“Para mí la fotografía es vida”

No existen las recetas mágicas para gozar la vida, sin embargo hay personas que, a su modo, sí encuentran la manera de que los instantes de alegría y disfrute sean tantos que al mirar hacia atrás, y contemplar el camino recorrido, se sienten plenas. Hoy te vamos a presentar a Miguel Angel Martín, un olavarriense amiguero, muy familiar y sensible, que descubrió el mundo de la fotografía sin proponérselo, y tras 50 años consagrados a su profesión confiesa: “Soy un tipo que hizo lo que quiso, vivió como quiso y verdaderamente he disfrutado de la vida, por eso puedo decir que soy un hombre feliz”. Te invitamos a descubrirlo.

“Para mí la fotografía es vida”, con esa frase Miguel Angel sintetiza parte de la clave que le permite mantenerse jovial, activo, contento y con muchísimas ganas de seguir deleitándose con todas las cosas buenas que sembró. Nada hace suponer que tenga 70 años. También sorprende enterarse de que es padre de 11 hijos (6 mujeres y 5 varones), y que tiene 32 nietos y 6 bisnietos.

Fuimos a visitarlo hasta su hogar, en donde nos recibió en compañía de Mabel Alicia De La Vega, su esposa. La mujer a la que ama, la que lo acompaña para todos lados y de la que se siente muy orgulloso por llevar 50 años de casados (cifra a la que habría que sumarle los 6 meses que anduvieron de novios). Ellos son de los primero habitantes que se radicaron en el barrio CECO, allá por mayo del 76, donde llevan cuatro décadas viviendo siempre en la misma casa.

Mate de por medio, nos pusimos a charlar. Queríamos conocer más en profundidad al ser humano que se abrió camino en la vida llevando siempre una cámara al hombro, la cual también le sirvió de excusa para hacer una de las cosas que más le apasiona: estar en permanente contacto con la gente y aprender de todos los que se cruzan en su camino.

“Nací el 4 de abril de 1946, a las diez y veinte de la mañana, en el Hospital Coronel Olavarría, y me crié en Rivadavia y Hornos, en donde funcionaba la Sociedad Rural. En ese lugar mi mamá, María Angélica Acosta, trabajaba haciendo el servicio de limpieza. Como cuando mi mamá nació mi abuela murió, ella fue de las primeras 10 ó 12 chicas que estuvieron pupilas en el Hogar San José. Nosotros teníamos una pieza, una cocina grande y un escusado a `todo trapo´, porque tenía dos cortinas hechas con bolsas de arpillera” dijo sonriendo. Y agregó: “En mi casa tampoco nunca faltó la pileta, pero de lavar la ropa, y contábamos con calefacción central, porque en el medio de la habitación teníamos un brasero para calentarnos”.

Así, con mucho humor y una sonrisa gigante que le iluminaba el rostro, Miguel Angel comenzó contándonos que tuvo una infancia humilde, pero muy marcada por fuertes valores humanos que le fueron inculcados desde bien chico. “Mi vieja era una mujer muy laburadora, transparente y muy recta en su proceder, por eso nosotros aprendimos a ser de esa manera. Yo fui a la Escuela 17 y tuve de compañeros, entre otros, al Panza Farías. Por ese entonces Olavarría era una ciudad muy tranquila. Sólo contaba con el Cine París y el Municipal, y estaba también el diario La Democracia. En esa época la población no superaba los 40.000 habitantes, y nosotros nos pasábamos los veranos en el balneario del arroyo, y nadábamos desde el Club Estudiantes hasta La Isla. Recuerdo que ir al Balneario Municipal era todo un acontecimiento social, porque iban muchísimas familias, y en el medio del arroyo había una plataforma, con un trampolín, la cual representaba un triunfo para todo el que lograba llegar hasta ahí cuando recién se daban las primeras brazadas en el agua”, rememoró.

Cincuenta años dedicados enteramente a la fotografía le permiten lucir un largo pergamino de muy ricas vivencias en el ámbito del deporte, la política, el rock, los eventos sociales e incluso el mundo de la moda. Su trayectoria es tan amplia que sus miles y miles de fotos van del blanco y negro, en papel, hasta la fotografía digital en colores. “En este trabajo un poco de suerte tenés que tener, pero te tiene que sorprender trabajando. Así es como uno puede aprovecharla para capturar momento memorables”, destacó.

Más allá de sus logros profesionales, que a lo largo de estos años se vieron reflejado en revistas como Corsa, en el diario Perfil, La Razón, El Popular, El Eco de Tandil, Eco Diarios de Necochea, Nueva Era de Tandil, La Voz del Pueblo de Tres Arroyos o distintos espacios vinculados al automovilismo, como Bandera a Cuadros o su sitio Tiempo de Motores Web, el gran premio que a Miguel Angel le dejó el intenso fruto de su trabajo son los amigos.

“A mí me gusta mucho disfrutar de mis amigos. Por eso me encanta decir: `esta noche venite a comer unas pizzas con cerveza´, y ponerme recordar anécdotas, como lo hicimos el otro día con el Negro Pey o con la peña de los fotógrafos. Disfruto de cosas así, porque esos momentos son muy importantes para mí, ya que están cargados de felicidad”, sostuvo.

“Tener amigos en serio, amigos de los buenos, es algo impagable” dijo, y en ese sentido remarcó: “Yo tuve un accidente con uno de mis hijos y que uno de mis amigos, como el gordo Garasi, que era tesorero del Banco Provincia, me diese una chequera toda firmada para que la use es algo que me emociona recordarlo. Lo mismo que Mario Lázaro, que era Diputado Nacional por el radicalismo, quien sabiendo que yo era peronista vino y me dio una gran mano. Eso es también es una señal de haberse portado bien en la vida”.

A los 12 años Miguel Angel fue canillita del diario El Popular y a su vez repartidor. “Vendía 200 diarios y además tenía un reparto de 100 de suscripciones, todos lectores que vivían sobre la calle Vicente López. Por ese entonces no soñaba con sacar fotos, porque para mí la fotografía fue un accidente. Yo me recibí de Técnico Instalador Tablerista en la Escuela de Artes y Oficio, a los 20 años me tocó estar tres meses en el servicio militar, y cuando salí mi hermano me presentó al Chino Merlos. Así fue como en mayo de 1967, cuando ya tenía 21 años, me mandó a sacar fotos de un cumpleaños porque él no podía ir. Las fotos salieron bien y entonces dije: `Soy fotógrafo´, era una mentira grande como esta casa”, dijo sonriendo.

“En esa época había muy pocos fotógrafos en Olavarría -indicó-, estaba Amarante, Giangreco, Messineo y los Merlos. Durante todo el 67 saqué fotos y mi primer gran evento fue en diciembre de ese año cuando se hizo un Festival de Tango en Olavarría, en donde, por la noche, ni bien terminábamos de sacar las fotos había que hacer las copias en papel para que antes de las 5 de la mañana estuviesen listas para que todos los medios las viniesen a retirar”.

“Después de ese evento compré mi primera cámara de fotos y me fui a trabajar de manera independiente, haciendo fotos en el Balneario Municipal. Luego pasé a hacer fotos sociales hasta el año 69, que empecé con las fotos deportivas de distintas disciplinas, porque en ese entonces nadie las hacía. Eso me permitió trabajar para el diario Tribuna, para la revista El Sideral. Al diario El Popular entré a trabajar en el 76, medio del cual ahora soy un asiduo colaborador”, explicó.

Si bien Miguel Angel comenzó con las fotos sociales y luego hizo todo tipo de cobertura en distintas disciplinas del deporte, su carrera fotográfica dio un giro en el año 76. “Ese año dejé de hacer la cobertura de todos los deportes para dedicarme, exclusivamente, al automovilismo, donde ya llevo 41 años sacando fotos. Me focalicé en la Promocional 1100 y Monomarca 1100, pero también cubro la Fórmula A, el Karting, tanto en la versión de tierra como Karting del Sudeste, y también las cuatro Mayores que son Mar y Sierra A, Mar y Sierra B, TC del 40 y Minicross”.

“En la medida en que fui sacando fotos me di cuenta que hacerlo realmente me gustaba porque disfrutaba de atrapar momentos y también porque era una actividad que me permitía ver y conocer mucha gente, y también ponerme a conversar”, sostuvo. 

“Siempre me gustaron las grandes aventuras y ponerme a charlar con la gente durante horas en el cordón de la vereda, recuerdo charlas con `El Negro´ Puertas, Miguel Galgano, con Roberto Bo. También tengo fresco el recuerdo de haberme ido en su momento a la discoteca Cemento cuando recién comenzaban a tocar Los Redonditos de Ricota o haber visto a La Cofradía de la Flor Solar, cuando recién comenzaba la aventura hippie. También siempre me gustó mucho la música, por eso, entre otras cosas, fotografié todo el comienzo de la movida del rock”.

Ese hábito de entablar vínculos por medio de palabra hizo que en su vasta carrera fotográfica viviese momentos inolvidables: “La fotografía me abrió muchas puertas. Haberme pasado horas charlando con Juan Manuel Fangio es algo impagable, lo mismo que con Torcuato Emilozzi, por ejemplo. Muchas fueron las charlas que, mate o vino de por medio, me permitieron conocer a gente como el gran artista plástico Manuel de Oliveira, que fue el tipo que me enseñó composición. También recuerdo charlas con la cantante brasileña María Creuza y con muchos otros artistas que en mi época de trabajo en Pinamar fueron cercanos a Roberto Giordano. En esa época también conocí, entre otros, al fotógrafo José Luis Cabezas, a quien luego asesinaron. Todo ese contacto con gente que tenía mucho mundo me permitió enriquecerme como persona, porque de todos siempre aprendí algo”, reflexionó.

Aprovechamos que sus recuerdos lo llevaron al plano de las valoraciones y le preguntamos qué cosas sentía que son importantes en la vida: “Para mí es importante tener principios, valores humanos, y estar siempre abierto para charlar con todo el mundo, y poder hablar de la misma forma tanto con el barrendero como con el presidente de la Nación, porque en definitiva todos somos seres humanos y nos merecemos el mismo respeto. En la vida no es importante tener plata sino principios, porque sin principios no se puede avanzar en la vida con la frente alta. Yo soy de los que aún siguen creyendo en el valor de la palabra dada. Reconozco que soy de hablar poco con mis hijos, pero les transmito lo que para mí es importante por medio de los hechos”.

“Yo estuve trabajando como fotógrafo en Pinamar cuando el consumo de droga era muy alto, y nunca fumé ni consumí drogas, ni nada de eso, por más que estaba con gente que consumía y me movía en contextos en donde ver sobre la mesa un kilo de blanca (cocaína) era algo común. Esa línea de conducta la tengo gracias a los valores que me inculcaron mis viejos”, dijo con orgullo.

Además de los amigos, su familia también ocupa un lugar clave dentro de las cosas importantes de su vida: “Para mí la familia es importantísimo -enfatizó-, y por más en mi familia éramos pocos, porque yo tenía sólo dos hermanos, y otro por parte de mi madre, a mí siempre me gustó llegar a tener una familia grande. Quizá eso de deba al recuerdo de mis primeros años de infancia, cuando mi abuela, que era de Cacharí, nos juntaba a todos para disfrutar de un gran encuentro en familia. A mí me gusta la mesa grande, donde todos nos podamos sentar a pasar buenos momentos”.

Teniendo una familia tan numerosa, compuesta por 11 hijos (el mayor de 48 años y el menor de 28), 32 nietos y 6 bisnietos, le preguntamos cuál era la fórmula para llevarse bien con todos: “Lo importante es aprender a aceptar a todos tal como son, y no querer cambiarlos. Yo tengo yernos que son de una forma y nueras que son de otra manera, y a todos los acepto tal como son y los trato de igual forma, sin hacer distinciones de ninguna clase”, comentó.

Si bien a lo largo de todo estos años gatilló infinidad de veces, en su memoria hay fotografías como la que salió en la tapa del Suplemento Pulso, de El Popular, durante la inundación del 80, en donde, contrariamente a lo que se podría suponer, en la foto no se observa la presencia de agua, sino a ocho personas caminando, de distintas generaciones, cuyos rostros reflejan la profunda pena y el dolor que sentían al tener que abandonar sus casas. “En la inundación del 80 (cuando él empezó a firmar todas sus fotos como `Miguelangel´) en algunas partes el agua llegó  hasta los cuatro metros de altura. Yo fui el fotógrafo que más documentó lo que sucedió durante la inundación. Las únicas fotos aéreas que hubo fueron las mías, y las tomé desde un helicóptero de Obras Sanitarias de la Nación. Es un hecho que fotográficamente siempre tengo muy presente porque representó la emoción de estar documentando un momento histórico”, destacó.

En su baúl de los recuerdos también están otros momentos que para Miguel Angel fueron memorables y “no tienen punto de comparación con otras emociones que se puedan vivir”, como “trabajar adentro de La Bombonera, haber fotografiado TC en La Barrosa, que tiene un marco alucinante, o en el Autódromo de Buenos Aires, todas esas son experiencias que atesoro, como también el hecho de haber estado en Casa de Gobierno y en la Cámara de Diputados. Además tuve la posibilidad de estar en la Fragata Sarmiento y reflejar el momento en que Alberto Lestelle se retiró, y también hice en el 83 el afiche de Menem”.

“Desde el año 67 en adelante viví de la fotografía. Hoy todo lo que tengo lo construí con la máquina de sacar fotos al hombro, porque sólo me dediqué a sacar fotos -sostuvo-. Y si bien casi siempre hice automovilismo, durante la década del 80 también trabajé en Pinamar durante varias temporadas como fotógrafo de Roberto Giordano, era la época de modelos como Anamá Ferreira y Raquel Satragno. Y tuve el privilegio de ser el primero que le hizo un book  de fotos a Daniela Cardone. Por ese entonces, en noviembre, ni bien terminaba la temporada de automovilismo me iba a la Pinamar y ahí trabajada durante todo el verano”.

Durante la década del 90 Miguel Angel cubrió durante 10 temporadas las carreras del TC, así que se la pasó viajando y eso también le permitió forjar vínculos con los fotógrafos más reconocidos del país. Ese peregrinar también le permitió sacar fotos en La Bombonera, durante un clásico de River y Boca. “También me di el lujo de fotografiar a jugadores como Mario Boyé, Severino Varela, Walter Gómez y a Amadeo Carrizo, a quien le saqué fotos el día que Abel Alves jugó su primer partido en Boca”.

Con cinco décadas de trabajo ininterrumpido, Miguel Angel es de los pocos fotógrafos olavarrienses que pasó por todos los procesos que experimentó la fotografía. A tal punto que hoy, a sus 70 años, puede decir con orgullo que no sólo se adaptó a la era digital, sino que también que es capaz de editar sus fotos utilizando el Photoshop. “Ahora todo es más sencillo. Nosotros, en la época en donde las cámaras no eran tan modernas, estábamos obligados a tener un ojo agilizado como para saber qué era lo que estábamos sacando. Por eso ni bien gatillo yo ya sé lo que saqué, porque la imagen la defino en el momento de la toma, de ahí que no hago como la mayoría de los fotógrafos jóvenes que enseguida consultan en el visor de la cámara para ver si lo que sacaron está bien”.

A la hora de saber qué cosas le gustaría que cambien, Miguel Angel dijo: “Me gustaría vivir en una sociedad mucho más solidaria, en donde los valores humanos vuelvan a resurgir, porque yo en los años 70 laburé entre las villas de emergencia de Buenos Aires y hasta los ladrones tenía principios y cierto valores, ahora te matan por cualquier cosa e incluso le roban al vecino, cuando a lo mejor ese fue el que de chico le dio de comer”.

Como siempre es importante agradecer, no quiso perder la oportunidad y mencionó: “Mi padre fotográfico es el Chino Merlo, él me inició en esta hermosa profesión y siempre le voy a estar agradecido. También le estoy agradecido a todos y cada uno de los que me han dado una mano y a los que han compartido charlas que me han enriquecido. También le agradezco a Trompo Ducuing, que en su momento me ayudó a entrar en El Popular; al gordo Prestipino y a Cacho Ribalta, por los 21 años compartidos en Rugir de Motores… En fin, mucha es la gente a la que tendría que agradecer, pero en especial quiero destacar a mi esposa Mabel, porque con ella siempre salimos a pelearla, hombro a hombro, todos los días”.

“Yo soy un convencido de que en la vida nada viene por generación espontánea, para mí siempre todo sucede por una cadena de cosas” sostuvo. Y por último, con respecto a cómo siente su presente y cómo le gustaría ser recordado, explicó: “Para mí en la vida está bueno tener diálogo y aprender a disfrutar momento a momento. ¿De qué sirve tener dinero y poder si mirás a tu alrededor y el precio que pagaste para llegar ahí es estar solo? Yo duermo tranquilo, y eso es algo que no tiene precio. Hoy disfruto de mi familia, los amigos, y no me canso de decir que lo más importante en la vida es compartir. Son un tipo que hizo siempre lo que quiso, vivió como quiso y verdaderamente he disfrutado de la vida, por eso puedo decir que soy un hombre feliz. Mi gran anhelo no es ser recordado por mi trabajo sino por ser un buen tipo, por eso el día que me toque partir me gustaría tener un velorio como el de Alberto Aníbal Merlos (Beto), donde todos contábamos anécdotas y los recordamos como lo que fue, un muy buen tipo. No pido más que eso, llegar al final de mi historia siendo un buen tipo”, subrayó por último.

A menos de un metro de distancia, apoyada sobre un escritorio, su esposa Mabel lo escuchaba y lo miraba en silencio, con muchísimo amor, y se secaba las lágrimas, porque los 50 años que llevan juntos es una prueba más que suficiente como para dar fiel testimonio de que ese anhelo de Miguel Angel para ella es hoy una hermosa realidad, bien sentida y palpable.

“En todas las ciudades a las que vamos tenemos amigos que nos invitan a comer y nos reciben con los brazos abiertos”, dijo Mabel. Y acto seguido Miguel Angel agregó: “Ella es mi jefa de comercialización. De Mabel valoro todo. Yo sin ella no viajo, porque ella es mi eje. Ella es la que me da la fuerza para arrancar y seguir adelante”.

“Para mí lo más importante es la foto que va a venir -agregó a modo de cierre-, por eso nunca estoy pensando en jubilarme de esta actividad porque disfruto lo que hago. Yo hago lo que me gusta, vivo de lo que me gusta y disfruto de lo que me gusta, que es la fotografía. A cada carrera que voy es una fiesta, porque me encuentro amigos, charlo, comparto muy buenos momentos y a su vez vivo de eso. Para mí la fotografía es vida”.

Nos hubiésemos quedo charlando muchísimo tiempo más, porque tiene un sinfín de historias junto a reconocidos artistas, músico, políticos y deportistas de las más variadas disciplinas, sin embargo para nosotros la tarea estaba cumplida. Nuestro propósito al ir a visitar a Miguel Angel Martín fue mostrarte parte de su esencia, esa que se trasluce en el entrañable amor que siente por su esposa Mabel, en el cuidado de sus 11 hijos, en el disfrute del tiempo con sus amigos, en la pasión que le imprime a la fotografía y en una vida enraizada en los valores humanos. Por todo esto que te mencionamos, para quienes hacemos Está Bueno su gran anhelo de ser recordado como un buen tipo ya se hizo realidad : )

(Fotos: Tomás Pagano + Miguelangel)

P.D.: Este video muestra parte del contexto en el que creció Miguel Angel.

Clickeando sobre la imagen se accede al sitio Tiempo de Motores Web, de Miguel Angel.P.D.1: Estas son alguna de las 200 imágenes que Miguel Angel sacó durante la inundación del 80 en Olavarría.

 

 

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1 comentario

  1. Carlos

    Lo conozco de mucho tiempo pero jamas supe de esta linda y rica historia de Miguel y Mabel, vale la pena la valoración de su persona y su digno trabajo.

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