“Papu”, la abuela que con ternura inspira

Hay abuelas que saben tejer. Otras que se dan muy buena maña para bordar, cuidar los nietos o cocinar. Pero… ¿qué podría hacer una abuela cuyo mayor talento es la escritura? Hoy te hablaremos de Nilda Edith Hoffmann Aitala, a quien todos conocen como “Papu”. Ella es una abuela olavarriense muy especial, que con ternura inspira, porque sintió que la mejor manera de crear fuertes lazos con los hijos de sus hijos era escribiéndoles hermosos y divertidos cuentos, que hacen volar la imaginación y dejan huellas luminosas en el alma. Te invitamos a descubrir su encantadora historia.

“¿Por qué no le hacen una nota a Papu? Ella escribió varios libros de cuentos y una de sus historias se transformó en la primera producción cinematográfica de dibujos animados que se hizo en Olavarría”. Con la sugerencia de Graciela Pagano como impulsora de nuestros nuevos pasos, fuimos en la búsqueda de la mujer que cuando estaba cursando su licenciatura en Letras fue alumna de quien luego fue coronado como el Papa Francisco (ver recuadro aparte). Y además, entre sus medallas personales, también cuenta con el honor de que uno de sus libros de poesías forme parte de la Biblioteca Pública de Nueva York.

Ni bien llegamos nos compartió un rico café, en bellísimas tazas antiguas de porcelana fina. Luego nos invitó a subir al segundo piso de su hermosa casa céntrica.

Uno de los cuartos, cuyas paredes estaban repletas de premios, anunciaba que ahí estaba su lugar en el mundo. “Todo esto es obra de las letras”, dijo Papu, muy feliz, cuando vio que nos quedábamos mirando atentamente cada uno de los cuadros.

“Estos son los pagos de Azulino”, agregó sonriendo. Y enseguida nos presentó también a Rosina, la segunda novia del personaje central de sus historias infantiles, sobre quien supimos que era “la mejor bailarina fantasma clásica”.

Mientras nos fuimos acomodando para charlar, nos llamó la atención ver en un rincón las simpáticas mochilas de los fantasmitas, para que los chicos puedan llevar su colección de libros de cuentos.

Si bien de chica le decían “Nildita”, nos comentó que todos la conocen como “Papu”. Sobrenombre que tuvo su origen en un pedido de su padre. “Si voy por la calle y me decís `Nilda´ lo más probable es que no me de vuelta. Todo se debe a que mi papá Guillermo quería que yo le diga `Papucho´, pero a mí sólo me salía `Papu´. Así fue como me quedó el sobrenombre por el que hoy me conocen”, destacó.

Estábamos al tanto de que era Licenciada en Letras, y que durante 10 años había trabajado como docente en el Colegio Nacional, pero antes de entrar de lleno en la historia de los cuentos para sus nietos, quisimos saber cómo fue que comenzó a escribir. “Todo nació por una cuestión muy fortuita. Fue debido a Maribel Aitala, que hacía un espectáculo de canto lírico, poesía y baile, que comencé a escribir de manera más constante. Un día ella me pidió que le escriba cinco poesías. Me insistió diciendo que había leído todos los escritos míos, que mi mamá Porota guardaba. Y como a Maribel la quiero tanto, no me pude negar. Así que le pedí los temas sobre los que tenía que hacer las poesías y esa misma tarde las hice y se las pasé por debajo de la puerta”.

“Una de mis poesías fue premiada -recordó-, y fueron mis dos hijos quienes decidieron publicar mis escritos en internet. Luego una mujer de Puerto Rico me propuso que escriba para su revista virtual, y eso me obligó a producir más. Hasta que un día Daniel Panarace me dijo: `Papu, juntá todas tus poesías y hacé un libro´, y le hice caso”. Así fue como nació “Las voces del espíritu” y también “Un lugar hallado”.

“A mí me gusta la poesía por la sonoridad de las palabras. Yo admiro a Rubén Darío, para mí él es el monumento al escritor -subrayó-. Hoy siento que la profesión no me la puedo sacar de encima. Cuando uno hace tanto estudio de las letras, pierde la ingenuidad del lector. Por eso yo soy muy exigente como lectora y también me exijo cuando escribo, porque siempre entre lo que vos sentís y escribís tiene que mediar la técnica literaria para que salga un producto perfecto. Por eso quise que los cuentos para mis nietos, además de que tuviesen un buen vocabulario y los entretengan, también contaran con una buena construcción”.

Ya que había mencionado los cuentos, le pedimos que nos compartiera cómo fue que surgió la idea de escribir para sus cuatro nietos. “Con mi primer nieto, que se llama Gerónimo, me recibí de abuela. Como en su momento no sabía tejer, bordar ni nada de lo que hacían las abuelas, yo me dije: `¿Qué hago, este chico así no me va a querer?´. Y como lo que realmente sabía hacer era escribir, decidí que lo mejor era hacerle un libro de cuentos (que se llamó `Cuentos para Gerónimo´). Lo gracioso es que luego vinieron más nietos, porque llegaron Eugenia, Alejandro y Lucía, así que también tuve que escribirle un libro a cada uno de ellos”, dijo sonriendo.

Sobre su escritorio, junto con los libros que escribió para sus nietos, también estaba el libro que tenían al fantasmita Azulino como protagonista, y como aún no teníamos muy en claro el contexto en el que había surgido Azulino, se lo preguntamos: “Azulino es en verdad `El fantasmita azul´, que forma parte del primer cuento del libro que le escribí a mi nieta Lucía. Pero después hice la continuación, que se llamó `Azulino rayas blancas´. Su título se debe a que Azulino nació de color azul, pero hizo un montón de peripecias para poder llegar a ser de color blanco. Luego se aburrió de ser así, porque ya no pudo tener más aventuras, y le pidió ayuda a una bruja para que lo volviese azul. Ella se equivocó al prepararle un puchero mágico, y Azulino quedó con rayas blancas. Y en sus nuevas aventuras conoció a Rosina, una fantasmita con la que decidió recorrer el mundo”.

“En el libro `Azulino rayas blancas´ tomo mucho de la mitología griega y romana como para introducir a los chicos un poco en la cultura. Por eso Orión, por ejemplo, lo convierte en caballero a Azulino. Eso sí fue pensado. Yo soy muy modernista para escribir, y en mis libros de poesía tuve una enorme influencia del modernismo, porque es lo que más me enloquece. Sin embargo, en esta publicación busqué ampliar la cultura, de manera que la historia despierte en los chicos la curiosidad y las ganas de indagar”, resaltó Papu.

Le hicimos más preguntas y en nuestro cuaderno de notas apuntamos: “Azulino es el personaje del cuento `El fantasmita azul´, que Papu escribió en el libro “Ñasaindy”, dedicado a su nieta Lucía, y ése fue el cuento que dio origen al cortometraje que se estrenó en abril del 2010 en la pantalla del Teatro Municipal. Luego, en el 2011, Papu creó “Azulino rayas blancas”, y también escribió una tercera parte que aún no se publicó.

Enterarnos de que la tercera parte de Azulino aún no fue editada nos llamó la atención, y quisimos saber a qué se debía. “Con los libros de Azulino venía todo bien. Sin embargo la tercera parte aún no la pude editar porque tuve un inconveniente. En ese nuevo libro, Azulino y Rosina envejecieron y se fueron a descansa y a escribir frente a una chimenea, hasta que llegó otro de los personajes de mis cuentos, que es una pajarita haragana, y los llevó a vivir a una estrella, para que desde allá irradiaran luz a todos los fantasmitas que había en la Tierra”, explicó.

“Cuando les leí la historia a mis nietos Alejandro y Eugenia, sentí que Alejandro estaba muy inquieto sobre mi falda. Y Eugenia, que en ese momento tendría 4 años, permaneció todo el tiempo mirando hacia abajo. Cuando terminé de leerles, ella alzó su cara y vi en sus ojos una catarata de lágrimas: `¡No tenés derecho, los mataste!´, me dijo con gran desconsuelo. Yo hice todo lo posible para que me entendiera que sólo los había mandado a vivir a una estrella, pero ella se sintió tan mal que durante una semana no me dio bolilla. Así que lo que hice fue llamar al editor y pedirle que no publicara la tercera parte de la historia”, mencionó.

“Hace un tiempo a Eugenia se lo volví a leer, y como ya tiene 13 años me dijo que no era para tanto. Así que pronto, muy posiblemente, publicaré el cuento, en donde al igual que en el resto de las historias he puesto mi corazón y mi alma, y ahí terminaré el ciclo infantil”, destacó.

Ya han pasado algunos años desde que Papu les escribió los cuentos, sin embargo el vínculo emocional con sus creaciones sigue intacto. “Mis nietos aman las historias que les escribí, y al fantasmita ni te cuento, ya que Azulino es como un ser vivo que se convirtió en un integrante más de nuestra familia -mencionó-. Además, en la película, la voz del fantasmita es la de mi nieto Gerónimo, y la de su mamá es la voz de Eugenia, quien al momento de grabar aún no había comenzado la escuela primaria y por lo tanto no sabía leer. Así que siguió las instrucciones que le daba el director, y todo salió realmente bárbaro”.

Gracias a Papu se hizo la primera producción cinematográfica olavarriense de dibujos animados. Así que le pedimos que nos contara cómo se fueron dando los hechos. “Yo descubrí los dibujitos animados por Gerónimo, y siempre pensé que sería lindo que uno de mis cuentos fuese llevado al cine, pero me parecía algo difícil. Sin embargo, cuando nació Lucía, que es la última de mis nietas, escribí  `El fantasmita azul´ pensando en llegar a hacerlo un dibujo animado, pero eso era más que nada una expresión de deseo”, relató Papu.

“Por ese entonces conocí a Eduardo López y a Eliana Leira, quienes justo estaban haciendo la película sobre el único habitante de Cerro Sotuyo, que vivía al borde de la cantera y no se quería ir. Ellos fueron a visitar nuestro campo, porque ahí está el centro geográfico de la provincia de Buenos Aires, y querían filmar el mojón. Ahí fue cuando me mostraron el trabajo que estaban haciendo, y realmente me encantó, porque sentí que hacían poesía con la cámara, y también me pareció espectacular el manejo de la sutileza del lenguaje que empleaban en las imágenes”, recordó.

“Tiempo después, cuando cobré una herencia de la casa de mi abuela, los llamé y así fue como hicimos la película `El Fantasmita azul´. Lo único que en su momento les transmití era que yo había llegado lejos con la ternura de los cuentos, y que por eso quería que trataran de que esa ternura continuara en la película, porque ahí radicaba la gracia del cuento. Y realmente la esencia no sólo la respetaron, también la resaltaron”, enfatizó.

“El trabajo de la dibujante Vázquez Wood  fue genial por cómo interpretó la historia. Ella le dio la forma a Azulino e incluso fue la creadora de las mochilas -destacó-. Me gustó tanto lo que hizo que cuando hice la segunda parte del cuento,  la llamé para que ella haga las ilustraciones”.

Al escucharla hablar sobre sus cuentos y la película, y sentir cómo esos recuerdos la hacían tan feliz, le dijimos que hiciera un breve balance sobre lo vivido y lo aprendido. “Con Azulino he recorrido muchos caminos, no sólo en Argentina, sino también en países vecinos, porque yo edito con Abrace, una editorial uruguayo-brasilera, y pertenezco a un grupo de 160 escritores, de todo el mundo, que nos reunimos una vez al año en Montevideo”.

“La primera asombrado por lo que generó Azulino soy yo. Nunca pensé que iba a llegar tan lejos, porque lo mismo que les sucede a los chicos en Olavarría al leer los cuentos también le pasa a los chicos en el extranjero, porque la ternura no reconoce fronteras, es universal. Además de los jardines de infantes locales, a la película y los cuentos también los adoptaron los jardines del sur de Brasil, Uruguay, y las historias también fueron leídas en Praga y en Italia”, indicó.

Además, por si todo ese fuese poco, “El fantasmita azul” también fue traducido al portugués y al vasco. Sobre este último punto, Papu, dijo: “Una amiga mía tiene un negocio de belleza y de pelucas para personas que han tenido cáncer, en la ciudad de Guipúzcoa (territorio histórico de la comunidad autónoma del País Vasco), y le envié el cuento por una cuestión de amistad. Ella lo tenía en la sala de espera, y la historia prendió tanto que me mandó a pedir más libros, y luego un amigo de ella hizo toda la traducción al idioma vasco”.

“Para mí todas esas fueron cosas mágicas, porque nunca me hubiese imaginado que Azulino iba a trascender tanto. Gracias a Azulino aprendí que la ternura llega y conmueve. Además la ternura se necesita, la gente está hambrienta de ternura, ya que todos tienen una coraza como para defenderse en la vida, pero en el fondo todos sucumben ante la ternura. Y todos mis cuentos tienen mucha ternura, por eso los chicos se conmueven y se apoderan del personaje”, expresó.

Tras destacar que muy probablemente pronto subirá la película a Youtube, porque su anhelo más grande es que la puedan ver todos los chicos, con respecto a los valores que transmite el cortometraje Papu manifestó: “La película de Azulino tiene muchos valores humanos, porque el personaje es un muy buen amigo, lucha por lograr lo que quiere, acepta los desafíos y es realmente íntegro”.

Hablaba tan apasionadamente sobre el fantasmita que le preguntamos si de alguna manera ella se sentía reflejada en Azulino: “Yo creo que sí, que mi esencia se ve reflejada ahí, pero no es porque uno lo haga a propósito sino que es algo que simplemente sale solo, al igual que mi espíritu docente”.

Cómo justo vimos pasar a su marido y también al ingresar a su casa nos habíamos cruzado con uno de sus hijos, le pedimos a Papu que nos brindara más datos personales y que también nos contara qué sentía que había aprendido en su camino de vida, como para que todos los lectores puedan conocerla un poco más: “Yo tengo pasión por las letras, y la misma pasión que tengo por las letras la tengo por la pintura y por el arte en general, con la diferencia que no puedo pintar de la misma manera que escribo. Pero la pintura me enloquece tanto como las letras. Durante 10 años trabajé como docente en el Colegio nacional, y llevo 44 años de casada con Osvaldo Antonio Iriarte. A nuestros hijos les decimos Peludo (se llama Osvaldo Antonio, como su padre) y Picuco (Bernardo Guillermo), y tanto mi marido como mis hijos siempre me apoyaron para que escriba”.

“Yo tuve una infancia muy creativa, por eso hoy me duele ver que los chicos ya casi no leen, porque de esa manera se pierden todo. Leyendo no estás nunca solo, siempre hay algún personaje que te acompaña o alguna historia que se puede hacer carne en uno. Además, gracias a la lectura, no conocés el tedio ni el aburrimiento. Yo fui una lectora voraz desde muy chiquita. Ese hábito me lo inculcó mi mamá. Recuerdo que a mí me encantaban las leyendas porque hacían volar mi imaginación”, recordó.

“Con respecto a mi esposo puedo decirte que nos complementamos muy bien, porque yo soy impulsiva, todo borbotón, y mi marido es el equilibrio y la reflexión. Yo soy como una nube, vivo volando, y él tiene los pies bien plantados y es mi cable a tierra -mencionó-. Y en la vida aprendí a perseverar por sobre todas las cosas. Yo soy una gran luchadora y también optimista por naturaleza. Siento que la lucha saca lo mejor de mí. Además me gusta ponerme a prueba, porque mis padres me inculcaron el espíritu de superación”.

Por último, Papu dijo: “Mis nietos son divinos, muy bueno chicos e increíblemente tiernos. Ellos se han criado con mucho cariño, y cuando uno se cría rodeado de cariño todo se hace más fácil. Yo tuve una abuela excepcional, que se llamó Dominga. Todos los días me acuerdo de ella, y todos los días trato de ser como ella porque fue un ejemplo maravilloso a seguir, porque me transmitió todos los valores humanos que te puedas imaginar e incluso hasta la forma de cocinar. Fue una abuela que nos marcó a todos los nietos. Todos las recordamos igual. Nos dejó huellas lindas. Ojalá yo sea un cuarto de lo que era ella”.

Le agradecimos por su tiempo, por los cuentos y la copia de la película que nos regaló, y nos fuimos presurosas a sumergirnos en sus historias, de manera que pudiésemos tener más información y sensaciones para escribir esta nota.

Sentimos que cada una de las creaciones infantiles, que con tanto amor dedicó a sus nietos, cuenta con un hermoso torrente de ternura que internamente abraza e invita a fantasear ingeniosamente. En sus cuentos para Gerónimo, por ejemplo, con ayuda del duende verde del laúd (que es tierno, bueno y toca “dulcísimas canciones de cuna”) Papu imagina la nube de azúcar con “ojos de transparencia humilde” y capaz de brindar “abrazos de miel”. También lleva a que la magia del angelito Simoncito invite a las notas musicales, que fueron de visita a tomar el té, a que hagan una canción para que al llegar al “colorín colorado” una hermosa sinfonía haya sonado.

Además, en su cuento “Canto de fe”, deja que las pinceladas de su vuelo poético acaricien el alma de su primer nieto: “Tengo tu nombre entre mis manos tibias. Es armonía, goce, suavidad, ternura. Destello de luz que eclipsa la monotonía de una tarde mágica”. Y mediante “el autito de juguete” invita a que la imaginación de Gerónimo se conecte con los duendes y los gnomos que conducen al país del “había una vez…”, en donde todo se llena de sol.

Así, sin proponérselo, con cada uno de los bellísimos cuentos que les escribió muy amorosamente a todos sus nietos, Papu se transformó en una abuela muy especial; porque en líneas generales buena parte de las abuelas sí sabe tejer o se da maña para bordar, cuidarlos o cocinar. Pero ¿cuántas son las que le escriben tiernos libros de cuentos?

Por eso, sentimos que “los cuentos para niños desde el amor de una abuela” hacen de Papu una nana por demás particular, cuyas historias perdurarán por siempre en los corazones de sus cuatro nietos.

Con el correr de los años, seguramente GerónimoEugenia, Alejandro y Lucía luego les contarán esas mismas historias a sus propios hijos y nietos. De ese modo, el cálido y protector halo de Papu los cobijará por siempre, tal como si fuese una suave y abrigada manta que trasciende los límites del tiempo. Y la dulce melodía de sus brillantes letras les dibujará una enorme sonrisa, en lo profundo del alma, cada vez que ellos decidan volver a sumergirse en la mágica ternura de sus atrapantes cuentos.

Si alguna abuela de las que leyó esta historia no sabe escribir, tejer, ni bordar, eso no será motivo para llorar o desesperarse, porque por más que no todas se destaquen por alguna habilidad en particular, todas las abuelas siempre tienen un hermoso corazón radiante que, incluso desde el silencio, sirve de luz y guía.

Gracias Papu por animarte a plasmar tu encantador sentir en los moldes de las letras, y también por inspirar a que todas las abuelas del mundo busquen, del modo que mejor les resuene, diferentes maneras de crear lazos de amor para que los hijos de sus hijos siempre tengan presente que Está Bueno abrir el corazón para dar paso a lo más puro de nuestra esencia : )

P.D.: Acá te dejamos algunas fotos que reflejan parte del mundo de Papu : )

(Fotos: Tomás Pagano + Facebook de Papu)

P.D.1: Dedicado a su esposo “Nino” : )

P.D.2: Bonus track : )

“Peludo” Iriarte fue quien le confirmó, a su mamá Papu, que el libro efectivamente estaba la Biblioteca Pública de Nueva York.

¿Acaso pensaste que nos habíamos olvidado de contarte lo que al principio de la entrevista te mencionamos sobre la Biblioteca Pública de New York? Para nada. Sólo quisimos darle el destacado espacio que se merece. Así nos contó Papu cómo fue que su primer libro, titulado “Las voces del espíritu”, llegó hasta la biblioteca de la ciudad de los rascacielos más famosa del mundo:

“Hace 17 años, uno de los integrantes de la Editorial Dunken, como le gustaban mucho mis poesías, me dijo que enviaría un ejemplar a la Biblioteca Pública de New York y otro a la Biblioteca de la Universidad de Texas. Así que, aprovechando que en febrero de este año mi hijo `Peludo´ viajaba a Estados Unidos, le pedí que se acordara de pasar por la biblioteca para ver si efectivamente mi libro estaba ahí”, recordó.

“A llegar le dijeron que se tenía que hacerse socio, porque de lo contrario no podían facilitarle ningún libro para consultas. Mi hijo le respondió que no tenía problemas -destacó-, pero como tenía que dejar asentada su dirección, y él estaba parando en un hotel, decidió contarle a la mujer que lo atendió que en realidad lo que quería era ver si estaba el libro de su mamá. Así que la bibliotecaria le puso en su ficha el domicilio de ella, y tras hacerlo socio le trajo el ejemplar”.

En la medida en que recordaba, los ojos de Papu empezaron a brillar: “Ni bien se lo alcanzaron lo primero que pensó fue que ése no era mi libro, pero la mujer le explicó que las cubiertas de color verde que tenía eran para protegerlo. Mis nietos no lo podían creer, así que se pusieron a leerlo. Lo gracioso fue que mi hijo les dijo: `Pero pedazo de papanatas, no lo leyeron en lo de Papu y ahora lo vienen a leer acá´ “.

“Mientras estaba en la biblioteca mi hijo me envió un mensaje vía WhatsApp, en donde me puso: `Te felicito. Te lo merecías. Abrí  Facebook´. Lo hice y me encontré con todas las fotos que habían sacado. Ver que mi libro estaba en la Biblioteca Pública de New York fue una emoción increíble. Y a eso se le sumó los posteriores comentarios de mis familiares, amigos y de casi todos los chicos que fueron mis alumnos, quienes realmente con sus palabras me hicieron llorar, porque fue muy emocionante todo lo que me escribieron”, resaltó.

Aún falta ir a chequear a la Biblioteca de la Universidad de Texas, así que Papu tiene ahora una muy buena excusa como para ir preparando las valijas : )   

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