escuchan mucho los camioneros y la gente de campo. Algunos de los chistes que cuento son medios subidos de tono, pero no tanto, pero de todos modos se pueden hacer, como ese de la chica que se fue a confesar y dijo: `Padre hice el amor con el cura de la otra parroquia´. Y el cura la miró bien serio y le respondió: `¡Eso está muy mal, hija mía! Tú perteneces a esta parroquia´ ”. Todos nos reímos y Omar agregó: “Estaba celoso el cura”.

La broma relacionada con la Iglesia lo llevó a mencionar que de chico fue a un colegio de curas. “Aprendí incluso hasta algo de latín, y la verdad que yo hubiese sido un cura gauchito, pero cómo iba a hacer para echar a las mujeres”, dijo con tono pícaro mientras miraba a su señora. Y acotó: “Además de Radio Las Flores cada tanto escucho a Baby Etchecopar, que es medio loco pero dice verdades. Una vez nos sacamos una foto con él cuando vino al Teatro Municipal”.

No llevábamos ni cinco minutos en su casa y ya estaba más que claro que Omar era un hombre por demás alegre, que disfrutaba haciendo reír a los demás.

En relación a la manera en que llegó a transformarse en dulcero, Omar nos explicó: “Durante 21 años trabajé en FABI (Bolsas Industriales S.A., con sede en Hinojo) haciendo bolsas de papel, y cuando la empresa pasó a manos de los chilenos a muchos trabajadores nos echaron. Así que en el  año 92 me compré un chasis volcador y durante 8 años manejé un camión con el que hice miles de viajes, entre los que se destacan los que hice para ayudar a construir la pista del Autódromo. Así que las primeras vueltas a la pista las dimos nosotros con los volcadores viejos. Y de camionero pasé a dulcero”.

Como hizo un alto en su relato para calentar un poco más el té, le pedimos que nos diera más detalles sobre cómo decidió incursionar en el mundo de los dulces. “Con el camión estuve trabajando hasta el año 2000, en que se me rompió, y como esa era la época del corralito lo vendí con el motor roto. Así que después me puse a hacer changas de albañil, y como a mí me gusta tratar con la gente decidí ayudar a vender dulces, en frasco, a un grupo de señoras de la Colonia. Pero como las medias son sólo para los pies, le dije a mi señora de empezar nuestro propio emprendimiento, porque con la venta de los dulces para terceros no podíamos sobrevivir. Así que al principio comenzamos haciendo bolas de fraile, los días sábados, pero como nos daba mucho trabajo las suspendimos y decidimos realizar el emprendimiento familiar con los dulces”.

“Se me dio por la fabricación de dulces caseros porque mis abuelas lo hacían -indicó-, y fui recibiendo diferentes consejos, tales como que el dulce de zapallo queda más rico con calabaza, porque el zapallo de angola es muy duro. También me aconsejaron que hiciera el dulce de berenjena porque era muy rico. Luego, con la misma práctica, nos fuimos haciendo y también nos animamos a innovar dando nuestros toques bien particulares en las recetas, como los trocitos de manzana que le agregamos al dulce de berenjena para hacerlo muchísimo más rico. Hoy podemos garantizar que la calidad de nuestros productos no varía porque ya dimos con las recetas justas que permiten que quien vuelva a comprar nuestros dulces siempre sienta el mismo sabor y obtenga la misma calidad”.

“Hasta encontrar las fórmulas adecuadas para los diferentes dulces tuvimos que ir probando, de a poquito, distintas variantes -resaltó Omar-. Hace algunos años, por ejemplos, nuestras abuelas al dulce de zapallo le ponían un toque de vainilla, pero nosotros probamos con un toque de naranja y a la gente le gustó mucho más”.

“A muchos cuando escuchan decir `dulce de berenjena´ no les suena rico, sin embargo su sabor es muy parecido al dulce de higo. Una abuela me dijo que su nieto sólo quería dulce de higo, y como no me quedaban más me compró uno de berenjena y le quitó el cartelito. Cuando su nieto se lo comió y le comentó que estaba muy rico, ella le dijo: `Viste que vos decías que sólo comías dulce de higo, ese que tanto te gustó era de berenjena´. Y así pasa con muchas personas que cuando prueban los diferentes gustos, como el de zapallo, por ejemplo, se dan cuenta que son dulces tan ricos como los sabores de los más conocidos”, dijo Omar.

Como mientras le hacíamos la entrevista María Alicia nos había dado a probar varios de los riquísimos dulces que prepararan, nos interesó saber con qué cantidad y variedad de sabores contaban. “Hemos hecho hasta 14 clases de gustos diferentes. Si bien las producciones dependen de la época del año en la que estemos, los más clásicos son los dulces de tomate, manzana y zapallo, pero también hacemos de pera, naranja, ciruela, berenjena, higo, banana y damasco, por citarte algunos sabores. En algunos casos, por ejemplo, lo que hacemos es canjear la materia prima por los productos elaborados, por eso cuando la gente nos da higos y ciruelas, nosotros le damos cierta cantidad de potes a cambio”, comentó Omar.

La decisión de generar su propia producción de dulces en el año 2003 fue una elección acertada, sin embargo Omar recuerda que al principio no fue una tarea sencilla. “Con la venta empecé a repuntar cuando decidí ir a ofrecerlos a Olavarría, porque hay mucha más gente que en Colonia Hinojo. De todos modos, arrancar no fue algo fácil, porque cuando comencé a viajar a Olavarría para vender los dulces al principio me desanimaba, ya que caminaba mucho y las ventas no levantaban. Y no era dulces caros, pero la gente no me conocía. Incluso una de las veces me volví con 10 de los 12 potes que había llevado, porque hace 13 años la gente no estaba acostumbrada a que le tocara timbre un dulcero. Creo que debo haber sido el primero que salió a vender dulces caseros por las calles de Olavarría. De todos modos, en la medida en que la gente comenzó a conocer nuestros dulces, y nosotros fuimos perfeccionando las recetas, para producir siempre la misma calidad en los diferentes sabores, nos empezó a ir mucho mejor”.

Escucharlo hablar sobre la dureza de patear la calle para abrirse camino, nos llevó a preguntarle por la cantidad de cuadras que diariamente recorre. “Creo que debo caminar entre 70 y 90 cuadras. Al recorrido lo voy manejando en función de por dónde sienta ir, y también por los pedidos que ya tenga hechos. De todos modos, mi radio de movilidad se extiende de Trabajadores hasta Avellaneda, y de Ituzaingó hasta Urquiza. Yo les toco timbre y digo en voz alta `Soy El Dulcero´, para que la gente me identifique más fácil, y siempre me comporto de manera muy educada y con respeto. Incluso te digo más, para mí es un orgullo decirte que la gente me tiene mucha confianza, y ni bien me escuchan me abren la puerta”, destacó Omar.

Su esposa María Alicia era más de escuchar que de hablar, así que cuando preguntamos si en el negocio de los dulces habían comenzado juntos, Omar nuevamente hizo uso de la palabra: “Nosotros hacemos todo juntos, porque siempre lo hicimos así. Ya que si bien me casé a los 38 años, estamos juntos desde muy chicos. Cuando la conocí yo tenía 20 años y ella 15, así que todo lo hicimos siempre bien unidos, y los dulces no podían ser la excepción, porque si no hay compañerismo la cosa no va. Y hoy te puedo decir que en los 40 años que llevamos juntos nunca tuvimos un problema”.

“Jamás entre nosotros hubo un solo problema” acotó María Alicia. Oportunidad en que Omar no desaprovechó para despacharse con una broma: “Hay que reconocer que hubo mucha fuerza de voluntad de parte mía, porque yo las echo a todas las mujeres cuando se me acercan”.

Mencionar la edad en que se casó hizo que Omar también recordara un hecho risueño. “Yo lo cargaba a mi suegro, que tenía otros dos hijos varones, diciéndole que me demoraba en casar porque no le quería sacar la única nena de la casa. Antes en la Colonia todos tenías 15 ó 16 hijos. Yo me quedé con uno nomás, y le hice la contra a los abuelos. Nuestro hijo se llama Cristian tiene 26 años y es camionero, pero ahora no está porque se fue a pasear unos perros galgo”.

Como nuestra experiencia en materia de dulces sólo se limitaba al disfrute del dulce de leche y algún que otro dulce industrial, le pedimos a Omar que nos hablara sobre cómo se debían conservar sus productos. “Nosotros fabricamos artesanalmente productos bien naturales, que no tienen nada de conservantes químicos, por eso a nuestros dulces hay que guardarlos en la heladera y así duran varios meses. Una vez a una maestra, que dejó el pote de dulce abierto junto a la ventana que daba al Sol, se le fermentó, y por más que ella reconoció que el error había sido suyo, yo fui y le llevé otro pote, porque para mí es muy importante mantener y hacer nuevos clientes. Los únicos dulces que se pueden conservar sin estar en la heladera son el de membrillo y el de ciruela”, advirtió.

Si bien a Omar le encanta hablar de los dulces que fabrica junto a su esposa, había algo que se moría por contar: “Pocos clientes saben que El Dulcero hizo teatro durante más de 20 años. La primera obra en la que actué fue en el año 74 , cuando yo tenía 23 años y formé parte de un grupo vocacional llamado `Primavera´, que era dirigido por Ramón Diorio, de Hinojo. A nosotros nos maquillaba Marc Aurelio Cirigliano (reconocido fotógrafo, que también diagramó el primer logotipo del Foto Club Olavarría), para nosotros era un orgullo que él nos maquillara porque era de primera. Nosotros nos sentíamos artistas. Ibamos a actuar a Alvear, a Coronel Suárez… íbamos por todos lados, y yo siempre hacía el papel de cómico”, dijo Omar, quien recuerda sus épocas de actor con muchísima alegría y entusiasmo.

“Nosotros ensayábamos en el salón parroquial hasta la una de la mañana y actuando no ganábamos un peso, porque lo hacíamos siempre a beneficio de alguna institución, pero nos quedábamos con el recuerdo de la foto, los recortes del diario y el aplauso del público, que es un premio que no tiene precio”, mencionó Omar. Las crónicas de esa fechas de El Popular señalaban que “por medio del teatro vocacional se generaban momentos de magia, que servían tanto para el cuerpo como para el espíritu, y para que llueva alegría en el campo”.

“Incluso de grande, en Sierra Chica hacía de `Los Sultanes´ con el grupo `Luz de Luna´”, agregó El Dulcero, y se puso a corear: “Estoy saliendo con un chabón, ya más de un año, van casi dos…”. Todo un artista. Su esposa María Alicia nos miraba con una sonrisa cómplice, porque bien sabía que su marido era una caja de sorpresas para todo aquel que recién lo conocía. “No sabés lo que era. Me ponía unos lentes rosa y me sabía toda la letra. El Dulcero ha hecho de todo”, dijo feliz de recordar sus andanzas musicales, mientras nosotros no parábamos de reírnos.

Verlo con un espíritu tan jovial hizo que le preguntáramos la edad. “El 17 de septiembre cumplo 65 pirulos. No lo puedo creer, porque en el 2005, cuando tenía 54 años, justo para mi cumpleaños me `carnearon´. Yo no fumo, no tomo y no tengo colesterol, pero me hicieron tres bypass porque se me tapó una arteria, ya que heredé de mi vieja las arterias finas. Algunos heredan plata, yo heredé las arterias finas”, declaró con una gran sonrisa, y tomó un largo sorbo del rico té de cedrón que iba circulando por la mesa, de mano en mano, en un jarrón.

“A los dos meses de la operación ya andaba en bicicleta, y a los tres meses estaba vendiendo de nuevo los dulces y nunca tuve un dolor ni tomé calmantes. Desde ese día no paré más, y como de todo, morcilla, chorizos caseros, como lo que venga. Mirá el recuerdo que me quedó”, dijo levantándose la camisa para mostrar la cicatriz de la operación.

Omar no había terminado su frase y por lo bajo se escuchó la voz de su esposa que decía: “En realidad salió a vender de nuevo sin permiso del médico”. A lo que El Dulcero agregó: “Vivimos de esto y tenía que salir a vender. Además a mí siempre me gustó el trato con la gente, y para vender hay que ser un poco actor, y como ya te conté, a mí actuar siempre me gustó. Incluso una vez hice de Tita Merello”. Y ahí nomás cantó: “Se dice de miii… Se dice que soy fiera, que camino a lo malevo, que soy chueco y que me muevo con un aire compadrón”.

La risa general fue bien larga, porque Omar no sólo cantó, además detalló que “para personificar a Tita había usado una pollera negra, en donde como buen ruso se me veían las patas blancas, porque me puse las sandalias de una patona de Hinojo para subir al escenario, pero de todos modo me quedaba medio talón afuera”.

Alicia fue quien encausó nuevamente la conversación y nos contó sobre la manera en que trabajan para elaborar los dulces: “Los dos trabajamos bien parejo. Mientras él se va a la mañana para Olavarría a vender, yo me quedo en casa elaborando los dulces, porque las ollas están casi todo el día encendidas, y cada media hora hay que revolver los dulces. Generalmente a la tarde lavamos, pelamos, cortamos en trozos y luego picamos los diferentes productos con los que trabajamos para que hiervan parejo. Varios son los pasos que tenemos que hacer, porque una vez que están listos los dulces hay que envasarlos, etiquetarlos y guardarlos como corresponde para que se conserven bien, y también tenemos que mantener el lugar de trabajo bien limpio y ordenado porque eso también hace a la calidad de nuestros productos”.

“En casa las ollas hierven casi todo el año. Yo en veranos arranco a vender a las 8 de la mañana y en invierno a las 9, porque hace mucho frío. Ahora nos organizamos de forma tal que a los clientes les paso el teléfono fijo de mi casa (491611) y ella luego me llama al celular para avisarme si puedo pasar por determinado lugar. Si estoy cerca se lo llevo y si no lo agendo para el día siguiente, porque yo camino un promedio diario de tres horas y media o cuatro vendiendo dulces en Olavarría”.

Con respecto a su modalidad de venta, a diferencia de “Rosque” (que a viva voz proclama con orgullo sus roscas), el trabajo de Omar es más silencioso. “Hay mucha gente me ve caminando por Olavarría y no sabe qué llevo, porque no soy de ir gritando, lo mío es más bien ir casa por casa tocando timbre. Yo voy caminando con estas dos cajitas adaptadas para trasportar los dulces, que en Olavarría ya muchos las conocen de tanto verme pasar”, manifestó Omar.

“A nosotros muchos nos dicen `Los Rusos de la Colonia´, pero en mi caso soy descendiente de alemanes. Mi abuelo paterno nació en Alemania, pero luego se fue a vivir a Rusia, y a los 11 años se vino a la Argentina escapando, porque en Rusia los querían matar, tal como ahora les sucede a los refugiados Sirios, que huyen con lo puesto. De ahí que muchos inmigrantes sean alegres porque les ha tocado vivir cosas muy tristes y dolorosas. Yo, por mi parte, soy un tipo que trato de andar de buen humor todo el año, porque para amargarse la vida es muy corta”, reseñó Omar cuando le preguntamos por sus orígenes.

El Dulcero nunca se acuesta antes de la una de la mañana, y a las intensas jornadas de caminatas las compensa con largas sobremesas. También disfruta de tomar mate durante una hora y media, pasadas las cinco de la tarde, con facturas o masitas dulces. “Esas cosas para mí son sagradas. Yo soy muy goloso, por eso cuando tomo mate también me gusta comer merengues con dulce de leche y también disfruto de hacerme el café bien batido, y me preparo bastante, porque antes de echarle el agua caliente me como la mitad con una cuchara. También me gusta la yema de huevo batido con azúcar, que queda como si fuese una crema. Los viejos de antes a la yema la hacía cóctel, agregándole vino tinto, pero a mí me gusta sólo batida con azúcar, que queda más espesa”.

“Como verás, además de charlar, a mí me gustan las cosas dulces, la actuación y los chistes. Incluso a mí me han llamado y me han pagado para que participe de guitarreadas haciendo cuentos, de todos modo yo lo hago porque me gusta la diversión y pasarla bien”, destacó. Y también mencionó: “Además, gracias a Dios, vivo feliz sin tarjeta de crédito y sin hablar por celular, sólo lo tengo para que mi esposa me llame cuando estoy en Olavarría, pero yo ni lo uso”.

Como ya teníamos en claro qué cosas le gustaban, aprovechamos y le preguntamos si había algo que no fuese de su agrado. “A mí la verdad que nunca me gustó trabajar en la fábrica, y mucha gente se desanimó cuando la echaron. En mi caso, habiendo laburo y teniendo salud no le tengo miedo a nada, por eso también hice changas de peón de albañil. Hoy, así me pagaran muy bien, a la fábrica no regreso, porque vendiendo dulces por la calle gané en tranquilidad, no me manda nadie y puedo manejar mis horarios, y eso es calidad de vida”.

“Yo no soy un tipo ambicioso -remarcó-. Mientras que vendiendo dulces tenga para comer y vestirme con eso me basta. Una vez vino gente que me dijo que con mi señora nos dediquemos sólo a hacer los dulces, que nos compraban toda la producción para venderla en Buenos Aires e incluso nos pagaban la materia prima. `Vos quédate en tu casa calentito haciendo dulces y no te preocupes por nada´ me dijeron, pero yo les respondí: `Dejame así como estoy, que me siento feliz y tranquilo´, porque para hacer dulce en cantidad hay que poner más gente y yo no me quiero complicar a los sesenta y pico de años, porque a mí me gusta trabajar con mi señora y hacer hasta donde podemos. Además, si bien yo soy muy casero, también me gusta el contacto con la gente en la calle”.

“Mirá, para que tengas una idea cómo me siento vendiendo dulces, te cuento que en la época en que trabajaba en la fábrica cuando llegaba el domingo a la tarde medio que me deprimía, porque el lunes tenía que volver a trabajar. En cambio ahora, cuando llega el domingo me pongo contento porque el lunes voy a ir a visitar a mis clientes y de paso camino, que me hace muy bien. Eso sí, de tan acostumbrado que estoy de llevar los dulces, los otros días fui con mi señora a Olavarría para hacer un mandado y como no llevaba las cajitas sentía que me faltaba algo en las manos”, agregó.

“Me gustan mucho las frases y los refranes” nos había mencionado en un momento de la charla Omar, y eso quedó más que evidenciado cuando entramos a conocer su espacio destinado a la fabricación de los dulces, que estaba decorado por varias leyendas que decían: “A veces no contestar es una buena respuesta”, “Hay dos cosas importantes, el amor y el humor”, “Si educas al niño no castigarás al hombre”, “La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre”, “Lo más importante de la vida de uno es uno mismo”, y “Lloré porque no tenía zapatos, hasta que vi que alguien no tenía pies”.

“Yo no sé lo que es aburrirse, porque siempre tengo algo que hacer. Soy medio loco pero mi señora me quiere igual, porque somos muy compañeros. Y hablando de locos te voy a contar un cuento -mencionó Omar-. Dicen que en un manicomio varios locos habían decidido hacer un auto, así que uno de ellos le fue diciendo al resto qué partes del vehículo serían. `Vos sos las gomas, vos la bocina, vos el motor´, y así siguió enumerando cada una de las partes. Dicen que por ahí vieron a uno de los locos que andaba solo y a las puteadas, entonces un doctor le preguntó: `¿Qué le pasa a usted?´. Y el loco le respondió: `Aquellos se van a matar, entre todos se juntaron e hicieron un auto, y a mí me dejaron afuera y yo soy el freno´ “.

La estábamos pasando genial, pero ya se nos hacía tarde y teníamos que volver a Olavarría. De todos modos le preguntamos si había algún tipo de dulce que le faltara hacer. “El dulce que aún me falta hacer es el de cebolla. Cuando me preguntaron por qué no lo hacía pensé que me querían hacer una broma, sin embargo luego me encontré con dos mujeres que me dijeron que el dulce de cebolla no sólo que se puede hacer sino que además es rico. Pero más me sorprendí el día que hablando por radio con Baby Etchecopar me preguntó si nunca había probado con dulce de sangre. Yo pensé que me estaba cargando, y le dije que en la Colonia nuestra con la sangre lo único que hacíamos era la morcilla negra y la blanca, sin embargo luego llamaron tres oyentes, entre los cuales estaba una señora que dijo que en Italia su mamá hacía dulces utilizando sangre de chancho”.

Por último, no quisimos dar por finalizada la entrevista sin saber qué cosas sentía que para él eran importantes en la vida: “Para mí, la principal riqueza en la vida es la familia -subrayó Omar-, por eso, junto con mi hijo Cristian, los tres somos uno. Después también es importante vivir tranquilo, y si tenés la suerte de poder hacer un paseo lo hacés, como nos pasó a nosotros, que este año, después de 10 años de no ir a ningún lado pudimos ir a conocer las Cataratas”.

“Fue la primera vez que por una semana me olvidé de las ollas”, dijo María Alicia bien contenta.

Tanto Omar como su esposa fueron muy serviciales y nos atendieron como si fuésemos reyes. Encima, antes de partir, Omar dijo: “Digan cuál fue el dulce que más les gustó, que de corazón les vamos a regalar a cada uno un pote para que se lleven”.

¿Qué más podíamos pedir? Habíamos pasado una hermosa tarde escuchando bromas, sonriendo, tomando cedrón en jarro y probando riquísimos dulces. Así que nos despedimos, les sacamos una última foto bajo al cartel luminoso que tienen frente a la casa en donde viven y trabajan, y partimos con la maravillosa compañía del “Chino” Merlos, quien también estaba pleno por la jornada vivida.

Nos quedamos encantados con la imagen del espejo retrovisor del auto, en donde se los veía a Omar y a María Alicia muy felices saludándonos. A juzgar por sus rostros, lejos había quedado en el tiempo el triste recuerdo de cuando lo echaron de la fábrica y económicamente la pasaron muy mal. Por eso Está Bueno destacar que, a pesar de los momentos duros que les tocó vivir, ellos nunca se desanimaron ni bajaron los brazos. Confiaron en el Sagrado Corazón de Jesús y tiraron parejo para revertir la mala suerte.

Por eso ahora, tras más de una década de trabajo constante para mejorar cada día, se transformaron en maestros dulceros, cuyas exquisitas recetas repiten en todas sus fórmulas dos ingredientes claves: el amor por lo que hacen y el humor con el que impregnan los dulces.

Esta fue la hermosa historia de Omar, “El Dulcero de Colonia Hinojo”, un hombre trabajador, de nobles sentimientos y bella sonrisa, que opta por el buen humor y la vida sana en familia. Así que si lo ves pasar por la puerta de tu casa, tené presente que ama contar chistes, y además vende dulces tan sabrosos que seguramente le vas a querer volver a comprar, para degustar y regalar : )

Omar visitando clientes : )

Este es el relato fotográfico de todo lo que te fuimos contamos (al clickear sobre las imágenes se agrandan).

(Fotos: Tomás Pagano)

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5 comentarios

  1. graciela

    me emociona verlo y escuchar su relato, un grande Omar! siempre sonriente, es un verdadero ejemplo de trabajo, sacrificio y esfuerzo, ni hablar de los exquisitos dulces que ofrece! no puedo decirle que no! irresistibles!

  2. Hugo

    Dulces exquisitos!!!!!! Una familia de mucho trabajo. Felicitaciones. Muy buen artículo.

  3. omar castro

    realmente un ejemplo de vida! !!! Omar y Alicia son muy trabajadores! !!!!! felicitaciones! !!!!!

  4. julio

    grande omar, sos un grande y un ejemplo de vida,, al igual que alicia – los queremos mucho–tricia y julio de mardel-

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