Un gladiador del Dakar

Si hablamos de fuerza de voluntad, entusiasmo, garra, adrenalina, convicción, amor propio, y de confiar en la fuerza interior sin traicionar los sueños, es imposible no referirse a Juan José “El Gato” Barbery, un verdadero gladiador del Dakar por cuyas venas fluye la mágica pasión por el motociclismo. Pese a que tuvo cuatro conmociones cerebrales y que en varias oportunidades debió sobreponerse a situaciones muy adversas, nunca baja los brazos y sigue batallando por lo que más quiere: convertirse en piloto profesional del Dakar, el evento internacional que lo marcó a fuego cuando murió su coequiper y amigo Jorge Martínez Boero.

Quienes bien lo conocen saben que cuando se propone algo nada lo detiene. Lograr el objetivo de terminar un Dakar en moto le llevó tres años (del 2011 al 2013), y eso le aportó muchísima experiencia. Ahora, todas sus energías están focalizadas en un objetivo aún mayor: competir en auto de manera profesional, disfrutando de todo lo que implica el intenso y aleccionador proceso que demanda largar un nuevo Dakar.

A sus 41 años, el piloto olavarriense que se convirtió en el tercer periodista del mundo en terminar un Dakar y el primero de Latinoamérica en finalizarlo en moto, tiene muy en claro que cada nuevo enero buscará estar en la línea de partida, porque quiere que en su vida haya Dakar para rato.

Las enseñanzas de vida que capitalizó corriendo lo han hecho más sabio, sereno y reflexivo. Es consciente de que más allá del plano físico y mental, “el Dakar también cuenta con una dimensión espiritual, que es la que brinda las vivencias más intensas y profundas”. Fuimos a visitarlo para que nos cuente lo que aprendió, ya que Está Bueno que todos podamos nutrirnos de sus experiencias.

Juan José Barbery hizo la escuela primaria en la Escuela  Nº17 “Helena Larroque de Roffo” y el secundario en el Liceo Naval “Almirante Brown” de La Plata, ya que su intención era “ser piloto aeronaval”, sin embargo reconoce que “no tenía vocación militar”.

“A mi viejo le gustó la idea de que vaya al liceo, por eso arranqué. Ahí entrás llorando porque no querés estar y después te vas llorando porque no te querés ir. En el liceo me recibí de Guardiamarina de Reserva Naval y participé de 14 embarcos”, dijo el Gato ni bien le manifestamos que nos fuese contando las distintas cosas que lo fueron marcando a lo largo de su vida.

De esa época, el Gato recordó un momento muy crítico que le tocó vivir cuando cursaba quinto año. “En el año 91 murieron cuatro amigos míos y un oficial en un accidente de velero, en el Río de la Plata -destacó-. Ese para mí fue un golpe muy fuerte, porque a mis 17 años pasé ese año de nunca haber tenido una muerte cercana a sufrir 14 muertes. Fue algo muy duro de procesar porque a esas edad a vos te parece que no te vas a morir nunca”.

Gracias a ir a terapia al año siguiente pudo trascender el temor que la cadena de sucesos dolorosos le causó. “El terapeuta fue muy claro, me dijo `vas a tener que tomar una decisión, o te vas a quedar encerrado en tu casa protegiéndote o vas a hacer lo que quieras hacer, pero cuidándote´, y eso fue lo que siempre me movió a involucrarme en temas de seguridad y a ser consciente de que cuando uno quiere hacer algo que implica un mayor riesgo, si uno lo quiere vivir intensamente, se tiene que proteger y hacerse cargo de los riesgos que estén en juego. Por eso siempre digo que cuando te ponés un casco para correr tenés que saber que podés volver entero, raspado, quebrado, en una silla de ruedas o en un cajón, porque todas esas cartas están en el mazo”, destacó. Y también agregó: “De todos modos siempre remarco que para mí es mucho más peligrosa la calle que correr en un Dakar, ya que hoy mueren en promedio unos 30 argentinos por día en accidentes de tránsito, más todos los que quedan lesionados. Por eso cuando muchos me dicen que es una locura correr un Dakar, considero que mucha gente hace un montón de locuras más grandes sin ni siquiera registrarlas, como no frenar en una esquina, hacer maniobras peligrosas en las rutas o no respetar las normas de tránsito. Por otra parte en el Dakar si bien es cierto que uno arriesga al ir a mucha velocidad, lo hacés con todos los elementos de seguridad y a su vez estás dentro de un contexto que te está supervisando constantemente y tenés la tranquilidad de que si algo pasa, en un máximo de 17 minutos tenés un helicóptero que te saca de cualquier punto de la carrera”.

Si bien el Gato tenía razón en su apreciación, él sabe que no todas las carreras tienen el mismo grado de organización y seguridad, por esto también comentó: “A veces corrés otras carreras, como Ruta 40, en donde vas desde Río Gallegos hasta Jujuy, con la décima parte de logística de un Dakar, y ahí te puede pasar cualquier cosa, tal como me ocurrió a mí en el 2011, que me caí tras darme vuelta hacia adelante y quedé inconsciente. Calculo que quedé en el piso entre 20 y 30 minutos desmayado. Cuando me desperté no había nadie, así que me tuve que levantar solo y seguir andando porque me faltaban 100 kilómetros”.

“En moto tuve cuatro conmociones cerebrales -acotó-, ésta que te conté recién fue la cuarta. Las otras tres las tuve en la época en que corría en motocross. Dos veces me atropellaron en el piso y en otra se me `apagó el televisor´ cuando me caí en un entrenamiento previo a una carrera en Pringles”.

“Yo me conozco y sé que no soy un tipo al que se le salte la chaveta a la hora de correr, de todos modos tal como decía Mario Andretti  `si tenés todo bajo control es que venís muy despacio´, pero dentro de lo que es correr, y puntualmente Dakar, a mí me cambió mucho la cabeza después de la muerte de Jorgito (por Jorge Martínez Boero), ya que me reafirmó muchas de las cosas que internamente ya sabía que podían pasar en un accidente. Lo irónico en este caso es que cuando nos despedimos antes de largar, él me retó a mí diciéndome que tenía que ir despacio, aunque en el fondo siempre interpreto como que se estaba retando a él mismo por lo rápido que andaba”.

Por más que ya han pasado cuatro años, hablar sobre lo sucedido con su amigo y coequiper Jorge Martínez Boero, el piloto bolivarense que a los 38 años perdió la vida en la primera etapa de la edición 2012 del Rally Dakar, no le resulta fácil porque le remueve muchos recuerdos: “El venía muy rápido, porque estaba en el puesto 11 sobre un total de 200 motos. Yo pasé por el lugar del accidente y no lo vi ya que era una recta en la que fácilmente se andaba a más de 140, aunque había muchos pozos y tenías que ir muy concentrado en el camino. Sólo vi una moto parada en la banquina, que luego me enteré que era la del peruano Carlo Vellutino que lo estaba auxiliando a Jorgito; el murió en sus brazos, luego los médicos lo resucitaron arriba del helicóptero y cinco minutos antes de llegar a Mar del Plata lo volvieron a perder. Yo en Tres Arroyos me enteré a través del Libre Messineo que Jorgito se había accidentado, pensé que sólo se había quebrado, generalmente eso es lo que sucede cuando te llevan en helicóptero, jamás supuse que se podría haber muerto. Seguí compitiendo y antes de llegar a Bahía Blanca me encontré con Pablo Cid de la Paz, que era el director del equipo que formábamos con Jorgito y también estaba corriendo, quien me pidió que me bajara de la moto y me dio la dolorosa noticia”.

“Estuvimos llorando como 15 minutos y tomamos la decisión de seguir en homenaje a Jorgito. Esos días de carrera fueron muy bravos, y posteriormente también porque no es fácil elaborar un duelo cuando uno no fue al velorio, porque parece que en realidad nunca se fue, ya que nosotros nos hablábamos por teléfono no menos de cinco veces por día” (ver recuadro aparte titulado “Loco guiame”).

Cuando habla siempre lo hace con mucha sinceridad: “Ganar un Dakar es para una elite, porque implica un montón de preparación. Yo siempre supe que iba a tener un montón de aprendizajes -indicó-, además uno tiene que saber sus limitaciones, y yo internamente sé que no nací con el talento de Marc Coma y llegué un poco tarde al Dakar, ya que comencé a correr a los 36 años”.

“Su vida principesca”, tal como el Gato lo define, terminó en el año 99, en donde producto de los problemas económicos que afrontó su padre Juan José (más conocido como “Pino”) dejó de correr en moto durante 10 años y se volcó más hacia lo periodístico, así como en la asistencia y el armado de equipos en el ámbito de las motos.

Actualmente, además de concentrarse en todo lo que implica preparar su nuevo auto para competir en el Dakar 2017, el Gato también trabaja para la señal Fox Sports 3 cubriendo mundiales de motocross y supermotos; es productor y conductor de Motomax Tv, un magazine completo de motociclismo que se emiten por “El Garage TV”, y para el canal Edge Sports, de Directv, hace la cobertura de los mundiales de speedway y el campeonato de drift off road australiano; y paralelamente también trabaja en el desarrollo de los vehículos UTV todoterreno de la empresa Sunequip, de producción olavarriense.

Su primera participación en el Dakar fue en el 2011 y llevó en su moto el número 185. El hecho de correr el Dakar estuvo impulsado por un par de episodios muy fuertes, a los cuales el Gato señala como “una bisagra emocional muy importante en su vida”, como lo fueron la muerte de su padre y el hecho de que su amigo Andrés Junco corriese el primer Dakar que se hizo en la Argentina mientras atravesaba una difícil situación de salud.

“Para mí esa carrera fue un sueño hecho realidad. Correrlo fue como el alpinista que logra escalar el Monte Everest, es lo que había soñado toda la vida. Yo en realidad la corrí por la confluencia de varios factores, ya que al morir mi papá hice la promesa de que lo que me quedara como herencia iba a ir a parar al Dakar, por eso el tercio que me correspondió de la venta de un departamento lo puse todo en el Dakar, cosa con la cual mucha gente cercana no estuvo muy de acuerdo y dijo que yo era un estúpido por tirar la plata de ese modo, aunque también hubo otros, que me conocían muy bien, que sabían que para mí ese era, por lejos, el dinero mejor invertido”.

“Mi viejo tuvo un momento económico en su vida muy bueno y en dos años y medio prácticamente perdió todo y a mí me tocó vivir todo ese padecimiento, porque él sufría porque se le derrumbaron 50 años de trabajo. No quedamos en la calle, pero de la forma en que se vivía cambió todo para mi familia. Mi viejo fue siempre un muy buen piloto, pero nunca pudo cumplir su sueño que era correr en auto. En los años 70 él tenía el auto de carrera comprado, pero mi tío-abuelo, que era como su padre y socio en el campo, le pidió que no corriese, y eso lo marcó para toda la vida. En base a esta historia que te cuento, yo sentí correr como para homenajearlo a él y también para poder cumplir mi propio sueño, porque es muy importante poder cumplir lo que uno sueña”, explicó.

Lo otro que lo impulsó a correr su primer Dakar fue lo vivido junto al piloto marplatense Andrés Junco: “Con Andrés, que es como un prócer del motociclismo off road argentino, nuestro sueño siempre era Dakar, Dakar, Dakar. Habíamos trabajado para ir al Dakar 2000 en Africa, él cómo piloto y yo como parte de su equipo, pero no pudimos ir porque nos quedamos cortos por muy poca plata; por eso en el 2008, cuando confirman que en el 2009 se realizaría en nuestro país la primera versión del Dakar automáticamente nos pusimos a trabajar en función de que Andrés pudiese correrlo, ya que hasta ese momento ningún argentino había terminado un Dakar en moto. Pero ahí sucedió otra de las cosas que me marcaron para llegar al primer Dakar, porque tres meses antes de largar a Andrés le diagnosticaron leucemia. Los primeros pasos fueron bravos, pero él dijo que no quería que se haga pública su enfermedad, y que seguiría delante de todos modos y que igual correría, así que se hizo la última quimioterapia el 27 de diciembre del 2008 y el 3 de enero del 2009 largó el Dakar”.

“Él no quería que se sepa sobre la gravedad de su situación -subrayó-, porque le podían impedir que corra. Nosotros sabíamos del esfuerzo enorme que iba a tener que hacer Andrés, así que junto con Agustín Salanueva, que es un amigo en común que tenemos, armamos un viaje en moto para apoyarlo y lo fuimos acompañando todo por fuera durante el Dakar”.

“En esa carrera Andrés se convirtió en el primer argentino en terminar un Dakar en moto y fue segundo en la categoría Malles; él corrió el Dakar-Dakar, ese en el que vos te asistís, dormís en carpa y corrés el rally sin asistencia técnica de ningún tipo. Correrlo fue lo que lo curó” (ver recuadro aparte titulado “Lo que lo inspiró a correr su primer Dakar”).

En abril del 2010 falleció el papá del Gato y ahí cobró fuerza la idea de participar en un Dakar, sin ninguna aspiración deportiva más que la de poder llegar y contar desde adentro lo que se vivía en un Dakar. Pero ese año lo operaron de un oído (tuvo un colesteatoma) y debió esperar hasta el 2011, año en que se convirtió en el primer piloto olavarriense en correr un Dakar. “En ese primer Dakar aprendí de todo, y nunca me voy a olvidar lo que me dijo un catalán, `tu vida es antes y después de un Dakar´. En ese momento pensé que era sólo una frase dicha al pasar, sin embargo hoy, con el paso del tiempo, veo todo lo que me marcó el Dakar, tanto para bien como para mal, en un montón de cosas”.

En ese primer Dakar Barbery llegó hasta la mitad de la carrera. De los ocho días que corrió, dos los pasó en el desierto durante la etapa Calama-Iquique. “Cuando llegué al desierto había manejado durante 22 horas seguidas. Fue un desastre esa etapa, habían quedado tirados como setenta y pico de vehículos, entre autos, motos y camiones. Me dormí del cansancio, y como estaba en una zona de médanos la arena era más cómoda, pero la segunda noche fue mucho más brava, porque hacía más de 5 grados bajo cero, temblaba como loco y el suelo del desierto era todo de piedras. Hacer el Dakar en moto es como el ícono de la dureza, porque representa mucho esfuerzo. Todo el que corrió un Dakar lo sabe”.

Al año siguiente, en el Dakar del 2012 falleció su amigo Jorge Martínez Boero. “En ese Dakar corrí con el número 156, y abandoné en la quinta etapa porque se me rompió el motor en Fiambalá y emocionalmente estaba destrozado”, manifestó. Sin embargo ese golpe durísimo que recibió no lo detuvo y lo llevó a ir por más, así fue como en el 2013 corrió nuevamente el Dakar llevando en su moto el número 126. En esa oportunidad completó el recorrido y ganó la medalla que le había prometido a Vilma, la mamá de Jorge Martínez Boero. “Largamos 200 motos y quedé en el puesto 121. Esa moto es la que ahora está en el Museo Emiliozzi”, destacó.

“El segundo Dakar que participé en el 2012, en el que abandoné en Fiambalá no es que no lo corrí, pero no lo considero dentro del historial porque fue bajo condiciones totalmente extremas a nivel psicológico. Cuando volví de esa carrera también tomé conciencia de la preocupación de mis amigos y familiares cuando mi hermana Mercedes me dijo `entendé que mucha gente al ver el accidente de Jorgito vio que eso también te podía haber pasado a vos´, y eso es algo que yo no había pensado”, comentó

“Sentí que ese capítulo tenía que cerrarlo de alguna forma y me propuse ganar una medalla y entregársela a la madre de Jorgito. Fue muy complejo ese Dakar en 2013 en cuanto a los preparativos y en el juntar la plata, ya que volamos a Perú sin tener todo el dinero para largar, pero todo se fue dando y siempre consideré que tuvimos la ayuda energética de Jorgito para que todo fluya y poder terminar la carrera de 9.600 kilómetros sin siquiera tener que sacar una herramienta. Fue como el Dakar soñado, en donde pude cumplir mi promesa de darle a su mamá la medalla. Entregársela fue un momento de pura emoción, porque a Vilma yo la admiro porque ella perdió a varios seres queridos muy cercanos y sin embargo sigue adelante”.

“En esa carrera del 2013 salí a divertirme en la moto y con el propósito de llegar, por eso nunca pasé la moto más allá de los 140 kilómetros por hora en todo el Dakar, y pese a que tomé el máximo de recaudos me pegué 3 ó 4 cuatro palos fuertes, porque a veces el Dakar es más peligroso atrás que adelante, porque el camino queda mucho más roto. Gracias a Dios pude terminar y yo sentí que Jorgito me acompañó”.

En relación con las distintas cosas que fue aprendiendo gracias al Dakar, el Gato dijo: “Cuando corrés te encontrás con tu propia naturaleza -puntualizó-, yo muchas veces no sé si he sido tanto perseverante como cabeza dura, porque por momentos me salía la raíz vasca que tengo por el lado de mi vieja y encaraba y encaraba. Lo que aprendí con el Dakar es a resolver el laberinto, haciendo una pausa y mirando todas las alternativas. Antes le daba a la misma pared y rebotaba una y otra vez” (ver recuadro titulado “¡This is Dakar Men!”).

“Para mí el Dakar tiene 3 dimensiones, la dimensión física, la mental y una dimensión espiritual. Cuando uno no es un profesional todo se hace más difícil, porque tenés que trabajar, caminar y ver empresas para poder juntar la plata porque de lo contrario no largás, así que esa pasa a ser la prioridad. Mientras tanto tenés que entrenar, por eso hay una diferencia muy importante entre un amateur y un profesional, ya que el profesional no tiene que pensar ni en juntar diez centavos y puede entrenarse más a fondo porque le pagan para eso. En cambio los que corremos en forma amateur primero tenemos que liderar la lucha de poder llegar a una largada, por eso siempre digo que un Dakar comienza mucho antes que la carrera. Arranca en el preciso instante en que tomás la decisión de correr”, declaró.

Le pedimos que nos ampliara lo vinculado con la dimensión del Dakar asociada a lo espiritual, y esto nos respondió: “La dimensión del Dakar que tiene que ver con lo espiritual a veces es difícil de explicar, pero está presente, porque andando en moto uno no se puede escapar de uno mismo, porque la charla interna se intensifica. Incluso hay un momento de exorcismo con uno mismo, por eso el que dice que un Dakar no se quebró o no lloró, miente, porque uno en la carrera llega a cargar tanto estrés en todos los planos que después de haber pasado pruebas muy fuertes el organismo necesita descargar esa tensión”.

Hizo una pausa en el relato y agregó: “El Dakar te empodera porque te hace consciente del poder que tenés dentro, pero a veces eso mismo te juega en contra si tenés una seguidilla de Dakars malos y no podés terminar las carreras, porque durante meses en los sueños se te presentan muchas de las situaciones que viviste. Es un movimiento tan grande el que se da al combinar lo que te sucede entre las dimensiones física, mental y espiritual, que luego uno necesita drenar toda esa carga energética”.

Celina Pagano siempre me dijo `en los momentos más difíciles confía en vos´. Suena como algo muy sencillo, sin embargo es la llave de todo en la vida, no solamente en un deporte, porque la magia con la que todos soñamos existe, pero está dentro de nosotros. Andrés Junco, por ejemplo, confió en que la salida para su enfermedad estaba en correr el Dakar y eso se cumplió, porque confió en él mismo y se curó”.

En relación con la dimensión que se corresponde con el mundo sutil, el Gato también acotó: “Generalmente soy de pedir permiso a la naturaleza para transitar por los lugares que uno invade al correr, de manera que mi paso sea lo más armonioso posible y no afecte tanto al lugar. También dentro de ese plano busco trabajar en lo que tiene que ver con el poder de las palabras para hacerme más consciente de lo que uno programa tanto de manera positiva o negativa al hablar, de ahí que siempre me quedó muy grabada la frase de Henry Ford cuando dijo `si creés que podés o que no podés estás en lo cierto´ ”.

El Gato Barbery sabe que en Olavarría la gente lo quiere y lo respalda, porque todos están al tanto de que para intentar llegar a cada Dakar él hace todo a pulmón. “Para mí es un verdadero orgullo saber que al correr estoy representado a todos los olavarrienses, sobre todo por el enorme apoyo que siempre he recibido por parte de la gente. Yo quiero mucho a Olavarría. Nosotros vivimos en una ciudad que tiene un ADN fierrero muy importante, por eso ahora va a venir la etapa más linda del Dakar con el auto, que por algo hasta ahora se resistió”.

La experiencia de intentar correr con la Galerita, pintada de azul y rojo, para rendir homenaje a los legendarios hermanos Dante y Torcuato Emiliozzi, cuatro veces campeones en forma consecutiva del TC desde 1962 hasta 1964, no prosperó. Sobre ese punto, el Gato dijo: “No ha sido muy lindo todo lo que pasé con la Galerita, porque la no largada en Rosario derivó en tener que fabricar otro auto, ya que el chasis de ese primer auto está guardado porque iniciamos un juicio por la mala fiscalización, y eso nos dejó económicamente muy complicados, ya que para poder largar un Dakar en auto, con un presupuesto muy acotado, se necesitan unos 4 millones de pesos”.

“En auto aún no he podido competir porque evidentemente ahí había una lección que tenía que aprender sobre cómo encarar las cosas para dar el salto e ir creciendo para poder llegar al profesionalismo. Siempre te corrés dos o tres Dakars antes de largar el real, porque tenés que estar en los detalles de lo números, los repuestos, los auspiciantes, ocuparte de que todo funcione bien, estar en estado físico, etc., por eso con esto que sucedió con el auto aprendí que tenía que empezar a delegar porque no podés estar en todo. También aprendí en estos últimos dos años complicados, en donde no pude correr, que si uno no puede disfrutar de todo el proceso, correr no tiene sentido”, dijo de manera bien convincente.

“Hoy si tengo que destacar algo de estos últimos años muy complicados, además del apoyo de la gente en la calle, destaco al equipo humanos que confió en este proyecto, al que yo llamo `Los 12 del patíbulo´ porque han tenido que soportar de todo, sin embargo cada uno laburó muy bien en su rol, bajo la coordinación de Alfredo Sacher, otro gran maestro de la vida que lo heredé gracias a mi tío Tatá, ya que ellos eran amigos”, declaró.

No sería descabellado pensar que luego de tantas complicaciones y malos momentos, dejar de competir esté en sus planes. Sin embargo cuando habla sobre lo que está por venir el Gato sorprende porque redobla la apuesta: “Si Dios quiere en el 2017 correré el Dakar en auto porque considero que con la moto ya cerré una etapa, además por ser Argentina un país fierrero muchas veces el esfuerzo en moto no se ve recompensado y el trato que se le da al auto es mucho más profesional. Así que ya les dije a mis amigos y a quienes me dicen que ya no corra más, que se preparen porque en cada enero pienso estar en la línea de largada”, dijo sonriendo.

“El Dakar no sólo requiere conocimiento y profesionalismo en lo que se hace, también demanda una gran capacidad de adaptación a las distintas circunstancias que se van presentando, porque ahí es todo al revés, tomás agua caliente y te duchas con agua fría. El Dakar es como una colimba plus. Para mí el Dakar es como una prueba de vida, ya que abarca muchísimas cosas lindísimas pero también incluye muchas cosas feas, por eso creo que la clave está en la alegría con la que decidís encarar las partes feas”, sostuvo.

“En esto de correr pasás del brillo al opaco muy rápido. Mi viejo fue el que me enseñó a manejar y siempre me dijo que yo tenía que correr en auto, tanto por mi físico como porque tenía más facilidad con el auto que con la moto, de ahí que muy probablemente para la próxima carrera pinte mi casco tal como lo tenía mi viejo en una foto de cuando corría en auto”.

“El 2017 no será mi último Dakar -afirmó-, al contrario, voy camino al profesionalismo. Ya tengo toda una experiencia hecha en moto, pero ahora comienza un nuevo camino. En moto puedo decir que participé. Competir será una cosa totalmente distinta, porque implica ir buscando kilómetro a kilómetro un puesto. Sé que ahora habrá otras exigencias, pero está bueno poder cumplir los sueños, y levantarse todas las mañanas para hacer lo que uno quiere, más le gusta y lo apasiona, porque el combustible de la vida es sentirte apasionado por lo que hacés”.

Con esas últimas palabras dimos por finalizada la entrevista que le realizamos en instalaciones de Sunequip, la empresa olavarriense que representa una nueva generación en vehículos todoterreno, posicionándose como la marca líder en producción y distribución de vehículos UTV de Argentina.

El Gato nos despidió con una enorme sonrisa, la misma que seguramente lucirían su tío Tatá y su papá “Pino” al verlo tan feliz y entusiasmado por seguir compitiendo y hacer que el nombre de Olavarría brille y resuene por todo el mundo.

Hoy te presentamos a Juan José “El Gato” Barbery, un verdadero gladiador del Dakar. Un muchacho aguerrido y de noble corazón, al que los golpes de la vida, lejos de doblegarlo, lo hicieron más fuerte, y los momentos oscuros y dolorosos lo volvieron más sensible y consciente de su propia luz interior. Desde Está Bueno alzamos nuestra copa y celebramos por los resonantes triunfos que ya van a venir, pero por sobre todo brindamos porque la vida le permita seguir aprendiendo y ganando en sabiduría, de manera que tenga nuevas experiencias de vida que nos quiera volver a compartir : )

(Fotos: Tomás Pagano + facilitadas por el Gato desde su sitio en facebook y su sitio web)

Entrevista que le realizaron durante su primera participación en el Dakar.

 

Su paso por Calamuchita, Córdoba, en el Dakar 2011.

 

En una nota para la TV pública el Gato cuenta cómo se prepara para correr el Dakar.

 

El Gato Barbery cuenta lo que sintió al participar del Dakar en donde falleció su coequiper Jorge Martínez Boero.

 

Emocionante relato del Gato al contar en Bolívar, a los familiares de Boero, cómo fue la carrera en donde obtuvo la medalla para homenajear a su amigo.

 

La entrega de la medalla a la mamá de Jorgito.

 

Con texto de Lourdes Duarte y la voz es de Zulema Duarte, este es un sentido homenaje a dos amigos enormes, Jorgito Martinez Boero y Juan José Barbery.

 

Su llegada a Olavaría tras competir en el Rally Dakar 2013.

 

Cuando presentó “La Galerita”.

 

Amigos y familiares le desean lo mejor antes de participar del Dakar con “La Galerita”.

 

Bandera a Cuadrosy el video titulado “Ayer la Galera, hoy la Galerita”.

 

Su participación en las charlas TEDx Olavarría es una clara síntesis de que el Gato nunca baja lo brazos.

 

Motmomax Tv, un magazine completo de motociclismo, producido y conducido por el gato- que se emiten por “El Garage TV”.

 

 

 

Por último te dejamos la dirección de su web para que pases a visitarla : )

Y también te acermos el link del canal en youtube de Motomax Tv para que veas sus programas : )

 

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