¡¡¡Rosqueee!!!

Rosque Mandagarán junto a su esposa Ana María Cabrera, la creadora de las roscas, con quien lleva 44 años de casado.

Quien alguna vez no escuchó por la calle el clásico grito “¡¡¡Rosqueee!!!” es porque no es de Olavarría. El artífice de ese llamado tan pintoresco y particular es Oscar “El Vasco” Mandagarán, popularmente conocido como Rosque; un hombre simple, franco, alegre y de buen corazón, que siempre ayuda a los chicos de la calle y hace hasta lo impensado con tal de que la gente sonría a su paso y reine la buena onda. Su emocionante historia es testimonio de que cuando hay constancia, fuerza de voluntad, dedicación y mucho amor por lo que se hace, no hay situación adversa que no se pueda revertir. Te invitamos a conocer al hombre más querido, famoso y carismático que tiene Olavarría.

Rosque es escorpiano, ultra fanático de Boca, peronista y aguerrido. Se declara un hombre feliz y no duda en afirmar que si bien es “el vendedor estrella”, el mérito de que las roscas sean tan ricas es de su señora Ana María Cabrera, que comenzó a fabricarlas a partir de una visión que tuvo mientras le rezaba a Dios para que pudiese tener trabajo (ver recuadro aparte titulado “Dios me mostró una mesa con muchas roscas”).

Por más que por su espíritu alegre y su fortaleza para pedalear por toda la ciudad no lo parezca, el rosquero más famoso de Olavarría tiene 71 años. Nació el 19 de noviembre de 1945 en la ciudad de Coronel Pringles, sin embargo realmente se siente “un olavarriense más”.

A duo con su perro Nelson gritando: “¡¡¡Rosqueee!!!”“Con mi señora llevamos 44 años de casados, tenemos 4 hijas mujeres que se llaman Verónica, Guillermina, Estefanía y Salomé (la mayor tiene 43 años y la más chica tiene 24, entre medio hay una de 38 y una de 33 años), todas hinchas de Boca al igual que los yernos, y también tenemos 8 nietos, que son la debilidad del abuelo. Mi señora cada vez que los ve entrar preguntando por mí, cuando me van a buscar al fondo ella se para en la puerta y me grita sonriendo: `¡¡Pechazo!!´ Yo vivo para ellos, por eso el lunes, que es el único día que descansamos, a mí me gusta que nos juntemos todos a comer”. Así comenzó Oscar a contarnos parte de su historia mientras lo visitamos en su casa un rato antes de que se preparara para volver a salir a pedalear.

Rosque es hoy, sin lugar a dudas, la persona más popular y carismática de Olavarría. Simplemente basta acompañarlo un par de cuadras en su diario peregrinar con el carro para ver todo el cariño y la simpatía que recibe de parte de la gente. Su público es por demás amplio, abarca todas las edades, y su fama ya lo hizo merecedor de dos murales, una cumbia y una hermosa chacarera que le compuso su amigo José Lucero Pedraz (más abajo está la letra de la canción).

“La cumbia que me hicieron los chicos de Marea Alta es muy linda y se impuso en las fiestas de 15, realmente es un orgullo que me la hayan hecho. Por otra parte también está la chacarera que me hizo `El Negro´ José Lucero Pedraz, que refleja  lo que hicimos con mi vieja (en alusión a su esposa). Es un grito popular de la ciudad. Con Pedraz somos amigos desde hace mucho, yo siempre paso por su casa a tomar mate y lo cargaba diciéndole: `Vos no te olvides que me debés la chacarera´. Hasta que un día la hizo y me llamó para que fuese a su casa a escucharla. Imposible no emocionarse, porque esa chacarera toca la verdadera realidad”, destacó “El Vasco” mientras se puso a tararear, muy contento y con orgullo, algunas de las estrofas.

Rosque no sólo es motivo de atracción en la calle por su particular estilo de vender, ahora también es el personaje más esperado y querido en las fiestas de 15. “Lo de participar en las fiestas de 15 surgió hace como unos 10 años, por pedido de Bibiloni, el de la chatarrería, quien primero me invitó a participar del video de la chica y luego hizo que llevase roscas para todos los invitados a las cuatro de la mañana”.

Participar de una fiesta de 15 no es excusa para ese día no ir a trabajar. “Cuando hay fiesta, con mi vieja (como le dice cariñosamente a su esposa Ana María Cabrera) nos levantamos a las 2 de la mañana; a las 5 voy al cumpleaños a llevar las 20 docenas que entran en las dos cajas que generalmente encargan, luego vuelvo, cargo el carro de nuevo con las roscas, me acuesto un rato hasta las 9 de la mañana y salgo a pedalear por la ciudad”.

“Recientemente fui a una fiesta de 15 para llevar roscas a modo de sorpresa para la chica que cumplía años. A las cinco de la mañana me presenté, pusieron de fondo la cumbia que me hicieron los chicos de Marea Alta (el video de la canción está al final de la nota), apagaron la luz y aparecí yo llamando a la dueña del cumpleaños. Entré con dos cajas de roscas, con moños, que llevaban el nombre de la chica. No sabés cómo reaccionó la juventud cuando me vio. Fue hermoso, incluso pedían de sacarse fotos conmigo”, dijo sonriendo “El Vasco”, quien no sale de su asombro por cómo la gente joven lo quiere. “Yo me engancho en todas las propuestas, pero lo único que les pido a cambio es respeto”, recalcó.

En su floreciente actividad nunca está dicha la última palabra, y siempre surgen cosas que lo hacen sentirse contento porque son reconocimientos a su tarea. “En esa fiesta de 15 se me acercó un señor de Capital Federal que estaba muy sorprendido no sólo por ver a un rosquero sino también por la calidad de la mercadería, y me preguntó si estaba dispuesto a viajar a Buenos Aires en avión para hacer lo mismo en una fiesta. Quedamos en que volveríamos a conversar”, sostuvo sonriendo.

Quienes a diario lo ven pedalear por la ciudad se preguntan por qué no se compra una moto. Nosotros creíamos que no lo hacía porque de ese modo contaminaría las roscas, sin embargo su respuesta nos sorprendió: “Pedaleo porque tengo diabetes y yo me la curo haciendo ejercicio con la bicicleta y también con mi carácter, ya que ser optimista y andar contento también ayuda”, destacó.

“Yo salgo a las 8,30 de la mañana y regreso a mi casa a la 1 de la tarde aproximadamente, y a eso de las 15,30 horas vuelvo a salir otra vez hasta las 19. Gracias a Dios tengo un don que hace que a donde sea que voy me va bien. Yo no tengo un recorrido fijo, pedaleo para donde el viento me lleva y voy cantando. Vivo con un tango entre los labios. A mí me encantan los tangos como los de Julio Sosa y Jorge Vidal, por eso mientras pedaleo voy cantando a los gritos”, dijo mientras iba alistando su carro con las roscas.

“Yo soy amigo del invierno, a mí me gustan los días nublados para salir a pedalear. Las ventas no varían por ser verano o Con este promotor nos vamos para arriba : )invierno, pero la diferencia está en que en invierno a la una y media de la tarde ya hay gente en el parque, y en verano no”, así contaba Oscar sus preferencias a la hora de vender.

“La cantidad de cuadras que pedaleo por día realmente no las sé, pero lo que sí te puedo decir es que pedaleo por todos los barrios. No hay un solo barrio de la ciudad que no conozca. Al recorrido lo voy rotando según mis ganas. Ahora la venta se hace más fácil porque uno se ha hecho popular, por eso donde me paro vendo”, sostuvo.

Generalmente se lo ve con un silbato colgado, sin embargo confiesa que “casi no lo usa porque le gusta el grito”. Pero como forzar la voz durante varias horas al día puede traer consecuencias en las cuerdas vocales, le preguntamos cómo hacía para cuidarse la voz y su respuesta no quedó exenta de humor: “A las cinco de la mañana hago buches con whisky del bueno, le pego dos sorbitos y arranco. Esa es mi receta para andar bien de la garganta”.

A la hora de hablar sobre las roscas que vende, es el único momento en que se pone un poco más serio. “Hacemos las roscas con productos de calidad porque nuestra idea inicial era hacer para volver a vender, y la única manera de que te vuelvan a comprar es si lo que ofrecés es bueno y fresco. Nosotros nunca vendemos roscas del día anterior. Para mí lo importante para que te vaya bien en este tipo de negocios son la limpieza, el respeto y la calidad”, puntualizó.

Rosque remarcó también que “la clave para que las roscas sean tan ricas radica en el amor con el que están hechas por la manos de la patrona. Yo soy vendedor y nada más. La fama la tengo yo pero el mérito es de ella”.

“Yo soy un tipo que siempre mantengo la línea de limpieza y de conducta -indicó-, por eso si entrás a nuestra cocina vas a sentir como si entraras a una clínica. Está todo muy limpio y en orden. Yo ni bien llego de vender me saco la ropa, la pongo para lavar y también manguereo el carro todos los días. Son detalles que hacen a la calidad de lo que hacemos”.

“Todo se trabaja a mano. Mi vieja hace la masa, dos de nuestras hijas nos ayudan, yo las vendo y luego después mi vieja cuenta la plata” dijo sonriendo, sin dejar pasar por alto que “lo de vender roscas surgió en el contexto de un proceso de años malos, de mucha desocupación”.

“Arranqué vendiendo entre 8 y 10 docenas de roscas en contra de mi voluntad, pues esto en verdad fue idea y empuje de mi mujer, que es el alma mater del negocio. Mi señora no quiere fama, es de perfil bajo. Lo de hacer las roscas me lo propuso ella a partir de una visión que le puso Dios, en donde vio una mesa en donde había muchas roscas. Al principio yo no quería hacer nada porque venía derrotado de años de lucha, en donde debido a los cambios de política económica de Menem y la desocupación tuve que cerrar el negocio que teníamos en Avellaneda y Pringles”.

“Cuando empezamos a vender las roscas ella fue muy franca conmigo -destacó-, ya que estábamos pasando por un momento muy malo desde el punto de vista financiero, y me dijo: `Yo te voy a ayudar, vamos a salir de esta, pero vos a mí me ponés la platita todos los días arriba de la mesa. El día en que vos no traigas la plata yo no trabajo más”.

La frase de Ana María Cabrera sonaba fuerte al oírla, pero tenía su fundamento, ya que antes de comenzar a vender roscas tenían un negocio que incluía también la venta de sándwiches en las obras en construcción y Rosque era de dar tanto fiado que cuando iba a cobrar muchas de las cuentas quedaban impagas. “Por día yo vendía 150 sandwiches en las obras y también 100 cafés, era un platal, pero lo vendía fiado, y cuando llegaba la quincena uno pagaba, el otro disparaba y el otro te peloteaba. Yo al principio le recriminaba a mi mujer diciéndole `vos no tenés corazón´ y después, en la época brava de Menem, cuando tuvimos que cerrar el negocio, me di cuenta de que ella estaba en lo cierto, porque también hay que saber administrarse”, dijo Oscar.

Ya que estábamos hablando de su esposa le pedimos que nos contara un poco más sobre ella: “No debe haber muchas parejas que se lleven tan bien y se complementen tanto como nosotros. Mi señora tiene todas las virtudes: empuje, lucha, conducta, es cariñosa, muy buena madre y mi gran sostén. Es mi mano derecha, la que maneja todo. Algunas veces me hace calentar, pero después reconozco que tenía razón en lo que me decía”, indicó.

“Ya llevo pedaleando como 15 años, y lo que más me gusta de andar en la calle es el cariño que recibo de la gente, porque soy un tipo muy querido. Que se baje un chico de un auto y te dé un beso, y que otro de 15 años pase y me diga `Ahh rosquero, si me habrás dado roscas cuando era chico´ son cosas que a uno lo reconfortan. También recuerdo el caso de un chico del Fonavi que siempre que me ve me dice: `Y pensar que yo me llamo así por vos´, porque antes de que él naciese su hermano mayor me dijo que estaba preocupado porque su mamá estaba por tener familia y le iban a poner a su hermano un nombre que él no se iba a acordar. Así que yo le dije: `Vos dejá, no digas ni una palabra, porque independientemente del nombre que le pongan nosotros lo vamos a llamar Facundo´, y así fue como finalmente lo bautizaron. La madre cuando me ve por la calle se ríe y me dice: `Este Facundo es tuyo´, y yo le respondo que mío es sólo el nombre”.

Dentro de las muchas cosas lindas que le pasaron a Rosque está el haber participado como orador de primer TEDx que se realizó en Olavarría, organizado por la Facultad de Ingeniería; un evento de renombre mundial que consiste en difundir ideas que valen la pena mediante el formato de charlas que no exceden los 18 minutos. “Esa experiencia fue hermosa, para mí dar la charla fue lo mismo que si estuviese hablando con vos -sostuvo-, aunque al principio me resistí a ir porque yo no quería andar escribiendo nada, sin embargo fui y me puse a hablar, y si a mí me dejan hablar nunca me meten preso, porque yo vivo hablando”, dijo.

Contento con la caricatura que le hizo Sequeira.A lo de su participación en las TEDx Olavarría se suma las charlas que muchas veces da en las escuelas. “Cuando me invitan a charlar yo a los chicos intento transmitirles que es importante estudiar, y también lo que mis padres me enseñaron a mí: trabajar, porque a este país lo levantamos trabajando. También les recalco la importancia de los valores humanos y les digo que además de estudiar aprendan un oficio, porque si no aprenden nada van a terminar en la calle”, remarcó.

Y ya que estábamos hablando de las cosas que en la vida realmente valen la pena, le preguntamos qué era importante para él: “Para mí en la vida lo importante es la familia, las hijas, los 44 años de casado que llevamos y también el cariño que se ha desatado en la gente. Yo disfruto cuando los padres me piden permiso para sacarle una foto a sus hijos sentados en el carro o cuando vienen los muchachitos para cargarme y me pone arriba de la bicicleta la remera de River. `No me ensucien el carro´, les digo, y ellos se ríen. Creo que hoy no debe haber otra persona a la que en la calle sigan tanto como a mí”, resaltó “El Vasco”. Y nosotros damos fe de que es así, porque para ilustrar esta nota lo seguimos varias cuadras en su recorrido diario y muchísima fue la gente que lo iba saludando, le levantaba el pulgar o lo cargaba por ser bostero.

Su día a día en la calle es realmente un disfrute, sin embargo no todas han sido rosas. “Momentos feos pasé cuando me robaron dos veces la bicicleta y cuando un chico, que estaba drogado, me dio vuelta el carro y me tiró todas las roscas al piso, pero salvo esos episodios todos los momentos que vivo en la calle son buenos, porque yo siento mucho respaldo de parte de la gente”. Otro momento duro que le tocó vivir fue el 2 de febrero de 1981, cuando falleció su mamá, sin embargo la vida lo compensó haciendo que ese mismo día, pero del año 2015, naciera su nieta Olivia, por la cual tiene locura al igual que por el resto de sus nietos.

No pudimos zafar de caer en el lugar común de preguntarle por qué no ponía un negocio en vez de pedalear tanto, su respuesta fue bien clara: “No lo hago porque lo mío es la calle, a mí me sacás de la calle y me muero. Me han venido a buscar hasta para poner un local en Tandil, pero yo no quiero, acá disfruto estando con mi gente, estando en la calle, estando a los gritos y haciendo bromas con los que pasan y me cargan por ser bostero”.

Dentro de las cosas que Rosque disfruta está el poder ayudar. “A mí me gusta ayudar, yo si le doy una rosca a un chico es porque lo siento, lo mismo si le compro un par de zapatillas, hago ese tipo de cosas porque las siento, por eso a la noche cuando me acuesto agradezco el poder ayudar y le pido a Dios para que nos brinde fuerza y salud para poder continuar”.

Sabiendo que disfrutaba ayudar y que lleva muchos años haciéndolo en el anonimato, le insistimos para que nos cuente alguna anécdota. “Un día venía por la Escuela Esquiú y vi a un nenito llorando. Me acerqué, lo miré y vi que tenía las alpargatas rotas y todos los dedos afuera, así que le regalé un rosca. Le pedí que no se vaya, agarré un palo y le medí el largo del pie. Enseguida me fui hasta una zapatería, entré y le dije a vendedor que me diera un par de zapatillas, y cuando me preguntó por el número le dije que tenía que ser del largo del palo. No sabés la alegría del borrego cuando le di las zapatillas. Esas son las cosas que a mí me hacen sentir muy bien” declaró.

“Todos los días regalo dos o tres docenas de roscas, porque yo a los chicos de la calle no los puedo ver con hambre. Lo mismo que comprarle un par de zapatillas a algún chico que no tiene. Esas cosas nadie las ve porque no llamo a los medios para publicitarlas, son cosas que hago porque realmente las siento. Hay gente grande que a veces me recrimina diciéndome `Ehhh… usted siempre manteniendo vagos´. A ellos siempre les digo que si no son Dios no juzguen, y también les aclaro que cada uno es dueño de hacer con su dinero lo que quiera. Pero así como te cuento esto también me voy encontrando con gente como un hombre que los otros días se paró, me compró una docena de roscas y me pidió que le cobrara dos docenas, cuando le pregunté por qué me dijo: `Es porque los vagos de mis hijos siempre vienen y te garronean una rosca´ “.

“A mí me gusta comer bien, hacer mis buenos asados, ayudar y disfrutar de la familia y de la vida, porque yo la plata la hago para gastarla. Mucha gente cree que amontonando la plata va a vivir más, y no, yo así como la hago la gasto y la disfruto. Para colmo los yernos de ahora no son como los de antes, no traen nada. Se sientan a la mesa y comen, por eso yo ya les dije: `Ustedes me comen el asado y me toman el vino, pero van a pagar el sepelio, porque yo no lo voy a pagar´ ”. Así, entre cargadas y bromas, Rosque pasa buena parte de sus días, pues considera que un espíritu alegre es también un buen remedio para contrarrestar la diabetes que bien mantiene a raya con tanto pedalear.

Por día “El Vasco” recibe muchísimas cargadas con motivo de su fanatismo por Boca, sin embargo, negocios son negocios: “Cuando juga River y Boca, si pierde Boca yo me amargo, pero las gallinas hacen fila para gastarme y ese día me compran. Y si pierde River las ventas me bajan porque las gallinas se escoden, y por más que sea fanático de Boca a mí me conviene vender”, dijo a carcajada limpia, mientras terminaba de ultimar los detalles para salir a pedalear.

“A mí siempre me gustaron los jugadores de huevo, como Antonio Rattín”, dijo Rosque, y destacó que cada vez que alguien lo carga porque Boca pierde, les retruca diciendo: “Ustedes son como Sierra Chica, viven del penal” (ver recuadro aparte titulado “Se pelean, pero en el fondo se quieren”).

Mientras la charla había girado en torno al fútbol, tuvimos la grata sorpresa de conocer a Ana María Cabrera, la esposa de Rosque, quien muy amablemente se acercó a saludar, en compañía de su perro Nelson.

Rosque envolviendo su botellita de agua con limón para no deshidratarse.Ni bien la vimos le insistimos para que nos permitiera sacarle una foto, de manera que más personas puedan conocer a la hacedora de las rosca, ya que Oscar es el vendedor estrella, pero ella es quien fabrica las 50 docenas de roscas que a diario consumen los olavarrienses.

Como ya Rosque nos había anticipado que lo del negocio de las roscas había surgido por medio de una visión que tuvo su esposa (ver recuadro aparte titulado “Dios me mostró una mesa con muchas roscas”), intentamos saber un poco más, y Ana María (quien es Evangelista Pentecostal) no dudó en afirmar: “Dios nos mostró roscas, así que si hubiésemos hechos churros esto no hubiese funcionado, porque no hubiésemos oído la voz de Dios. Nosotros oímos la voz de Dios e hicimos lo que él nos mandaba, así que arrancamos con lo que teníamos: una cocina común y dos sartenes chicas”.

Cuando Ana María terminó su frase fue casi instintivo preguntarle a Rosque si él también era tan creyente como su señora. “Y… más o menos” se adelantó a responder Ana María, y en medio de la risa Rosque dijo: “Muchas veces la vida te tiene que golpear para poder reconocer hacia dónde tenés que ir”.

“A mí me llena de alegría y orgullo sano cuando salgo a la calle con él y veo cuánto lo quiere la gente”, dijo Ana María, y también manifestó: “Formamos un buen equipo, yo me encargo de pagar todo, llamar a los proveedores y fabricar las roscar, y él sale y las vende”. Cada uno hace muy bien su parte, y reconoce que no podría hacer lo que hace el otro, porque Ana María siente que no tiene el mismo carisma que Rosque vendiendo, y por su parte él declara que no tiene la mano angelada de su esposa para la cocina. “Yo soy el vendedor estrella, el artista, pero la platita la cuenta ella” dijo Rosque sonriendo.

“Nosotros somos muy organizados para trabajar y tenemos todos siempre muy bien estructurado -explicó Ana María-, porque yo soy muy meticulosa para trabajar y trato de no dejar nada libre al azar. Ya la noche anterior dejamos preparado todo lo que vamos a necesitar para preparar la masa. Ni bien nos levantamos, a las 4:25 de la mañana, comenzamos y ya para las 8 de la mañana estamos terminando de hacer las roscas. No es fácil levantarse, preparar la masa y todos los días salir a vender, a veces uno se cansa, sin embargo nosotros siempre tiramos parejo”, enfatizó.

“Lo que también hago ni bien nos levantamos es mirar cómo está el clima. Si llueve no hacemos roscas y si el día está medio feo enseguida corro hasta la computadora, en donde tengo todos los pronósticos del clima, y veo si se justifica cocinar o no”, dijo Ana María.

Rosque esperó a que su esposa terminara la frase y acotó: “A veces te da por las pelotas que alguno te diga `Ehh rosquero hizo plata que ayer no salió´, y yo les digo `No, hermano, es que tengo más de 70 años y tengo que cuidar mi salud´”.

“El lunes es nuestro único día de descanso y ese día no quiero ni salir a la calle, me quedo descansando en mi casa, aunque a veces aprovechamos para hacer algunos mandado o dar alguna vuelta por ahí”, manifestó “El Vasco”, y aclaró: “A mí me encanta que el tiempo esté bueno, porque a mí me gusta muchísimo estar en la calle. Yo siempre le digo a mi señora que de tan grande que es el cariño, el afecto y el reconocimiento que recibo en la calle, es imposible dimensionarlo, ya que por donde voy me paran y me saludan hasta las criaturas”.

No nos quisimos despedir sin preguntarle a Rosque si quería hacer algún agradecimiento, y también le pedimos que nos diga cómo le gustaría que lo recuerden: “A quien primero le agradezco por todo lo que me toca vivir es a Dios, ya que me da fuerza y salud. También le agradezco a la gente por el cariño y la confianza que me brinda, al igual que mi familia. Y agradezco también por mi mujer, que a veces me caga a pedo pero con razón”.

“A mí me gustaría que la gente me recuerdo como soy, alegre, cantando, cargando a uno, cargando a otro, ayudando a uno, ayudando a otro. Cuando miro hacia atrás veo que mi vida ha sido hermosa, y de hecho llevo una vida hermosa. Yo soy un hombre feliz, me cago de risa todo el día y siempre veo el lado positivo de la vida. Por más mal que me haya ido en algún momento yo siempre tiré ondas buenas, y eso es lo que sigo haciendo”, dijo por último “El Vasco”, tras regalarnos algunas roscas, despedirnos y abrir el portón para sacar su carro y nuevamente salir por los barrios.

Si ya era admirable observarlo pedalear mañana y tarde muy feliz por cualquier punto de la ciudad, saber que tiene 71 años y una gran fortaleza anímica hace que verlo desarrollar su actividad con tanto amor y entusiasmo emocione, y merezca un gigantesco aplauso.

Rosque sabe que el día que ya no pueda pedalear se muere porque lo suyo es la calle, el contacto con la gente, las bromas al paso y el ir saludando a todos los que se van cruzando en su camino. A buena parte de los que saluda no los conoce, pero eso no le importa, porque lo que para él realmente cuenta es que la gente sonría y que haya buena onda. Sólo basta verlo parado junto a la entrada del Club Estudiantes para reconocer, en un simple abrir y cerrar de ojos, que es un gran alquimista, porque donde él está siempre hay clima de fiesta. Con su alegre presencia transmuta la energía del lugar, y todos los que pasan se contagian de su entusiasmo.

Ojalá que siga gozando de buena salud, porque tipos así son los que necesita el mundo para que la gente sonría, celebre y no tenga miedo de salir a la calle.

Puede que para muchos el grito de “¡¡¡Rosqueee!!!”sea sinónimo de roscas fresas y deliciosas. Para quienes hacemos Está Bueno es el mágico sonido que anuncia que un hombre de gran corazón y espíritu festivo viene marchando.

Esta es la letra de la chacarera que su amigo José Lucero Pedraz le compuso.

Pulsando sobre el triángulo se puede escuchar a José Lucero Pedraz cantando “Rosque Chacarera”.

 

Una vez finalizada la nota, acompañamos a Rosque durante varias cuadras para verlo trabajar más de cerca y así ir haciendo diferentes fotos. Realmente fue sorprendente ver cómo la gente le expresa su afecto a medida que lo ve pasar; y justo es resaltar que todos los chicos que se acercaron a saludarlo se fueron felices comiendo una rica rosca : )

(Fotos: Tomás Pagano )

Además de tener une cuenta en Twitter, Rosque tiene su sitio en Facebook, y también creó una  página debido a que al llegar a los 5.000 amigos no puede seguir aceptando solicitudes de amistad: “Esta es mi nueva pagina!!Invito a todos mi amigos de el facebook a unirse a esta ya que mi facebook esta lleno y no puedo aceptar a todos los contactos!”, puso Rosque en su nuevo sitio.

Video musical de “La Cumbia de Rosque”, hecha por los chicos de Marea Alta.

Entrevista realizada por el Canal Local cuando lo homenajearon pintándole un mural en Junín y Colón.

 

“Rosque” Mandagarán también pasó por El Popsuerte de El Popular Medios.

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2 comentarios

  1. Cristian Balińo

    Un fenómeno de verdad!!! Emocionante nota que acaricia el alma.GRACIAS Vasco querido!!!

  2. Sandra

    Excelente historia de vida! Cuando se quiere se puede y DIOS abrirá las ventanas de los cielos y derramará bendiciones hasta que sobreabunde….

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