Queremos huertas urbanas en Olavarría

¿Te gustaría que Olavarría cuente con huertas urbanas en donde además de aprender a cultivar tus propios alimentos puedas obtener beneficios educacionales, sociales, ambientales, terapéuticos e inclusive económicos? No se trata de una utopía, en buena parte del mundo se está consolidando la agroecología urbana. Se trata de una saludable tendencia que incluye, entre otras cosas, la aplicación de conceptos vinculados al desarrollo sustentable, el comercio justo, la solidaridad, la soberanía alimentaria y la elaboración de alimentos destinados al consumo familiar y comunitario, mediante técnicas amigables con el medio ambiente que permiten ganar en calidad de vida.

Este nuevo paradigma alimentario, en donde todos podemos producir y consumir alimentos sanos y seguros, está desembarcando con mucha fuerza para que los núcleos urbanos recuperen su contacto con la tierra y las urbes dejen de vestirse de color gris cemento para pasar a lucir el verde encanto de la madre naturaleza.

Para la creación de las huertas urbanas no se necesita disponer de grandes extensiones de terreno, la idea es utilizar las terrazas de los edificios, los balcones, los patios de las viviendas y también los canteros de la vía pública, las plazas y los baldíos, ya que todo el espacio que no esté siendo utilizado puede transformarse en una espacio a cultivar.

¿No sentís que realmente Está Bueno que en Olavarría también florezca esta movida? Si lo que te mencionamos te suena un tanto descabellado, te contamos que París es una de las grandes ciudades del mundo que se sumó a esta iniciativa, y se propuso llegar al 2020 con unas 100 hectáreas de jardines, usando los muros, fachadas y azoteas por toda la ciudad.

Recientemente se informó que los parisinos, para promover la biodiversidad en la ciudad, podrán cultivar sus huertos en sus casas u oficinas, en las paredes, en los tejados, en los jardines e incluso en los canteros de los árboles en la calle. Para ello deben utilizar métodos sostenibles y evitar pesticidas tóxicos.

Si bien les ofrecen algunas sugerencias, las autoridades de París le pidieron a los residentes ser creativos con el lugar donde van a hacer crecer sus plantas y les aportarán un “kit de siembra” con semillas y tierra vegetal. Principalmente esperan que la gente utilice su imaginación para descubrir dónde colocar sus jardines y hacer más verde la ciudad. Para poder sumarse, los parisinos necesitaran un permiso del Ayuntamiento, que tiene una duración de 3 años (con la opción de renovación) y se deben comprometer a mantener correctamente sus huertos urbanos y asegurar que la vegetación mejorará la estética de la ciudad.

Vancouver, en Canadá, es otra de las ciudades modelo que desarrolló una estrategia para aumentar sus jardines comunitarios, huertos, granjas, instalaciones de compostaje en un 50% para el 2020, e incluso llevó el sistema alimentario sustentable a los recintos escolares, de manera que las escuelas públicas de la ciudad cuenten con un huerto orgánico.

Otro gran ejemplo es Andernach, bautizada como “la ciudad comestible de Alemania”, en donde los clásicos letreros de sus plazas, de “No pisar el césped”, fueron sustituidos por carteles indicadores que dicen “Tome lo que quiera”, porque cuando sus habitantes deciden cocinar unas verduras u hortalizas, salen a la calle y las recolectan en los huertos públicos que cubren una quinta parte de los parques, jardines y zonas verdes del lugar.

Los funcionarios de Andernach destacaron que inicialmente “los políticos se oponían: temían que los espacios verdes se echasen a perder o se deterioraran, tenían miedo al vandalismo, y al rechazo de la ciudadanía”, pero cuando vieron el entusiasmo con que los vecinos acogieron el proyecto de la ciudad comestible, que arrancó en la primavera de 2010, los ediles desterraron todas sus dudas. Hoy, incluso quienes no participan directamente en las labores hortícolas cuidan y respetan igualmente los cultivos  de tomates, uva, calabazas, manzanas, pimientos, lechugas, fresas, hierbas aromáticas y numerosas flores de colores que prosperan en lugares como el paseo que sigue la orilla del Rin o el foso del viejo castillo medieval a la espera de que cualquier ciudadano acuda a recogerlos para aportar a su dieta ingredientes ecológicos totalmente gratuitos.

Australia, Estados Unidos, Países Bajos, Suiza, Austria, México, Sudáfrica, España, Uruguay, Cuba, Chile, Colombia y Brasil son algunos de los tantos países que vieron con muy buenos ojos esta saludable iniciativa, y bajo diferentes modalidad ya emprendieron acciones de este tipo que en muchos casos se realizan de manera conjunta con los municipios, mediante alianzas estratégicas con entidades privadas,  gubernamentales, asociaciones barriales y las ONGs. También hay iniciativas comunitarias en los donde los huertos urbanos se llevan a cabo por autogestión y sin asistencialismo estatal. En Argentina son varias las ciudades que se han sumado a esta propuesta, tales como Rosario, Córdoba, La Plata y Buenos Aires.

A la hora de enumerar las razones positivas por las que los huertos merecen llevarse a cabo, tanto en la zonas urbanas como en las periurbanas, se destacan el hecho de que permiten crea redes de intercambio, acercan la cultura agraria al ciudadano, crean vínculos sociales, fortalecen las relaciones entre los vecinos, generan ámbitos educativos vinculados al cuidado de la tierra y la alimentación saludable, representan una vía de contacto con la naturaleza, ayudan a recuperar zonas verdes y a mitigar la acumulación del calor en las ciudades, fomentan el trabajo colaborativo, brindan la posibilidad de generar espacios destinados al ocios inteligente, y permiten aprender a elaborar abonos y antiplagas naturales y caseros.

Los huertos urbanos también promueven la equidad social mediante la creación de empleos, el disfrute de los espacios abiertos y la participación de personas de todas las edades. Además permiten generar ingresos familiares (dando lugar a microeconomías), inculcan el orgullo comunitario, ayudan a preservar el medio ambiente, constituyen una alternativa sostenible que mejora la salud (por el hecho de alimentarse de manera más sana y nutritiva) y la autoestima (al ver crecer las plantas gracias a nuestros cuidados), y mejoran las relacionas entre los miembros de la comunidad.

También traen beneficios colaterales, como el aprender a ser constantes y pacientes con los cultivos. Permiten trabajar el respeto por el entorno. Impulsan nuestra creatividad. Fomentan la búsqueda de una vida más armónica. Crean consciencia sobre nuestra conducta, hábitos de consumo y costumbres. Y mejoran la estética de los espacios públicos mediante jardines diseñados de manera sustentable. Además, la agroecología urbana constituye un fantástico recurso pedagógico para los más chicos, ya que ayuda a inculcar, mediante la diversión, el respeto hacia el entorno, la responsabilidad personal y permite que el esfuerzo sea recompensado con frutos tangibles y bien ricos.

Al ir enumerando la gran cantidad de beneficios que generan estos huertos comunitarios -que también sirven de gran ayuda para que las personas mayores se vuelvan a sentir útiles y constituyen una poderosa herramienta terapéutica para personas con diferentes grados de discapacidad-, sentimos que realmente estaría muy bueno que en Olavarría se promuevan este tipo de proyectos por toda la ciudad, por eso buscamos material ilustrativo para que todos puedan dimensionar los beneficios de estas acciones que dejan una vibrante huella ecológica (ver galería de fotos y videos).

Lo que nos gusta de esta iniciativa es que además abre las puertas para ponerse a jugar con la imaginación, dado que pensar a Olavarría como una “ciudad comestible” podría llevar a que la reforestación que impulsa el municipio se haga con plantas frutales, por ejemplo. ¿Te imaginás diciendo “vivo en Pueblo Nuevo, en la calle de las ciruelas” o “en San Vicente, en la calle de los limones, las ciruelas y los damascos”? También se podrían hacer montes frutales en lugares como Parque Sur, podría haber pasajes de hierbas aromáticas o Ecopuntos en donde, además de contenedores para productos reciclables, hubiese “zonas verdes” con diferentes cultivos.

Muchas de las cosas que hacemos los seres humanos tienen como base la imitación, por eso es importante que estas huertas urbanas se puedan hacer en todos los barrios, de manera que los demás vecinos vean cómo se transforman los espacios baldíos y los canteros, y sientan el disfrute de quienes trabajan con la tierra para generar alimentos fresco y sanos, y también obtener plantas aromáticas y medicinales.

En varias comunidades se toman estas iniciativas como alternativas de ocio, en las que todo el mundo puede aportar ideas y conocimientos, y también sirven de base para organizar fiestas  barriales, comidas populares, así como talleres temáticos orientados a fomentar la importancia de reciclar, reutilizar y llevar una vida más sana y armónica.

Si bien cada olavarriense puede hacer esto mismo en su patio o balcón, por medio de los cultivos verticales, el hecho de que esta actividad tenga visibilidad en la calle sirve para fortalecer el tejido social al hacer que los vecinos interactúen. Y si bien lo que se cultive puede servir para autoconsumo, también puede utilizarse para abastecer un centro barrial, comedores, sociedades de fomento o los hogares de ancianos, por ejemplo, potenciando de esta manera el ejercicio de la solidaridad.

De la tarea también pueden formar parte los colegios, los chicos de los jardines y los integrantes de los centros de jubilados y pensionados. Todos pueden participar de estas actividades comunitarias, que en muchas ciudades también sirven para que las personas desocupadas puedan volver a trabajar. El abanico de posibilidades es muy grande, pero requiere de una decisión política de fondo que le dé marco y forma a la actividad.

En Olavarría ya contamos con el programa ProHuerta, del INTA (ver nota más abajo), tenemos la Escuela Agropecuaria, la Facultad de Ingeniería, existen varios productores independientes y el municipio cuenta con áreas tales como Desarrollo Humano y Familia, que engloba a la Dirección de Políticas de Integración para la Discapacidad, la Dirección de Tercera Edad y la Dirección de Niñez, Adolescencia y Adicciones. También se cuenta con el área de Desarrollo sustentable, que entre otras cosas se encarga de “diseñar e implementar proyectos comunitarios de educación ambiental”. Si a todo eso se le suman las asociaciones barriales, las fundaciones, las ONGs, los establecimientos educativos, etc., entre todos se podría desarrollar algún proyecto de huertas urbanas que ofrezca múltiples beneficios para toda la comunidad.

La clave para llevar adelante una experiencia piloto es hacer una primera convocatoria abierta a todos para recabar ideas y propuestas, dado que dependiendo de la ciudad y el país, las huertas urbanas presentas alternativas muy diferentes, algunas de las cuales bien podrían aplicarse en nuestro medio. En Puerto Rico, por ejemplo, quien impulsa los huertos urbanos es el First Bank, con el propósito de concienciar y colaborar con el cuidado del medio ambiente a través de diversos esfuerzos educativos. En España, en cambios, donde el número de huertos urbanos supera los 15.000 (en más de 300 municipios) en líneas generales fueron las asociaciones vecinales las que comenzaron a impulsarlos, para aprovechar los abundantes lugares abandonados, deteriorados o infrautilizados.

Muchas son las variantes que existen a la hora de crear los huertos urbanos, ya que hay huertos terapéuticos y de integración social, huertos privados, públicos, vecinales, escolares, periurbanos, colectivos, tutelados, experimentales, comunitarios, municipales, etc. La modalidad a elegir debería salir por consenso, lo importante es que Olavarría se puede transformar en una “ciudad comestible”, en donde todos los ciudadanos puedan desarrollar una conciencia ecológica que permita ganar en calidad de vida y estar en armonía con el medio ambiente. ¿Qué pensás al respecto? Nosotros, por todos los beneficios que ya te mencionamos, ni lo dudamos: Queremos huertas urbanas en Olavarría!!! : )

P.D.: Acá te dejamos algunos fotomontajes para que veas cómo podría cambiar nuestro paisaje urbano si las huertas agroecológicas se establecieran en el contexto urbano.

Cada espacio no utilizado de la ciudad podría ser transformado. (Fotos: Tomás Pagano)

“Vivo en el barrio Pueblo Nuevo, en la calle de los limones” : )

Los separadores y las rotondas también podrían cultivarse : )

Los baldíos pueden reutilizarse : )

“Yo vivo en la calle de los ciruelos” : )

Maximiliano junto a chicos del jardín en el contexto del ProHuerta.

Hasta que una acción comunitaria pueda realizarse en gran escala, quienes en Olavarría sientan hacer su propia huerta o recibir asesoramiento sobre esta temática pueden acercarse hasta las oficinas del INTA local, ubicado en la calle Alsina 2642 (Tel: 424115), y entrar en contacto con el ingeniero agrónomo Maximiliano Mazzei, técnico del ProHuerta.

En diálogo con Está Bueno, Maximiliano destacó que en el contexto del ProHuerta “damos charlas en los colegios y los jardines, también brindamos todo tipo de asesoramiento, entregamos kits de semillas, gallinas ponedoras, plantas frutales y dictamos talleres de huertas agroecológicas, conservas, permacultura y poda. También trabajamos con pequeños productores que están impulsando huertas agroecológicas, pero por ahora son pocos, serán unos 7 en Olavarría, quienes ahora están analizando la posibilidad de generar una agrupación para armar y vender bolsines, que en realidad son cajas de madera que contienen 10 ó 12 productor agroecológicos”.

Afiche ilustrativo sobre parte de las actividades que Maximiliano realiza.

Con respecto a nuestra sugerencia de plantar árboles frutales, Maximiliano dijo que “en Olavarría sí se podrían poner árboles frutales en las calles, pero habría que acordar previamente cómo será su cuidado, y también se tendría que capacitar a los vecinos para que sepan, entre otras cosas, cómo cuidar las plantas, cómo recolectar los frutos y preparar conservas con el excedente de producción”.

Si bien se mostró contento de que Olavarría pueda sumarse a esta propuesta de llevar los huertos a las zonas urbanas, mencionó que “un factor clave para prevenir la hidatidosis es la realización de cercos. También es importante que la gente aprenda a distinguir la calidad de agua que se utiliza, y cuidar los cultivos sin utilizar productos tóxicos”.

“Hay un montón de agrupaciones políticas y no políticas que este año se acercaron a buscar semillas para hacer huertas en los barrios -sostuvo-. Nosotros desde el programa ProHuerta siempre alentamos la huerta porque te permite ahorrar dinero y favorece la alimentación saludable, mediante la incorporación de frutas y verduras frescas. Acá también vienen muchos jubilados y manifiestan que tener su propia huerta les hizo mucho bien, porque les permite mantenerse activos y se sienten contentos por los logros que obtienen”.

Un punto clave que Maximiliano señaló para que las huertas urbanas tengan éxito “es que en los colegios esta temática también se incluya formalmente dentro de las currículas, ya que además ofrecen la posibilidades de interrelacionar conceptos vinculados a otras materias”.

En ese sentido destacó, además, que “el año pasado también trabajamos con el proyecto Raíces y Retoños, que es un proyecto entre INTA, ProHuerta y PAMI, que vincula a los centros de jubilados con las escuelas y jardines, en donde los abuelos ayudan a que los chicos cultiven”. Esta iniciativa busca fortalecer la participación de los adultos mayores en actividades comunitarias -en este caso elaboración de una huerta-, valorar los saberes aplicándolos al cuidado de la tierra y generar propuestas intergeneracionales que los vinculen con otros grupos etarios.

“Lo que se viene ahora es la producción agroecológica para abastecer a las ciudades y generar nuevos puestos de trabajo”, dijo por último, el joven ingeniero agrónomo e invitó a que todo aquel que quiera recibir información y asesoramiento pase por las oficinas de la calle Alsina 2642.

(Fotos: Google)

Clickeando sobre la imagen se accede al proyecto urbano Planta Banda.

 

Germina La Florida es una organización social de vecinos que merece destacarse.

 

Clickeando sobre la imagen se accede al sitio web “La ciudad regala sabores”, en donde hay un mapa que permite conocer dónde hay árboles frutales en la ciudad de Buenos Aires.

Clickeando sobre la imagen descubrí el programa ProHuerta del INTA.

Clickeando sobre la imagen accede al Planificador ProHuerta para saber cuándo y qué cultivar

Clickeando sobre la imagen se accede al facebook de la Escuela Agropecuaria de Olavarría.

Descubrí Andernach, la ciudad comestible.

 

París y su proyecto de modernización, con una visión muy ecológica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Clickeando sobre la imagen se accede al sitio “Huertos Concretos”.


Clickeando sobre la imagen se accede al sitio “El Huerto Urbano”.

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