Un milagro llamado “Esperanza”

Su nombre era “Kimba”. Estaba a punto de morir. Los veterinarios dijeron que no había esperanza. Sin embargo Javier Igoa se negó a que la “pongan a dormir” y la rebautizó: “Desde hoy te vas a llamar Esperanza, y vas pelear por tu vida”. Así comienza el increíble relato de un olavarriense que ama tanto a su perra que hace 4 meses la trajo en avión desde Estados Unidos para que pase sus últimos días en Argentina. Esta es la bella y movilizadora historia de un milagro llamado “Esperanza”.

Esperanza es una perra “Fila Brasilero” que tiene casi 15 años, cuando los de su raza viven sólo entre 8 y 10 años debido al gran tamaño que tienen. Cuenta con 9 operaciones y 14 veces los médicos la quisieron “poner a dormir” para que no sufra, porque su vida había llegado al límite. Entre otras cosas, tuvo parálisis laríngea, gusanos en el corazón y se le dio vuelta el estómago. Sin embargo ella una y otra vez fue capaz de renacer y hacer honor a su nombre, manteniendo viva la esperanza de Javier, quien no duda en hacer lo imposible con tal de no perder la mágica compañía de “su reina”. Ahora Esperanza tiene cáncer en los intestinos y en un pulmón, pero de manera milagrosa los nuevos estudios revelan que los tumores se están reduciendo.

Las chicas de Acción Poética Olavarría nos dijeron que mientras pintaban una de sus frases en un mural habían conocido a un muchacho que tenía una historia fascinante que estaba bueno difundir, y nos hicieron de nexo.

“Lo que te voy a contar puede que suene increíble, pero es todo verdad, luego vos sacá tus propias conclusiones”, así comenzó a contarnos “El VascoJavier Igoa, en una charla de café, cómo fue la historia que lo llevó a conseguir un certificado de “soporte emocional” para poder subir a Esperanza a un avión de línea y traerla hasta Olavarría. Su relato también incluye la interacción con una “canalizadora” de animales y un episodio fuera de lo normal, en donde Esperanza “estuvo clínicamente muerta”. Pero vayamos paso a paso, porque esta es una historia que bien merece contarse de manera pausada.

A Javier le gusta escribir poemas, es diseñador y remodelador de interiores, y también se dedica a la ganadería junto con su familia. A sus 41 años vive una de las experiencias más fuertes que alguien puede vivir con su perra, pues el amor que le tiene lo lleva constantemente a cruzar nuevos límites que desafían sus propias creencias.

Le pedimos que comenzara contándonos que lo llevó a irse a vivir a Estados Unidos y cómo fue que la vida lo juntó con Esperanza: “Cuando tenía veinte pico de años -dijo Javier- me fui un mes de vacaciones a Miami, en la época en que era barato, y antes de volverme fui a visitar a Marcelo Montero, un amigo de Olavarría que vivía en la ciudad de Atlanta. Allí me puse de novio con una chica, me quedé trabajando con Marcelo en la colocación de antenas satelitales, y dos años después comencé a estudiar diseño de interiores y todo lo relacionado con remodelaciones, que es lo que actualmente hago en estados Unidos desde hace 15 años”.

“Esperanza llega a mi vida por intermedio de Alfredo -destacó-, un muchacho uruguayo que me presentó mi amigo Marcelo. Un día me dijo si lo acompañaba hasta la ciudad de Tennessee a buscar un perro, y fuimos a un criadero de perros raza Fila Brasilero, él eligió uno y nos fuimos. La cuestión es que a las dos semanas vuelvo a pasar por su casa, y su esposa Carolina me dijo que la perrita que habíamos ido a buscar, que ellos llamaron Kimba, estaba acostada en el piso, toda hinchada y sin moverse. Ahí me enteré de que ya había pasado el veterinario y les había dicho que la perra tenía una enfermedad desconocida y que la iban a `poner a dormir´, que no era otra cosa que matarla, ya que con el certificado de muerte podían ir hasta el criadero y reclamar otro perro gratis, ya que no era un perra barata y había sido comprada con papeles”.

La situación lo conmovió tanto que a la tarde volvió a pasar por la casa en donde estaba Kimba y se la llevó  porque le dio lástima que la fuesen a matar con tan sólo tres meses de vida.

“La perrita realmente estaba muy mal -recordó-, la
llevé a otro veterinario y también me dijo que no sabía que enfermedad tenía, así que le armé una camita en el garaje de mi casa y mirándola a los ojos le dije `a partir de ahora no te vas a llamar más Kimba, te vas a llamar Esperanza y vas a luchar por tu vida´. Pasaban los días y ella seguía mal, se hacía sus necesidades encima, le tenía que dar agua con una jeringa, le tenía que empujar la comida con la mano para que la pudiese tragar. Así fueron pasando los días. Siempre lo primero que hacía era ir al garaje a verla y ella permanecía echada, hasta que un día llegué y la vi de pie, moviendo la cola, como agradeciéndome que no la haya dejado morir. A partir de ahí, llevo casi 15 años sin separarme de Esperanza”.

Lo que nunca imaginó Javier fue que ese hecho se repetiría todos los años. “Esperanza tiene una enfermedad rara, que nadie sabe cuál es, que hace que dos veces al año, durante cinco días, ella permanezca como si estuviese casi muerta, ya que queda echada, sin reacción y se hincha toda -destacó-, sin embargo luego de esos episodios ella juega y se mueve como si nada hubiese pasado”.

Hizo una pausa en su relato, se quedó varios segundos en silencio y aclaró que “son tantas las cosas que pasé con Esperanza que a veces me cuesta ordenarlas de manera cronológica”.

“Cuando Esperanza tenía 3 ó 4 años -continuó-, en una de esas grandes hinchazones que le agarraban, la patita trasera se le hinchó tanto que se le reventó, por eso una de sus patas parece la de un león. Un año más tarde, cuando llegué a casa la encontré dentro de un charco de sangre, porque se le había reventado la matriz. La llevé corriendo al veterinario y me dijo que no se iba a salvar, porque ya se le había reventado todo adentro. De nuevo la querían `poner a dormir´, porque estaba agonizando, y yo me opuse. Le dije que igual la opere, y luego no pudieron creer que Esperanza haya sobrevivido”.

“Al tiempo le agarró parálisis laríngea -destacó-, más tarde también se le dio vuelta el estómago, y los veterinarios decían que no se iba salvar y se salvó. Esperanza tiene 9 operaciones y tuvo neumonía unas 15 veces”.

“No sabés lo que es esa perra, en Estados Unidos los veterinarios no pueden creer cómo hace Esperanza para seguir viviendo”, remarcó, y tras beber un sorbo de té dijo: “Hace cuatro años Esperanza también vivió un momento muy crítico, en donde estuvo a punto de morir. Fue picada por un tipo de mosquito, que acá no hay, que con su picadura hace que luego crezca en el corazón un gusano (conocido como `El gusano del corazón´) que se lo va comiendo desde dentro. La sangre de Esperanza estaba minada de gusanos, yo los vi porque de tanto ir al veterinario me dejaban pasar y pude observar su sangre en el microscopio. Los veterinarios decían que no viviría más de dos o tres meses. Había un remedio muy puntual que atacaba esos gusanos, pero justo Esperanza era alérgica al único antibiótico que mataba ese gusano. Contrariamente a todo lo que los médicos decían, Esperanza zafó de esa situación”.

Por todo este tipo de situaciones, en donde constantemente la perra superaba todos los límites, quienes conocían su historia comenzaban a hablar sobre “el milagro de Esperanza”, porque su vida desafiaba toda lógica.

“Esperanza es todo lo contrario a lo que vos querés de un perro -subrayó Javier-, ella es como una reina que hace lo que quiere y te da bola cuando quiere, sin embargo de ella emana una sabiduría que te hace crecer, porque, con todo lo que le ha tocado atravesar, ella siempre te hace reflexionar. Son cosas que luego las llevás a la práctica en la vida diaria. Ella me ayudó a ser mejor persona, me permitió reconocer en un ser vivo lo que es el amor correspondido, y con las ganas de vivir que ha puesto me lleva a nunca bajar los brazos cuando tengo una dificultad”.

Junto a su perra, Javier vivió momentos realmente extraordinarios (ver recuadro titulado “Estuvo clínicamente muerta durante un minuto”), sin embargo era consciente de que su perra tenía una edad muy avanzada y sintió que ya “era momento de traerla”, porque “no quería que Esperanza muera en Estados Unidos”.

Así fue que comenzó a planificar el viaje de regreso, pero nuevamente el destino le jugó una mala pasada: “A Esperanza no la podía traer a Olavarría en avión porque a los perros se los pone en la bodega, y con su problema de laringe no lo iba a resistir, por eso hace ocho meses había planificado un viaje para poder traerla por tierra. Ya había acordado lo del ferri para pasarla de Panamá a Colombia, me esperaban los veterinarios en México, etc. Tenía todo programado para hacer el viaje y traerla, pero justo le detectaron cáncer de pulmón. Los veterinarios me dijeron que ella no resistiría el viaje por tierra, porque estaba toda tomada y la altura de los diferentes territorios por donde iba a pasar no la podría resistir. El diagnóstico indicaba que ella no viviría más allá de las tres semanas o a lo sumo un mes. Yo miré las radiografías y vi que era cierto lo que los veterinarios me decían, tenía todo tomado. Ahí nuevamente me volvieron a decir que había que sacrificarla”.

La noticia lo desesperó, pero no bajó los brazos: “Inmediatamente me puse a buscar por todos lados para salvarla. Un amigo me dijo que una amiga suya de New Jersey tenía cáncer de pulmón, con metástasis por todos lados y que habían conseguido un polvo, que se obtenía de la raíz de una planta china, cuyas propiedades ayudaban a curar el cáncer en las personas y muchos también se lo estaban dando a los animales. Yo no creía en eso, pero cuando uno tiene la necesidad de que un ser querido siga viviendo uno cree en todo, así que le empecé a dar ese polvo natural todos los días”.

Hasta en los momentos más difíciles siempre aparece una luz que hace que no todo sea tan oscuro. “Mientras vivía esa difícil situación, por medio de David y de Angela Mc´crerry, que son unos amigos que siempre están pendientes de Esperanza, me enteré que en Estados Unidos había una ley que apoyaba a que quienes tenían un animal como soporte emocional podían viajar en avión con sus mascotas, pero que para ello uno tenía que demostrar que tenía problemas mentales (clickear aquí para leer sobre los beneficios de dicha ley), así que fui y saqué un turno al psiquiatra”.

“Me iba a hacer pasar por loco, con tal de conseguir el certificado para poder viajar en avión con Esperanza, pero para no perder mi honestidad opté por decirle a la psiquiatra la verdad. Aunque en realidad no se trata de estar loco, sino de tener una dependencia psicológica con la perra, que en mi caso es verdad”, dijo sonriendo.

Fue todo muy sincrónico. “Cuando fui a la consulta y abrí la puerta, me encontré con que la psiquiatra atendía con su perrito, que ni bien me senté me comenzó a olfatear y no ladraba. Opté por decirle toda la verdad, le conté cómo era el vínculo que tenía con Esperanza y le dije que  debido a su delicado estado de salud no tenía otra forma de trasladarla más que en avión, y que no quería que ella estuviese en Estados Unidos al momento de morir. También le conté sobre mis planes de traerla a que pase sus últimos días en el campo, y ella me respondió que me entendía y que de estar en mi lugar haría lo mismo por su perra, así que me dio el certificado que me habilitaba a viajar con Esperanza en avión, y me vine a Olavarría el 5 de octubre.

Desde que le entregaron el certificado, hasta que logró subirse con Esperanza al avión de la empresa Delta Air Lines, pasó poco más de un mes, ya que primero tuvo que arreglar con sus autoridades como sería todo el procedimiento de embarque. “Se portaron bárbaro, de manera increíble. Fue maravillosa la manera en que toda la gente ayudó. El carro que compré para llevarla lo pusieron en la cabina del capitán, porque sabían que lo necesitarían al aterrizar”, indicó.

“Como el avión era muy largo, ni bien subimos el capitán le avisó a los pasajeros que iba a pasar un animal, y para que Esperanza no tuviese que caminar la acostamos sobre una cobija y la fuimos arrastrando por el pasillo del avión, hasta el fondo, y toda la gente se paraba para sacarle fotos y después me mataron a preguntas y quedaban sorprendidos con su historia. Por donde se lo mire, todo lo que vivimos fue algo espectacular”, remarcó Javier.

Sentimos curiosidad por saber cómo se había portado Esperanza durante el viaje: “Ella estuvo media hora esperando el despegue, recostada sobre el piso del avión. Se quedó quietita porque es una genia, te entiende todo lo que le decís. Esperanza realmente es un ser increíble. Ella nunca había viajado en avión, así que el despegue era un momento crítico, porque para despegar, por norma de la empresa, había que ponerla sobre el piso, y recién se podía subir a los asientos una vez que el despegue terminaba. Ella en ningún momento se asustó”.  (Ver recuadro titulado “El viaje de Esperanza en avión”).

Tras relatar lo del vuelo, Javier también recordó un episodio muy fuera de lo común, que revela cuán importante es Esperanza en su vida: “Cuando uno ama a alguien es capaz de hacer cualquier cosa -remarcó-, te lo digo porque cuando a Esperanza le diagnosticaron que tenía un gusano en el corazón y me dicen que se iba a morir, vi en youtube un video de Anna Breytenbach, que tiene el don de hablar con los animales, y a partir de ahí di una con chica que se llama Daniela Camino, que es de México, y tiene esa misma habilidad, así que pauté una entrevista con ella vía skype. Hasta ese momento yo era incrédulo de que alguien pudiese hablar con los animales, sin embargo lo que me dijo hizo que creyera”.

“Cuando terminé de hablar con Daniela vía skype, Esperanza estaba al lado mío y me miraba como diciendo `¿entendiste, no?´. Para mí fue una vivencia muy shockeante. Yo soy medio incrédulo de esto que te digo, pero he vivido experiencias con Esperanza que han ido más allá de la realidad”, subrayó Javier. (Ver recuadro aparte titulado El día en que Esperanza le “habló”).

Todo lo que nos iba contando era sorprendente, sin embargo aún había más, pues varias fueron las entrevistas que Javier mantuvo con Daniela Camino, quien no sólo tiene el don de hablar con los animales, también hace sanación a distancia. Daniela le presentó a Miriam, una veterinaria que también hace lo mismo, y juntas ayudaron a Esperanza por varios meses: “Además de todas las cosas que tenía, Esperanza había quedado sorda. Vos le podías tirar un petardo al lado suyo que ni se movía, y ahora, a partir de este año, con sólo hacer ruido con un papel ella se da vuelta y mira”, destacó Javier, quien por más que siempre se mostró incrédulo hacia todo ese tipo de cosas, hoy señala que “cree sobre la base de los hechos que él ha podido comprobar”.

Si bien lo que motivó a que Javier traiga en avión a Esperanza hace cuatro meses fue el hecho de saber que su perra tenía cáncer, la historia ahora sumó una muy buena noticia: “Hace aproximadamente un mes, a Esperanza le hice una radiografía en Olavarría y ahora tiene el cáncer reducido a menos de la mitad. El veterinario de acá cuando comparó las dos radiografías no lo podía creer. Hoy no te sabría decir si Esperanza se está sanando producto del trabajo de Daniela Camino y Miriam, del polvo chino para curar el cáncer que está tomando o por las oraciones de tantas personas que la quieren y viven pendiente de Esperanza, de todos modos para mí lo que importa es que ella está mejor”, indicó. Y también agregó: “No quiero olvidarme de destacar la calidad humana y profesional de Natalie Morris, la veterinaria que siempre la trató a Esperanza y que me acompañó en el viaje para que nada le suceda”.

“Yo ando con Esperanza para todos lados, además de pasear por Olavarría, ya anduvimos por Azul, Tandil, Pringles, Santa Fe y Sierra de la Ventana. Hace un mes y medio tendría que haber regresado a Estados Unidos y perdí el avión, dicen que lo perdí porque inconscientemente no quiero irme lejos de Esperanza. Yo Amo Olavarría y también a la Argentina. Acá tengo todos mis afectos, en Estados Unidos sólo tengo lo laboral y un par de amigos, por eso voy a regresar, estaré allá sólo dos semanas y me vuelvo, porque creo que todo este año me quedaré acá, porque hay una realidad… Esperanza ya casi tiene 15 años, y con tantas cosas que acarrea siento que tal vez no viva mucho tiempo más, aunque en realidad no sé si decirte que está en su última etapa porque cuando lo pienso recuerdo que ella es Esperanza”, destacó.

“Yo soy creyente, y no sabés lo que la amo a la perra -agregó-, por eso le he pedido mucho a Dios que Esperanza pudiese llegar con vida a Olavarría, ya que le prometí que ella descansará en un lugar hecho por mí, en el campo que tenemos en la zona de Sierra de la Ventana, que tiene las montañas de fondo. Es un lugar realmente muy bonito. Algunos pueden llegar a pensar que soy un pirado, pero el vínculo que me une con Esperanza es tan fuerte que ya dije que el día en que me toque morir a mí, quiero estar junto a Esperanza en el lugar que le pienso construir para que ella esté en paz”.

“En Esperanza hay algo extraordinario. Ella para mí representa el amor puro. Siempre estuvimos juntos, ella fue la que siempre me acompaño, incluso en los momentos sentimentales mío más difíciles. Por eso el día que ella ya no viva más le rendiré homenaje haciéndole algo increíble, porque el temor mío es que la historia de Esperanza se pierda en el tiempo, ya que considero que las cosas buenas no se tienen que perder en el tiempo”, sostuvo.

Cuando le preguntamos a Javier que aprendió gracias a Esperanza, fue muy firme en su respuesta: “Yo ahora no puedo ver un perro abandonado porque Esperanza me enseñó a defenderlos, porque son seres que aunque a veces no los entendamos o no nos puedan hablar, realmente tienen sentimientos. Por eso es probable que una vez que me establezca en Olavarría cree una ONG que se llame `Angelitos con cola´, para rescatar a todos los perros de la calle. En la casa de mi hermana Julia Igoa, que ama los perro igual que yo, ya tenemos cinco perros de la calle que estamos cuidando, entre los cuales está Pancho, al que pisó un auto y está todo remendando, y Frodo, que era un perrito todo sarnoso que encontré frente al Club Racing. También tenemos a Chavelina, Alegra y Chiquito”.

Javier sabe que cuando Esperanza se vaya dejará un enorme hueco en su vida porque llevan conviviendo casi 15 años muy intensos y emotivos. “La vi morir tantas veces que el momento en que realmente suceda para mí no va a ser creíble, ya que estaré esperando que pasen los minutos y se vuelva a despertar, porque tal como ella fue siempre, voy a tener la esperanza de que se volverá a poner de pie”.

“Muchos creen que el perro es sólo un animal que mueve la cola y ladra, pero cuando vos realmente podés conectarte con el animal existe un momento que, producto del vínculo de amor que se genera, es como atravesar un umbral. Y esto no es algo que se da sólo con los perros, sucede con todos los animales, porque cuando se genera un vínculo profundo en esa relación uno crece al entrar en contacto con nuevas realidades”, remarcó

Al verlo tan apasionado al contar la historia de Esperanza, le pedimos que nos diera más detalles sobre el fuerte vínculo que mantienen: “Esperanza siempre durmió a mi lado, en su propio colchón, y durante estos 15 años siempre me acompañó a todos lados, por eso en Estados Unidos todos mis clientes saben que a donde voy la llevo. Yo a Esperanza le hablo como quien le habla a un ser humano, y me le tiro arriba, la abrazo, estoy media hora besándola y haciéndole caricias. La trato como a una reina”.

“Más allá de todo lo que te conté sobre Esperanza, lo más sobresaliente e increíble es que es una perra de raza Fila Brasilero, que dado su gran tamaño generalmente no vive más allá de 8 años. Se sabe de casos que han llegado a los 10 años de vida, y Esperanza, con todas las enfermedades y operaciones que tiene, está próxima cumplir 15 años, por eso te digo que toda su historia es algo de no creer, ya que a lo largo de su vida tuvo 14 momento muy críticos, en donde siempre los veterinarios decían que había que ponerla a dormir, para que no sufra, y yo nunca la puse a dormir porque siempre mantuve viva la esperanza”, dijo Javier por último.

Por todo lo que nos fue narrando durante la hora que duró la entrevista, no nos quedó duda alguna de que Esperanza es una gran batalladora, una perra fuera de lo común. El vínculo que mantienen bien merece ser llevado al cine, porque la historia conmueve, llega al corazón y abre las puertas para que más personas comprendan que los animales también están viviendo en la Tierra su propio proceso evolutivo; de ahí que el desafío sea crecer juntos para ganar en conciencia y vivir en armonía. Si los ayudamos también nos ayudamos, porque todos formamos parte de la misma Creación.

Agradecemos a Javier Igoa por su testimonio, por vibrar desde el corazón y también por permitirnos disfrutar de esta bella y movilizadora historia, de un hermoso milagro llamado “Esperanza”.

Falleció Esperanza: El viernes 17 de junio (seis meses después de que le hiciéramos la nota), en su sitio de Facebook Javier anunció que su reina, siguió camino hacia el cielo.

 

Acá podés disfrutar en imágenes del mágico vínculo entre Esperanza y Javier.

(Fotos: Tomás Pagano + facilitadas por Javier “El Vasco” Igoa)

Para aquellos a los que le interesa el tema de la comunicación con los animales, aquí les dejamos el link de facebook de Daniela Camino (quien canalizó a Esperanza) y también una serie de video de Anna Breytenbach, titulado “La comunicadora animal”.

 

 

A 80 años de la muerte de Hachiko, el perro pudo por fin reencontrarse con su dueño en una estatua de bronce que fue colocada en la Universidad de Tokio el pasado 9 de marzo del 2015.

Un momento de gran ternura : )

 

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1 comentario

  1. Nelson Guizzo

    Excelente Historia.
    El tema de Esperanza deben ser parasitos, hay que ver que comidas toma.
    Y sobre la Artritos, Artrosis, Gusanos y Parasitos y demas, les recuerdo, -les estoy avisando a todos-, que el CLORITO DE SODIO se esta usando para muchas enfermedades y en el caso del cancer se logra una APOPTOSIS muy rapida, es decir un suicidio en masa de las celulas que no son normales.

    Es barato, los dos frascos saen 500 pesos aqui en Uruguay, pero mas o menos sale lo mismo en todas partes, duran pila de meses y logran revertir incluso tumores ya fatales, terminales.

    Esto lo vi con mis propios ojos en personas y se lo he pasado a amigos y a todos me lo agradecen, no es que lo escuche del amigo de un amigo, es informacion directa.

    Si se fijan en mi muro van a ver varios grupos MMS (Uruguay, Chile, Mexico, etc.)

    Ya son 3.000.000 de personas consumiendolo para diversas enfermedades.

    Por ejemplo cura la ELA (esclerosis lateral amiotrofica) que no existe otro medicamento que lo haga.

    Cura la Malaria con tres gotas en cuatro horas !!
    La vacuna normal es de Clorato de Sodio pero esta cura una sola cepa, en cambio el Clorito cura o mata las 40 cepas de malaria que existen… Atentiii 🙂

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