Pompei lado “B”

Juan Pablo junto a su perro “Morgan”. Lo bautizó así porque su actor favorito es Morgan Freeman. (Fotos: Tomás Pagano)

Miles y miles de fanáticos lo podrán insultar. Otros miles y miles de hinchas lo podrán aplaudir. Sin embargo, cuántos de todos los futboleros se preguntan qué siente ese hombre cuyos fallos desatan polémicas, enardecen corazones y liberan las pasiones más profundas y viscerales de un país que respira fútbol. Hoy, en Está Bueno, te presentamos el lado “B” del árbitro olavarriense Juan Pablo Pompei. Centraremos nuestro enfoque en su costado más humano, ese que pocos ven y casi nadie tiene en cuenta cuando lo único que importa es el resultado.

Juan Pablo tiene 47 años. Le hubiese encantado ser traumatólogo, pero como no le podían bancar la carrera se recibió de profesor de Educación Física, profesión que también le gustaba. Quizá pocos lo sepan, pero ya pasó los 400 partidos como árbitro en la máxima categoría del fútbol argentino, donde debutó hace 17 años. Aunque si suma todos los partidos de las diferentes categorías en las que arbitró, la cifra asciende a casi 1.000 partidos.

Es el único olavarriense que además fue árbitro internacional. Su papá Omar Eduardo y su hermano José María también fueron árbitros que dejaron una gran impronta en el fútbol local, pero nunca lo condicionaron para que se ponga a dirigir. Hoy su familia es la máxima prioridad, y destaca que tiene amigos de fierro. Se reconoce “más elástico” desde que recibió un golpe muy duro en el mejor momento de su vida profesional y familiar. Sin embargo se siente feliz, con muchas ganas de seguir disfrutando del arbitraje, y no tiene problemas en mostrar fu faceta más sensible al hablar de sus afectos.

Juan Pablo quiere que sus hijos Valentín (de 16 años) y María Cielo (18) sean libres para elegir lo que los lleve a ser felices, y cuida de que nada manche su apellido, pues considera que es el mayor capital que un padre les puede dejar a sus hijos: “No importa que la gente el día de mañana pueda decirles que fui un mal árbitro, lo que realmente importa es que les digan que fui un buen tipo”, destacó. Te presentamos a Juan Pablo, el olavarriense más insultado, quien también estuvo a punto de ser maquinista del ferrocarril para cumplir con el sueño de su padre.

Fuimos hasta su casa, y mate de por medio en el living nos pusimos a charlar: “Papá nunca me acompañó a la cancha. Jamás. Nunca salió de él decirme `quiero ir con vos a la cancha´, y conociendo su temperamento medio como que yo tampoco quería que vaya porque en la tribuna se iba a agarrar a trompadas con cualquiera”.

“El viejo ni siquiera fue conmigo a la cancha cuando dirigí finales acá en Olavarría -agregó-, creo que fue una sola vez en mi primer final del fútbol de inferiores, pero después nunca más fue. Él tampoco fue un gran crítico mío. Yo siempre religiosamente lo llamaba luego de la finalización de cada partido, y capaz que había sido un desastre como había dirigido, pero él siempre me decía que había estado todo bien. Mi hermano José María, en cambio, fue bastante a la cancha a verme, pero tampoco era muy crítico con mi labor, él era más de aconsejarme sobre otro tipo de cosas, y como nuestros estilos para dirigir eran diferentes, era partidario de respetar mi impronta”.

“Con mis hermanos (José María, Liliana y Cristina) siempre hablamos de que nuestros viejos fueron dos tipos de avanzada -dijo en relación a sus padres-. Imaginate que a mí me tuvieron cuando ellos tenían 43 años, y me hablaban de sexo, por ejemplo, con la misma naturalidad con que hoy lo hacemos nosotros. Pese a contar sólo con el primario, los dos fueron personas súper cultas y además nos dieron una total libertad. Nuestros viejos fueron bárbaros, y eso es lo que trato de inculcarle a mis hijos y al grupo más cercano a uno”.

De esta manera, Juan Pablo comenzaba a mostrarnos parte de su mundo. “Muchos creen que hubo un mandato familiar, sin embargo ni mis viejos ni me hermano me condicionaron para que sea árbitro, al contrario. En realidad si tuviese que buscar un responsable sería Adolfo Gamondi, quien siempre fue como un hermano para mi papá. Yo empecé de muy chiquito a jugar al fútbol en Ferro, jugaba de arquero. Adolfo me decía `Jeringuita´, y un día, cuando yo iba a quinto grado y estaba jugando en la octava, me pidió que me quedara a dirigir el entrenamiento de los chiquitos de la décima. Luego eso que comenzó como un pasatiempo pasó a transformarse en algo más formal, así que además de entrenar en mi categoría, dos veces por semana hacía de referí en los entrenamientos, y a los 11 años pasé a dirigir todos los amistosos de Ferro. Para mis viejos era una tranquilidad porque yo me la pasaba en el club”.

“Cuando comencé el secundario, lo del arbitraje se paró porque dejé de ir al club. De todos modos, luego estuve como ayudante de Miguel Gamondi en la preparación de los arqueros. Recién volví a retomar lo del arbitraje cuando estaba en segundo año del Profesorado de Educación Física, y debuté en agosto del ’89, en un partido de la Campaña, en categoría juveniles, en donde se enfrentaron Muñoz y Santa Luisa. Ese fue mi primer partido oficial y desde ahí en adelante no dejé más de dirigir”, explicó Juan Pablo.

Siguiendo con el relato sobre cómo fueron sus comienzos en el arbitraje dijo: “Cuando empecé, los árbitros del interior no podíamos dirigir en Buenos Aires. Recién en el año ’90 la AFA habilitó los cursos nacionales. Mi hermano José María, que ya era árbitro, no lo quiso hacer porque tenía los hijos muy chicos y trabajaba en una empresa, así que en el ’94 me decidí por hacerlo con la intención de llegar a dirigir en Buenos Aires tras dos años de estudio”.

“Me acuerdo muy bien que mi debut en Buenos Aires fue como juez de línea, fue en al año ’96, en la cancha de San Lorenzo, en donde bajo la dirección técnica del Bambino, San Lorenzo de Almagro enfrentó a Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Recuerdo bien esa fecha en que debuté porque cuando finalicé el partido la noticia más saliente fue que esa misma tarde había finalizado el motín de Sierra Chica, que tuvo como protagonistas a los 12 apóstoles”.

“Así fue como arranqué. Hice tres o cuatro partidos como juez de línea y a fines del ’96 debuté como árbitro del Nacional B, en Bahía Blanca, en el partido en que se enfrentaron Olimpo y Aldosivi. Fue un debut muy tranquilo”, recordó.

A la hora de señalar lo más lindo y lo más duro de ser árbitro, Juan Pablo dijo: “Lo más lindo de arbitrar es que me permitió conocer países y lugares a los cuales tal vez nunca me hubiese planteado ir a conocer. Todos los lugares que conocí como árbitro internacional me gustaron porque me permitieron conocer diferentes culturas y modos de vida, y eso es muy enriquecedor. Y en lo que se refiere a lo más duro, creo que es el post partido de un encuentro polémico”.

“El post partido no me resulta duro por lo que puedan llegar a decir de mí los analistas de fútbol, sino por mi familia -destacó-, en el sentido de lo expuesto que quedan mis hijos al día siguiente, ya que a donde van reciben comentarios sobre mi actuación”.

“Uno ya eligió esta profesión y sabe que las críticas forman parte del folclore del fútbol. Es algo que está adherido a tu elección como medio de vida, por eso a mí la crítica del periodismo nunca me molestó, lo que sí me ha molestado es la mala intención y la descalificación gratuita”, subrayó.

“Si bien aunque después de mucho tiempo cuando nos encontramos nos pusimos a charlar y nos reíamos, a mí lo que más me pegó fue cuando en el 2006 ó 2007, tras un partido muy polémico que tuve cuando dirigí San Lorenzo y Arsenal, en donde supuestamente perjudiqué a San Lorenzo porque al equipo contrario le dimos dos goles en orsai, Tinelli abrió su programa conmigo, haciendo alusión a ese partido en el horario central. Recuerdo que mis hijos eran chiquitos y estaban re mal por esa situación” recordó Juan Pablo.

“Yo sabía que Tinelli algo iba a decir, porque prácticamente ese partido había sido un tema casi nacional, ya que había sido muy polémico. Nosotros estábamos mirando el partido en casa y Tinelli estuvo hablando todo el programa sobre cómo habíamos dirigido. Ese día realmente sí estuve muy mal”, precisó.

Pero el tema no quedó ahí. “Hará tres o cuatro años, cuando yo estaba en el vestuario de San Lorenzo, vino Tinelli y yo estaba con mi hijo Valentín, así que después de las fotos le dije: `Mirá, a Valentín y María Cielo un día vos los hiciste llorar´. Y cuando le conté el por qué, le pidió perdón y le dijo que entendieran que a veces `uno no se da cuenta de la trascendencia de lo que se dice´. Y al poco tiempo apareció con su bebé y me dijo: `Conocé a mi hijo, así como yo conocí al tuyo´”.

Mencionar a sus hijos Valentín y María Cielo, también lo llevó a un momento emotivo de su vida, al recordar a Bruno, el hijo que falleció en el año ’92, cuando sólo contaba con cuatro días: “Por Bruno, que fue el hijo más chiquito al que no pude salvar, hubiese dejado todo, al igual que lo hubiese hecho por mis otros dos hijos. No pude salvarlo porque la vida no me dejó, él hoy tendría 12 años, y esa fue mi gran frustración. Tras su muerte pasamos dos años que no sabíamos qué hacer ni qué decir, y eso te marca, porque no sabíamos cuál había sido la causa de su muerte, y fue todo tan rápido que ni siquiera llegamos a sacarle una foto”.

“A partir de lo de Bruno cambié mucho -confesó-, comencé a ser más elástico. Justo eso sucedió casi en el mejor momento de mi vida, porque en ese entonces era árbitro internacional, había terminado mi casa, María Cielo y Valentín ya estaban crecidos, y Bruno iba a ser el que nos iba a acompañar en esta etapa en donde yo ya estaría próximo a mi jubilación. El embarazo fue brillante, sin embargo nació en agosto del 2004, tuvo una convulsión ni bien nació y a los cuatro días falleció. Nos hicimos todo tipo de estudios y un genetista en Buenos Aires nos dijo `así es la vida´. Y esas son cosas que te marcan porque no podés hacer nada para evitarlas”.

“Hoy disfruto del hecho de estar en mi casa, de mis hijos, de mis amigos, de los compañeros en la Dirección de Deportes, de lo que es Olavarría, porque yo soy un enamorado de esta ciudad. También disfruto pasar la vida junto a un grupo de viejos extraordinarios que conforman la `Peña de los Caminantes de las 13´, donde entre otros está Savi, Mayorano, Bouciguez, Pavone, mi hermano José María y el Gringo Mangieri. Son todos unos fenómenos, ellos hace 17 años que se juntan a caminar a la una de la tarde en Parque Norte. También formó parte de ese grupo el querido Cuchillo Sánchez, que era un fenómeno de persona”, mencionó.

“Hay veces que por ahí estoy diez días sin ir a verlos, pero siempre me hago un espacio para ir a charlar y estar con ellos. Nuestra relación con la `Peña de los Caminantes de las 13´ empezó luego que pasó lo de Bruno, porque nosotros estábamos muy mal, y con mi esposa Natalia salíamos a caminar por Parque Norte, y ellos nos daban aliento todos los días. Cada tarde que los cruzábamos nos decían `Vamos, vamos, vamos. vamos…´ para darnos fuerzas. Los sentí tan buena gente que le dije a mi hermano Juan Pablo: `Vos tenés que ir a esa peña´. Y hoy él es el ídolo de la peña, y el que hace las ensaladas. Le pusimos de sobrenombre `El General´, porque hay que comer a la hora que él dice. Hoy somos un grupo de más de 20 personas de todas las edades, porque con los años se fue sumando más gente, y muchos nos envidian porque a pesar de que somos un montón nunca nos peleamos ni por cuestiones de política ni de fútbol”, dijo Pompei.

A medida que Juan Pablo nos contaba sus vivencias, así como su manera de pensar, sentir y proceder, el lado “B” (o lo que es lo mismo decir el lado “Bueno”) iba quedando de manifiesto.

“En una oportunidad tuve un traspié económico y junté peso sobre peso para saldar la deuda que tenía, y gracias a Dios tuvimos unos amigos y una familia de fierro que nunca nos dejaron solos. De hecho cuatro amigos me dijeron: `Tomá la plata, andá y pagá, y nos la devolvés como puedas´. Y en 15 días cumplí con todos para que mis hijos pudieran andar por la calle tranquilos, porque lo único que les puedo dejar es un apellido que les abra puertas como me sucedía a mí cada vez que decía que era hijo de Pompei. Eso para mí es sagrado”, indicó.

Hablar sobre sus hijos y el duro momento que les tocó vivir lo hicieron emocionarse nuevamente, por eso con los ojos vidriosos Juan Pablo también remarcó: “Además de poder dejarles un apellido que los haga sentir orgullosos de cómo fuimos como personas, para nosotros también es importante que ellos sean auténticos y elijan con total libertad lo que quieran hacer de sus vidas, porque lo que está en juego es la felicidad de ellos, no la nuestra”.

“Estas mismas cosas también me las dijo mi viejo, que hoy ya tiene 91 años. Y la verdad, por la clase de amigos que tengo y por los reconocimientos que me hacen creo que he sembrado eso, porque hoy puedo charlar con todos por la calle de la misma manera que si no hubiese sido árbitro, ya que lo importante es ser una buena persona”.

Mientras charlábamos, llegó de dar clases en el jardín de infantes su esposa Natalia Scheinsohn, quien se ofreció a renovarnos la yerba del mate, y ese bache en la conversación hizo que nuevamente habláramos sobre lo futbolístico: “A mi carrera siempre la viví muy naturalmente, porque yo sabía que iba a terminar siendo árbitro, porque era algo que me gustaba, ya que cada vez que iba a mirar un partido de fútbol prestaba mucha atención a lo que hacía el árbitro”.

“Recuerdo que cuando yo estaba terminado el secundario, mis hermanos me pidieron que me anotara en el ferrocarril para maquinista, porque mi papá estaba pasando por un duro momento de una enfermedad, tenía el mal de Hodgkin, y no se sabía que iba a pasar con su vida. Y ese era su sueño, que yo sea maquinista. Yo les aclaré a mis hermanos que si bien me anotaría, quería estudiar Educación Física. Y el mismo día que empezaba Educación Física llegó una nota diciendo que podía entrar como empleado del ferrocarril, para hacer el curso de maquinista. Pero como para ese entonces papá ya había zafado de su enfermedad, le dije: `Mirá papá, perdóname pero yo no voy a ser maquinista´. Me papá lo entendió lo más bien. A mí me gustaba viajar con mi papá en la máquina, pero no sentía ser maquinista”, explicó Juan Pablo.

“Como árbitro he podido disfrutar de mi trabajo, y siento que voy a dejar de dirigir el día en que un martes no esté ansioso por ver qué equipo me tocará dirigir, lo mismo el día que me cueste armar el bolso para viajar”, puntualizó.

“He llegado a dirigir hasta 7 partidos en un mes. En total, contabilizados por Fabián Casanella, estoy a 7 partidos del partido 400 en primera, y me parece que junto con Sergio Pezzota somos los árbitros que en la actualidad tenemos más partidos dirigiendo en primera. Si a esa cifra le sumo el Nacional B, los partidos internacionales de Copa Libertadores y eliminatorias, el Argentino A, B y C, en total debo estar cerca de los 1.000 partidos. Y acá estamos… Nunca dí mal una prueba física. Hace poco nos tomaron la primera prueba física del año y fue muy dura, porque hacía como 40 grados de térmica en Buenos Aires, y me tocó darla con chicos de 26 y 27 años. Algunos por el cansancio tuvieron que dejar, y luego vinieron los profesores a felicitarme por cómo rendí la prueba teniendo 47 años”.

Pese a lo que uno podría imaginar en relación a la pasión que despierta el fútbol, Juan Pablo confiesa que no siente presión alguna al transitar las calles porteñas. “Si bien el post partido es duro por el grado de exposición, te puedo decir que en los 17 años que llevo dirigiendo en primera debo haber tenido sólo tres personas que me han dicho algún comentario del estilo `cómo nos robaste´, pero jamás alguien me quiso agredir estando en la calle como consecuencia de un arbitraje. De hecho, cuando vamos a algún lado de vacaciones a la playa, la gente me pide de sacarse fotos y se pone a charlar”.

28Sobre lo que implica la televisación en directo de los partidos, Pompei mencionó: “Si bien yo empecé a dirigir con la exposición de la televisión, hoy se vive otra época y la exposición mediática también cambió. Por eso siempre les cuento a mis amigos que mi papá era muy amigo del papá del árbitro, Patricio Lousteau, y un día en que Juan Carlos dirigía fuimos a ver a Boca e Independiente, él entró caminando a la cancha entre la gente y no lo conoció nadie, y yo hoy para entrar a un estadio tengo que entrar con el móvil de la policía, para respetar el protocolo de seguridad de AFA. Si el partido termina tranquilo podés salir caminando entre la gente, y no pasa nada, pero de lo contrario no podés ni asomarte”.

Hablar sobre fútbol lleva, inevitablemente, a tocar temas como los incentivos y los mitos que hay en torno a esta actividad deportiva que mueve millones y millones de pesos: “Siempre estuvo el gran mito de que Julio Grondona nos llamaba para presionarnos, sin embargo doy fe que, al menos conmigo eso nunca sucedió. De hecho sólo lo vi en el ’95 cuando vino a Olavarría a inaugurar La Casa del Deporte y otra vez en la puerta de AFA, y la última vez que lo vi fue en el cajón. Son mitos que han creado. Lo mismo que cuando dicen que nos llaman por teléfono y nos dicen `este año tiene que salir campeón Boca´, por ejemplo. Eso no existe”.

“Con respecto al tema de los incentivos no te puedo decir lo mismo porque sé que ha habido incentivos, y a mí me ha tocado vivir una situación que en su momento la denuncié en el más absoluto de los secretos. En ese momento me llamó una persona de Olavarría, muy respetada, que ya falleció, y me dijo que pusiera la cifra de ceros que yo quisiera para que ganara un equipo que no era de Olavarría. Mi respuesta fue: `Fuiste por mal camino, buscaste a la persona equivocada, y acá se terminó todo´. Así que llamé a AFA, expliqué la situación. Luego me llamaron los dirigentes de ese club, que estaba jugando el Nacional B, diciendo que no podían creer lo que había pasado. Del episodio se enteraron sólo mi esposa, mi hermano José María y la persona de AFA a la cual llamé, que me dijo que `contaba con la plena confianza de toda la AFA para dirigir ese partido´ ”, indicó Juan Pablo.

Nunca se me cruzó por la cabeza aceptar un soborno. Tal como soy yo, sé que si lo hiciera no podría dirigir nunca más, y tampoco podría mirar a mis hijos a la cara. En mi realidad no hay cifra que valga, porque, para mí, mis hijos son lo más importante y no me gustaría que sufrieran. Yo quiero que ellos puedan andar por la calle con la frente alta igual que como ando yo por ser hijo de Omar Pompei y de Blanca Fernández”, remarcó.

Siendo el fútbol un negocio millonario, también nos interesó saber cuál es la relación salarial del árbitro en función del negocio en el que están inmersos. “Desde hace unos seis años estamos ganando muy bien, aunque podríamos ganar mejor como árbitros, porque en el contexto de lo que es el fútbol somos los que menos cobramos. De todos modos, independientemente de lo que cobres, el que quiere corromperse se corrompe igual. Hoy por hoy, para que tengas una referencia, un jugador del Nacional B, de primer nivel, que juegue en los equipos de punta, cobra más que un árbitro internacional”, precisó.

Ser el centro de las miradas, las presiones y los insultos de decenas de miles de hinchas que se agolpan en una cancha para dar rienda suelta al fanatismo no es para cualquiera, por eso le preguntamos a Juan Pablo cuáles fueron los partidos más calientes que vivió: “Yo dirigí el clásico de Rosario, entre Central y Newell’s, frente a 65.000 hinchas de los dos equipos, ya que recién ahora se está jugando sin público visitante. Ese fue mi primer clásico, que para mí después del Boca-River debe ser el clásico más grande que hay. Fue como mi bautismo de fuego”.

“Hoy, que ya ha pasado tanto tiempo desde que comencé a dirigir, si me dieran a elegir dentro del ámbito internacional, a nivel clubes a mí me gustaría dirigir Barcelona-Bayer Munich, y a nivel selecciones, Alemania-Brasil”, mencionó.

En lo que respecta al súper clásico del fútbol argentino entre Boca y River, que es el partido que todo árbitro quiere llegar a dirigir, Pompei dijo: “Para ese clásico 181antiguamente el Colegio de Arbitros seleccionaba a los cuatro o cinco árbitros que estuviesen pasando por el mejor momento del torneo y luego se sorteaba por medio de un bolillero, pero los cinco sorteo en los que estuve para dirigir un Boca-River los perdí. Así que nunca dirigí un Boca-River como árbitro oficial, pero sí me tocó estar como cuarto árbitro”.

“El clásico de Rosario lo dirigí tres veces, también dirigí el clásico de Tucumán y dos veces el clásico de Córdoba, así que desde lo que tiene que ver con lo más convocante del fútbol sólo me falta dirigir un Boca-River e Independiente-Racing”, manifestó.

Juan Pablo sabe que aún tiene chances de dirigir esos partidos, porque todavía le quedan dos años de carrera, dado que hasta los 49 años puede seguir dirigiendo. “Si bien ahora se está analizando cómo se puede hacer desde el punto de vista previsional para que exista una jubilación, por ahora no existe el hecho de jubilarse como árbitro. Por eso una vez que llegás a la edad límite te retirás. Generalmente hay un premio y algunos pueden seguir trabajando en AFA, en lo relacionado con la formación de árbitros o en la parte administrativa”.

“Todavía los estatutos de AFA, que son de la época de su fundación, contemplan que los árbitros tienen que tener un trabajo aparte -agregó-, pero hoy por hoy somos muy pocos lo que podemos tener un trabajo particular, que no sea más que en la órbita del estado o como autónomo. En mi caso trabajo en la municipalidad, en la Dirección de Deportes. Comencé en el ’92, me retiré durante el tiempo en que estuve como árbitro internacional y después volví en el 2010”.

“Mis posibilidades de dirigir un mundial estuvieron en el 2006 y el 2010 pero tenía dos monstruos adelante, como eran Elizondo y Baldassi, ahora ya no puedo por una cuestión de edad. También me hubiese gustado participar de los juegos olímpicos. De todos modos no puedo quejarme de la carrera que hice, ya que a nivel local ningún árbitro tuvo mi grado de trascendencia. Walter Velaz llegó a ser juez de línea internacional y yo árbitro internacional, y el otro árbitro que llegó a dirigir en primera división fue Daniel Guidoni, que lo hizo durante tres años, pero árbitro internacional de Olavarría soy el único”, destacó.

Mientras conversábamos no podíamos dejar de mirar la gran colección de camisetas que tiene en el living de su casa, y caímos en la cuenta de que, si bien es común ver que los jugadores se intercambien p3las camisetas con los rivales, nunca aparecen los árbitros intercambiándolas. Por eso nos interesó preguntárselo. “Generalmente, antes de empezar el partido, los cinco clubes más grandes te traen como gentileza una camiseta para cada uno de los árbitros. Después vos si querés tener alguna camiseta de algún jugador en especial se la pedís, sobre todo para cumplir con los pedidos de la familia y los amigos. De todos modos hay veces que no podés cumplir porque todo depende cómo haya salido el resultado, ya que si un equipo pierde 3 a 0, y vos cobraste dos penales, ni en sueños se piden las camisetas”, dijo sonriendo.

Mirando en dirección a la nutrida colección de remeras de fútbol que tiene en su casa, Pompei agregó: “Algunas de las camisetas que pido son para mí, como por ejemplo el primer partido que jugó oficialmente Matías Abelairas en primera, cuando debutó con el Cholo Simeone y arbitré yo. En ese partido él hizo un gol así que le dije `Matías, no sé si esto se va a volver a repetir´ y luego me la mandó. No tengo la de Luquitas Hanson, pero de la mayoría de los jugadores sí tengo sus camisetas, y algunas pertenecen a jugadores emblemáticos como Beto Acosta. Hoy la última camiseta que tengo es la de Lucas Alario, y si me preguntás por la más valiosa o la de mayor renombre te tengo que decir que 78es la de Neymar, que la tengo de cuando dirigimos la final de la Copa Libertadores. En ese caso yo no se la pedí, nos la trajo el Club Santos firmada por Neymar”.

“Creo que hoy son más las camisetas de jugadores que he regalado que las que tengo. De las remeras mías que utilizo para dirigir no tengo ninguna, las regalé todas. Sólo guardé la que nos hicieron una vez para el Día de la Madre y nada más. El día que me retire sólo me voy a quedar como recuerdo con el silbato y las tarjetas, pero nada más”, expresó.

Además de las camisetas, Pompei también tiene una gran colección de pelotas de fútbol. “Creo que tengo una de cada campeonato, porque AFA todos los años cambia la pelota. También tengo pelotas que para mí han sido significativas, como el primer clásico de Rosario que dirigí, el primer clásico de Córdoba, mi primer partido fuera del país, etc.. De todos modos trato de no acumular muchas cosas porque de lo contrario necesitás un lugar especial en donde guardar todo”.

“Lo que los clubes van entregando antes de cada partido fue variando con la situación económica. River en una época, por intermedio de su gente de relaciones públicas, te entregaba antes de cada partido la camiseta con el libro de los 100 años, más un pin y una lapicera. Ahora te entrega la camiseta sola. Independiente, por ejemplo, en una época te mandaba un vino Cutini. Pero un club que siempre sorprendió, y que creo que fue el que empezó con esa moda, fue el Deportivo Español. Durante la época de su famoso presidente Ríos Seoane, estando en el torneo Nacional B te mandaba la camiseta del club, más un whisky Johnnie Walker y una caja de bombones importados. Así quedó después el club” dijo sonriendo Juan Pablo.

Siendo todos los partidos televisados, y habiendo tantos programas deportivos en donde se analiza al detalle cada jugada, era de suponer que Pompei mirara las repeticiones luego de cada encuentro. Sin embargo no lo hace; y mal que le pese a algún comentarista, considera que “el mejor análisis sobre su actuación lo tiene cuando llama a su casa”.

“Cuando termina un partido quedás cargado si tuviste dos o tres jugadas polémicas, porque internamente vos sabés cuando la pifiaste, de lo contrario no, te sentís tranquilo. De todos modos, lo primero que hago cuando termina un partido es llamar a casa y hablar con Natalia o los chicos, ellos son quienes me hacen la mejor crítica, y no tiene problemas en decirme que tal jugada fue en verdad penal o que estuve en lo cierto. Ellos son mis más fieles observadores, junto con un amigo que tengo en Buenos Aires que siempre me lleva a la cancha. Otro de los parámetros cuando dirigís bien es que inmediatamente llegan todos los mensajes de felicitaciones de los amigos. De todos modos, si anduviste flojo sabés que luego te llegará un informe de la AFA en donde tendrás que aceptar el error o justificar tu punto de vista y luego ver si hay algún tipo de sanción o no”, mencionó.

Le preguntamos qué se siente al estar frente a un marco tan imponente de público cuando dirige. “Al momento de dirigir lo que escuchas dentro de la cancha es un zumbido, porque te aislás. Te focalizás mucho en lo tuyo, te abstraés del marco y sólo te preocupás por lo que tenés que hacer dentro de la cancha, al punto de olvidarte prácticamente a quiénes estás dirigiendo. Y si bien uno va analizando el partido minuto a minuto, recién tomás consciencia de la magnitud del evento deportivo cuando finaliza el partido, sobre todo cuando salís en el remís y vez que hay tanta gente en la calle que tardás más de una hora en salir”.

“El abstraerte del marco deportivo al momento de dirigir, y concentrarte sólo en lo que tenés que hacer, te lleva a que, por ejemplo, cuando tenés que dirigir a tipos que uno admiraba como técnicos, en ese momento son uno más, tal como ha pasado con Menotti y con Bilardo, quienes para mí en el momento del partido sólo eran el técnico de Independiente y el técnico de Estudiantes de La Plata. Lo mismo cuando me tocó echar a Chilavert por hacer cumplir el reglamento, que creo que fue una de las pocas veces que se fue sin hacer escándalo, porque reconoció que estaba bien expulsado”. Carlitos Tévez fue otro de los jugadores consagrados a los que le tocó echar, y en ese sentido Juan Pablo destacó: “Esas son las cosas que luego te dan la tranquilidad de que no tenés ningún reparo cuando tenés que aplicar las reglas”.

Pompei también hace de las suyas. “Con el paso del tiempo se va dando cierta afinidad con los jugadores, por eso a  veces los cargo y les digo: `Yo me equivoqué en el penal, pero mirá vos el gol que te erraste´. Uno ya sabe con quién puede hablar y con quién no. También hay veces que al finalizar el partido te agradecen que les hayas hablado para serenarlos, en vez de haberlos echado”, mencionó.

“Todos piensan que los árbitros gozamos cuando echamos a un jugador -dijo-, pero es al contrario. Lo más tranquilo para nosotros es cuando no tenés que amonestar o echar a nadie y lográs reencausar el partido hablándoles. Por eso es importante que el árbitro aprenda a tener el manejo psicológico de muchas situaciones, porque no todo pasa por saber aplicar el reglamento. Muchas veces hay que tener en cuenta el contexto económico, social, deportivo y personal del jugador, que a veces escapa a las 17 reglas del juego, porque si te toca ir a dirigir un club sobre el que vos sabés que los jugadores hace siete meses que no cobran, y la hinchada los putea porque van perdiendo 5 a 0, es posible que el jugador a la hora de hacerte un reclamo no te haya querido insultar, pero está sometido a una fuerte presión, al igual que cuando un equipo está por descender, y eso hay que contemplarlo. Pero esa misma situación, en otro contexto, es expulsión sin contemplación alguna”, subrayó.

La pregunta sobre las cábalas tampoco podía estar ausente. “Cábalas prácticamente no tengo, porque no soy muy cabulero. Lo único que me queda de cuando empecé es el mismo reloj, nada más, y es el que llevo cada vez que viajo. Y lo que siempre tengo en el bolsito, en donde llevo las tarjetas y todos los elementos, es el silbato de cuando dirigía mi viejo, porque él me lo regaló. También llevo una foto de la familia y uso la misma corbata, pero no repito el traje”, sostuvo Juan Pablo, quien también reconoció que le encanta “salir a entrenar, porque es el momento en el que me desconecto del mundo, lo mismo que cuando voy a jugar al tenis, que salgo sin celular o si lo llevo lo tengo apagado”.

Como ya llevábamos mucho tiempo en su casa y no queríamos abusar de su tiempo, para ir cerrando la entrevista la preguntamos a quiénes les quería agradecer: “Agradezco a mi familia, a los que están, a los que ya no están, a mis tres hermanos y también a mis amigos. También quiero agradecer a un tipo muy especial en mi vida, más allá de Adolfo Gamondi, como lo es Gogui Rosatto, con quien he compartido todo, tanto los buenos como los malos momentos. Gogui fue mi entrenador, fue el que me formó como profe junto con el Gatito Galli y Miguel Gamondi ,y también fue mi director de Deportes hasta el año pasado, él es mi hermano de la vida, el tipo que cuando empieza un campeonato me manda un mensaje para desearme suerte y cuando termina me envía felicitaciones, y esos son detalles que marcan cómo es”.

“También quiero agradecer a dos señores del arbitraje, como lo son Ricardo Bettiga y Daniel Cerdera. Ellos durante mucho tiempo me hicieron de jueces de línea, y son dos tipos de Olavarría que en los buenos y en los malos momentos que tuvimos estuvieron presentes. Hoy a Ricardo me toca acompañarlo en el mismo dolor que me tocó a mí, que fue enterrar un hijo. Así que los quiero destacar porque son dos tipos que siempre están y son incondicionales, por eso me emociono al mencionártelos. Cuando tuve que llevar el cajón de Cristian fue como cuando tuve que llevar el de mi hijo Bruno, porque a Cristian prácticamente lo crié, y nunca esperé una cosa así”.

“Además quiero agradecer a todos los del ambiente del fútbol de Olavarría, porque la verdad es que no me puedo quejar. Conmigo todos han sido ampliamente generosos, lo mismo que en el ambiente de la política. Yo soy un tipo eternamente agradecido a la vida, No me puedo quejar. La vida me ha dado todo, y en la humilde medida de mis posibilidades, yo también he tratado de darle todo a la vida también, por eso soy un tipo muy feliz”.

Juan Pablo también hizo alusión a cómo le gustaría que lo recuerden: “Me tocó dirigir en una época distinta, con tipos muy consagrados, sin embargo para el arbitraje de Olavarría creo que marqué un camino, por eso me gustaría que me recuerden como un tipo honesto, que trató de hacer las cosas lo mejor que pudo. No me arrepiento de nada de lo que he hecho y de cómo viví el arbitraje”.

“Lo único que siento que me faltó en la vida es ser médico, nada más. Me hubiese encantado estudiar traumatología, pero era una carrera costosa que papá con su jubilación no me podía costear. En mi familia siempre hubo una relación muy grande con el doctor Guillermo Mesa, de quien papá era muy amigo, y de chico yo tuve una fractura muy grande de fémur que hizo que al ver cómo me atendía sintiera que era una muy buena profesión a seguir”.

Con respecto a sus próximos pasos, sostuvo: “Si hay algo que me gusta es ir transmitiendo mi experiencia a los árbitros más jóvenes, por ahora es algo que sólo hago a título personal, aunque pienso que me voy a especializar en eso a partir de una posible salida laboral en la AFA en ese sentido”.

Su papá, Omar, dirigió en el orden local. Lo mismo hizo su hermano José María. Luego Juan Pablo tomó la posta y dio un salto en el arbitraje hacia la esfera nacional e internacional, de ahí que fuese inevitable preguntarle si la tradición continuaría: “Por ahora no se sabe, aunque ya hubo dos o tres comentarios, pero de todos modos Valentín es muy chico todavía. Me gustaría que primero disfrute un poco más la vida y que si elige esta profesión que lo haga con la misma libertad que tuve yo de elegirla. Pero ojo… que también podría María Cielo ser árbitra, porque ahora también hay mujeres dirigiendo y no hay que discriminar”, destacó Pompei sonriendo.

Le agradecimos por su valioso tiempo, le dimos un abrazo y nos fuimos. Pero por dentro nos quedaron resonando sus últimas palabras por el valor que contenían: “Para mí en la vida son importantes los valores como la amistad, la honestidad y el respeto por la palabra dada, por eso siempre cumplo lo que digo, y no me gusta mentir ni que me mientan. Soy muy celoso de mis amigos y mi familia, y siempre que puedo trato de ayudarlos. Y mi perdición son mis dos hijos. Ellos son lo único por lo cual hubiese dejado el arbitraje”.

Este fue el lado “B” de Juan Pablo Pompei. Un hombre franco y de nobles sentimientos, para el cual sus amigos y la familia lo es todo. Habrá hinchas que en sus desbordes de fanatismo lo podrán insultar, incluso maldecir e intentar agredirlo, sin embargo él sabe que tras la locura que se puede desatar en cada partido de fútbol lo espera el calor y el amor de los suyos, esos por los cuales vale la pena exponerse públicamente para tratar de dar lo mejor de sí cada vez que entra a una cancha.

Acá te dejamos una nutrida galería de imágenes para que lo veas a Juan Pablo en toda su dimensión : )

(Fotos: Tomás Pagano + facebook de la familia Pompei)

Todo tiene su contraparte. Acá te mostramos también su lado “A”, para que veas que Juan Pablo es un árbitro con temperamento, el cual, tal como bien lo señaló en la nota, sabe que en su profesión conviven con el error.


El día que a Pompei se le salió la cadena con el “Tata”Martino (que actualmente es técnico de la selección Argentina).

 

“Pompei me expulsó bien” dijo post partido Martino. Por su parte Juan Pablo declaró: “Me desubiqué, pero también hay que entender que uno tiene sangre y tiene las pulsaciones tanto o más que los jugadores”.

 

Más sobre Pompei en este reportaje que le hicieron en su paso por la ciudad de Tres Arroyos.

 

Entre sus muchos partidos, a Juan Pablo Pompei le tocó dirigir el clásico Rosarino entre Central y Newell’s. Acá te dejamos este video para que veas el clima que se genera, de manera que puedas darte un idea lo que implica dirigir un encuentro de esas características.

 

Y por último te dejamos este blooper de Juan Pablo : )

 

Juan Pablo junto a su perro “Morgan”. Lo bautizó así porque su actor favorito es Morgan Freeman. (Foto: Tomás Pagano)

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1 comentario

  1. ricardo bettiga

    Gracias por tenerme en tu consideraciòn en la vida.Son muchos años de compartir alegrias y tristezas, pero siempre es importante estar para compartir el dolor o las alegrias.Te quiero mucho por tus valores, por tu compañerismo y por tu generosidad.soy un previligiado de estar entre tus amistades.Abrazo desde mi alma

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