Tallando desde el corazón

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Mariano Verón se define como un “escultor todoterreno”, que decidió volcarse de lleno al trabajo artístico con la madera porque le llena el alma. Hoy está plenamente agradecido de haberle hecho caso a la enseñanza de su “Tata”, la tía-abuela que sabiamente le aconsejó que dejara de dar vueltas y siguiese su sentir. Conocé la historia de este joven olavarriense que con sus obras busca plasmar en la madera lo que previamente pasa por su corazón. Siempre lo vas a ver en las fotos con su dedo índice en dirección al cielo, por eso Está Bueno que descubras el hermoso motivo que inspira su señal : )

Respetuoso y con firmes convicciones que lo hacen ir derecho por la vida, a sus 36 años Mariano se siente feliz de haber creado su “casa-taller”, el primer gran paso para soñar con la posibilidad de gestar una taller aún más grande y bien completo en donde poder ayudar a que más personas se expresen de manera creativa, a través de la escultura, sintiendo. Dos de sus mayores obras se pueden ver en la Facultad de Ingeniería y en el Hogar de Ancianos.

Hace poco participó del Festival Nacional de Esculturas en Nieve que se realizó en Ushuaia, una lejana ciudad a la que no llegó por obra del azar sino debido a que fue capaz de no claudicar y trabajar día tras día para ser un mejor artista. Le pone constancia, dedicación y mucho amor a su trabajo, y cuando las fuerzas decaen no duda en lanzar un grito que lo ayuda a darse ánimo, el cual escribe, sobre el papel, de este modo: “Vamoo Lokoo!!!”. “Lo importante es trabajarse por dentro, hacerse fuerte, comprometerse siempre con lo que se hace e ir siguiendo lo que uno siente, porque si uno hace cosas buenas, atrae gente buena y también llegan cosas buenas. Nosotros, por darte un ejemplo, no te hacemos un cartel en madera con la dirección, te hacemos la bienvenida a tu casa”, detalló.

Mariano está abocado a los trabajos personalizados en madera, sin embargo también sabe hacer esculturas en piedra, yeso, retak y arcilla, e interviene diferentes materiales con diversas herramientas, por eso cuando le preguntamos por su profesión no dudó en definirse como un “escultor todoterreno al que le gusta curiosear, experimentar e indagar sobre las propiedades de los diferentes materiales”.

Prefiere trabajar en madera porque siente que es un material muy noble que lo conecta con su infancia. De chico se crió en una casa antigua, con un patio muy grande que tenía muchos árboles que le llamaban la atención, al igual que el libro que descubrió cuando tenía diez años, en donde había muchas formas hechas en madera que lo cautivaron.

Hurgando en sus recuerdos, Mariano destacó: “mi primera obra la hice sobre un taco de Pino, en quinto grado, en el Colegio Cáneva, en la clase de plástica que estaba a cargo de la profesora Nancy Librandi. En esa oportunidad hice un grabado de un indio”. Tras ese primer trabajo, Mariano siguió explorando el arte de tallar por medio de navajas, cutters y cortaplumas, elementos con los que iba haciendo cosas chiquitas en madera a modo de hobby.

“Al principio siempre hice trabajos con formas abstractas porque no sabía dibujar -sostuvo-, ahora se enseña al revés, se parte de las formas figurativas y luego se pasa a las abstracciones, pero como en mi caso empecé siendo autodidacta, me sentía más cómodo con las formas abstractas”. Una de sus primeras obras abstractas, hechas en piedra, fue comprada precisamente por Nancy, la profesora que lo vio hacer su primer grabado en madera.

Si bien tomó clases en el taller de tallado que se dictaba en la Escuela Municipal de Orfebrería, estar en permanente contacto con la naturaleza y ser un muy buen observador, que está dispuesto a aprender de todo lo que lo rodea, fueron los puntos claves para que la creatividad se manifieste en cada uno de sus trabajos, en donde prima la intuición. “Me nutro de todo, y también tengo la suerte de contar con amigos como Eugenio Volpi, quien conoce mucho de maderas, porque tiene un aserradero, y me va asesorando sobre las propiedades de la materia prima con la que trabajo”.

En su proceso de formación también influyó mucho su cercanía con Armando Ferreira, al que conoció por ser amigo de Juan, quien es sobrino del maestro platero olavarriense: “Si bien él trabaja con los metales, pero para mí Don Armando es un gran referente con el que me siento muy identificado por la manera en que trabaja, por eso entre charlas y mates, en la medida en que lo fui visitando surgió una amistad que me permitió ir encausando lo que hago”.

Mariano fue boy scout en “Nuestra Señora de Luján”. La primera escultura de granito que creó se llamó “Magma”, y la realizó el “Día del Picapedrero” en el Museo de Sierra Chica, obra que regaló a los scouts cuando cumplieron su vigésimo quinto aniversario. También regaló sus primeras diez obras, talladas siempre en contextos naturales, a sus seres queridos más cercanos: “Se las fui dando a mis amigos del barrio, a mis amigos de scout, al padre de un amigo, le fui dando las obras a la gente que sentí que se las merecía”. Esos son los gestos que marcan la clase de persona que es Mariano, quien ya a primera vista transmite la impresión de ser muy confiable.

Mientras estábamos charlando y disfrutando de unos ricos mates y facturas con las que Mariano nos agasajó, apareció Elisa Pauluzzi: “Eli es mi compañera de la vida y nos complementamos muy bien”, nos explicó Mariano, ya que “al haber estudiado diseño gráfico ella aporta buena parte de la mirada artística que plasmo en las obras”.

Elisa es oriunda de Azul, ciudad a la que una vez por semana viaja con Mariano a dar clases de arte en madera en la Escuela Municipal de Platería.

Además de las diez esculturas que regaló en sus comienzos, también hubo una obra que fue destinada como regalo de cumpleaños para la persona que al mencionarla lo emociona por todo lo que le brindó: “Cuando mi papá Alberto cumplió cincuenta años le hice un Molina Campos. Mi viejo es un gran referente en mi vida, es mi ejemplo a seguir”.

Cuando le preguntamos qué valores sentía que su papá le había transmitido, la emoción que reflejó su mirada y el quiebre de su voz fueron la mejor respuesta. “Mi viejo es todo”, expresó tras una breve pausa, y también destacó lo mucho que valora a su mamá, sus hermanos y también a su pareja Eli y su familia: “ellos son el complemento que te ayuda a ver todo lo que tenés adentro”, dijo de manera muy sentida.

Pero si hablamos de las personas que han sido muy significativas en la vida de Mariano, su tía-abuela no puede ser excluida de la nómina, pues fue quien le marcó el camino a seguir. “Mi Tata, que estuvo conmigo hasta sus 95 años, me dijo `dejate de joder de dar tantas vueltas y hacé lo que vos sentís. En honor a ella, en las fotos me vas a ver con el dedo índice hacia arriba, pues es mi forma de señalar hacia dónde está ella ahora y también de recordarme que tengo que hacer siempre lo que siento. Al momento de las fotos muchos me dicen `eh… bajá el dedo´, pero yo les digo `el dedo va´, porque la señal que hago con el dedo índice también significa que en lo que uno hace tiene que haber un plus, un toque de distinción que marque la diferencia”, dijo Mariano con firmeza.

Al escuchar su explicación Tomás sonrió, pues en su intención de sacarle diferentes fotos para ilustrar esta nota también le había dicho si podía bajar el dedo : )

Trabajar de lo que realmente lo apasiona no fue sencillo. “Al principio tuve que sustentarme económicamente haciendo distintos trabajos que nunca me terminaban de cerrar, porque internamente sabía que no estaba haciendo lo que realmente sentía. Hice de todo, entre otras cosas trabajé en la construcción, hice de cocinero y fui pizzero, pero nada de eso me llenaba, porque sentía que me quería dedicar al arte, y siempre salía a flote la madera”, sostuvo.

Poco a poco se fue comprando sus herramientas y se animó a vender sus primeras obras en el veredón de la calle Vicente López, y también iba casa por casa ofreciendo sus tablas para picadas. Sin embargo, el click interno que le permitió gestar su “casa-taller” y lo llevó a crear obras de gran magnitud (utilizando una motosierra) lo hizo en el verano del 2012, cuando en busca de claridad y respuestas que le dieran sentido a su vida se fue solo en bicicleta hasta Mar del Plata. Allí se encontró con su tío “Caito”: “él también es un gran referente para mí, y me dijo que haga lo que realmente sienta y dejara de mentirme”. Sincrónicamente por esos días recibió un llamado telefónico de su amigo Juan, quien le avisó que en la Escuela de Orfebrería de Azul tenía una oportunidad laboral. No lo dudó y regresó a dedo, dispuesto a dar un giro en su vida.

Así fue como estando en Azul conoció a Eli y sus caminos se unieron para dar vida a un presente muy distinto, que lo muestra feliz por saber que hace lo que siente: “Ahora trabajamos de manera bien organizada, por medio de catálogos y dándole a cada cliente una atención bien personal que crea vínculos. Nos vamos reinventando cada día con todo lo que vamos aprendiendo”, sostuvo Mariano con una gran sonrisa.

Una de sus esculturas en madera, titulada “Oí, vi y sentí”, bien sintetiza su proceso de transformación. “Se llama así porque oí un llamado, vi un camino y sentí que tenía que animarme a recorrerlo”, subrayó.

“Cuando uno se quiere dedicar al arte busca absorber de todas las personas sus cosas buenas -nos explicó-, para poder ir incorporándolas en lo que se va haciendo. Para mí modelar la madera es ir conectando con su espíritu, es como que la madera te va diciendo cosas y vos la vas modelando. Se entabla una especie de diálogo”.

“Cuando viene alguien a encargarme una escultura siempre busco poner en la obra mi toque personal”, sostuvo mientras señalaba con su mano al corazón. “Siento lo que hago, busco crear una conexión con la persona que quiere que le haga una obra para que eso también se vea reflejado en la escultura, de ahí que cuando vienen a verme lo primero que hago es indagar sobre qué es lo que internamente los motivó a visitarme”.

Mirando a Eli con amor, nos dijo: “Nosotros queremos que la gente se anime a encargar esculturas, ya que por medio de esas obras buscamos plasmar lo que las personas sienten y le sumamos nuestro vuelo artístico. Hay gente que nos da plena libertad para que hagamos lo que a nosotros más nos resuene, y realmente disfrutamos haciendo nuestro trabajo”.

“Nuestra primera escultura juntos –rememoró- fue para el casamiento de una prima, oportunidad en que tallamos en madera a dos personas que se unían formado un corazón”.

“Está bueno poder tener arte en tu casa y compartirlo -agregó-, por eso nosotros queremos que nuestros trabajos trasciendan la madera y transmitan algo cuando se ve la obra terminada, de manera que exista un vínculo y lo que se creó no sea algo simplemente decorativo. En todo lo que hacemos le ponemos arte, por eso incluso podés ver que hicimos una tabla para picadas con forma de guitarra”.

Al trabajo que realizan Mariano lo denomina “arte en madera”, porque “tallar pueden tallar todos, pero en nuestro caso buscamos marcar una diferencia de manera creativa, sintiendo de corazón lo que hacemos. Buscamos ir más allá de la madera, de manera que nuestras creaciones generen vínculos y transmitan emociones”, manifestó por último.

Si bien actualmente brinda todo lo aprendido a quienes se acercan a tomar clases en su “casa-taller”, y junto con Eli y Gustavo Belis conforma un equipo de escultores (que lleva por nombre “Equipo Escultórico de Olavarría”), Mariano se ilusiona con que en un futuro cercano Olavarría pueda contar con un parque de esculturas, y que sus obras, junto a la de muchos otros artistas locales, formen parte del patrimonio que hermosee la ciudad. Mientras tanto, elige crear junto con Eli un cálido presente centrado en el arte, para ofrecerle la mejor de las bienvenidas al hijo varón que muy pronto nacerá y le dará aún más brillo a sus miradas.

Gracias a las palabras de su amigo y maestro platero Armando Ferreira, Mariano sabe que “con trabajo y esfuerzo se logran los frutos”, por eso cada día tiene muy presente ese mensaje, al que refuerza con las sabias palabras de su tía-abuela “Tata”, quien le dijo que siga el camino del corazón. No porque sí eligió la nobleza de la madera. Con su arte ilumina, embellece la existencia y le aporta una singular cuota de magia a toda la Creación, haciéndole caso a su voz interior para que lo que siente se vea reflejado en cada una de sus obras : )

(Fotos: Tomás Pagano + facebook de Mariano Verón)

Festival Nacional de Esculturas en Nieve: Acá te dejamos el video  y algunas fotos que Mariano nos compartió sobre la maravillosa experiencia que vivió recientemente en Ushuaia, a donde viajó para competir en el Festival Nacional de Esculturas en Nieve, junto con un equipo conformado por Lucas Ñukemapu (uno de sus alumnos), Cristian Bulán y su pareja Eli: “Allá nos sentimos como en casa, porque nos recibió un olavarriense, llamado Saturnino Alonso, más conocido como Tití, quien desde hace 20 años reside en Ushuaia. Nos recibió en su casa y con tortas fritas, mientras que afuera nevaba. Fue realmente hermoso. Nos sentimos como si estuviésemos en casa”.

Nunca habían modelado la nieve, sin embargo practicaron con barro y se animaron a viajar. Participaron tallando un bloque de nieve compacta, de 2,40 metros en todas sus dimensiones, que llevó como nombre “Fuerza Interior”. Al evento llevaron herramientas que ellos mismos habían creado, las cuales resultaron ser una gran sorpresa para los participantes del evento, dada la originalidad de las mismas. El reconocido escultor italiano Antonino Pilello también estuvo en el festival y se sintió atraído por las tres herramientas que Mariano y su equipo habían creado: “Nino es como si fuese el papá de las esculturas -sostuvo Marino-, y cuando vio nuestras herramientas nos dijo que las quería copiar, pero le dijimos que ni falta hacía porque desde ese momento las herramientas eran suyas” : )

 

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