Cocinando con amor


Hay veces en que la vida gratamente te sorprende y te deslumbra, y quien se propone enseñar mágicamente aprende hasta en las situaciones menos pensadas. “Carucha” Buales tuvo que cerrar las puertas de su restaurante, pero el destino lo llevó a descubrir un nuevo y maravilloso mundo en el que sigue cocinando con amor, enseña con pasión y su sabiduría de vida crece. Hoy te vamos a compartir lo que puertas adentro se vive en el taller de cocina de “Juntos por Vos”, en donde todo es compañerismo, risas, alegría y optimismo, y predomina el espíritu de autosuperación.

Lo importantes es siempre volver a levantarse, y estar dispuesto a ir por más. Así lo sintió “Carucha” tras cerrar “Sr. Borges”, por eso le propuso al Intendente Galli darles clases de cocina a los chicos que asisten a los centros de día. Comenzó en «La Casa del Adolescente» y también enseñándoles a las chicas del «Hogar de Niñas San José», hasta que un pedido de colaboración de “Juntos por Vos” lo llevó como tallerista a cruzar un hermoso umbral que le expandió el corazón y le grabó a fuego una radiante sonrisa.

“Venir a `Juntos Por Vos´ me resultó una experiencia fantástica. Es realmente un verdadero placer asistir cada día, porque acá no se reniega para nada ni tampoco hay que andar retándolos, porque son chicos sin maldad”, dijo ni bien fuimos a visitarlo para que nos contara cómo era esa nueva experiencia de enseñarle a cocinar a un grupo de chicos con capacidades diferentes, que la institución prepara para una futura inserción laboral.

Para Carucha, traspasar el umbral de “Juntos por Vos” fue como entrar a un mundo tan desconocido como asombroso. “A mí esto me sorprendió totalmente, porque uno tiene una idea muy de lejos sobre lo que implica estar con estos chicos, pero cuando entrás en esta realidad es algo maravilloso, porque son muy frescos. Te cuentan abiertamente cosas que tal vez uno se las contaría sólo a un íntimo amigo, y ellos te las comparten sin ningún tipo de pudor. También me sorprendió todo el amor que tienen para dar. Ellos están siempre arriba tuyo y son mucho de acariciar y brindarte afecto. Con ellos se genera una conexión que no se puede lograr con otros chicos, porque no sólo vienen con ganas de trabajar y aprender, ellos le ponen un amor y un corazón a lo que hacen que todo lo que acá se vive vale muchísimo”.

La frescura, la espontaneidad y la alegría siempre están presentes en el taller de cocina. “Es la primera vez que trabajo con chicos con características especiales, y la verdad que lo agradezco mucho. Por más que algunos de los chicos tienen problemas motrices, es increíble cómo se adaptan y se las ingenian para hacer de todo. Ni bien llegamos a ellos les encanta poner música, así que escuchamos pachanga porque, más allá del tiempo de elaboración, en la cocina siempre también hay un tiempo de espera que está vinculado a la cocción. Así que acá nunca falta el karaoke, las bromas y la diversión, porque lo que hacemos va mucho más allá de la cocina. Acá tratamos de que las dos horas y pico que pasamos juntos la pasen bien lindo y se diviertan”, mencionó.

La tarea que desarrolla es por demás gratificante pero también implica ciertos cuidados, vinculados tanto con lo físico como con lo emocional. “Ellos son muy sensibles. Vos no podés usar palabras fuertes o con un tono ofensivo porque de lo contrario lloran -resaltó Carucha-, por eso uno tiene que ser muy cuidadoso a la hora de hablar, tanto por lo que se dice como por el tono en que se pronuncian las palabras. También hay que estar permanentemente motivándolos y resaltando las cosas buenas, y aprender a dosificar la tareas y prestar atención a quién darle tal o cual actividad, de manera que se sientan cómodos y útiles en lo que hacen”.

Ayudar a que los chicos aprendan y ganen en confianza implica dar libertad, y al mismo tiempo permanecer atento: “Nosotros acá no tenemos grandes exigencias, por eso si la tortilla salió media chueca o si la tarta quedó un poco quemada no importa -enfatizó Carucha-, porque yo les tengo que dar la libertad de que ellos se arriesguen a hacer las cosas para que aprendan, porque si yo emprolijo todo lo que hacen nos les permito aprender y les resto autonomía. Así que lo que acá más importa es que ellos aprendan a cocinarse sus propios alimentos, de manera que se puedan sentirse confiados en lo que están haciendo. Aunque uno, cada tanto, tiene que andar con el ojo largo para que no hagan macanas, porque en el afán de hacer a veces hacen cosas que no les decís y eso puede generar algún contratiempo”.

“Para trabajar con los chicos hay que ser muy organizado y prolijo, porque la mayoría de los accidentes domésticos siempre suceden en la cocina producto de los cuchillos, el fuego, el aceite o el agua caliente -agregó-. Por eso hay tips que constantemente hay que remarcar, como el hecho de que los cuchillos siempre tienen que apuntar hacia abajo, nunca tratar de agarrar algo que tenga filo y se esté cayendo, tener cuidado en cómo se ponen los dedos, etc. Entre ellos se cuidan mucho, incluso hasta de las malas palabras, por eso si alguien pronuncia alguna, el resto le dice a coro `te escuchamos´, como para que no se vuelva a repetir. Ellos son pícaros, y en líneas generales les pasa lo mismo que a nosotros. Tienen amores, desamores, sufren por alguien que no les da bolilla… Es todo exactamente lo mismo, pero potenciado en cuanto a las emociones, porque ellos viven las cosas con gran intensidad”.

“En este taller los martes y jueves cocinamos y luego se freeza lo que ellos van a comer durante la semana. Pero más allá de lo alimenticio, acá es importante ayudar a que los chicos le pierdan el miedo a los cuchillos, al fuego y al agua caliente, de manera que puedan animarse a cocinar y aprendan a defenderse en la vida. Por eso empezaron con las cosas básicas y poco a poco fueron a prendiendo a cocinar de todo. Y lo bueno de este taller es que no es algo que queda sólo en la teoría, sino que es casi todo práctica”, explicó Carucha.

Mientras charlábamos, en medio de la clase de cocina, también pudimos cruzar unas palabras con Miriam Diorio, una de las madres fundadoras del Taller Protegido “Juntos por Vos”, quien además de destacar que “los chicos lo quieren mucho a Carucha porque él es muy especial”, nos contó que «ya hay tres chicos que están trabajando en empresas olavarrienses» y que al taller de cocina “asisten 18 chicos (mayores de 21 años), divididos en dos grupos de 9 para que puedan trabajar con más comodidad, porque trabajar con todos al mismo tiempo es algo imposible y no termina aprendiendo ninguno”.

Miriam también mencionó que «si bien a la hora de cocinar se prioriza lo salado a lo dulce, en líneas generales los chicos aprenden a cocinar de todo. Se les enseña a hacer pizzas, pastas, tartas con verduras, guisos, hamburguesas, tortilla, bocadillos de acelga, panes, estofado, arroz con pollo, panqueques, budín de pan, tortas, pasta frola, etc., también aprenden a preparar salsas para los tallarines. Tratamos de que con los pocos elementos que tenemos puedan aprender a hacer de todo, y que lo que cocinen sea bien rico, sano y nutritivo”.

En la cocina también estaba presente Francisca Quinteros Videla, ella es tallerista del turno tarde y una de las grandes hacedoras del hermoso clima interno que allí se vive, en donde todos se brindan al máximo y realmente la pasan genial.

“Como todo lo que acá se hace es siempre a pulmón, éste es un lugar que siempre está necesitado de cosas. Hay gente que dona verdura, carne, pollo harina, huevos, queso… pero siempre se necesita un poco más, porque de lunes a viernes acá vienen 18 chicos, de 22 a 34 años, por eso quiero invitar a que todos los que puedan se acerquen y colaboren”, sostuvo Carucha

Como empresario gastronómico y muy buen cocinero, él sabe que en la cocina el dinero cuenta porque de lo contrario los números no cierran; pero también reconoce, por experiencia propia, que la gran diferencia no radica en los billetes que se puedan acumular. “No sólo de pan vive el hombre, dice el refrán popular, y en este caso se cumple, porque lo que acá se vive no tiene precio -subrayó-. Siempre es muchísimo más lo que recibís que lo que das. Yo siento que ellos me enseñaron de todo. Me enseñaron, por ejemplo, a reírnos `con´ y no `de´, porque acá permanentemente nos reímos de algo que hizo alguien, pero nos reímos con él de eso que hizo, no nos reímos de él. Y en estos dos años que llevo con los chicos, nunca escuché que alguien cargue a otro con maldad. Siempre se bromea sabiendo que nadie va a sufrir porque en las cargadas nos reímos y nos divertimos todos”.

“Yo soy un tipo con un montón de cosas complicadas, pero a esta altura de mi vida estoy intentando pacificarme. Por eso desde hace varios años me he dejado de joder con un montón de cosas que me preocupaban y que no valían la pena, así que ahora trato de hacer una vida lo más simple posible. Por eso viajo todo lo que puedo, disfruto del cine, cocino para mis amigos, leo y estoy focalizado en el disfrute de la vida porque, como uno no sabe hasta dónde vas a llegar, a lo poco que reste hay que tratar de darle la mayor calidad posible. De ahí que a lo que me quede de vida opto por transitarlo en paz y con la mayor plenitud posible, respetando que cada uno haga de su vida lo que le parezca bien”, argumentó.

“Voy a cumplir 60 años y esta posibilidad de estar con los chicos es una de las grandes alegrías que tengo en mi vida”, dijo con orgullo.

“Soy cocinero de toda la vida. Arranqué a los 6 años, porque siempre viví solo, y cuando volvía de la escuela primaria me tenía que cocinar. Así que la cocina está muy presente en mi vida, y eso en parte fue por una cuestión de necesidad. Por eso sé, por experiencia propia, que no hay mejor maestro que el hambre”, explicó.

Sus palabras nos invitaron a preguntarle qué le diría a alguien que es cocinero y nunca vivió este tipo de experiencias: “Se la recomendaría totalmente, porque acá aprendés mucho más de lo que vas a enseñar, ya que esto es todo enseñanza. Te puedo asegurar que acá se vive en un constante aprendizaje. Vos podés enseñar alguna técnica de cocina o cómo se hace una tarta o lo que sea, pero estos chicos te enseñan permanentemente cosas esenciales de la vida, como el hecho de vivir tranquilos, no mentir, no agredir y vivir en paz. Este es un mundo extraño para nosotros, porque acá no hay violencia y todos viven en permanente estado de felicidad. Así que más allá de la cocina en sí, yo le diría a las personas que trabajan en cualquier actividad que, aunque más no sea una vez al mes, entren en contacto con estos chicos porque van a aprender que existe otro mundo en donde todo es amor y felicidad”.

Si bien no le interesan las cuestiones políticas ni partidarias, Carucha aprovechó para agradecerle a la Municipalidad por permitirle desarrollar tan grata tarea. “Esto que hago con los chicos es como coronar con lo máximo lo que siento cada vez que cocino”, enfatizó.

“Es un pelado botón el Caru”, dijo uno de los chicos pícaramente, y el resto festejó la broma, mientras Carucha también se reía con ellos y los abrazaba. La culpa fue nuestra por preguntarle, justo a al más vago y juguetón de la clase, cómo era el profe de cocina para cerrar la entrevista : )

Ya habíamos charlado bastante, así que decidimos agradecerles a todos por habernos recibido y partimos. Los chicos se quedaron cantando, haciendo bromas y sonriendo mientras esperaban que los ricos alimentos que habían preparado se terminaran de cocinar.

Ahora ya lo sabés. Si en una de esas te lo cruzás por la calle y ves que Carucha Buales viene con una sonrisa plena, de oreja a oreja, seguramente es martes o jueves y él acaba de visitar ese maravilloso mundo, situado en la Avenida Brown 2666, y bien anclado en el centro del corazón, en donde todo es risa, alegría, compañerismo y optimismo, y siempre, pero siempre, se cocina con mucho amor : )

(Fotos: Tomás Pagano)

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