Rompiendo paradigmas

Alejandro Lacoste (Fotos: Tomás Pagano)

Hablar públicamente de temas que racionalmente son difíciles de abordar, muchas veces implica quedar expuesto a la burla, la risa, el descrédito y la crítica. Por eso felicitamos de antemano a quien, producto de sus vivencias, tiene el inmenso valor de afirmar que en Sierras Bayas existe una ciudad intraterrena que se llama “La Ciudad de los Sabios”. Te invitamos a conocer a un psicólogo olavarriense que habla centrado en su corazón, y con su rico testimonio de vida rompe paradigmas para ayudar a que más personas comprendan que lo que llamamos “realidad” va mucho más allá de lo que los sentidos nos muestran.

Alejandro Lacoste es psicólogo, con orientación transpersonal, y en sus 45 años de vida ha recorrido un camino de intensas y muy aleccionadoras vivencias, en donde las historias que muchas veces se presentan como si fuesen leyendas o cuentos del estilo “Alicia en el país de las maravillas” en su caso se han vuelto realidad.

“Tengo muy fresco el recuerdo de que antes de nacer estuve planificando un proyecto de vida, junto a otras doces personas, sobre lo que teníamos que venir a resolver en esta encarnación. De pronto se abrió un agujero que conducía a la Tierra y yo pregunto `quién es el que baja´. Sentí que me empujaron. Mientras caigo les cuestiono `por qué a mí´, y me respondieron porque era lo único que me faltaba vivenciar. Ahí supe que tenía que venir a vivir una experiencia, que era muy dolorosa, pero que la tenía que atravesar porque era lo que me había quedado relegado de mis anteriores encarnaciones”, así comenzó Alejandro a relatarnos sus primeros años de vida.

Cautivados por sus palabras, le pedimos que continúe la narración: “Ese recuerdo lo tuve siempre muy presente, por eso desde chiquitito en el campo en donde vivía me iba hasta el pajonal de un monte cercano y mirando el cielo pedía llorando que me llevaran de nuevo a las estrellas. Tenía cuatro o cinco años. Todas las tardes hacía eso mismo hasta que escuchaba que me llamaban para cenar. Mi dolor calmó cuando una de esas tardes se manifestó, en forma de luz, un ser femenino muy grande, cuyo rostro no podía ver porque estaba de frente al Sol, y me dijo que a partir de ese momento ya no sufriría más. Desde ese día dejé de ir a llorar mirando las estrellas”.

Le habíamos preguntado sobre su infancia simplemente para poner en la crónica algunos datos pintorescos, pero nunca imaginamos que el comienzo de su relato iba a ser tan movilizador.

Mate de por medio, comenzamos a focalizarnos sobre lo que nos había convocado: las ciudades intraterrenas, y más precisamente lo que sucede en la localidad de Sierras Bayas, distante a tan sólo 15 kilómetros de Olavarría.

“Siempre que te hablan de ciudades intraterrenas se hace referencia a leyendas o te lo presentan como si fuesen cuentos, ya que de lo contrario el hemisferio racional izquierdo lo descarta enseguida, por eso al recibirlo en forma de cuentito o leyenda la gente lo acepta más fácilmente”, sostuvo Alejandro.

Mi interés por las ciudades intreterrenas surgió a partir de un sueño que tuve hace 18 años -nos explicó-, en el que se me presentó Matilde Catriel y me contó que ella cuidaba unas cuevas que transportaban hacia otra dimensión. A partir de ahí nació mi interés por encontrar las cuevas de Matilde Catriel, para que me transportaran hacia ese otro mundo”.

Sorprendidos por su relato, le preguntamos cómo sabía que efectivamente se trataba de Matilde Catriel, a lo que Alejandro nos respondió: “Supe que era ella porque cuando se presentó me dijo yo soy Matilde Catriel, y estoy en este lugar cuidando las cuevas, porque son las que te transportan hacia otra dimensión”.

“En ese entonces yo no tenía referencia de la existencia de las ciudades intreterrenas, ni tampoco dónde estaban ubicadas, pero Matilde Catriel me mostró las cuevas de las canteras de Sierras Bayas. Muchos años después encontré un libro de Norma Sosa, llamado `Mujeres Indígenas, de La Pampa y la Patagonia´ en donde la autora señala que a esas sierras se las llamaba las sierras mágicas”, prosiguió.

“A partir de ese sueño con Matilde Catriel sentí un fuerte deseo de ir a Sierras Bayas y buscar las cuevas porque quería experimentar cómo era que te transportaran hacia otra dimensión”, dijo Alejandro.

“Como es una zona de explotación minera iba los domingos, que no hacían voladuras. Al principio me quedaba lejos del circuito de las cuevas porque al estar sobre un sector privado no se podía ingresar, de todos modos cuando cerraba los ojos tenía visiones en donde me iba hacia abajo de la tierra y me conectaba con un ser que se llamaba Royak, que medía un metro treinta y cinco centímetros de estatura, y usaba una capa negra con un birrete. La capa le cubría casi todo el cuerpo, así que no podía ver cómo era el resto de su vestimenta”.

Su relato se estaba poniendo más que interesante, así que éramos todo oídos: “Al principio mi contacto era con ese ser, llamado Royak, que me llevaba por dentro de las canteras de granito iluminando el trayecto con una especie palo o barra que al golpearla contra las paredes generaba luz. Caminábamos como si fuese por laberintos y no llegábamos a ningún lugar porque a mí me daba miedo, ya que pensaba que todo eso eran alucinaciones mías”.

Consultado sobre qué fue lo que le dio la certeza de que no estaba delirando, Alejandro nos dijo que “un día vino a Olavarría la psicoterapeuta Bettina Allen, quien trajo a un chamán de Estados Unidos al cual le habían enseñado el mapa de las cuevas del mundo y le habían dicho, en las cuevas de Los Tayos de Ecuador, que en Sierras Bayas estaba La Ciudad de los Sabios. Ese chamán que vino nunca había escuchado nombrar la palabra Sierras Bayas ni sabía de su existencia, por eso a partir de ahí comencé a tener confianza de que lo que se me manifestaba al ir a Sierras Bayas era real, y esto cobró aún más fuerza cuando buscando en internet sobre las razas interestelares descubrí que a la raza de los sabios se los describía como muy bajos, de un metro treinta aproximadamente, muy similares a la manera en que veía a Royak”.

Hasta hace no muchos años, a la gente que relataba este tipo de experiencias se las tildaba de locas, desquiciadas o se decía que eran personas que alucinaban, sin embargo hoy, que las diferentes ramas de la ciencia están demostrando que lo que llamamos “realidad” va mucho más allá de lo que podemos ver a simple vista, la situación es otra. “Desde el punto de vista psicológico a este tipo de vivencias se las cataloga como experiencias transpersonales, y de esto se ocupa precisamente la psicología holística o también llamada transpersonal”, mencionó Alejandro.

“Las realidades paralelas existen, esto era algo que en su momento sólo formaba parte del mundo de los chamanes y los videntes, pero hoy, gracias, entre otras cosas, a la física cuántica, que bajo la teoría de cuerdas afirma que por lo menos existen once dimensiones, hay una mayor aceptación de toda esta realidad que antiguamente era llamada mágica”, puntualizó.

Le pedimos que no se detenga y nos siga contando sus vivencias, porque el tema nos parecía por demás atrapante: “Durante varios años seguí yendo los fines de semana a Sierras Bayas pero no lograba avanzar nada con los contactos. Un día viajé a Necochea y conocí a una persona que me dijo que había entrado a la ciudad intraterrena de Aurora, en Uruguay, pero en lo personal no viví lo que era sentir el ingreso físico a una ciudad intraterrena hasta que viajé a Córdoba, a la ciudad de Capilla del Monte, en donde viví una experiencia increíble, ya que estando en la montaña El Pajarillo, frente al conocido Cerro Uritorco, de golpe perdí referencia del afuera, sentí que la montaña literalmente me succionó y ví cómo era la ciudad intraterrena de ERKS”.

Maravillados por lo que nos contaba Alejandro, permanecimos en silencio escuchando su relato: “Esa fue la primera vez que físicamente tuve la certeza de haber entrado a una ciudad intraterrena. Antes de esa experiencia, también en Capilla del Monte, había tenido contacto con la ciudad intraterrena de ERKS acostándome sobre una piedra, que oficiaba de portal. En esa oportunidad me recibieron doce personas vestidas de manera similar al mago de la película El Señor de los Anillos, con barbas y vestidos blancos, ellos constataron que mi nombre figuraba en una gran libro que tenían y me dejaron pasar a la ciudad a través de un gran río de colores como si fuese un arcoíris, donde fui recibido por mucha gente que se mostró feliz de verme. La comunicación con los seres era telepática. Esa experiencia fue fuerte, pero no tanto como lo que sentí en El Pajarillo cuando físicamente experimenté la aceleración de ser succionado por la montaña. En ese momento, que no estaba ni meditando ni pensando en entrar ni nada, al contrario, estaba enojado, mientras miraba una piedra perdí la conciencia del lugar en donde estaba y físicamente sentí que la montaña me chupó y me llevó a otra dimensión”.

Sólo hicimos una muy breve interrupción para pedirle que nos diera más precisiones sobre lo que había visto. “En ese momento, cuando me muestran la ciudad de Erks la vi como quien ve a través de Google Earth, era como estar sobrevolándola, por eso la podía ver pero no podía caminar por ese lugar. Vi una gran cúpula blanca, formaciones como si fuesen cuatro grandes avenidas, como con mosaicos energéticos, había columnas, escaleras y formaciones más pequeñas similares a los iglúes, que parecían casitas y estaban ubicados a los costados de las cuatro avenidas grandes. En ese momento no vi gente”.

Al repasar sus sensaciones con respecto a lo que sintió en los primeros contactos con estas nuevas realidades, Alejandro fue muy honesto en su apreciación: “todo esto me llevó a una reorganización, a un cambio de paradigma, a una nueva forma de ver y entender la vida y la realidad. Al principio estaba como loco, porque había perdido la referencia de la realidad. Tardé en reacomodarme mucho tiempo, y para ello tuve que hablar con gente que hablara mi mismo lenguaje, que había vivido experiencias similares, ellos me decían que yo no estaba fuera de la realidad sino que simplemente había gente que podía tener acceso a otras dimensiones o realidades tan vivas como esta tercera dimensión que todos percibimos a diario”.

Luego de lo vivido en Capilla del Monte, Alejandro pudo acceder a la ciudad intraterrena de Sierras Bayas y lo cuenta de este modo: “Hace cinco o seis años, luego de haber ido muchas veces a meditar, pude ingresar a La Ciudad de los Sabios de Sierras Bayas desde otro lugar, pero en esta oportunidad sin la presencia del guía llamado Royak. Vi guardianes gigantes de cuatros metros treinta de estatura, que cumplen la función de sirvientes de los sabios, como Royak, que miden menos de un metros y medio. Los gigantes están ahí para cuidar y proteger el lugar, que por lo que pude ver tiene un castillo estilo francés que es de un color blanco precioso, un blanco que no es similar al nuestro, es como si fuese el mármol blanco, pero de una pureza que nosotros no conocemos, es como si fuese energía. El lugar cuenta también con un jardín inmenso que en el medio tiene una gran bola de cristal, por donde fluye el agua de un río subterráneo que libera oxígeno por medio de esa bola. El castillo por dentro es todo de oro, al igual que las mesas y objetos que allí hay, y todo tiene escrituras en un lenguaje que aún no logro entender, pero sí me dejaron retenerlo como imagen en mi retina”.

“A diferencia de la primera vez cuando Royak me guió por las cuevas, no tuve miedo estando dentro de la ciudad intraterrena -nos explicó- porque al ingresar se siente una paz muy grande, es como acceder a un estado de gracia, en donde mientras se permanece allí uno pierde conciencia del mundo de afuera, por decirlo de algún modo, incluso se pierde la noción del tiempo”.

Para acceder a ese plano no ordinario de conciencia Alejandro se puso a meditar. “Primero accedí como si fuese a un gran valle, con un gran parque precioso muy verde. Al entrar a la ciudad intraterrena de Sierras Bayas, por más que estás dentro de la tierra, lo que sería el cielo o techo no es de piedra sino que lo que se ve es como si fuese el día de nosotros en la superficie terrestre. Hay mucha claridad, con la diferencia de que al mirar hacia arriba se observa algo similar a la bruma. Allí se respira del mismo modo en que lo hacemos nosotros, lo que sí cambia es la manera de moverse porque ahí la sensación no es que caminás, sino que vas como si fueses flotando”.

Al igual que todo el que escucha este atrapante relato por primera vez, quisimos saber más detalles: “Lo sabios, que son más bajos de estatura, son muy similares al personaje Yoda, que hacía de maestro Jedi en de la película Star Wars. Sus rostros son un poco más humanoides y de cabeza más angosta, lo que sí son muy similares al personaje de la película son las orejas puntiagudas. Cuando uno está ahí se les puede preguntar lo que uno quiera, pero en presencia de ellos es como si uno accediese a todas las respuestas y no sabés qué preguntar. Ellos me han dado ejercicios para eliminar conflictos del pasado y también me han puesto en cámaras de luz para reequilibrarme energéticamente. He tenidos muchísimas experiencias a lo largo de estos últimos años, porque cada vez que voy a Sierras Bayas entro a la ciudad intraterrena al ponerme a meditar, y según desde el lugar en que entre se pueden ver diferentes cosas”.

Alejandro manifestó también que “Matilde Catriel era la guardiana del portal de acceso a La Ciudad de los Sabios”, y luego agregó: “Con el tiempo, a través de un nieto de Matilde, de apellido Maika, me enteré que al igual que sucede con el mito de la ciudad intraterrena de Isidris, en Mendoza, en Sierras Bayas tenían el mismo conocimiento ancestral que decía que debajo de las piedras estaba guardado todo el oro, pero en realidad ese llamado `oro´ es en alusión a la belleza, la luz y el conocimiento que hay ahí. Se hablaba de oro pero no en el sentido literal, sino en referencia al increíble valor que tenía lo que está debajo de las piedras”.

Llegado a este punto del relato, la pregunta obligada estaba centrada en qué fue lo que le aportó este tipo de experiencias. Con mucha calma y voz serena, nos dijo: “Poder experimentar otras realidades o dimensiones me aportó una mayor comprensión, un mayor entendimiento, otros valores, porque nosotros vivimos en una dimensión dual en donde existe el amor y el odio y en esas dimensiones no existe esa dicotomía que vivimos acá. Tampoco viven en el amor como habla la new age, ellos simplemente viven en un estado de gracia. Tal como se señala en la biblia, ellos son el verbo. Ellos hacen, no se preguntan como nosotros por qué tenemos que hacer las cosas, simplemente las hacen porque son verbo en acción”

“Hay un cambio vibracional en la Tierra que está llevando a que se abran todos los portales para ayudar a reequilibrar el caos que se vive en la superficie”, sostuvo Alejandro. Y en relación con su accionar especificó: “Hoy mi tarea consiste en ayudar a que la gente vea estas otras realidades que existen, y para poder ver primero uno tiene que significativizar eso que se ve. Darle un nombre a la experiencia o a eso que se manifiesta ayuda a que la gente la pueda ver, comprender y asimilar. El aura que rodea al cuerpo humano la ven todos, pero como no todos saben lo que están viendo, al no tener referencia es como si no la viesen. Digo esto porque, aunque resulte difícil de creer, hay muchas personas que entran en conciencia a las ciudades intraterrenas pero no saben que entraron porque no se dan cuenta lo que están viendo, ya que sus cerebros no tienen referencia de eso que están experimentando y por lo tanto es como si no lo viesen”.

Hay muchos centros intraterrenos en varios puntos del mundo tales como Isidris (en la ciudad de Mendoza), Erks (en la ciudad de Capilla del Monte, Córdoba), Aurora (en la ciudad de Salto, Uruguay), Miz Tli Tlan (situada en las selvas amazónicas del Perú), Shambhala (en la zona del Tibet) y Telos (en California, Estados Unidos), por citar algunos ejemplos, pero para el caso de los olavarrienses los centros más cercanos con La Ciudad de los Sabios en Sierras Bayas e Inky Yhur, en Sierra de la Ventana

Alejandro siempre fue muy reservado en cuanto a sus experiencias, sin embargo, desde hace hace tres años, poco a poco se animó a compartir sus vivencias: “en el 2012 los seres que habitan La Ciudad de los Sabios me pidieron que querían darse a conocer, por eso es que empecé a hablar, de manera que más personas conozcan que existen otras formas de vida que no se nutren ni del conflicto ni de las cosas materiales, y donde hay una conexión espiritual distinta a la que nosotros conocemos”.

Actualmente, tras haber vivido un intenso proceso de transformación y aprendizaje, Alejandro comenzó a impartir charlas sobre las ciudades intraterrenas y también lleva a grupos a meditar a “las zonas mágicas” para que vivan sus propias experiencias, ya que según su sentir “es probable que a futuro vivamos como ellos, de una manera más sabia y armónica, sin conflictos, sin dicotomías, sin guerras, viviendo en un estado de gracia y bienaventuranza”.

Muy agradecidos por su relato, los mates y el tiempo compartido, nos fuimos de su casa para sentarnos a escribirte esta historia que posiblemente generará opiniones muy dispares, pues quienes aún no han vivido este tipo de experiencias por ahora simplemente pueden creer o no creer en su testimonio. Sólo podemos decirte que el que cree no sabe, y el que sabe no necesita creer. ¿Se comprende? Si nadie supiese si el fuego quema o es frío, solamente aquellos que se hayan quemado o estado muy cerca del fuego dejarán de creer en la posibilidad de que el fuego fuese frío. Habrán sido transformados por las vivencias, de ahí que quienes saben ya no necesitan creer. Alejandro sabe que las ciudades intraterrenas existen, las pudo experimentar y hoy no duda en hablar a corazón abierto, así que si alguien por la calle lo llama loco, desquiciado o fantasioso, él simplemente sonreirá. Internamente sabe lo que tarde o temprano todos sabrán: no estamos solos : )

P.D.: Para que sea más fácil poder representarse mentalmente lo que Alejandro ve cuando se conecta con “La Ciudad de los Sabios” en Sierras Bayas”, le pedimos que nos hiciera algunos dibujos y muy amablemente accedió. Mil gracias : )

(Fotos: Tomás Pagano + internet)

 

 

 

 

Testimonio sobre la vida en otros planetas.

 

Avistamientos por el mundo : )

 

Este video bien refleja lo difícil que le resulta a un ser de dos dimensiones comprender lo que es la tercera dimensión en la que nos movemos nosotros. Viendo esto se comprende de manera más sencilla por qué nos cuesta asimilar que existan dimensiones superiores : )

 

Esta película llamada “La profecía Celestina”, de James Redfield, ayuda a entender que la “realidad” comprende mucho más de lo que vemos con nuestros sentidos.

 

Más sobre la ciudad intraterrena de ERKS.

 

Por último te dejamos este mensaje pleyadiano, hecho canción, para que todos elevemos la vibración siendo más humanos : )

 

Clickeando sobre las imágenes se accede a los correspondientes links

Alejandro Lacoste (Fotos: Tomás Pagano)

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