Un ángel que pinta estrellas amarillas

Escucharlo emociona. Verlo pintar moviliza. Le tocó atravesar una de las experiencias de vida más duras y dolorosas que un padre puede llegar a vivir, sin embargo fue capaz de ponerse de pie y ayudar a generar conciencia. Gustavo Javier Spaltro pinta estrellas amarillas. No sólo lo hace para homenajear a las víctimas de siniestros viales, también quiere que el calvario que le tocó pasar no se vuelva a repetir jamás. Su historia tiene detalles que llaman la atención, y ponen de manifiesto que se trata de un hombre de buen corazón, que no busca revancha; él se abre a la posibilidad de que en la vida todo suceda para aportarnos nuevas enseñanzas que nos permitan ser mejores seres humanos, si somos capaces de develar las enseñanzas ocultas de lo que nos toca vivir y aprendemos a servir poniendo amor en lo que hacemos.

Por definición, “ángel” es un mensajero que aporta luz, de ahí que Gustavo bien puede ser llamado “el ángel que pinta estrellas amarillas”, pues su mensaje inspira el respeto por la vida y la toma de conciencia de que todos podemos hacer nuestro aporte para contribuir a la paz social. Su conmovedora historia invita a reflexionar sobre la necesidad de moverse desde el corazón, para que la lógica que promueve la razón no nos conduzca a transitar el camino del “ojo por ojo” en donde todos quedamos ciegos.

En una sociedad en donde muchas veces la lógica proclama que hay que matar al que mata o encerrarlo hasta que se pudra, Gustavo elige servir, vivir en paz y no promover la violencia. Su hija Nadia falleció a los 20 años en el resonante accidente de la combi (ocurrido en septiembre del 2008), que también le costó la vida a otros tres jóvenes estudiantes olavarrienses; y por si con eso solo no bastara, al poner un autoservicio en el barrio Independencia cayó en la cuenta que quien vivía pegado a su local comercial era la mujer que conducía la combi. ¿Acaso se trata de una cruel broma del destino? Gustavo intuye que no, y reconoce que la vida lo está invitando a dar un nuevo paso que le permitirá abrir aún más su corazón, pero eso te lo contamos más adelante.

“Cuando Nadia falleció yo estaba viviendo en España. A la una de la mañana me avisaron lo que había pasado y me agarró un ataque de locura. Me vine enseguida y al mes y medio de su entierro volví a ir a España porque allá trabajaba como encargado en una cadena de supermercados, así que fui a capacitar a otra persona para que ocupara mi lugar y regresé a Olavarría. Estuve dando vueltas ocho meses sin saber qué hacer, sentía que se me había terminado el mundo. Aún hoy, que ya han pasado siete años y medio, el dolor por su ausencia continúa”, así comenzó Gustavo a contarnos la dura historia que llevó a que su vida diese un vuelco inesperado.

“En el 2009 -continuó- me volví a España por otros cinco meses, y antes de que llegara fin de año, mi otra hija, Macarena, me dijo que regresara porque el papá de una amiga suya tenía un expreso y necesitaba gente para la sucursal de Bahía Blanca. Fue así que volví, me puse en contacto con Rubén Barrionuevo, de quien hoy soy muy amigo, y me fui a trabajar a Bahía Blanca. Estando allá, un día en el año 2011, mientras entregaba la paquetería del expreso, vi que había un montón de personas junto a periodistas, pregunté qué pasaba y un fletero me dijo que en ese lugar habían muerto cuatro chicos en un accidente y por eso estaban pintado las estrellas amarillas. Eso me llamó la atención, porque yo siempre sentí la necesidad de querer hacer algo por Nadia, para que su muerte no haya sido en vano, así que pregunté cómo había que hacer para replicarlo y me dijeron que me tenía que contactar con Julio Ambrosio, presidente de la Fundación Estrellas Amarillas de la ciudad de Córdoba”.

Sus ganas por querer hacer algo en homenaje a Nadia lo movilizaron. “Enseguida me puse en contacto vía telefónica con Julio Ambrosio y él me dijo todo lo que tenía que hacer. Su historia era similar a la mía, ya que su hija Laura tenía casi la misma edad que Nadia y también había fallecido en un hecho de tránsito, y eso lo había llevado a crear la Fundación que dio origen a Estrellas Amarillas, que hoy se extiende a Chile, Paraguay, Uruguay, Colombia y todas las provincias de Argentina”.

“A partir de la falta de Nadia había pensado irme a colaborar con Médicos Sin Fronteras, porque me gustaba ayudar y brindar servicio, pero yo en verdad quería hacer algo por Nadia, y como resucitarla no podía, que era lo que más hubiese querido, cuando ví lo de Estrellas Amarillas sentí pintarle una estrella a ella. Fue así que Julio Ambrosio me explicó todo lo que tenía que hacer para formar la Agrupación Estrellas Amarillas Olavarría, ya que, entre otras cosas, para poder pintar en la vía pública se necesitaba contar con un permiso por parte de la municipalidad”.

Sin perder tiempo, comenzó a moverse para que nuestra ciudad se sumara a la Campaña de Concientización Vial de Estrellas Amarillas. “Le escribí una carta al entonces intendente José Eseverri y enseguida me dio una entrevista en donde le expliqué todo lo que se estaba haciendo en Córdoba y le dije que eso mismo quería replicarlo en Olavarría para homenajear a Nadia y a todos los que habían perdido la vida junto con ella, y al mismo tiempo ayudar a generar conciencia para que eso no vuelva a suceder nunca más. A la semana me llamó Héctor Vitale para avisarme que lo sacarían por decreto y sería declarado de interés municipal, y así fue que comenzamos a preparar el lanzamiento de Estrellas Amarillas; y lo hicimos el 15 de septiembre del 2012, en el mismo lugar y fecha en donde se produjo el accidente de los chicos”, dijo Gustavo.

Esas fueron las primeras cuatro estrellas amarillas que se pintaron en Olavarría, en el paso a nivel del “Camino de los Pueblos”, para decirle “Sí a la Vida” y comenzar una nueva etapa en donde, por medio de la educación y la memoria, se pudiese trabajar en la prevención de la siniestralidad vial, haciendo que el dolor dé paso al amor para ayudar a generar conciencia.

Mientras escuchábamos el relato de los pasos iniciales que había dado Gustavo para impulsar Estrellas Amarillas, nos llamó la atención de que en más de una oportunidad mencionara “hecho de tránsito” en vez de “accidente de tránsito”, así qué le preguntamos a qué obedecía esa diferenciación: “Hablamos de hecho de tránsito para diferenciarlo del accidente, porque consideramos que el accidente obedece a la rotura de una goma, a un desperfecto mecánico o al algo fortuito, pero no incluye al episodio que acontece como consecuencia de un acto imprudente o de manejar en estado de ebriedad o pasado de drogas, ya que eso se puede evitar manejando a conciencia, en cambio el accidente es algo inevitable”.

En la noble tarea de pintar para homenajear y al mismo tiempo generar conciencia, Gustavo no está solo: “Quien me acompañó desde un primer momento fue mi cuñado, Marcelo Erretegui, él siempre me ayudó y está a mi lado, al igual que mi hija Macarena y muchos de las familiares de las víctimas de hechos de tránsito que ocasionalmente se suman para darnos una mano”.

“A partir de esas primeras pintadas la gente comenzó a llamar a la municipalidad pidiendo que le pintemos estrellas a sus familiares. Al principio la gente lo hacía con la intención de homenajear a las víctimas sin tener tan en cuenta la importancia de ayudar a concientizar, sin embargo ahora eso está cambiando”, sostuvo Marcelo.

Estrellas Amarillas Olavarría tiene muchísima repercusión. El primer año pintamos 80 estrellas, y ya llevamos 115 estrellas pintadas. Sólo pintamos la estrella de quienes lo solicitan (ver recuadro parte, titulado `Una pintada muy emotiva´). Cuando la gente nos llama le pedimos todos los datos de la persona que falleció o de lo contrario entramos al historial de El Popular y buscamos los datos del hecho para luego volcarlos en la web que, junto con El Popular, creamos para que cada estrella que se pinta quede registrada en el mapa de Olavarría”.

Su tarea no sólo abarca pintar nuevas estrellas, muchas de las estrellas antiguas también deben ser repintadas, por eso entre varias de las cosas que tiene pensadas para este año, Gustavo propondrá que el municipio ayude a señalar cada estrella (ver recuadro aparte, titulado “Los carteles ayudan a tomar conciencia”).

Además de la actividad que desarrolla como comerciante, su trabajo ad-honorem pintando estrellas lo llevó a formar parte del plantel de Seguridad Vial de la Municipalidad, de ahí que no le quede mucho tiempo libre para hacer las pintadas. “Por razones de trabajo, y porque generalmente a la gente le resulta más fácil de poder asistir, siempre pinto las estrellas los días sábado. Al principio llevábamos a un sacerdote para que bendiga cada estrella, pero al ser casi todos los sábados al cura se le complicaba, por eso muchas veces somos nosotros quienes rezamos un Padre Nuestro o un Avemaría si los familiares así lo quieren, y luego terminamos con un aplauso. Nosotros hacemos que la gente participe y pinte la estrella, a la cual se le coloca en el centro el nombre, el apodo o las iniciales de quien falleció”.

En relación al tamaño, Gustavo explicó que “para la ciudad se utiliza un modelo de estrella más chica, que mide un metro por un metro, y para la ruta una mucho más grande, que mide dos metros cuarenta y cinco centímetros de largo por un metro y medio de ancho, lo cual permite que sea más visible”.

Quienes han tenido la suerte de no contar en su historial de vida con un familiar víctima del tránsito, tal vez no lleguen a dimensionar cuán importante es en ese momento contar con apoyo, contención y asesoramiento. Gustavo sí lo sabe, por eso también se está moviendo para subsanar esa carencia. “Cuando te pasa lo que me pasó a mí el shock es tan grande que no sabés para dónde disparar, ni tampoco qué hacer, por eso al gobierno de Eseverri ya le habíamos presentado un proyecto que si bien tenía el visto bueno, por la cercanía de las elecciones no llegó a implementarse, por eso ahora también se lo presentaremos al intendente Ezequiel Galli. Necesitamos contar con un espacio físico en donde poder hacer reuniones con los familiares de las víctimas y también dar charlas de capacitación que se sumen a las que ya damos en los colegios. Ese espacio también serviría para que Estrellas Amarillas Olavarría tenga su propio lugar, en donde diferentes profesionales, tales como abogados y psicólogos, brinden asesoramiento, contención y apoyo a los familiares, porque eso es algo más que necesario”.

A modo de ejemplo, Gustavo mencionó: “El año pasado, en Del Valle y Ruta 51 se mató un chico de 21 años en un hecho de tránsito. Su papá en ese momento estaba trabajando en la provincia de Chaco y me contó que ni bien se enteró, mientras venía manejando pensaba en `el hombre de la estrellita´, por eso cuando llegó me vino a ver porque no sabía cómo seguir ni qué hacer, y casos como ese hay muchos, por eso es necesario que desde el municipio se cuente con un lugar en donde se los pueda asistir y orientar. Sé que ése es un servicio que la gente necesita, porque yo en su momento también lo necesité y no sabía a dónde recurrir”.

Cabe destacar que la propuesta del proyecto integral de apoyo a los familiares también cuenta con el apoyo de la gente de la Agrupación 16 de Agosto (fecha en la que falleció Guillermo Block y dio lugar al “Día de los caídos en moto”), quienes también podrán hacer uso de ese espacio para sus actividades, ya que de las 150 estrellas amarillas que ya fueron pintadas, 50 estrellas corresponden a los caídos en moto.

“Hoy hacemos todo a pulmón -subrayó Gustavo-, por eso contar con un espacio físico también nos permitirá agrupar todos los elementos de trabajo que hoy están distribuidos entre la casa de Marcelo, mi casa y el negocio, tales como los moldes de las estrellas, la pintura, la folletería, el libro de actas en donde dejamos documentada cada pintada, etc.”.

En relación con lo que le tocó vivir, Gustavo no duda en expresar que si hoy sigue de pie es porque “su duelo lo pudo hacer público”, ya que “hablar ayuda a sanar”. Sus palabras están cargadas de fuertes emociones: “Perder un hijo no sabés lo que es, es algo terrible. Por eso cada vez que pinto una estrella lo siento como algo propio y lo hago de corazón. La gente luego llama y agradece, también escribe y muchas veces dicen que no saben cómo agradecer lo que hacemos por sus familiares, ya que valoran que sin conocerlos los ayudemos a homenajear a sus seres queridos (ver recuadro aparte titulado `Una pintada muy emotiva´)”.

Gustavo sabe que más allá de todo el esfuerzo que realizan para poder llevar adelante con éxito las pintadas,  en parte lo que lograron también se debe al acompañamiento que los distintos medios de comunicación de Olavarría hicieron en pos de la difusión. Y en ese sentido hizo un especial agradecimiento a El Popular Medios que “nos ayudó a crear el sitio Estrellas Amarillas, en donde a medida que pintamos vamos geolocalizando en un mapa cada estrella con sus datos correspondientes”.

Hechos que llaman la atención: Ahora que ya te contamos lo que Gustavo sintió, lo que hizo y lo que tiene pensado hacer desde Estrellas Amarillas para seguir sembrado conciencia y ayudar a que otros no tengan que pasar por su mismo calvario, vamos a mencionarte un par de hechos en donde la sincronicidad y las señales marcan que las cosas que nos tocan vivir no suceden por azar, sino que están ahí para ayudarnos a vibrar aún más alto si nos animamos a movernos siguiendo la voz del corazón.

El primer hecho está dado en que Gustavo perdió una de las patentes de su camioneta un día de lluvia, y eso desembocó en un episodio que no sólo le llamó la atención, también fue una verdadera ocasión para obrar sin juzgar: “Ni bien puse los datos en internet para ver si alguien había encontrado la patente, enseguida me respondieron que el agua de lluvia la había llevado hasta la puerta de una casa. Cuando la fui a buscar y quise regalarle un vino al propietario, la mujer que la había encontrado me reconoció como `la persona que pintaba las estrellas amarillas´ y me pidió si no le podía pintar la estrella a su sobrino, de 40 años, quién luego de estar más de un año en coma había fallecido como consecuencia de haber sido embestido por una camioneta, en la Ruta 226, mientras conducía su bicicleta. Grande fue mi sorpresa al conocer el nombre del muchacho, pues se trataba del hijo de la pareja de la mujer que condujo la combi en donde falleció mi hija. Esa estrella también la pinté de corazón, al igual que lo hago con todos lo que me lo han pedido, sin embargo recuerdo que ese episodio me llamó mucho la atención por cómo se habían dado las cosas”, sostuvo Gustavo.

El segundo hecho sincrónico, tal como te lo adelantamos al comienzo de esta nota, está dado en que luego de abrir su autoservicio en el barrio Independencia Gustavo descubrió que quien vivía junto a su local comercial era la joven que manejaba la combi en donde su hija perdió la vida.

Hace tres años que a diario la ve pasar por la vereda de su comercio sin que medien palabras. Contrariamente a lo que muchos podrían suponer, Gustavo nunca buscó revancha, ni tan siquiera en el simple hecho de tener que pasarles la pelota a sus hijos cada vez que cae en el fondo de su negocio o cuando acuden a realizarle alguna compra.

Gustavo desconoce los motivos por los cuales la conductora de la combi “nunca se acercó a hablar”, sin embargo considera que si el dolor por la pérdida de su hija es grande, tal vez el de la conductora puede que sea aún mayor, porque cuatro fueron las personas que perdieron la vida en el cruce ferroviario. Internamente sabe que tienen una charla pendiente. Siente que la situación que vive no es casual, y que hay un paso que tendría que animarse a dar, y que es acercarse a hablar con ella a corazón abierto. Intuye que “en ese encuentro está la oportunidad de perdonar” y también de “ser capaz de escuchar, sin criticar”, para comprender lo que la joven siente. “Yo no la juzgo, porque no sé lo que en ese momento pudo haber pasado por su cabeza, ni tampoco sé qué es lo que ella siente, por eso creo que estaría bueno que podamos hablar”, sostuvo Gustavo, aunque de todos modos reconoce que “siempre todo tiene su tiempo”.

Nunca se sabe. Quizá ese será el encuentro que ayudará a que Gustavo siga abriendo aún más su corazón, al tiempo que le permitirá a la joven dejar de cargar con una mochila tan pesada, ya que ninguna persona en su sano juicio desea la muerte de nadie, y de lo que llamamos “errores” o “fatalidades” todos tenemos algo que aprender, ya que las casualidades no existen.

Al momento de fallecer, Nadia tenía un hijo (llamado Joaquín) que hoy tiene 10 años. Con el paso del tiempo ese niño sabrá lo que su abuelo Gustavo hizo en memoria de su madre y comprenderá que pese al dolor por lo que le tocó vivir, eligió transitar el camino del amor y dejar de lado la revancha, el odio y el rencor, perdonando y ayudando a promover conciencia.

Su documento podrá decir que se llama Gustavo Javier Spaltro, para nosotros (por su forma pacífica de proceder, por seguir sonriendo en la adversidad, por su don de gente y por ser un verdadero ejemplo de lo que implica el amor en acción) Gustavo es “un ángel que pinta estrellas amarillas”, y de corazón ayuda a construir una nueva humanidad.

(Fotos: Tomás Pagano + facilitadas por Gustavo Spaltro)

Clickeando sobre la imagen se puede acceder al sitio en donde El Popular Medios, junto con Estrellas Amarillas Olavarría, creó para geolocalizar cada una de las estrellas que se van pintando.

Una buena noticia: el Ejecutivo Municipal anunció que llamará a licitación para construir un puente en el Camino de los Pueblos, escenario de múltiples accidentes fatales en donde perdiera la vida la hija de Gustavo (ver nota sobre el anuncio en El Popular Medios). Esto es lo que Spaltro decía en el Canal Local cuando se enteró de la buena noticia:

 

Clickeando sobre la imagen se accede al sitio que en facebook creo la Fundación Laura Cristina Ambroso Battistel, impulsara de Estrellas Amarillas.

Clickeando sobre la imagen se accede al sitio en facebook de Estrellas Amarillas Olavarría.

Clickeando sobre la imagen se puede acceder al sitio en donde desde Estrellas Amarillas se está impulsando la creación del primer monumento nacional a todas las víctimas de tránsito del país.

En este video se puede escuchar el Himno de Estrellas Amarillas

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4 comentarios

  1. Osvaldo Daniel Robbiani

    Gustavo te mando un abrazo y un recuerdo para Nadia que cuando daba sus primeros pasos jugaba con nuestra hija y las otras nenas en el Barrio Sarmiento

  2. Valentina

    Admirable! Pocas persona lograr resolver situaciones trágicas con tanta paz y serenidad, sacar lo “bueno” de la tragedia, dejar el rencor de lado y ser un ejemplo a seguir!

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